La Iglesia es misionera. El ateo a quien ayudó el Papa

ImprimirImprimirEnviarEnviarPDFPDF

La Iglesia es misionera

El ateo a quien ayudó el Papa

1) Para saber

Hace varios años en París, durante un viaje que hizo el Papa Juan Pablo II, de feliz memoria, hubo una gran concentración de jóvenes. Cuando terminó el acto, un joven de unos veinte años logró acercarse y le gritó al Papa: “Soy ateo, ¡ayúdeme!”. El Papa se acercó al muchacho y, tomándole aparte, le dirigió unas palabras.

Poco después, ya en Roma, el Papa le dijo a su secretario que tal vez no había sabido darle la respuesta adecuada al joven. Entonces el secretario, por encargo del Papa, le escribió al cardenal de París pidiéndole que encontraran a ese joven.

Aunque parecía una misión imposible, gracias a muchas personas que colaboraron y a las fotografías que habían tomado a la salida del acto, pudieron identificar y encontrar al joven ateo.

Le dijeron que el Papa había pedido que lo buscaran para decirle que rezaba y seguía preocupado por él. El joven contestó que después del acto fue a una librería y compró el Nuevo Testamento. Al leerlo encontró la respuesta a sus dudas. Ahora ya estaba recibiendo clases de la fe católica y pidió que le dijeran al Papa que pronto recibiría el Bautismo. Sobra decir la gran alegría que le proporcionó al Papa.

Esta conversión del joven se debe, sin duda, a la gracia de Dios, pero la oración del Papa también contribuyó. Dios suele valerse de los hombres y mujeres para que, mediante su apostolado, muchas otras personas reciban la gracia para convertirse y dejar el camino equivocado.

2) Para pensar

Desde su mismo origen, el día de Pentecostés, la Iglesia se manifestó misionera. En ese día el Espíritu Santo bajó sobre los discípulos que estaban reunidos junto a Santa María, la Madre de Dios. Nos cuenta la Escritura que “aparecieron lenguas de fuego, que se distribuyeron y se posaron sobre ellos...” (Hch. 2,2-3). Esas “lenguas” tienen su significación.

En la tradición judía las “lenguas” significaban tener la misión de anunciar, de dar testimonio. Esa misión ya la habían recibido los Apóstoles de parte de Jesús. El Papa Juan Pablo II decía: “Aquella ‘lengua’ era un signo de la conciencia que los Apóstoles poseían y mantenían viva acerca del compromiso misionero al que habían sido llamados y al que se habían consagrado” (Audiencia general, 20-IX-1989).

La Iglesia es misionera. Sin embargo, no podemos pensar que la Iglesia es únicamente la jerarquía, los obispos y los sacerdotes, sino que está integrada por todos los bautizados. Es más, la mayoría son laicos. Por tanto, todos tenemos la misión de ser testigos de Cristo, con nuestra conducta y con nuestra palabra.

Pensemos si somos conscientes de la misión que Cristo nos ha encomendado.

3) Para vivir

A partir del 29 de junio, el Papa Benedicto XVI proclamó el “Año de San Pablo”. Y una característica de este Apóstol fue su gran empeño por difundir la Palabra de Dios.

Nosotros hemos de secundar esta iniciativa y contribuir a transmitir el espíritu cristiano con nuestro ejemplo y con nuestra palabra en el lugar en donde Dios nos ha puesto: el hogar, el trabajo, la parroquia, las amistades, etc.