La historia de un obelisco - ¡Agua a las cuerdas!

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Quien haya visto una foto o visitado la Plaza de San Pedro en Roma podrá recordar que en el centro está levantado un gran obelisco. Sin embargo es poco conocido que fue traído desde la ciudad egipcia de Heliópolis a Roma por órdenes del emperador Calígula. Era el año 37 d.C. cuando quiso ponerlo en el circo romano como trofeo de la guerra. Años después el obelisco fue un "testigo mudo" de la crucifixión de San Pedro en el Circo de Nerón.

Sin embargo, siglos después el Papa Sixto V como parte de su plan para embellecer Roma encargó su traslado al frente de la Basílica Vaticana. Para el proyecto de esta 'mudanza' se presentaron 500 planes diferentes; finalmente le fue adjudicado al arquitecto Domenico Fontana. Fue una hazaña de la ingeniería que duró todo un año 

El 10 de septiembre del año 1586 había 900 hombres con 150 caballos, innumerables poleas y cientos de metros de cuerda, intentando poner en pie, en el centro de la Plaza de San Pedro, un enorme obelisco egipcio de 350 toneladas, más de 25 metros de altura y 4000 años de antigüedad.

Dado que era un lugar sagrado y para evitar blasfemias, se impuso la obligación de permanecer en riguroso silencio bajo pena de muerte. Los obreros, en absoluto silencio, empezaron a izar tan descomunal piedra de granito rosa mediante cuerdas, pero debido a la fricción las sogas empezaron a echar humo comenzando a ceder. Había el peligro de que se rompieran y se viniera abajo, pero nadie se atrevía a decir nada con temor a ser castigado. De repente un gran grito resonó en toda La Plaza de San Pedro: ¡Aqua alle funni!, esto es, “¡Agua a las cuerdas!”. Era el capitán Bresca, marinero de Liguria, conocedor de que las cuerdas de cáñamo se rompen si no se las enfría. Se arriesgó y valientemente, sin temor a ser ahorcado, alzó su voz para salvar este bloque pétreo labrado, así como las vidas que estaban en peligro.

¿Qué fue de aquel valiente marinero llamado Bresca que gritó a todo pulmón? Fue inmediatamente detenido y llevado ante el Papa. Pero Sixto V en vez de castigarlo, le recompensó concediéndole el privilegio de poder izar la bandera vaticana en su barco.

Además le otorgo a él y a sus herederos el derecho a poder vender en exclusiva las palmas del Domingo de Ramos en la plaza de San Pedro. Desde entonces, hace ya más de 420 años, sus descendientes siguen teniendo esta prerrogativa papal, siendo ellos los que suministran las ramas de palmera. La gran hazaña aún es recordada en su pueblo natal Bordighera.

Fue el primer obelisco alzado en el período moderno y es el único de Roma que no ha caído desde los tiempos romanos. La cúspide contiene un trozo original de la Cruz de Cristo, llamado “Lignum Crucis”.

  ¡Aqua alle funni!, es una frase que se utiliza para expresar con valentía la solución que se piensa es correcta, aunque ello implique comprometerse, no importando las graves consecuencias personales que vengan. Originalmente fue un grito realizado en dialecto genovés: "Daghe l'aiga a le corde!". Es un grito, que se ha convertido en todo un símbolo de quien antepone el bien común a su propio beneficio, y que nos invita a denunciar siempre el mal.