La
Confesión
-Guía
Práctica-
Síntesis del libro
Ricardo Sada Castaño, L. C.
Proyección Mundial, México, D. F. 1993
Contenido:
INTRODUCCIÓN
I QUÉ ES EL PECADO
II PECADOS fAMOSOS DE LA
HISTORIA
- El pecado de los
ángeles
- El de Adán y Eva
- El de los fariseos y
jefes del pueblo judío
- Tu pecado
III ACTITUD DE CRISTO ANTE AL
PECADO Y AL PECADOR
- La mujer adúltera
- Los perseguidores de
Jesús
- Mi juez es Jesús.
- El pecado contra el
Espíritu Santo
IV ACTITUD DEL HOMBRE FRENTE AL
PECADO
V EL SACRAMENTO DE LA
RECONCILIACION
- Un poco de historia
- Para valorar este
sacramento
VI PARA UNA BUENA RECONCILIACION
A. EXAMEN DE CONCIENCIA
- Amarás a Dios sobre
todas las cosas
- No tomarás el nombre
de Dios en vano
- Santificarás las
fiestas
- Honrarás a tu padre
y a tu madre
- No matarás
(servirás a la vida)
- No fornicarás
(servirás al amor)
- No robarás
(servirás a la justicia)
- No mentirás
(servirás a la verdad)
- No desearás la mujer de
tu prójimo
- No codiciarás los
bienes ajenos
PECADOS DE OMISIÓN
B. DOLOR DE LOS PECADOS
C. PROPÓSITO DE ENMIENDA
D. DECIRLE LOS PECADOS AL
CONFESOR
E. CUMPLIR LA PENITENCIA
VII ALGUNAS ACLARACIONES
- Pecado mortal y pecado
venial
- Frecuencia de la
confesión
- La llamada confesión
comunitaria
- Comulgar sin confesarse
- El juicio Final
CONCLUSIÓN
El hombre de hoy puede
llenar su vida con un sinfín de experiencias a las que
en otra época no había tenido acceso, pero en muchos
casos no sabe para que, no tiene tiempo para pensar la
meta hacia la que se dirige.
El objeto de este documento es colaborar para que esa
confusión no nos haga perder la experiencia hermosa del
encuentro con el Dios del perdón en el sacramento de la
reconciliación.
1. Dios no es el
policía que se encarga de mantener el orden levantando
infracciones. Ni el arbitro de fútbol que nos acecha
para sorprendernos en un error.
Dios es amor. Y lo ha demostrado haciéndose hombre,
rebajándose a hacerse un hombre como nosotros.
El cristianismo no es un conjunto de prohibiciones, sino
un camino de vida, el camino de vida y de crecimiento que
nuestro padre amoroso ha trazado para la felicidad de
nosotros sus hijos.
2. El pecado es la
osadía del hombre que rechaza ese designo de amor que
Dios le propone. El pecado es desamor.
El hombre es el único animal capaz de decirle si a Dios
( esa es su grandeza), pero también es único capaz de
rebelarse contra Dios.
3. El pecado es un
verdadero suicidio eterno porque renunciamos
voluntariamente a la felicidad eterna que Dios felicidad mayor que la recibida de manos de Dios y
decidieron apartarse del plan que Dios les había
trazado. Pero Dios había creado libres a Adán y a Eva y
respetó la decisión que libremente tomaron. Los había
querido hacer sus amigos, no sus esclavos; es decir, Dios
no quiso crear un hombre que aceptara sus dones, su Amor,
por imposición, sino libremente. Dios quiso crear al
hombre para enseñarle a amar.
Con su pecado Adán y Eva le dicen a Dios que prefieren
buscar la felicidad lejos de El, que confían mas en sus
propias fuerzas que en amor de Dios.
Sabían que Dios, en su
absoluta misericordia, se había comprometido a mandar un
Salvador que sacaría al hombre para siempre del abismo
en que cayo por el pecado. Sin embargo fueron haciéndose
una imagen del Salvador a su capricho y la deformaron
tanto que, cuando lo tuvieron enfrente no lo
reconocieron. Jesús de Nazaret era un impostor porque no
encajaba en el molde que ellos habían ideado para el
Salvador.
También en nuestros días tratamos de hacernos un
cristianismo a la medida, listo para llevar. Estamos
dispuestos a aceptar el plan de Dios sólo en caso de que
se acomode a nuestros intereses y comodidades.
Tú no has sabido seguir
el plan de Dios y has cometido la insensatez de buscar la
felicidad por tu cuenta. Quisiste ser tu propio dios y un
dios así, con minúscula, no puede hacer feliz a nadie.
Dios nos ama individualmente y muere en la cruz por cada
uno de nosotros. Pensamos que Dios no se entristece por
las ofensas de un hombre insignificante como yo, sin
darnos cuenta de que su tristeza, igual que su amor, es
tamaño Dios.
Los judíos pensaban poner
en ridículo a Jesús: o negaba su mensaje de perdón o
negaba la ley de Moisés.
"El que este libre de culpa, tire la primera
piedra". ¿Quien soy yo para condenar a mi hermano
caído? Por qué me siento con derecho a juzgar los actos
de mis semejantes o incluso sus intenciones con tanta
facilidad? ¿Por qué en vez de preocuparme por las
fallas de los demás no me preocupo de pedirle perdón a
Dios por las mías propias?
"Vete y no peques más". Es decir: Yo no te
condeno a morir lapidada, porque lo que me interesa es
que no peques más. A Jesús no le interesa acabar de
hundir al pecado, sino sacarlo del abismo en que se
encuentra, por profundo que sea.
Cristo está en la cruz.
Sus enemigos lo insultan y lo humillan. Cualquiera de
nosotros, ante tanto abuso y bajeza, se sentiría
justificado de liberar toda la furia en un castigo
ejemplar. Jesús podía desintegrarlos allí mismo, pero
quiso dejarnos una lección mucho más hermosa: el
perdón. "Padre, perdónalos porque no saben lo que
hacen". El amor de Dios sufre porque esos corazones
duros no quieren abrirle sus puertas.
Encontramos un gusto muy
especial en descubrir las fallas de los demás; porque
nuestros corazones mezquinos tienden, por instinto, a
aplicar al prójimo la rigidez de una ley que, quizá en
el fondo, ni siquiera signifique mucho para nosotros.
Apoyados en nuestra justicia, tan humana como estrecha
negamos otra oportunidad de rehacerse al hermano caído.
Jesús, sin embargo, tiene siempre otra oportunidad para
darnos, incluso cuando nuestro pecado es tan grande que
nos hace perder toda esperanza. Para El, mientras haya un
alma que lo busca, no hay casos perdidos.
El hombre cuando se atreve a pedir perdón es cuando mas
se parece a Dios.
Hay un pecado que ni
siquiera Dios puede perdonar y que, por ello, es el mas
grave de todos: el pecado contra el Espíritu Santo. Es
el pecado de aquel que cierra la puerta de su corazón a
Dios; aquel que se siente tan satisfecho o desilusionado
de sí mismo que no acepta el perdón de Dios.
La diferencia abismal
entre Judas y Pedro está en su forma de responder a la
mano que Cristo les tiende a los dos traidores. Judas,
angustiado, no acepta la mano misericordiosa de Dios y se
ahorca, poniendo fin a toda esperanza. Pensó que la
gravedad de su pecado era más grande que la misericordia
de Dios, o, quizá, se le hizo muy duro reemprender el
camino correcto.
Pedro siente en la mirada silenciosa de Cristo una mano
de perdón y sale fuera de la casa del sumo sacerdote
llorando amargamente por su pecado. Pedro sabe que le ha
fallado a Jesús y sufre por ello, pero sabe también que
el amor de su Maestro es mucho mas grande que su
traición y arde en deseos de enmendar su error.
Donde hay hombres hay fallas, la diferencia está en que
unos saben aceptar la misericordia de Dios y otros no.
Dios tiende su mano
misericordiosa a todo pecador sin excepción. A nosotros
nos llega esa mano a través del sacramento de la
reconciliación.
El sacramento de la
reconciliación lo instituyó Cristo.
Ya desde los primeros siglos de la Iglesia tenemos
noticias de la práctica de este sacramento.
La iglesia prefiere el término
"reconciliación", en lugar de
"penitencia", para resaltar aquello que es más
esencial en el sacramento: el reencuentro con alguien que
me ama y a quien me duele haber tratado tan injustamente;
a quien me duele haber lastimado con mi pecado.
Meditar el precio que
costó al Señor instituirlo.
Si para alguien es costosa una confesión es para Dios
que nos perdona.
Cristo tuvo que sudar sangre de angustia; tuvo que
soportar insultos, salivazos, bofetadas, latigazos, la
corona de espinas, la crucifixión, la traición de los
suyos, el desprecio y la burla de sus enemigos, la
soledad: tuvo que afrontar la misma muerte. Este es el
precio que Cristo estuvo dispuesto a pagar por salvarte
de tu pecado, porque te ama.
Se trata de zambullirte en
ti mismo, en tu vida, en tu historia, para detectar
aquello que no está como a Dios le gustaría que
estuviese.
Hay que ser muy honestos con Dios, sin hacerse sofismas,
llamar pan al pan y vino al vino.
Busca la raíz de tus problemas para remediarlos mejor.
Evita las grabaciones memorizadas.
Cuando el amor es grande se fija más en los pequeños
detalles. Cuando más cerca está un alma de Dios, más
sensible es a los pequeños detalles.
El examen de conciencia consiste en detectar en qué he
lastimado a alguien que amo y que me ama.
El Decálogo es el programa de vida que Dios nos preparó
al crearnos. El pecado está en rechazar ese plan de
Dios.
1. Amarás a Dios sobre todas
las cosas
+1. Dios te pide:
reconocerle como tu Creador y Dueño, como Aquel de quien
vienes y a quien tienes ligado tu destino eterno.
+2. Pecados contra el primer mandamiento:
1o. Poner en el
primer lugar de mi jerarquía de valores a algo o a
alguien que no sea Dios.
2o. Descuidar negligentemente la intimidad y
unión con Dios (oración, piedad, sacramentos).
3o. Sacrilegio: Tratar sin respeto cosas o
personas consagradas a Dios.
4o. Tentar a Dios: Exigir una señal de Dios como
condición.
5o. Abuso de la misericordia de Dios: No corregir
nuestra vida pecaminosa por la seguridad de que la
misericordia de Dios nos perdonará.
6o. Desesperanza: Considerar que Dios no nos puede
salvar y dejar de esperar en la salvación.
7o. Rechazar las verdades de la fe.
8o. Superstición.
2. No tomarás el nombre de
Dios en vano
+1. Dios te pide:
guardarle el respeto debido.
+2. Pecados contra el segundo mandamiento:
1o. Perjurio (jurar
en falso).
2o. Blasfemia.
3o. Incumplir las promesas y juramentos hechos a
Dios.
3. Santificarás las fiestas
+1. Dios te pide:
Dedicar un día a la semana al descanso para fomentar tu
relación con Dios:
1o. Ir a misa todos
los domingos y fiestas de obligación.
2o. Durante esos domingos o fiestas, no dedicarse
a trabajos que impidan cumplir con el precepto.
+2. Pecados contra el
tercer mandamiento:
1o. Faltar a misa
los domingos o fiestas de precepto.
2o. Realizar trabajos que impidan cumplir con el
precepto.
4. Honrarás a tu padre y a
tu madre
+1. Dios te pide:
cumplir con los deberes que vincular recíprocamente a
padres e hijos
5. No matarás (servirás a
la vida)
+1. Dios te pide:
no lastimar ni atentar contra la vida propia o ajena,
física o moral.
+2. Pecados contra el quinto mandamiento
1o. Pecados contra
la propia vida
a) Intento de suicidio
b) Autolesionarse físicamente
c) Exponer imprudentemente la vida
d) Embriagarse o drogarse
2o. Pecados contra
la vida ajena
a) Las críticas y la difusión de los defectos
ajenos; las calumnias.
b) Maltratar físicamente a otras personas.
c) El aborto
6. No fornicarás (servirás
al amor)
+1. Dios te pide:
el recto uso del instinto sexual, un uso acorde a la
naturaleza que El, al crearnos nos dio.
Dios nos creó hombre y
mujer. Dos sexos complementarios que, por su misma
dinámica interna se atraen y cada uno busca en el otro
lo que le falta. A diferencia de otros animales, Dios
dotó al hombre de inteligencia y voluntad
(racionalidad). El hombre es el único animal cuya
sexualidad debe estar iluminada por el amor. Así, la
sexualidad humana tiene dos finalidades intrínsecas: (1)
manifestar el amor, en la unión plena, (2) toma vida en
un ser nuevo igualmente capaz de amar.
Los esposos deben vivir su relación sexual de acuerdo al
plan de Dios. Su sexualidad debe estar abierta a sus dos
fines: la manifestación del amor y la procreación de la
vida. Cuando se excluye uno de estos dos fines, el
ejercicio de la sexualidad se aparta del plan de Dios.
+2. Pecados contra el
sexto mandamiento:
1o. Pecados
cometidos en solitario:
a) Masturbación
b) Pensamientos y deseos morbosos consentidos.
c) Pornografía
2o. Pecados cometidos con una persona del sexo
contrario: fornicación, adulterio, caricias deshonestas,
tocamientos...
3o. Pecados cometidos con una persona del propio
sexo (homosexualidad)
7. No robarás (servirás a
la justicia)
+1. Dios te pide:
el contenido primario es muy claro. No es lícito
adueñarse de cosas que pertenecen a otros.
Sin embargo, más en general, Dios nos recuerda en él la
exigencia de la justicia.
+2. Pecados contra el
séptimo mandamiento
1o. El robo
2o. El trato injusto a personas que dependen
económicamente de mí.
3o. No cumplir a conciencia mis obligaciones
profesionales.
4o. El despilfarro de bienes económicos.
5o. El apego desproporcionado a las riquezas o al
poder.
8. No mentirás (servirás a
la verdad)
+1. Dios te pide:
vivir siempre de cara a la verdad
+2. Pecados contra el octavo mandamiento: La
mentira. Mentir es decir lo contrario de lo que se piensa
para engañar.
9. No desearás la mujer de
tu prójimo
+1. Dios te pide:
fidelidad y respeto al sacramento del matrimonio.
+2. Pecados contra el noveno mandamiento:
Adulterio.
10. No codiciarás los bienes
ajenos
+1. Dios nos pide:
disfrutar lo que el nos da sabiendo tomarlo como don de
su amor sin poner los ojos en los bienes o la posición
de los demás.
+2. Pecados contra el décimo mandamiento
1o. Envidia
2o. Malquerencias, calumnias, conflictos
familiares, etc.
Es no hacer todo el bien
que razonablemente estaría en tus manos realizar.
El cristianismo no es sólo, evitar el mal, sino buscar
el bien; no se trata de no pecar simplemente, sino de
crecer en la santidad día a día. Tienes la
responsabilidad de poner a producir todos los talentos
que Dios te ha dado.
Que te duela haber pecado.
No porque viste derrumbarse la imagen que tenías de ti
mismo y descubriste la miseria en tu corazón, sino
porque has entristecido injustamente a Jesús. Que te
duela haber defraudado a un Dios que estuvo dispuesto a
ser crucificado por amor a ti.
Dios quiere que todos alcancemos la felicidad eterna, que
nadie se pierda eternamente para el Amor: pero nos creó
libres y no puede contradecirse así mismo obligándonos
al final a aceptar su amor cuando lo hemos rechazado.
"Dios que te creó sin pedirte permiso, no puede
salvarte sin tu colaboración" San Agustín.
Para que el deseo de ser
perdonado y el dolor por la ofensa a Dios tengan
credibilidad, se necesita un sincero propósito de no
volver a pecar.
El hombre no puede dar certezas de que no volverá a
pecar pero sí puede asegurar que pondrá su mejor
esfuerzo por ser como Dios lo quiere en adelante.
No tiene sentido pedirle perdón a Dios si no estoy
dispuesto a luchar por el cambio.
Jesucristo nos conquistó
en la cruz el perdón de los pecados. El quiso dejar en
manos de los apóstoles y sus sucesores ese perdón por
el que pagó tan alto precio.
Fue el mismo Jesús el que quiso que el perdón nos
llegara a través de la Iglesia, y concretamente, sus
sacerdotes.
Algunos de los prejuicios que más afectan a la
confesión:
1. "Mi pecado
es demasiado grave, me da vergüenza lo que el sacerdote
pueda pensar".
Sólo hay un pecado sin remedio y, por eso realmente
abominable: no querer pedir perdón. Pero siempre es
mayor la alegría de Dios por perdonarte y verte junto a
El que lo trágico del pecado. El sacerdote es consiente
de todo ello y participará del "gozo que hay en el
cielo por un pecador que se arrepiente".
2. "El sacerdote es muy duro e
irracible". Es una actitud infantil que revela un
total desconocimiento del sacramento. Hay que saber
prescindir de la persona concreta que está sentada en el
confesionario: en ese momento es el representante de
Cristo y eso es lo principal.
3. "Ha pasado mucho tiempo desde mi última
confesión": en lugar de ser un obstáculo debe ser
una motivación para acercarse al sacramento. Jesús
quiere perdonarte y no lo dejas.
4. Evita "tantear" al confesor: para la
validez del sacramento es necesario decir todos los
pecados mortales desde la última confesión y se
recomienda decir también los veniales aunque no haya
obligación estricta. También es necesario hacer, cuando
se requiera y de manera sucinta, aquellas
especificaciones que pueden cambiar la naturaleza o
gravedad del pecado.
5. Evita las tácticas dilatorias: frecuentemente
se deben al deseo de justificarse o de rebajar la propia
responsabilidad.
La penitencia tiene dos
finalidades: por un lado te ayuda como correctivo para no
pecar más y, por otro lado, será una forma de
recomponer el orden que Dios estableció y que tú has
roto con tu pecado. En el sacramento se perdona tu
pecado, pero el desorden que con él introdujiste en el
mundo persiste y necesitas purificarte de él y de sus
consecuencias.
Pecado mortal es aquel
que, por su malicia, ofende gravemente a Dios, hace
perder al hombre el estado de gracia y le hace merecedor
del infierno. Se llama mortal por la muerte espiritual y
eterna que genera. Encierra un rechazo radical de
Dios-Amor: optar por algo que sabemos le ofende de manera
grave supone, lógicamente, un alejamiento radical de El.
Pecado mortal es aquel que, ofendiendo también a Dios,
no encierra una malicia o gravedad que conlleva un
rechazo radical de su amor, un apartamiento total de su
plan.
Son tres los elementos del pecado mortal:
+1. Materia grave: para que exista pecado mortal
es necesario que sea lesionado algún principio moral
básico, algún aspecto importante del plan de Dios para
el hombre.
+2. Pleno conocimiento: Que la persona que comete
el pecado se percate de lo que está haciendo.
+3. Pleno consentimiento: debe existir un
movimiento de la libre voluntad humana. Un acto humano no
será pecaminoso si no ha sido realizado libremente.
Es necesario acudir al
sacramento de la reconciliación siempre que se haya
cometido un pecado mortal.
Es recomendable acudir con mayor frecuencia al
sacramento. Este te ayuda no sólo al perdonarte los
pecados sino al fortalecer tu vida cristiana con la
gracia que recibes.
El sacramento puede
administrarse comunitariamente, con una absolución
general, en casos de emergencia. Pero, aquellos que
reciben una absolución general o comunitaria, quedan
obligados de todos modos a confesarse en forma individual
con el sacerdote a la mayor brevedad posible.
No deberá comulgar nadie
en pecado mortal sin antes confesarse. Si no existen
pecados graves basta con hacer un acto de contrición
internamente, arrepentimiento sincero, como costumbre
saludable antes de recibir al Señor.
Dios preguntará a tu
corazón : "Has amado?". No nos preguntará que
hemos hecho, sino si hemos amado. Para nosotros amar
será olvidarnos de nosotros mismos y empezar a pensar
más en Dios y los que nos rodean.
La esencia del cristianismo es el amor. Ciframos nuestra
vida en no pecar. El cristianismo consiste no en no
morir, sino en vivir y crecer, no en simplemente no pecar
sino amar.
En cada una de nuestras faltas es Cristo el que me dice:
"no me diste de comer, no me diste de beber, estuve
enfermo y no me visitaste...necesitaba perdón y no me lo
diste, me criticaste, me calumniaste, me insultaste, no
me tuviste paciencia, creaste la división dentro de
nuestra familia, me humillaste, me despreciaste, me
juzgaste con dureza, preferiste tu vida cómoda en lugar
molestarte en ayudarme".
Perdonar es tarea de Dios
y no hay alma más bella que aquella que vive el perdón,
porque en el perdón refleja a Dios.
Cuando el alma hace la experiencia del perdón pedido y
recibido como fruto del amor; cuando el alma vislumbra,
aunque sea en una mínima parte, la hermosura del amor de
Dios que le perdona, caen todos los prejuicios y entra en
ella esa paz que tan lejos está de tantas personas. La
misma paz que inundó el corazón de Pedro o que cambió
para siempre la vida de María Magdalena.
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