¿Independencia?

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¿Independencia?

Terminamos el mes de la Patria y, como es tradición, no se hace gran celebración de la consumación de la independencia. Un tema viejo y que, en otro tiempo, fue bandera de conservadores y opositores al Gobierno. Hoy, yace en el olvido. Ya no es tema. Por supuesto, si se hace una encuesta a nuestros diputados sobre el día de esta consumación, lo más probable es que se repita el penoso caso de la encuesta que demostró, hace algunos días, que no sabían con claridad que se celebra el 13 de septiembre.

Hoy, el 27 de septiembre, está olvidado. Tal vez sea porque se evita cuidadosamente cualquier cosa que parezca homenaje a Agustín de Iturbide, y ahorrarse la molestia de explicar porqué los gobiernos liberales lo fusilaron años después. Tal vez porque habrá que agradecer a Don Juan de O’Donoju, ultimo virrey, que tuviera el sentido común de reconocer un hecho consumado y evitar un inútil derramamiento de sangre. No lo sé.

Se me ocurre que, muy en el fondo, nos da pena decir que ya se consumó la independencia de nuestro país. En el siglo XIX, claramente fuimos poco independientes, y la mejor muestra es que podemos tener un museo de las intervenciones, ya que los extranjeros intervinieron en nuestro país cuantas veces quisieron y la piedra de toque para que un gobierno tuviera credibilidad, era el reconocimiento de los EE. UU. Y el siglo XX, sobre todo en su primer tercio, no fue muy diferente. Después, las intervenciones siguieron, por otros mecanismos.

Lo que es claro es que, en 183 años de vida independiente, aún podríamos debatir un punto: ¿Qué tan independientes somos en realidad los mexicanos? Nuestra independencia, ¿realmente se ha consumado? Claro, en este siglo XXI no hay la posibilidad de una independencia absoluta para ningún país. Pero ¿somos tan independientes como Francia, por ejemplo? La respuesta es un rotundo no. Mientras no tengamos desarrollo tecnológico propio en grandes cantidades, mientras tengamos una deuda externa agobiante, mientras nuestra población tenga que emigrar porque no encuentra en su país oportunidades de desarrollo, mientras tengamos políticos que viajan al extranjero a pedir perdón y desagraviar a Castro, por ejemplo, o a cualquier otro dirigente extranjero, mientras la cultura que domina los medios sea predominantemente extranjera, poco podremos hablar de que nuestra independencia es real.

¿Cuánto tendremos que esperar para que se consume, de a de veras, nuestra independencia?