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La Eucaristía, exigencia de compartir
+ Juan Cardenal Sandoval
Íñiguez,
Arzobispo de Guadalajara52 "El auténtico sentido
de la Eucaristía se convierte, de por sí, en escuela de amor activo al
prójimo" (Dominicae Cenae, 6). Comprendemos así, la relación entre la
Eucaristía y la luz, según la afirmación del Apóstol san Juan: "Quien dice
que está en la luz y aborrece a su hermano, está aún en las tinieblas" (1Jn
2,9).
53 Ofrecer de verdad el sacrificio de Cristo implica continuar este mismo
sacrificio en una vida de entrega a los demás. Así como Él se ha ofrecido en
sacrificio bajo la forma de pan y vino, así debemos darnos nosotros, con
fraterno y humilde servicio, a nuestros semejantes, teniendo en cuenta sus
necesidades más que sus méritos, y ofreciéndoles el pan, o sea, lo más
necesario para una vida digna.
54 El cristiano no ha inventado la comida, ni el banquete. Son elementos
constitutivos del existir humano, necesidades vitales. Su riqueza de
contenido se manifiesta no tanto en el hecho material de comer y beber, sino
en el hecho de comunicar, compartir y fraternizar. Para el cristiano, con la
conciencia de que es miembro del Cuerpo Místico de Cristo, el poder celebrar
el "Banquete Eucarístico" es un privilegio, pero también una interpelación.
El pan y el vino que presentamos en el altar, nos están remitiendo a esa
comida o bebida que debiera estar en la mesa de todo ser humano, porque hay
muchos hombres que no pueden disfrutar de tal derecho, bien porque no tienen
qué comer o porque les falta con quién compartir, lo que representa una
clamorosa injusticia.
55 Esta situación se opone radicalmente a aquello que Jesús predicó y
realizó durante su vida, y a lo que la primitiva comunidad atendió y vivió,
siguiendo las enseñanzas de Cristo. Por tanto, la Eucaristía, celebrada y
participada como banquete, nos invita a unir la fracción del pan con la
comunicación de bienes (cfr. Hech 2,42.44; 4,34), con las colectas a favor
de los necesitados (cfr. Hech 11,29; 12,25), con el servicio de las mesas (cfr.
Hech 6,2), con la superación de toda división y discriminación (cfr. 1Cor
10,16; 11,18-22; St 2,1-13). De todo esto se desprenden evidentes
consecuencias para la evangelización en el mundo y, concretamente, en los
países en vías de desarrollo.
56 La Eucaristía actualiza la diakonía o servicio de Cristo, y es lugar de
renovación de la misión de la Iglesia, sobre todo a favor de los más
necesitados. Así, la Eucaristía es escuela, fuente de amor y diakonía que
necesariamente tiende a realizarse en la vida. Esto supone que en la
Eucaristía, y por la Eucaristía, sean promovidos los valores de acogida
fraterna, de solidaridad y de comunicación de bienes. Este testimonio de
amor es un elemento indispensable de la verdadera evangelización. |