Hospital para zombis

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Siempre
me ha llamado la atención el aviso impreso en la cajita de algunos
medicamentos: "No dejar al alcance de los niños." Y me pregunto: ¿Por
qué sólo graban esta recomendación en los fármacos?

Bien valdrÍa la pena que los empleados de las fábricas de aparatos
electrónicos perdieran un poco de tiempo en escribir esta nota sobre
esas cajas de luz y sonido, auténticos imanes de la humanidad: las
televisiones.

¿Acaso son peligrosos o perjudiciales los medicamentos y las teles?

Podría pasarme todo el día citando los copiosos beneficios de
ambos. Pero si las industrias farmacéuticas dibujan esa calaverita con
un ’peligro’, oculta bajo el ropaje de las palabras suaves arriba
mencionadas, no será por capricho.

Imagínese un niño de esos inquietos, que de buenas a primeras se
toma diez pastillitas rojas que encuentra sobre el buró. Pensaba que
eran caramelos y resulta que eran Voltaren, Tonopan o cualquier otro
medicamento disfrazado de caramelo.

Ningún padre de familia quiere ver a su hijo en cama, con los ojos
hinchados como de rana, la cara salpicada de granos y las piernitas
temblando como hojas en otoño.

¿Por qué no aplicamos este mismo cariño por nuestros hijos en el
empleo de la televisión? ¿Preferimos ver a nuestros hijos como zombis
frente a la tele una, dos, tres, cuatro horas al día?

Les encanta ver la tele, pero ni se imaginan qué les puede suceder
si se pasan de la dosis conveniente. Usted mismo podría decirlo: les
roba la niñez y la inocencia, les bombardea con imágenes violentas e
ideas a veces peregrinas. Les substrae tiempo para convivir con los
papás, hermanos y amigos. No hacen las tareas del colegio.

Por esto no sería mala idea que los dueños de las marcas
televisivas añadieran al lado del número de watios y posibilidades del
televisor el letrerito: "No dejar al alcance de los niños."

No se trata de abrir el botiquín y mandar los medicamentos a la
basura, ni de tirar la televisión por la ventana -¡pobre de quien pase
por la calle! La clave está en aprovecharlos con precaución y
prudencia, en usarlos bien.

Si lee con calma la caja de una pomada o antibiótico encontrará
unas advertencias muy claras: composición, indicaciones y posología.
Qué contiene, cuándo se debe emplear, cómo y cuántas veces.

No vendría mal que el niño recordara estos consejos cuando vuelve
del colegio y se sienta comodamente en el sofá con la merienda en las
manos. Esta es tarea de los padres de familia. Seleccionar qué
programas le convienen al niño, ver cuánto tiempo dedica a la tele, al
trato con los demás, al estudio y al deporte.

Sería penoso enfermarse por culpa de una medicina con pintas de chicle o ir al hospital por causa de la televisión.

Recuerde: "No dejar al alcance de los niños." Parece una nota
tonta, pero si no se cumple, se comenzará a levantar hospitales para
niños zombis con empacho de televisión.