Pablo VI (Pascua 1967)
SOBRE EL DESARROLLO DE LOS
PUEBLOS
A LOS OBISPOS, A LOS
SACERDOTES, A LOS RELIGIOSOS
A LOS FIELES Y A TODOS LOS
HOMBRES
DE BUENA VOLUNTAD
PRIMERA
PARTE: POR UN DESARROLLO INTEGRAL
I-
LOS DATOS DEL PROBLEMA
II-
LA IGLESIA Y EL DESARROLLO
III-
LA ACCION QUE SE DEBE EMPRENDER
URGENCIA DE LA OBRA
QUE HAY QUE REALIZAR
PROGRAMA Y
PLANIFICACION
SEGUNDA PARTE: :HACIA EL DESARROLLO
SOLIDARIO DE LA HUMANIDAD
I-
ASISTENCIA
A LOS DEBILES
II-
LA EQUIDAD EN LAS RELACIONES COMERCIALES
III-
LA CARIDAD UNIVERSAL
EL DESARROLLO ES EL NUEVO NOMBRE DE LA PAZ
LLAMAMIENTO FINAL
Pablo VI (Pascua 1967)
SOBRE EL DESARROLLO DE LOS
PUEBLOS
A LOS OBISPOS, A LOS
SACERDOTES, A LOS RELIGIOSOS
Enseñanzas
sociales de los Papas
2. En sus grandes encíclicas, Rerum Novarum de León XIII, Quadragesimo Anno
de Pío XI, Mater et Magistra y Pacem
in Terris de Juan XXIII -sin hablar de los
mensajes al mundo de Pío XII
nuestros predecesores no faltaron al deber que tenían de proyectar sobre las
cuestiones sociales de su tiempo la luz del Evangelio.
Hecho
importante
3. Hoy el hecho más importante del que todos deben
tomar conciencia es el de que la cuestión social ha tomado una dimensión
mundial. Juan XXIII lo afirma sin ambages
y el Concilio se ha hecho eco de esta afirmación en su Constitución pastoral
sobre la Iglesia en el mundo de hoy Esta
enseñanza es grave y su aplicación urgente. Los pueblos hambrientos interpelan
hoy, con acento dramático, a los pueblos opulentos. La Iglesia sufre ante esta
crisis de angustia, y llama a todos, para que respondan con amor al llamamiento
de sus hermanos.
Nuestros
viajes
4. Antes de nuestra elevación al Sumo Pontificado,
Nuestros dos viajes a la América Latina (1960) y al África (1962) Nos pusieron
ya en contacto inmediato con los lastimosos problemas que afligen a continentes
llenos de vida y de esperanza.
Revestidos de la paternidad universal hemos podido,
en Nuestros viajes a Tierra Santa y a la India, ver con Nuestros ojos y como
tocar con Nuestras manos las gravísimas dificultades que abruman a pueblos de
antigua civilización, en lucha con los problemas del desarrollo. Mientras que
en Roma se celebraba el segundo Concilio Ecuménico Vaticano, circunstancias
providenciales. Nos condujeron a poder hablar directamente a la Asamblea
General de las Naciones Unidas. Ante tan amplio areópago fuimos el abogado de
los pueblos pobres.
Justicia
y paz
5. Por último con intención de responder al voto
del Concilio y de concretar la aportación de la Santa Sede a esta grande causa
de los pueblos en vía de desarrollo, recientemente hemos creído que era Nuestro
deber crear, entre los organismos centrales de la Iglesia, una Comisión
Pontificia encargada de "suscitar en todo el Pueblo de Dios el pleno conocimiento
de la función que los tiempos actuales piden a cada uno, en orden a promover el
progreso de los pueblos más pobres, de favorecer la justicia social entre las
naciones, de ofrecer a los que se hallan menos desarrollados una tal ayuda que
les permita proveer, ellos mismos y para sí mismos, a su progreso" . Justicia y paz es su nombre y su
programa. Pensamos que este programa puede y debe juntar los hombres de buena
voluntad con Nuestros hijos católicos y hermanos cristianos.
Por esto hoy dirigimos a todos este solemne
llamamiento para una acción concreta en favor del desarrollo integral del
hombre y del desarrollo solidario de la humanidad.
Primera Parte
POR UN DESARROLLO
INTEGRAL
I- LOS DATOS DEL PROBLEMA
Aspiraciones
de los hombres
6. Verse libres de la miseria, hallar con más
seguridad la propia subsistencia, la salud, una ocupación estable; participar
todavía más en las responsabilidades, fuera de toda opresión y al abrigo de
situaciones que ofenden su dignidad de hombres; ser más instruidos; en una
palabra, hacer, conocer y tener más para ser más: tal es la aspiración de los
hombres de hoy, mientras que un gran número de ellos se ven condenados a vivir
en condiciones, que hacen ilusorio este legítimo deseo. Por otra parte, los
pueblos llegados recientemente a la independencia nacional sienten la necesidad
de añadir a esta libertad política un crecimiento autónomo y digno, social no
menos que económico, a fin de asegurar a sus ciudadanos su pleno desarrollo
humano y ocupar el puesto que les corresponde en el concierto de las naciones.
Colonización
y colonialismo
7. Ante la amplitud y la urgencia de la labor que
hay que llevar a cabo, disponemos de medios heredados del pasado, aun cuando
son insuficientes. Ciertamente hay que reconocer que potencias coloniales con
frecuencia han perseguido su propio interés, su poder o su gloria, y que al
retirarse a veces han dejado una situación económica vulnerable, ligada, por
ejemplo, al monocultivo cuyo rendimiento económico está sometido a bruscas y
amplias variaciones. Pero aun reconociendo los errores de un cierto tipo de
colonialismo, y de sus consecuencias, es necesario al mismo tiempo rendir
homenaje a las cualidades y a las realizaciones de los colonizadores, que, en
tantas regiones abandonadas, han aportado su ciencia y su técnica, dejando
preciosos frutos de su presencia. Por incompletas que sean, las estructuras
establecidas permanecen y han hecho retroceder la ignorancia y la enfermedad,
establecido comunicaciones beneficiosas y mejorado las condiciones de vida.
Desequilibrio
creciente
8. Aceptado lo dicho, es bien cierto que esta
preparación es notoriamente insuficiente para enfrentarse con la dura realidad
de la economía moderna. Dejada a sí misma, su mecanismo conduce el mundo hacia
una agravación y no a uzadores, que, en
tantas regiones abandonadas, han aportado su ciencia y su técnica, dejando
preciosos frutos de su presencia. Por incompletas que sean, las estructuras
establecidas permanecen y han hecho retroceder la ignorancia y la enfermedad,
establecido comunicaciones beneficiosas y mejorado las condiciones de vida.
Desequilibrio
creciente
8. Aceptado lo dicho, es bien cierto que esta
preparación es notoriamente insuficiente para enfrentarse con la dura realidad
de la economía moderna. Dejada a sí misma, su mecanismo conduce el mundo hacia
una agravación y no a una atenuación, en la disparidad de los niveles de vida:
los pueblos ricos gozan de un rápido crecimiento, mientras que los pobres se
desarrollan lentamente. El desequilibrio crece: unos producen con exceso
géneros alimenticios que faltan cruelmente a otros, y estos últimos ven que sus
exportaciones se hacen inciertas.
Mayor
toma de conciencia
9. Al mismo tiempo los conflictos sociales se han
ampliado hasta tomar las dimensiones del mundo. La viva inquietud que se ha
apoderado de las clases pobres en los países que se van industrializando, se
apodera ahora de aquellas., en las que la economía es casi exclusivamente
agraria: los campesinos adquieren ellos también la conciencia de su miseria, no
merecida A esto se añade el escándalo de las
disparidades hirientes, no solamente en el goce de los bienes, sino todavía más
en el ejercicio del poder, mientras que en algunas regiones una oligarquía goza
de una civilización refinada, el resto de la población, pobre y dispersa, está
"privada de casi todas las posibilidades de iniciativas personales y de
responsabilidad, y aun muchas veces incluso, viviendo en condiciones de vida y
de trabajo, indignas de la persona humana"
Choque
de civilizaciones
10. Por otra parte el choque entre las
civilizaciones tradicionales y las novedades de la civilización industrial,
rompe las estructuras, que no se adaptan a las nuevas condiciones. Su marco,
muchas veces rígido, era el apoyo indispensable de la vida personal y familiar,
y los viejos se agarran a él, mientras que los jóvenes lo rehuyen, como un
obstáculo inútil, para volverse ávidamente hacia nuevas formas de vida social.
El conflicto de las generaciones se agrava así con un trágico dilema: o
conservar instituciones y creencias ancestrales y renunciar al progreso; o
abrirse a las técnicas y civilizaciones, que vienen de fuera, pero rechazando
con las tradiciones del pasado, toda su riqueza humana. De hecho, los apoyos
morales, espirituales y religiosos del pasado ceden con mucha frecuencia, sin
que por eso mismo esté asegurada la inserción en el mundo nuevo.
Conclusión
11. En este desarrollo la tentación se hace tan
violenta, que amenaza arrastrar hacia los mesianismos prometedores, pero
forjados de ilusiones.
¿Quién no ve los peligros que hay en ello de
reacciones populares y de deslizamientos hacia las ideologías totalitarias?
Estos son los datos del problema, cuya gravedad no puede escapar a nadie.
II LA IGLESIA Y EL
DESARROLLO
La
labor de los misioneros
12. Fiel a las enseñanzas y al ejemplo de su Divino
Fundador, que dio como señal de su misión el anuncio de la Buena Nueva a los
pobres , la Iglesia nunca ha dejado de
promover la elevación humana de los pueblos, a los cuales lleva la fe en
Jesucristo. Al mismo tiempo que iglesias, sus misioneros han construido
hospicios y hospitales, escuelas y universidades. Enseñando a los indígenas el
modo de sacar mayor provecho de los recursos naturales, los han protegido
frecuentemente contra la codicia de los extranjeros. Sin duda alguna su labor,
por lo mismo que era humana, no fue perfecta y algunos pudieron mezclar algunas
veces no pocos modos de pensar y de vivir de su país de origen con el anuncio
del auténtico mensaje evangélico. Pero supieron también cultivar y promover las
instituciones locales. En muchas regiones, supieron colocarse entre los
precursores del progreso material no menos que de la elevación cultural. Basta
recordar el ejemplo del P. Carlos de Foucauld, a quien se juzgó digno de ser
llamado, por su caridad, el "Hermano universal", y que compiló un
precioso diccionario de la lengua tuareng. Hemos de rendir homenaje a estos
precursores muy frecuentemente ignorados, impelidos por la caridad de Cristo,
lo mismo que a susémulos y sucesores, que siguen dedicándose, todavía hoy, al
servicio generoso y desinteresado de aquellos que evangelizan.
Iglesia
y mundo
13. Pero en lo sucesivo las iniciativas locales e
individuales no bastan ya. La presente situación del mundo exige una acción de
conjunto, que tenga como punto de partida una clara visión de todos los
aspectos económicos, sociales, culturales y espirituales. Con la experiencia
que tiene de la humanidad, la Iglesia, sin pretender de ninguna manera
mezclarse en la política de los Estados "Sólo desea una cosa: continuar,
bajo la guía del Espíritu Paráclito, la obra misma de Cristo quien vino al
mundo para dar testimonio de la verdad, para lavar y no para juzgar, para
servir y no para ser servido"
Fundada para establecer desde acá abajo el Reino de los cielos y no para conquistar
un poder terrenal, afirma claramente que los dos campos son distintos, de la
misma manera que son soberanos los dos poderes, el eclesiástico y el civil,
cada uno en su terreno Pero,
viviendo en la historia, ella debe "escrutar a fondo los signos de los
tiempos e interpretarlos a la luz del Evangelio" Tomando parte en las mejores
aspiraciones de los hombres y sufriendo al no verlas satisfechas, desea
ayudarles a conseguir su pleno desarrollo y esto precisamente porque ella les
propone lo que ella posee como propio: una visión global del hombre y de la
humanidad.
Visión
cristiana del desarrollo
14. El desarrollo no se reduce al simple
crecimiento económico. Para ser auténtico debe ser integral, e decir, promover
a todos los hombres y a todo el hombre. Con gran exactitud ha subrayado un
eminente experto: "Nosotros no aceptamos la separación de la economía de
lo humano, el desarrollo de las civilizaciones en que está inscrito. Lo que
cuenta para nosotros es el hombre, cada hombre, cada agrupación de hombres,
hasta la humanidad entera"
Vocación
al crecimiento
15. En los designios de Dios, cada hombre está
llamado a desarrollarse, porque toda vida es una vocación. Desde su nacimiento,
ha sido dado a todos como un germen, un conjunto de aptitudes y de cualidades
para hacerlas fructificar: su floración, fruto de la educación recibida en el
propio ambiente y del esfuerzo personal, permitirá a cada uno orientarse hacia
el destino, que le ha sido propuesto por el Creador. Dotado de inteligencia y
de libertad, el hombre es responsable de su crecimiento, lo mismo que de su
salvación. Ayudado, y a veces es trabado, por los que lo educan y lo rodean,
cada uno permanece siempre, sean los que sean los influjos que sobre él se
ejercen, el artífice principal de su éxito o de su fracaso: por sólo el
esfuerzo de su inteligencia y de su voluntad, cada hombre puede crecer en
humanidad, valer más, ser más.
Deber personal...
16. Por otra parte este crecimiento no es
facultativo. De la misma manera que la creación entera está ordenada a su
Creador, la creatura espiritual está obligada a orientar espontáneamente su
vida hacia Dios, verdad primera y bien soberano. Resulta así que el crecimiento
humano constituye como un resumen de nuestros deberes. Más aun, esta armonía de
la naturaleza, enriquecida por el esfuerzo personal y responsable, está llamada
a superarse a sí misma. Por su inserción en el Cristo vivo, el hombre tiene el
camino abierto hacia un progreso nuevo, hacia un humanismo trascendental, que
le da su mayor plenitud; tal es la finalidad suprema del desarrollo personal.
... y comunitario
17. Pero cada uno de los hombres es miembro de la
sociedad, pertenece a la humanidad entera. Y no es solamente este o aquel
hombre sino que todos los hombres están llamados a este desarrollo pleno. Las civilizaciones nacen, crecen y
mueren. Pero como las olas del mar en flujo de la marea van avanzando, cada una
un poco más, en la arena de la playa, de la misma manera la humanidad avanza
por el camino de la historia. Herederos de generaciones pasadas y
beneficiándonos del trabajo de nuestros contemporáneos, estamos obligados para
con todos y no podemos desinteresarnos de los que vendrán a aumentar todavía más
el círculo de la familia humana. La solidaridad universal, que es un hecho y un
beneficio para todos, es también un deber.
Escala
de valores
18. Este crecimiento personal y comunitario se
vería comprometido si se alterase la verdadera escala de valores. Es legítimo
el deseo de lo necesario, y el trabajar para conseguirlo es un deber: "El
que no quiere trabajar, que no coma"
Pero la adquisición de los bienes temporales puede conducir a la codicia, al
deseo de tener cada vez más y a la tentación de acrecentar el propio poder. La
avaricia de las personas, de las familias y de las naciones puede apoderarse lo
mismo de los más desprovistos que de los más ricos, y suscitar en los unos y en
los otros un materialismo sofocante.
Creciente
ambivalencia
19. Así pues, el tener más, lo mismo para los
pueblos que para las personas, no es el fin último. Todo crecimiento es
ambivalente. Necesario para permitir que el hombre sea más hombre, lo encierra
como en una prisión, desde el momento que se convierte en el bien supremo, que
impide mirar más allá. Entonces los corazones se endurecen y los espíritus se
cierran los hombres ya no se unen por amistad sino por interés, que pronto les
hace oponerse unos a otros y desunirse. La búsqueda exclusiva del poseer se
convierte en un obstáculo para el crecimiento del ser y se opone a su verdadera
grandeza; para las naciones, como para las personas, la avaricia es la forma
más evidente de un subdesarrollo moral.
Hacia
una condición más humana
20. Si para llevar a cabo el desarrollo se
necesitan técnicos, cada vez en mayor número, para este mismo desarrollo se
exige más todavía pensadores de reflexión profunda que busquen un humanismo
nuevo, el cual permita al hombre moderno hallarse a sí mismo, asumiendo los
valores superiores del amor, de la amistad, de la oración y de la contemplación . Así se podrá realizar, en toda su
plenitud, el verdadero desarrollo, que es el paso, para cada uno y para todos
de condiciones de vida menos humanas, a condiciones más humanas.
Ideal
al que hay que tender
21. Menos humanas: Las carencias materiales de los
que están privados del mínimo vital y las carencias morales de los que están
mutilados por el egoísmo. Menos humanas: las estructuras opresoras que
provienen del abuso del tener o del abuso del poder, de las explotaciones de
los trabajadores o de la injusticia de las transacciones. Más humanas: el
remontarse de la miseria a la posesión de lo necesario, la victoria sobre las
calamidades sociales, la ampliación de los conocimientos, la adquisición de la
cultura. Más humanas también: el aumento en la consideración de la dignidad de
los demás, la orientación hacia el espíritu de pobreza , la cooperación en el bien común, la voluntad de paz. Más
humanas todavía: el reconocimiento, por parte del hombre, de los valores
supremos, y de Dios, que de ellos es la fuente y el fin. Más humanas, por fin y
especialmente: la fe, don de Dios acogido por la buena voluntad de los hombres,
y la unidad de la caridad de Cristo, que nos llama a todos a participar, como
hijos, en la vida de Dios vivo, Padre de todos los hombres.
III- LA ACCION QUE SE DEBE EMPRENDER
22. "Llenad la tierra y sometedla" La Biblia, desde sus primeras
páginas, nos enseña que la creación entera es para el hombre, quien tiene que
aplicar su esfuerzo inteligente para valorizarla y mediante su trabajo,
perfeccionarla, por decirlo así, poniéndola a su servicio. Si la tierra está
hecha para procurar a cada uno los medios de subsistencia y los instrumentos de
su progreso, todo hombre tiene el derecho de encontrar en ella lo que necesita.
El reciente Concilio lo ha recordado: "Dios ha destinado la tierra y todo
lo que en ella se contiene, para uso de todos los hombres y de todos los
pueblos, de modo que los bienes creados deben llegar a todos en forma justa,
según la regla de la justicia, inseparable de la caridad" Todos los demás derechos, sean los
que sean, comprendidos en ellos los de propiedad y comercio libre, a ello están
subordinados: no deben estorbar, antes al contrario, facilitar su realización,
y es un deber social grave y urgente hacerlo volver a su finalidad primaria.
La
propiedad
23. "Si alguno tiene bienes de este mundo, y
viendo a su hermano en necesidad le cierra sus entrañas, ¿cómo es posible que
resida en él el amor de Dios?"
. Sabido es con qué firmeza los Padres de la Iglesia han precisado cuál debe
ser la actitud de los que poseen respecto a los que se encuentran en necesidad:
"No es parte de tus bienes así dice San Ambrosio lo que tú das al pobre;
lo que le das le pertenece. Porque lo que ha sido dado para el uso de todos, tú
te lo apropias. La tierra ha sido dada para todo el mundo y no solamente para
los ricos" Es decir, que la
propiedad privada no constituye para nadie un derecho incondicional y absoluto.
No hay ninguna razón para reservarse en uso exclusivo lo que supera a la propia
necesidad, cuando a los demás les falta lo necesario. En una palabra: "el
derecho de la propiedad no debe jamás ejercitarse con detrimento de la utilidad
común, según la doctrina tradicional de los Padres de la Iglesia y de los
grandes teólogos". Si se llegase al conflicto "entre los derechos
privados adquiridos y las exigencias comunitarias primordiales", toca a
los poderes públicos "procurar una solución, con la activa participación
de las personas y de los grupos sociales"
El
uso de la renta
24. El bien común exige, algunas veces, la
expropiación, si por el hecho de su extensión, de su explotación deficiente o
nula, de la miseria que de ello resulta a la población, del daño considerable
producido a los intereses del país, algunas posesiones sirven de obstáculo a la
prosperidad colectiva.
Afirmándola netamente el Concilio ha recordado también, no
menos claramente, que la renta disponible no es cosa que queda abandonada al
libre capricho de los hombres; y que las especulaciones egoístas deben ser
eliminadas. Desde luego no se podría admitir que ciudadanos, provistos de
rentas abundantes, provenientes de los recursos y de la actividad nacional, las
transfiriesen en parte considerable al extranjero, por puro provecho personal,
sin preocuparse del daño evidente que con ello infligirían a la propia patria
La
industrialización
25. Necesaria para el crecimiento económico y para
el progreso humano, la industrialización es al mismo tiempo señal y factor de
desarrollo. El hombre, mediante la tenaz aplicación de su inteligencia y de su
trabajo arranca poco a poco sus secretos a la naturaleza y hace un uso mejor de
sus riquezas. Al mismo tiempo que disciplina sus costumbres se desarrollo en él
el gusto por la investigación y la invención, la aceptación del riesgo
calculado, la audacia en las empresas, la iniciativa generosa y el sentido de
responsabilidad.
Capitalismo
liberal
26. Pero, por desgracia, sobre estas nuevas
condiciones de la sociedad, ha sido construido un sistema que considera el
provecho como muestra esencial del progreso económico, la concurrencia como ley
suprema de la economía, la prosperidad privada de los medios de producción como
un derecho absoluto, sin límites ni obligaciones sociales correspondientes.
Este liberalismo sin freno, que conduce a la dictadura, justamente fue
denunciado por Pío XI como generador de "el imperialismo internacional del
dinero" No hay mejor manera de
reprobar tal abuso que recordando solemnemente una vez más que la economía está
al servicio del hombre Pero
si es verdadero que un cierto capitalismo ha sido la causa de muchos
sufrimientos, de injusticias y luchas fratricidas, cuyos efectos duran todavía,
sería injusto que se atribuyera a la industrialización misma los males que son
debidos al nefasto sistema que la acompaña. Por el contrario, es justo
reconocer la aportación irremplazable de la organización del trabajo y del
progreso industrial a la obra del desarrollo.
El
trabajo
27. De igual modo, si algunas veces puede reinar
una mística exagerada del trabajo, no será menos cierto que el trabajo ha sido
querido y bendecido por Dios. Creado a imagen suya "el hombre debe
cooperar con el Creador en la perfección de la creación y marcar a su vez la
tierra con el carácter espiritual, que él mismo ha recibido" Dios, que ha dotado al hombre de
inteligencia, le ha dado también el modo de acabar de alguna manera su obra, ya
sea el artista o artesano, patrono, obrero o campesino, todo trabajador es un
creador. Aplicándose a una materia, que se le resiste, el trabajador le imprime
un sello, mientras que él adquiere tenacidad, ingenio y espíritu de invención.
Más aún, viviendo en común, participando de una misma esperanza, de un
sufrimiento, de una ambición y de una alegría, el trabajo une las voluntades,
aproxima los espíritus y funde los corazones; al realizarlo, los hombres
descubren que son hermanos
Su
ambivalencia
28. El trabajo, sin duda es ambivalente, porque
promete el dinero, la alegría y el poder, invita a los unos al egoísmo y a los
otros a la revuelta, desarrolla también la conciencia profesional, el sentido
del deber y la caridad para con el prójimo. Más científico y mejor organizado
tiene el peligro de deshumanizar a quien lo realiza, convertirlo en siervo
suyo, porque el trabajo no es humano si no permanece inteligente y libre. Juan
XXIII ha recordado la urgencia de restituir al trabajador su dignidad,
haciéndole participar realmente de la labor común: "se debe tender a que
la empresa se convierta en una comunidad de personas en las relaciones, en las
funciones y en la situación de todo el personal" Pero el trabajo de los hombres, mucho
más para el cristiano, tiene todavía la misión de colaborar en la creación del
mundo sobrenatural no
terminado, hasta que lleguemos todos juntos a constituir aquel hombre perfecto
del que habla san Pablo, "que realiza la plenitud de Cristo"
URGENCIA DE LA OBRA QUE HAY QUE
REALIZAR
29. Hay que darse prisa. Muchos hombres sufren y
aumenta la distancia que separa el progreso de los unos, del estancamiento y
aún retroceso de los otros. Sin embargo, es necesario que la labor que hay que
realizar progrese armoniosamente, so pena deber roto el equilibrio que es
indispensable. Una reforma agraria improvisada puede frustrar su finalidad. Una
industrialización brusca puede dislocar las estructuras, que todavía son
necesarias, y engendrar miserias sociales, que serían un retroceso para la
humanidad.
Tentación
de la violencia
30. Es cierto que hay situaciones cuya injusticia
clama al cielo. Cuando poblaciones enteras, faltas de lo necesario, viven en
una tal dependencia que les impide toda iniciativa y responsabilidad, lo mismo
que toda posibilidad de promoción cultural y de participación en la vida social
y política, es grande la tentación de rechazar con la violencia tan grandes
injurias contra la dignidad humana.
La
revolución
31. Sin embargo ya se sabe: la insurrección
revolucionaria -salvo en caso de tiranía evidente y prolongada, que atentase
gravemente a los derechos fundamentales de la persona y dañase peligrosamente el
bien común del país engendra nuevas injusticias, introduce nuevos
desequilibrios y provoca nuevas ruinas. No se puede combatir un mal real al
precio de un mal mayor.
Reforma
32. Entiéndasenos bien: la situación presente tiene
que afrontarse valerosamente y combatirse y vencerse las injusticias que trae
consigo. El desarrollo exige transformaciones audaces, profundamente
innovadoras. Hay que emprender, sin esperar más, reformas urgentes. Cada uno
debe aceptar generosamente su papel, sobre todo los que por su educación, su
situación y su poder tienen grandes posibilidades de acción. Que, dando
ejemplo, empiecen con sus propios haberes, como ya lo han hecho muchos hermanos
nuestros en el Episcopado
Responderán así a la expectación de los hombres y serán fieles al Espíritu de
Dios, porque es "el fermento evangélico el que ha suscitado y suscita en
el corazón del hombre una exigencia incoercible de dignidad"
PROGRAMA Y PLANIFICACION
33. La sola iniciativa individual y el simple juego
de la competencia no serían suficientes para asegurar el éxito del desarrollo.
No hay que arriesgarse a aumentar todavía más las riquezas de los ricos y la
potencia de los fuertes, confirmando así la miseria de los pobres y añadiéndola
a la servidumbre de los oprimidos. Los programas son necesarios para
"animar, estimular, coordinar, suplir e integrar" la acción de los individuos y de los
cuerpos intermedios. Toca a los poderes públicos escoger y ver el modo de
imponer los objetivos que proponerse, las metas que hay que fijar, los medios
para llegar a ella, estimulando al mismo tiempo todas las fuerzas, agrupadas en
esta acción común. Pero ellas han de tener cuidado de asociar a esta empresa
las iniciativas privadas y los cuerpos intermedios. Evitarán así el riesgo de
una colectivización integral o de una planificación arbitraria que, al negar la
libertad, excluiría el ejercicio de los derechos fundamentales de la persona
humana.
Al
servicio del hombre
34. Porque todo programa concebido para aumentar la
producción, al fin y al cabo no tiene otra razón de ser que el servicio de la
persona. Si existe es para reducir desigualdades, combatir las
discriminaciones, librar al hombre de la esclavitud, hacerle capaz de ser por
sí mismo agente responsable de su mejora material, de su progreso moral y de su
desarrollo espiritual. Decir desarrollo es, efectivamente preocuparse tanto por
el progreso social como por el crecimiento económico. No basta aumentar la
riqueza común para que sea repartida equitativamente. No basta promover la
técnica para que la tierra sea humanamente más habitable. Los errores de los
que han ido por delante deben advertir a los que están en vía de desarrollo de
cuáles son los peligros que hay que evitar en este terreno. La tecnocracia del
mañana puede engendrar males no menos temibles que los del liberalismo de ayer.
Economía y técnica no tienen sentido si no es por el hombre, a quien deben
servir. El hombre no es verdaderamente hombre, más que en la medida en que,
dueño de sus acciones y juez de su valor, se hace él mismo autor de su
progreso, según la naturaleza que le ha sido dada por su Creador y de la cual
asume libremente las posibilidades y las exigencias.
Alfabetización
35. Se puede también afirmar que el crecimiento
económico depende en primer lugar del progreso social, por eso la educación
básica es el primer objetivo de un plan de desarrollo. Efectivamente el hambre
de instrucción no es menos deprimente que el hambre de alimento: un analfabeto
es un espíritu subalimentado. Saber leer y escribir, adquirir una formación
profesional y descubrir que se puede progresar al mismo tiempo que los demás.
Como dijimos en nuestro mensaje al Congreso de la UNESCO, de 1965 en Teherán,
la alfabetización es para el hombre "un factor primordial de integración
social, no menos que de enriquecimiento personal; para la sociedad, un
instrumento privilegiado de progreso económico y de desarrollo" Por eso Nos alegramos del gran
trabajo realizado en este dominio por las iniciativas privadas, los poderes
públicos y las organizaciones internacionales: son los primeros artífices del
desarrollo, al capacitar al hombre a realizarlo por sí mismo.
Familia
36. Pero el hombre no es él mismo sino en su medio
social, donde la familia tiene una función primordial, que ha podido ser
excesiva, según los tiempos y los lugares en que se ha ejercitado, con
detrimento de las libertades fundamentales de la persona. Los viejos cuadros
sociales de los países en vías de desarrollo, aunque demasiado rígidos y mal organizados
sin embargo, es menester conservarlos todavía algún tiempo, aflojando
progresivamente su exagerado dominio. Pero la familia natural, monógama y
estable, tal como los designios divinos la han concebido y que el cristianismo ha santificado,
debe permanecer como "punto en el que coinciden distintas generaciones que
se ayudan mutuamente a lograr una más completa sabiduría y armonizar los
derechos de las personas con las demás exigencias de la vida social"
Demografía
37. Es cierto que muchas veces un crecimiento
demográfico acelerado añade sus dificultades a los problemas del desarrollo; el
volumen de la población crece con más rapidez que los recursos disponibles y
nos encontramos aparentemente encerrados en un callejón sin salida. Es, pues, grande
la tentación de frenar el crecimiento demográfico con medidas radicales. Es
cierto que los poderes públicos, dentro de los límites de su competencia,
pueden intervenir, llevando a cabo una información apropiada y adoptando las
medidas convenientes, con tal de que estén de acuerdo con las exigencias de la
ley moral y respeten la justa libertad de los esposos. Sin derecho inalienable
al matrimonio y a la procreación no hay dignidad humana. Al fin y al cabo es a
los padres a los que toda decidir, con pleno conocimiento de causa, el número
de hijos, aceptando sus responsabilidades ante Dios, ante ellos mismos, ante
los hijos que han traído al mundo y ante la comunidad a la que pertenecen,
siguiendo las exigencias de su conciencia, instruida por la ley de Dios
auténticamente interpretada y sostenida por la confianza en El
Organizaciones
profesionales
38. En la obra del desarrollo, el hombre, que
encuentra en la familia su medio de vida primordial, se ve frecuentemente
ayudado por las organizaciones profesionales. Si su razón de ser es la de
promover los intereses de sus miembros, su responsabilidad es grande ante la
función educativa que pueden y al mismo tiempo deben cumplir. A través de la
información que ellas procuran, dela formación que ellas proponen, pueden mucho
para dar a todos el sentido del bien común y de las obligaciones que este
supone para cada uno.
Pluralismo político
39. Toda acción social implica una doctrina. El
cristiano no puede admitir la que supone una filosofía materialista y atea, que
no respeta ni la orientación de la vida hacia su fin último, ni la libertad ni
la dignidad humanas. Pero con tal de que estos valores queden a salvo, un
pluralismo de las organizaciones profesionales y sindicales es admisible, desde
un cierto punto de vista es útil, si protege la libertad y provoca la
emulación. Por eso rendimos un homenaje cordial a todos los que trabajan en el
servicio desinteresado de sus hermanos.
Promoción
cultural
40. Además de las organizaciones profesionales, es
de anotar la actividad de las instituciones culturales. Su función no es menor
para el éxito del desarrollo: "El provenir del mundo corre peligro, afirma
gravemente el Concilio, si no se forman hombres más instruidos en esta
sabiduría". Y añade: "Muchas naciones económicamente pobres, pero más
ricas de sabiduría, pueden prestar a las demás una extraordinaria
utilidad" Rico o pobre, cada
país posee una civilización, recibida de sus mayores: instituciones exigidas
por la vida terrena y manifestaciones superiores artísticas, intelectuales y
religiosas de la vida del espíritu. Mientras que contengan verdaderos valores
humanos, sería un grave error sacrificarlas a aquellas otras. Un pueblo que lo
permitiera perdería con ello lo mejor de sí mismo y sacrificaría para vivir sus
razones de vivir. La enseñanza de Cristo vale también para los pueblos:
"¿De qué le sirve al hombre ganar todo el mundo si pierde su alma?"
Tentación
materialista
41. Los pueblos pobres, jamás estarán
suficientemente en guardia contra esta tentación, que les viene de los pueblos
ricos. Estos presentan, con demasiada frecuencia, con el ejemplo de sus éxitos
en una civilización técnica y cultural, el modelo de una actividad aplicada
principalmente a la conquista de la prosperidad material. No que esta última
cierre el camino por sí misma a las actividades de espíritu. Por el contrario,
siendo éste "menos esclavo de las cosas puede elevarse más fácilmente a la
adoración y a la contemplación del mismo Creador" Pero a pesar de ello, "la misma
civilización moderna, no ciertamente por sí misma, sino porque se encuentra
excesivamente aplicada a las realidades terrenales, puede hacer muchas veces
más difícil el acceso a Dios"
En todo aquello que se les propone, los pueblos en fase de desarrollo deben,
pues, saber escoger, discernir y eliminar los falsos bienes, que traerían
consigo un descenso de nivel en el ideal humano, aceptando los valores sanos y
benéficos para desarrollarlos, juntamente con los suyos, y según su carácter
propio.
Conclusión
42. Es un humanismo pleno el que hay que promover ¿Qué quiere decir esto sino el
desarrollo integral de todo hombre y de todos los hombres? Un humanismo
cerrado, impenetrable a los valores del espíritu y a Dios, que es el fuerte de
ellos, podría aparentemente triunfar. Ciertamente el hombre puede organizar la
tierra sin Dios, pero "al fin y al cabo, sin Dios no puede menos de
organizarla contra el hombre. El humanismo exclusivo es un humanismo
inhumano" No hay, pues, más que
un humanismo verdadero que se abre a lo Absoluto, en el reconocimiento de una
vocación, que da la idea verdadera de la vida humana. Lejos de ser norma última
de los valores, el hombre no se realiza a sí mismo si no es superándose. Según
la tan acertada expresión de Pascal: "el hombre supera infinitamente al
hombre"
SEGUNDA PARTE
HACIA EL DESARROLLO SOLIDARIO DE LA HUMANIDAD
Introducción
43. El desarrollo integral del hombre no puede
darse sin el desarrollo solidario de la humanidad, nos lo decíamos en Bombay.
"El hombre debe encontrar al hombre, las naciones deben encontrarse entre
sí como hermanos y hermanas, como hijos de Dios. En esta comprensión y amistad
mutuas, en esta comunión sagrada, debemos igualmente comenzar a actuar a una
para edificar el provenir común de la humanidad"
Sugeríamos también la búsqueda de medios concretos
y prácticos de organización y cooperación para poner en común los recursos
disponibles y realizar así una verdadera comunión entre todas las naciones.
Fraternidad
de los pueblos
44.Este deber concierne en primer lugar a los más
favorecidos.
Sus obligaciones tienen sus raíces en la
fraternidad humana y sobrenatural y se presentan bajo un triple aspecto: deber
de solidaridad, en la ayuda que las naciones ricas deben aportar a los países
en vías de desarrollo; deber de justicia social, enderezando las relaciones
comerciales defectuosas entre los pueblos fuerte y débiles; deber de caridad
universal, por la promoción de un mundo más humano para todos, en donde todos
tengan que dar y recibir, sin que el progreso de los unos sea un obstáculo para
el desarrollo de los otros. La cuestión es grave, ya que el porvenir de la
civilización mundial depende de ello.
I- ASISTENCIA A LOS DEBILES
Lucha
contra el hambre
45. "Si un hermano o una hermana están
desnudos dice Santiago si les falta el alimento cotidiano, y alguno de vosotros
les dice: 'andad en paz, calentaos, saciaos' sin darles lo necesario para su
cuerpo, ¿para qué les sirve eso?"
Hoy en día, nadie puede ya ignorarlo, en continentes enteros son innumerables los niños subalimentados hasta
tal punto que un buen número de ellos muere en la tierna edad, el crecimiento
físico y el desarrollo mental de muchos otros se ve con ello comprometido, y
enteras regiones se ven así condenadas al más triste desaliento.
Hoy
46. Llamamientos angustiosos han resonado ya. El de
Juan XIII fue calurosamente recibido
Nos lo hemos reiterado en nuestro mensaje de
Navidad 1963 , y de nuevo en favor
de la India en 1966 La
campaña contra el hambre emprendida por la Organización Internacional para la
Alimentación y la Agricultura (FAO) y alentada por la Santa Sede, ha sido
secundada con generosidad. Nuestras Cáritas Internacional actúa por todas
partes y numerosos católicos, bajo el impulso de nuestros hermanos en el
episcopado, dan y se entregan sin reserva a fin de ayudar a los necesitados,
agrandando progresivamente el círculo de sus prójimos.
Mañana
47. Pero todo ello, al igual que las inversiones
privadas y públicas ya realizadas, las ayudas y los préstamos otorgados, no
bastan. No se trata sólo de vencer el hambre, ni siquiera de hacer retroceder
la pobreza, el combate contra la miseria, urgente y necesario, es insuficiente.
Se trata de construir un mundo donde todo hombre, sin excepción de raza,
religión, o nacionalidad, pueda vivir una vida plenamente humana, emancipado de
las servidumbres que le vienen de parte de los hombres y de una naturaleza
insuficientemente dominada; un mundo donde la libertad no sea una palabra vana
y donde el pobre Lázaro pueda sentarse a la misma mesa que el rico Ello exige a este último mucha
generosidad, innumerables sacrificios, y un esfuerzo sin descanso. A cada uno
toca examinar su conciencia, que tiene una nueva voz para nuestra época. ¿Está
dispuesto a sostener con su dinero las obras y las empresas organizadas en
favor de los más pobres? ¿A pagar más impuestos para que los poderes públicos
intensifiquen su esfuerzo para el desarrollo? ¿A comprar más caros los
productos importados a fin de remunerar más justamente al productor? ¿A
expatriarse a sí mismo, si es joven, ante la necesidad de ayudar este
crecimiento de las naciones jóvenes?
Deber
de solidaridad
48. El deber de solidaridad de las personas es
también de los pueblos. "los pueblos ya desarrollados tienen la obligación
gravísima de ayudar a los países en vías de desarrollo" Se debe poner en práctica esta
enseñanza conciliar. Si es normal que una población sea el primer beneficiario
de los dones otorgados por la Providencia como fruto de su trabajo, no pude
ningún pueblo, sin embargo, pretender reservar sus riquezas para su uso
exclusivo. Cada pueblo debe producir más y mejor a la vez para dar a sus
súbditos un nivel de vida verdaderamente humano y para contribuir también al
desarrollo solidario de la humanidad. Ante la creciente indigencia de los países
subdesarrollados, se debe considerar como normal el que un país desarrollado
consagre una parte de su producción a satisfacer las necesidades de aquellos;
igualmente normal que forme educadores, ingenieros, técnicos, sabios que pongan
su ciencia y su competencia al servicio de ellos.
Lo
superfluo
49. Hay que decirlo una vez más: lo superfluo de
los países ricos debe servir a los países pobres. La regla que antiguamente
valía en favor de los más cercanos debe aplicarse hoy a la totalidad de las
necesidades del mundo. Los ricos, por otra parte, serán los primeros
beneficiados de ello. Si no, su prolongada avaricia no hará más que suscitar el
juicio de Dios y en la cólera de los pobres, con imprevisibles consecuencias.
Replegadas en su egoísmo, las civilizaciones actualmente florecientes
atentarían a sus valores más altos, sacrificando la voluntad de ser más, el
deseo de poseer en mayor abundancia. Y se aplicaría a ello la parábola del
hombre rico cuyas tierras habían producido mucho y que no sabía donde almacenar
la cosecha: "Dios le dice: insensato, esta misma noche te pedirán el
alma"
Programas
50. Estos esfuerzos, a fin de obtener su plena
eficacia, no deberían permanecer dispersos o aislados, y menos aun opuestos,
por razones de prestigio o poder: la situación exige programas concertados. En
efecto, un programa es más y es mejor que una ayuda ocasional dejada a la buena
voluntad de cada uno. Supone, Nos lo hemos dicho ya antes, estudios profundos,
fijar objetivos, determinar los medios, aunar los esfuerzos, a fin de responder
a las necesidades presentes y a las exigencias previsibles. Más aun, sobrepasa
las perspectivas del crecimiento económico y del progreso social: da sentido y
valor a la obra que debe realizarse. Arreglando el mundo, se valoriza el
hombre.
Fondo
mundial
51. Hará falta ir más lejos aun. Nos pedimos en
Bombay la constitución de una gran fondo mundial alimentado con una parte de
los gasto militares, a fin de ayudar a los más desheredados Esto que vale para la lucha inmediata
contra la miseria, vale igualmente a escala del desarrollo. Sólo una
colaboración mundial, de la cual un fondo común sería al mismo tiempo símbolo e
instrumento, permitiría superar las rivalidades estériles y suscitar un diálogo
pacífico y fecundo entre todos los pueblos.
Sus
ventajas
52.Sin duda acuerdos bilaterales o multilaterales
pueden seguir existiendo: ellos permiten sustituir las relaciones de
dependencia y las amarguras sugeridas en la área colonial, por felices
relaciones de amistad, desarrolladas sobre un pie de igualdad jurídica y
política. Pero incorporados en un programa de colaboración mundial, se verían
libres de toda sospecha. Las desconfianzas de los beneficiarios se atenuarían.
Estos temerían menos ciertas manifestaciones disimuladas bajo la ayuda
financiera o la asistencia técnica de lo que se ha llamado el neocolonialismo,
bajo forma de presiones políticas y de dominación económica encaminadas a
defender o a conquistar una hegemonía dominadora.
Su
urgencia
53. ¿Quién no ve además que un fondo tal
facilitaría la reducción de ciertos despilfarros, fruto del temor o del
orgullo? Cuando tantos pueblos tienen hambre, cuando tantos hogares sufren la
miseria, cuando tantos hombres viven sumergidos en la ignorancia, cuando aun
quedan por construir tantas escuelas, hospitales, viviendas dignas de este
nombre, todo derroche público o privado, todo gasto de ostentación nacional o
personal, toda carrera de armamentos se convierte en un escándalo intolerable.
Nos vemos obligados a denunciarlo. Quieran los responsables oírnos antes de que
sea demasiado tarde.
Diálogo
que debe comenzar
54. Esto quiere decir que es indispensable que se
establezca entre todos el diálogo, a favor del cual Nos hacíamos votos en
nuestra primera encíclica Ecclesiam Suam
Este diálogo entre quienes aportarán los medios y quienes se benefician de
ellos, permitirá medir las aportaciones, no sólo de acuerdo con la generosidad
y las disponibilidades de los unos sino también en función de las necesidades
reales y de las posibilidades de empleo de los otros. Entonces los países en
vía de desarrollo no correrán en adelante el riesgo de estar abrumados de
dudas, cuya satisfacción absorbe la mayor parte de sus beneficios. Las tasas de
interés y la duración de los préstamos deberán disponerse de manera soportable
para los unos y para los otros, equilibrándolas ayudas gratuitas, los préstamos
sin interés, o con un interés mínimo y la duración de las amortizaciones. A
quienes proporcionen los medios financieros se les podrán dar garantías sobre
el empleo que se hará del dinero, según el plan convenido y con una eficacia
razonable, puesto que no se trata de favorecer a los perezosos y parásitos. Y
los beneficiarios podrán exigir que no haya ingerencias en su política y que no
se perturbe su estructura social. Como estados soberanos, a ellos les
corresponde dirigir por sí mismos sus asuntos, determinar su política y
orientarse libremente hacia la forma de sociedad que han escogido. Se trata por
lo tanto, de instaurar una colaboración voluntaria, una participación eficaz de
los unos con los otros, en una dignidad igual para la construcción de un mundo
más humano.
Su
necesidad
55. La tarea podría parecer imposible en regiones
donde la preocupación por la subsistencia de familias incapaces de concebir un
trabajo que les prepare para un provenir menos miserable. Y sin embargo, es
precisamente a estos hombres y mujeres a quienes hay que ayudar, a quienes hay
que convencer que realicen ellos mismos su propio desarrollo y que adquieran
progresivamente los medios para ello. Esta obra común no irá adelante, claro
está, sin un esfuerzo concentrado, constante y animoso. Pero que cada uno se
persuada profundamente: está en juego la vida de los pueblos pobres, la paz
civil de los países en vía de desarrollo y la paz del mundo.
Distorsión
creciente
57. Las naciones altamente industrializadas
exportan sobre todo productos elaborados, mientras que las economías poco
desarrolladas no tienen para vender más que productos agrícolas y materias
primas. Gracias al progreso técnico, los primeros aumentan rápidamente de valor
y encuentran suficiente mercado. Por el contrario, los productos primarios que
provienen de los países subdesarrollados, sufren amplias y bruscas variaciones
de precios, muy lejos de esa plusvalía progresiva. De ahí provienen para las
naciones poco industrializadas grandes dificultades, cuando han de contar con
sus exportaciones para equilibrar su economía y realizar su plan de desarrollo.
Los pueblos pobres permanecen siempre pobres y los ricos se hacen cada vez más
ricos.
Más
allá del liberalismo
58. Es decir que la regla del libre cambio no puede
seguir rigiendo ella sola las relaciones internacionales. Sus ventajas son
ciertamente evidentes cuando las partes no se encuentran en condiciones
demasiado desiguales de potencia económica: es un estímulo de progreso y
recompensa el esfuerzo. Por eso los países industrialmente desarrollados ven en
ella una ley de justicia. Pero ya no es lo mismo cuando las condiciones son
demasiado desiguales de país a país: los precios que se forman
"libremente" en el mercado pueden llevar consigo resultados no
equitativos. Es por consiguiente el principio fundamental del liberalismo, como
regla de los intercambios comerciales, el que está aquí en litigio.
Justicia
de los contratos a escala de los pueblos
59. La enseñanza de León XIII en la "Rerum
Novarum" conserva su validez: el consentimiento de las partes si están en
situaciones demasiado desiguales, no basta para garantizar la justicia del
contrato; la regla del libre consentimiento queda subordinada a las exigencias
del derecho natural Lo
que era verdadero acerca del justo salario individual, lo es también respecto a
los contratos internacionales: una economía de intercambio no puede seguir
descansando sobre la sola ley de la libre concurrencia, que engendra también
demasiado a menudo la dictadura económica. El libre intercambio sólo es
equitativo si está sometido a las exigencias de la justicia social.
Medidas
que hay que tomar
60. Por lo demás, esto lo han comprendido los
mismos países desarrollados, que se esfuerzan con medidas adecuadas por
restablecer, en el seno de su propia economía, un equilibrio que la
concurrencia, dejada a su libre juego, tiende a comprometer. Así sucede que a
menudo, sostienen su agricultura a costa de sacrificios impuestos a los
sectores económicos más favorecidos. Así también, para mantener las relaciones
comerciales que se desenvuelven entre ellos, particularmente en el interior de
un