"El hombre", ¿llegó a la luna?

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El 20 de julio de 2009 se cumplen 40 años desde que “el hombre” llegó a la Luna.

Algunos, una minoría exigua pero que se hace oír, niegan el hecho. La inmensa mayoría aceptamos que el 20 de julio de 1969 los astronautas Neil Armstrong y Edwin Aldrin pusieron su pie en la Luna. Luego, otros vuelos espaciales alcanzaron la misma meta, que quizá se repita en un futuro no lejano.

¿Resulta lícito decir que “el hombre” llegó hace 40 años a la Luna? La fórmula expresa una idea sencilla e importante: en los astronautas que viajaron en el Apolo 11 estaríamos representados, en cierta manera, todos los seres humanos.

Es cierto que quienes pisaron la Luna fueron muy pocos. Es cierto también que se trataba de personas con muchas cualidades, que habían sido entrenados largo tiempo, que estaban apoyadas por un numeroso equipo de expertos y cantidades enormes de dinero. Detrás de aquellos astronautas había muchos hombres y mujeres.

Pero decir que “el hombre” llegó a la Luna, ¿no es un poco excesivo? ¿Representaban aquellos personajes a la humanidad? ¿Sus paseos lunares han influido en la historia? ¿Han cambiado la suerte de quienes viven en un rincón perdido de las selvas amazónicas, de las sabanas africanas, de los barrios de las megalópolis de Asia, América o Europa?

La respuesta llega a ser positiva si reconocemos que, en maneras a veces muy humildes, lo que hace cualquier hombre o cualquier mujer afecta a toda la humanidad. Es decir, lo que ocurrió el 20 de julio de 1969, como lo que pasó hace miles de años y como lo que pasa ahora, tiene una relevancia que nos afecta a todos.

¿También los hechos pequeños, las acciones sencillas, los actos humildes de un niño que juega en la calle, de una anciana que cuenta sus historias de siempre, de un trabajador que sube por una escalera destartalada, de un oficinista que pone orden entre los papeles del despacho?

Los hechos “grandes” nos impresionan y nos llenan de admiración. Los astronautas llevaron a cabo una gesta inolvidable. Por eso muchos, aunque tal vez no todos, nos sentimos “representados” por ellos.

Pero también podemos sentirnos representados por tantos actos hermosos y sencillos de la “gente corriente”. O, tristemente, nos sentimos afectados por injusticias enormes o por traiciones pequeñas cometidas por otros hombres y mujeres del ayer o del hoy.

Por eso, podemos decir que “el hombre” ha llegado a la Luna. Como también es lícito afirmar que “el hombre” ha construido pirámides, ha levantado campos de concentración o ha ayudado a los heridos bajo la bandera de la Cruz Roja o de la Media Luna Roja.

Es misterioso hasta dónde llega la solidaridad humana, pues lo que otros hacen nos afecta a todos: en el mal que llena de tristeza los corazones; y en el bien que se derrama como un bálsamo bueno que nos permite participar, en cierto modo, del amor infinito del Dios que nos creó con un alma espiritual, un cuerpo frágil, y un destino eterno, más “lejano” y mucho más hermoso que la Luna...