Hinchada, futbol y valores

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Vulgaridades, alcohol, drogas, vandalismo e incluso muertes, son imágenes lamentables que vienen a la mente cuando se habla de las temidas hinchadas de futbol, esa especie de jaurías humanas… miras tan obtusas son desalentadoras, pues esto no sucede en cada encuentro deportivo y mucho menos es una constante en aquellas hinchadas maduras que han preferido ver el brillo del buen futbol, al brillo malicioso de la hoja de un arma blanca. No se puede juzgar solo por los hechos y situaciones desagradables del pasado.

Hinchada, barra, peña o porra -según el término que se acuñe en cada región- significa, frente a las definiciones negativas, un grupo heterogéneo de personas que apoyan de una u otra forma a un determinado equipo de fútbol.

Valores en una barra no faltan, aunque también cuenta con sus vicios y partes que sería preferible olvidar, pero ya basta de estar exaltando el lado tenebroso de las cosas, mejor pulamos aquellos bellos y nobles detalles que muchas veces son condenados al olvido como joyas oxidadas.

Los azulgrana del FC Barcelona ya han superado la barrera de veinte millones de fans en Facebook con 20.375.867 y en Twitter los siguen 1.166.415 usuarios. Por otro lado, 19.645.432 de personas en Facebook y 2.334.634 en Twitter afirman apoyar a los merengues del Real Madrid (consulta de los sitios oficiales, septiembre 2011). Las hinchadas son una parte importante en la sociedad, no en vano los dos más famosos clubes españoles cuentan con un numero exorbitante de fans. Todo esto sin consultar las cuentas personales de los jugadores.

Con tantos seguidores vale la pena mencionar algunas virtudes que se ejercitan en el estadio, en el corazón de los que pagan un asiento en el templo deportivo y terminan viendo de pie todo el partido, animados por apoyar a su selección desde las gradas.

Nadie es hincha en solitario; se es hincha en grupo, en familia, en barrio, en equipo de fútbol de la escuela o de la cuadra. Las numerosas combinaciones que despiertan el entusiasmo propio de la juventud primero, y de la edad madura después, forjan amistades en la barra, unión entre grupos pequeños con un fin común: Alentar a un equipo.

Alentar, animar, entusiasmar a los jugadores que visten la propia camiseta es el deber primordial de cualquier barra. Cuando la hinchada es madura, cuando la hinchada es fiel, cuando la hinchada a través de los años ha descubierto su razón de ser: no dejará de gritar, no dejará de corear, no dejará de animar, aunque vayan perdiendo por goleada. Ellos no meten goles, pero generan un estado psicológico de obligación en el jugador, aunque este sea extranjero, se siente en casa, siente que la camiseta es parte de su piel, que debe poner todo su esfuerzo para conseguir la victoria.

Capacidad para escoger, fidelidad a un equipo y constancia son otras cualidades de las barras. Un hincha coherente solo se enorgullece de dos camisetas: la de su club, y la de la selección nacional; esas dos las vestirá con orgullo, se sentirá parte del equipo, será el jugador número doce, mientras que con las otras camisetas se sentirá extraño, como vestido por otra persona… Si algo tiene poder de unión nacional es la camiseta de la selección de futbol, aquella camiseta que diluye en uno solo la gama de colores existentes en el futbol local.

En fin, las hinchadas, aun en medio de todos los escombros que han dejado los actos vandálicos y «hooliganescos», nos enseñan a ser positivos ante la adversidad, nos animan a ser fieles a un ideal, y sobre todo generan unión a pesar de las diferencias sociales, pues con nuestras variedades, todos somos parte del mismo equipo, la humanidad