La honestidad de Herodes

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Es una pena que el día de los Santos Inocentes se haya convertido en el día mundial de la toma de pelo a los ingenuos y despistados. Partir de la base de que los primeros mártires de Cristo son comparables a los incautos de nuestros días se antoja un simil triste, pobre, desafortunado. 

La matanza de los Santos Inocentes es un acontecimiento del que, sin ser muy inteligente, se pueden sacar paralelismos mucho más acertados. Porque el mundo y tiempos han cambiado mucho y rápido, pero los corazones no. Los hombres seguimos amando y odiando igual que hace dos mil años y seguimos siendo capaces de la misma grandeza y mezquindad. Y es precisamente sobre esto sobre lo que este hecho nos puede enseñar.

Para los que vivimos asediados por la silenciosa pero constante masacre del aborto, la figura de Herodes nos resulta familiar, casi caricaturesca: no le llega ni a la altura del betún a los profesionales del asesinato que pululan por tantas clínicas de nuestro mundo. No obstante las similitudes son enormes. Pero hay que decir en defensa de nuestro reyezuelo que hay un aspecto que lo diferencia de los defensores de la muerte: él fue mucho más honesto. 

Herodes mató a los santos inocentes sin mediar justificación alguna. Lo hizo por miedo a perder su poder y es dudoso que intentase darle al asunto el más mínimo viso de legalidad. Es verdad que tampoco necesitaba excusas, pero otros, más crueles y despiadados que él -como Nerón- se mancharon las manos de sangre e intentaron justificarlo de manera absurda. Herodes lo hizo por el poder y punto.

Caso muy aparte son los abortistas de nuestro tiempo, serpientes disfrazados de gallinas cacareantes, que esgrimen banderas de libertad y escupen eslóganes victimistas. Dicen defender los derechos de la mujer, pero ¿existe algo más machista que el aborto? Luchan por cubrir sus holocaustos con ropajes de legalidad y nombres indescifrables.

Sirva de ejemplo el último “hit” de la jerga abortista: el IVE, ¿qué es? Cualquiera que vea esas siglas puede pensar que se trata de algo así como un “Impuesto sobre el Valor Excesivo”, “Instituto de Vacunación de España”, “Indice de Valor Empresarial” o cualquier otro estornudo mental que resuene por nuestras cabezas. Pero no, el IVE no es otra cosa que la Interrupción Voluntaria del Embarazo, es decir: aborto, asesinato, triturado infantil… Pero IVE suena suave, así la mujer que lo practique no lo dudará tanto antes de que se lo practiquen y solo hasta después se dará cuenta de su drama.

Valga esto como la punta del iceberg de falsedad que esconde el aborto. Porque, en el fondo, ni derechos, ni libertades, ni cuentos. Lo que les importa es el dinero. El que lo dude, que se pregunte, por qué en España de los ciento quince mil abortos (oficiales) sólo el 2% se han practicado en centros de la seguridad social, el resto, los otros ciento doce mil setecientos, se han realizado en clínicas privadas. Si en la seguridad social el crimen sale mucho más barato -¡gracias a nuestros impuestos!- ¿Por qué existen lugares donde se cobra por ello?: Dinero y omisión de las leyes (para tener más clientes, claro). Dinero, saquen las cuentas y verán.

A los profetas del aborto les importan las mujeres y sus derechos, tanto como los bebés que trituran. Matar a un niño en el seno de su madre es algo abominable, hacer de ello un negocio es repulsivo, pero decir además que lo que se busca es el bien de la mujer es perverso hasta la náusea.  Está claro que la hipocresía de los abortistas y sus legisladores no tienen parangón en la Historia. Lo preocupante es que haya sido un tipo tan mezquino como Herodes el que nos haya dado cuenta de ello.