Jesucristo Evangelizador y la Eucaristía, fuente de la
Evangelización
+ Juan Cardenal Sandoval Íñiguez,
Arzobispo de Guadalajara
57 Al centro de la misión salvífica de Jesucristo, se
encuentra su tarea evangelizadora. Sin embargo, el anuncio del Reino no lo
realiza Jesús sólo con palabras, sino "con su total presencia y
manifestación personal [...] sobre todo con su muerte y resurrección
gloriosa de entre los muertos" (DV 4); en el fondo, podemos decir que Jesús
mismo es el Reino.
58 Como indica el mismo Pablo VI, la evangelización "tiene su arranque
durante la vida de Cristo y se logra de manera definitiva por su muerte y
resurrección; pero debe continuar pacientemente a través de la historia,
hasta realizarse plenamente el día de la Venida final del mismo Cristo" (EN
9); por ello, la Iglesia tiene como deber primero continuar la misión de
Jesús y debe apropiarse las palabras de san Pablo, "¡Ay de mí si no
evangelizara!" (1Cor 9,16).
59 La Eucaristía es fuente de evangelización porque ella es, en cierta
manera, el "centro del Evangelio", ya que aparece relacionada con la Pascua,
como está narrado en los textos de la institución de la Eucaristía (cfr. Mt
26,17-25 y par.), y con los temas más importantes del mismo Evangelio, como
la proclamación de la Palabra de Dios, la conversión y la fe, la caridad y
la koinonía, la reconciliación y el perdón e, incluso, la vida eterna (cfr.
Jn 6; Hech 2,42-46; 1Cor 10,14-22; 11,17-26).
60 La Eucaristía es además la cumbre del itinerario sacramental, pues ella
sintetiza y nos remite a las diversas etapas sacramentales: del Bautismo, de
la Confirmación, del Matrimonio y del Orden sacerdotal, por medio de las
cuales el cristiano va expresando su incorporación al misterio de Cristo y
de su Iglesia. Por esto, la Eucaristía involucra a la Iglesia entera y a
cada cristiano, no sólo para avanzar en la configuración con Cristo, sino
también para asumir la tarea evangelizadora respecto a los demás, como
miembros que somos del Cuerpo Místico de Cristo.
61 Finalmente, la Eucaristía es impulso para la evangelización en este
tercer milenio, porque ella no sólo es su centro, sino también fuente que
desencadena y promueve toda la acción evangelizadora en el mundo
contemporáneo (cfr. NMI 36).
62 Un aspecto especial lo constituye, ciertamente, la devoción litúrgica y
popular a Jesús Sacramentado. Los monumentos del Jueves Santo, la solemnidad
de Corpus Christi con sus procesiones, la costumbre de la Visita al
Santísimo, la Hora Santa, la adoración de las Cuarenta Horas, los Templos
Expiatorios con la exposición continua, la Bendición con el Santísimo, la
comunión de los Viernes primeros de mes, la Adoración Nocturna y los
Congresos Eucarísticos son, entre muchas otras, expresiones de una fe
sencilla y profunda en la presencia real de Jesucristo en la Eucaristía, y
de un amor entrañable a Aquél que ha querido poner su morada entre nosotros
(cfr. Jn 1,14). Es innegable que la tarea evangelizadora de la Iglesia
encuentra aquí, también, un terreno de purificación y crecimiento
excepcional, sobre todo en nuestro tiempo; para que, ante "las tinieblas y
sombras de muerte" (Lc 1,79) que envuelven nuestro mundo, la Eucaristía sea,
en plenitud, luz y vida para toda la humanidad.
63 La fuerza evangelizadora de la Eucaristía es tal, que invita al cristiano
a entregarse a sí mismo en un compromiso misionero generoso que responda a
la situación de cada región y país, pues Jesús al decirnos en la Última
Cena: "Hagan esto en memoria mía" (Lc 22,19), no podemos ignorar su
invitación a ser, como Él, pan que se parte y comparte, sangre que se
derrama para la vida del mundo; de otra manera, la celebración de la
Eucaristía, sin compromiso, no sería plenamente "anuncio del Evangelio",
como lo advierte san Pablo a la comunidad de Corinto (cfr. 1Cor 11,17-34).
64 Asimismo, la participación en la Eucaristía es el centro del domingo para
todo cristiano. Santificar el día del Señor es un privilegio irrenunciable y
un deber que se ha de vivir no sólo para cumplir un precepto, sino como
necesidad, en orden a una vida cristiana verdaderamente consciente y
coherente (cfr. NMI 36). Por ello, el fomentar la participación en la
Eucaristía, especialmente dominical, debe formar parte indispensable de los
programas pastorales de la Nueva Evangelización.