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Carta Encíclica

 

"QUADRAGESIMO ANNO"

 Sobre la restauración del orden social en perfecta conformidad con la ley evangélica, al celebrarse el 40o. aniversario de la Encíclica "Rerum Novarum" de León XIII

 

VENERABLES HERMANOS: SALUD Y BENDICION APOSTOLICA

 

PIO, PAPA XI

  

INTRODUCCIÓN

·       Puntos capitales

·      Objeto de la presente Encíclica

 PRIMERA PARTE: FRUTOS DE LA ENCICLICA "RERUM NOVARUM" 

·         Lo que hizo perder el poder civil

·         La acción de las partes interesadas

 SEGUNDA PARTE: LA AUTORIDAD DE LA IGLESIA EN MATERIA SOCIAL Y ECONOMICA 

·      Justo salario

·      La restauración del orden social

 TERCERA PARTE: CAMBIOS DE LA CUESTION DESDE LOS TIEMPOS DE LEON XIII

·      Cambios en el régimen económico

·      Transformación del socialismo

·      La reforma de las costumbres

·      Remedios

·      Consejos de estrecha unión y cooperación

 

INTRODUCCION

 

1._Cuarenta años han transcurrido desde la publicación de la magistral Encíclica "Rerum Novarum", de León XIII, y todo el orbe católico se apresta a conmemorarla con la brillantez que se merece tan excelso documento.

 

2. Nuestro Predecesor había preparado el camino a tan insigne testimonio de su solicitud pastoral, con otras encíclicas, sobre el fundamento de la sociedad humana, o sea la familia y el venerando sacramento del matrimonio1 , sobre el origen del poder civil2, y su coordinación con la Iglesia3, sobre los principales deberes de los ciudadanos cristianos4, contra los errores socialistas52, y su coordinación con la Iglesia3, sobre los principales deberes de los ciudadanos cristianos4, contra los errores socialistas5, y la perniciosa doctrina acerca de la libertad humana6 y otras de esta clase, que expresaban abundantemente el pensamiento de León XIII. Pero la Encíclica "Rerum Novarum" se distingue particularmente entre las otras, por haber trazado, cuando era más oportuno y aun necesario, normas segurísimas a todo el género humano para resolver los arduos problemas de la sociedad humana, comprendidos bajo el nombre de "cuestión social".

 

3. Cuando el siglo XIX llegaba a su término, el nuevo sistema económico y los nuevos incrementos de la industria en la mayor parte de las naciones hicieron que la sociedad humana apareciera cada vez más claramente dividida en dos clases: la una, con ser la menos numerosa gozaba de casi todas las ventajas que los inventos modernos proporcionan tan abundantemente; mientras la otra, compuesta de ingente muchedumbre de obreros, reducida a angustiosa miseria, luchaba en vano por salir de las estrecheces en que vivía.

 

4. Era un estado de cosas, al cual con facilidad se avenían quienes, abundando en riquezas, lo creían producido por leyes económicas necesarias; de ahí que todo el cuidado para aliviar esas miserias lo encomendaban tan solo a la caridad, como si la caridad debiera encubrir la violación de la justicia, que lo legisladores humanos no solo toleraban, sino aun a veces sancionaban. Al contrario, los obreros, afligidos por su angustiosa situación, la sufrían con grandísima dificultad y se resistían a sobre llevar por más tiempo tan duro yugo. Algunos de ellos, impulsados por la fuerza de los malos consejos, deseaban la renovación total, mientras otros, que en su formación cristiana encontraban obstáculo a tan perversos intentos, eran de parecer que en esta materia muchas cosas necesitaban reforma profunda y rápida.

 

5. Así también pensaban muchos católicos, sacerdotes y seglares que, impulsados ya hacía tiempo por su admirable caridad, a buscar remedio a la inmerecida indigencia de los proletarios no podían persuadirse en manera alguna que tan grande y tan inicua diferencia en la distribución de los bienes temporales pudiera en realidad ajustarse a los consejos del Creador Sapientísimo.

 

6. En tan doloroso desorden de la sociedad buscaban estos sinceramente un remedio urgente y una firme defensa contra mayores peligros; pero por la debilidad de la mente humana, aun en los mejores, sucedió que unas veces fueron rechazados como peligrosos innovadores; otras encontraron obstáculos en sus mismas filas de parte de los defensores de pareceres contrarios, y que, sin encontrar un camino despejado entre tan diversas opiniones, dudaron hacia dónde se habían de orientar.

 

7. En tan grave lucha de pareceres, mientras por una y otra parte ardía la controversia, y no siempre pacíficamente, los ojos se todos se volvían a la Cátedra de Pedro, que es depósito sagrado de toda verdad y esparce por el orbe la palabra de salvación. Hasta los pies del Vicario de Cristo en la tierra acudían con desacostumbrada frecuencia los estudios en materias sociales, los patronos, los mismos obreros y con voz unánime suplicaban que por fin se les indicara el camino seguro.

 

8. Largo tiempo meditó delante del Señor aquel prudente Pontífice este estado de cosas; llamó a consejo a varones sabios, consideró atentamente y en todos sus aspectos la importancia del asunto, y por fin, urgido por la "conciencia de su oficio apostólico"7, y para que su silencio no pareciera abandono de su deber8 determinó hablar a toda la Iglesia de Cristo y a todo el género humano con la autoridad del divino magisterio a él confiado.

 

9. La palabra tanto tiempo esperada resonó el día 15 de mayo de 1891, y ella fue la que, sin miedo a la dificultad del asunto, ni debilitada por la ancianidad, antes bien con nuevo vigor, enseñó a la familia humana nuevos caminos en la vida social.

 

PUNTOS CAPITALES

 

10. Os es, Venerables Hermanos y amados hijos, conocida y muy familiar la admirable doctrina, que hizo célebre para siempre la Encíclica "Rerum Novarum". En ella el venerable Pastor, doliéndose de que tan grande parte de los hombres "se hallara sumida inicuamente en condición mísera y calamitosa", había tomado sobre sí el empeño de defender la causa de los obreros, "que el tiempo había entregado solos e indefensos a la inhumanidad de los dueños y a la desenfrenada codicia de los competidores"9. No pidió auxilio ni al liberalismo ni al socialismo; el primero se había mostrado completamente impotente para dirigir legítimamente la cuestión social, y el segundo proponía un remedio que, siendo peor que el mismo mal, arrojaría a la sociedad humana a mayores peligros.

 

11. El Pontífice, en el uso de su pleno derecho y consciente de que se le habían encomendado de un modo especial la guarda de la religión y la administración de los intereses  estrechamente unidos con ella, puesto que se trataba de una causa "en la que no podía esperarse éxito probable ninguno, sino con la intervención de la religión y de la Iglesia"10, fundado en los inmutables principios derivados de la recta razón y del tesoro de la revelación divina, con toda confianza y "seguro de su poder"11, señaló y proclamó "los derechos y las obligaciones que regulan las relaciones de los ricos y proletarios, de los que aportan el capital y el trabajo"12, la parte asimismo que toca a la Iglesia, a los gobiernos de los estados y a los mismos interesados.

 

12. No en vano resonó la apostólica voz. La oyeron con estupefacción y la acogieron con el mayor fervor no sólo los hijos obedientes de la Iglesia sino también muchos que estaban lejos de la verdad y de la unidad de la fe, y casi todos los que en adelante se preocuparon, en sus estudios privados o al hacerlas leyes, de los problemas sociales y económicos.

 

13. Pero quienes con mayor alegría recibieron aquella Encíclica fueron los obreros cristianos, que ya se sentían defendidos y vinculados por la suprema Autoridad de la tierra; y no meno gozo cupo a todos aquellos varones generosos que, preocupados hacía tiempo por aliviar la condición de los obreros, apenas habían encontrado hasta entonces otra cosa que indiferencia en muchos, y odiosas sospechas, cuando no abierta hostilidad, en no pocos. Con razón, pues, estos han ido acumulando tan grandes honores sobre aquella Carta apostólica, y suelen renovar todos los años su recuerdo con manifestaciones de gratitud, que varían según los diversos lugares.

 

14. No faltaron, sin embargo, quienes en medio de tanto concordia experimentaron alguna conmoción; de donde provino que algunos, aun católicos, recibiesen con recelo y algunos hasta con ofensa de doctrina de León XIII, tan noble y profunda, y para los oídos mundanos totalmente nueva. Los ídolos del liberalismo, atacados por  ella sin temor, se venían a tierra, no se hacía caso de prejuicios inveterados, era un cambio de cosas que no se esperaba; de suerte, que los aferrados en demasía a lo antiguo desdeñaron de aprender esta nueva filosofía social, y los de espíritu apocado temieron subir hasta aquellas cumbres. Tampoco faltaron quienes admiraron aquella claridad, pero la juzgaron como un ensueño de perfección, deseable más que realizable.

 

OBJETO DE LA PRESENTE  ENCICLICA 

 

15. En todas partes se va a celebrar con fervoroso espíritu la solemne conmemoración del cuadragésimo aniversario de la Encíclica "Rerum Novarum", principalmente en Roma, en donde se reúnen obreros católicos de todo el mundo. Creemos oportuno, Venerables Hermanos y amados hijos, aprovechar la ocasión para recordar los grandes bienes que de ella brotaron en favor de la Iglesia Católica y aun de la sociedad humana, para defender la doctrina social y económica de tan gran Maestro contra algunas dudas y desarrollarla más en algunos puntos; por fin, para descubrir, tras un diligente examen del moderno régimen económico y del socialismo, la raíz de la presente perturbación social, y mostrar al mismo tiempo el único camino de salvadora restauración, o sea, la reforma cristiana de las costumbres. Todas estas cosas, que nos proponemos tratar constituirán los tres puntos, cuyo desarrollo ocupará toda la presente Encíclica.

 

PRIMERA PARTE

FRUTOS DE LA ENCICLICA "RERUM NOVARUM"

 

16. Al dar principio al punto propuesto en primer lugar, nos vienen a la mente aquellas palabras de San Ambrosio: "No hay deber mayor que el agradecimiento"13, y sin contener, damos a Dios Omnipotente las más rendidas gracias por los inmensos beneficios que la Encíclica de León XIII: "La Iglesia, dice, es la que saca del Evangelio las doctrinas que pueden resolver completamente el conflicto, o por lo menos, hacerlo más suave, quitándole toda aspereza, ella procura no sólo iluminar la inteligencia sino también regir la vida y las costumbres de cada uno conforme a sus preceptos; ella promueve la mejora del estado de los proletarios con muchas instituciones utilísimas"14.

 

a) En el campo doctrinal

 

18. Ahora bien, la Iglesia, de ningún modo dejó recónditos en su seno tan preciosos tesoros, sino que los utilizó copiosamente para el bien común de la ansiada paz social. La doctrina que en materia social y económica contenía la Encíclica "Rerum Novarum", el mismo León XIII y sus sucesores la proclamaron repetidas veces ya de palabra, ya en sus escritos; y cuando hizo falta, no cesaron de urgirla y adaptarla convenientemente a las condiciones de tiempo y de estado de las cosas, guiados constantemente por su caridad paternal y solicitud pastoral en defensa principalmente de los pobres y de los débiles15 . No de otra manera se comportaron los obispos, que asidua y sabiamente expusieron la misma doctrina, la ilustraron con sus comentarios y cuidaron de acomodarla a las diversas circunstancias del lugar, según la mente y las enseñanzas de la Santa Sede16.

 

19. Nada tiene pues de extraño que muchos varones doctos, eclesiásticos y seglares, bajo la guía y magisterio de la Iglesia, hayan emprendido con diligencia el desarrollo de la ciencia social y económica, según las necesidades de nuestra época; les guiaba principalmente el empeño de que la doctrina absolutamente inalterada e inalterable de la Iglesia satisfaciera más eficazmente a las nuevas necesidades.

 

20. Y así, por el camino que enseñó y la luz que trajo la Encíclica de León XIII, brotó una verdadera ciencia católica, y de día en día la fomentan y enriquecen con su trabajo asiduo esos varones esclarecidos que llamamos cooperadores de la Iglesia. Los cuales no la dejan escondida en sus reuniones eruditas sino que la sacan a la plena luz del día; magníficamente lo demuestran las cátedras instituidas y frecuentadas con gran utilidad, en las universidades católicas, academias, seminarios, los congresos sociales o "semanas", tantas veces celebrados, los círculos de estudios organizados y llenos de frutos consoladores, tanto escritos, finalmente, sanos y oportunos divulgados por todas partes y por todos los medios.

 

21. Pero no quedan reducidos a estos límites los beneficios que trajo el documento de León XIII; la doctrina contenida en la Encíclica "Rerum Novarum"se fue adueñando casi sin sentir, aun de aquellos que apartados de la unidad católica no reconocen el poder de la Iglesia, así los principios católicos en materia social fueron poco a poco formando parte del patrimonio de toda la sociedad humana, y ya vemos con alegría que las eternas verdades tan altamente proclamadas por Nuestro Predecesor de esclarecida memoria con frecuencia se alegan y se defienden no sólo en libros y periódicos católicos, sino aun en el seno de los parlamentos y ante los tribunales de justicia.17.

 17.

 

b) En el campo de las aplicaciones

 

23. Entre tanto, mientras abierto el camino por las investigaciones científicas, los mandatos de León XIII penetraban las inteligencias de los hombres, procedióse a su aplicación práctica. Primeramente, con viva y solícita benevolencia se dirigieron  los cuidados a elevar la clase de aquellos hombres, que en el inmenso incremento de las industrias modernas aun no había obtenido un lugar o grado adecuado en el comercio humano, y, por lo tanto, yacía casi olvidada y despreciada: la clase de los obreros; a ellos dedicaron inmediatamente sus más celosos afanes, siguiendo el ejemplo de los obispos y sacerdotes de ambos cleros, que, aun hallándose ocupados en otros ministerios pastorales, obtuvieron también en este campo frutos magníficos en las almas. El constante trabajo emprendido para empapar el ánimo de los obreros en el espíritu cristiano, ayudó en gran manera a hacerles conscientes de su verdadera dignidad y a que, propuestos claramente los derechos y las obligaciones de su clase, progresaran legítima y prósperamente, y aun para ser guías de los otros.

 

24. No tardaron estos en obtener más seguramente mayores recursos para la vida; no sólo se multiplicaron las obras de beneficencia y caridad según los consejos del Pontífice, sino que, además siguiendo el deseo de la Iglesia y generalmente bajo la guía de los sacerdotes, nacen por doquiera nuevas y cada día más numerosas asociaciones de auxilios y socorro mutuo para obreros, artesanos, campesinos y asalariados de todo género.

 

II- LO QUE HIZO PERDER EL PODER CIVIL

 

25. Por lo que atañe al poder civil, León XIII sobrepasó audazmente los límites impuestos por el liberalismo: el Pontífice enseñó sin vacilaciones que no puede limitarse la autoridad civil a ser mero guardián del derecho y del recto orden, sino que debe trabajar con todo empeño para que "conforme a la naturaleza y a la institución del estado, florezca por medio de las leyes y de las instituciones la prosperidad, tanto de la humanidad cuando de los particulares"18. Ciertamente, no debe faltar a las familias ni a los individuos una justa libertad de acción, pero con tal que quede a salvo el bien común y se evite cualquier injusticia. A los gobernantes toca defender a la comunidad y a todas sus partes; pero al proteger los derechos de los particulares, deben tener principal cuenta de los débiles y de los desamparados. "Porque la clase de los ricos se defiende por sus propios medios y necesita menos de la tutela pública; mas el pueblo miserable, falto de riquezas que le aseguren, está peculiarmente confiado a la defensa del Estado. Por esto el estado debe abrazar con cuidado y providencia peculiares a los asalariados que forman parte de la clase pobre en general"19.

 

26. Ciertamente, no hemos de negar que algunos de los gobernantes, aún antes de la Encíclica de León XIII, hayan provisto a las más urgentes necesidades de los obreros, y reprimido las más atroces injusticias que se cometían con ellos. Pero resonó la voz apostólica desde la Cátedra de Pedro en el mundo entero, y, entonces, finalmente, los gobernantes, más conscientes del deber se prepararon a promover una más activa política social.

 

27. En realidad, la Encíclica "Rerum Novarum", mientras vacilaban los principios liberales que hacía tiempo impedían toda obra eficaz de gobierno, obligó a los pueblos mismos a favorecer con más verdad y más intensidad la política social; animó a algunos excelentes católicos a colaborar útilmente en esta materia con los gobernantes, siendo frecuentemente ellos los promotores más ilustres de esa nueva política en los parlamentos; más aun, sacerdotes de la Iglesia empapados totalmente en la doctrina de León XIII, fueron quienes en no pocos casos propusieron al voto de los diputados las mismas leyes sociales recientemente promulgadas y quienes decididamente exigieron y promovieron su cumplimiento.

 

28. El fruto de este trabajo ininterrumpido e incansable es la formación de una nueva legislación desconocida por completo en los tiempos su dignidad de hombres y de cristianos; estas leyes han tomado a su cargo la protección de los obreros, principalmente de las mujeres y de los niños; en fin, todo lo que pertenece a la vida y familia de los asalariados. Si estas disposiciones no convienen puntualmente, ni en todas sus partes ni en todas las cosas, con las amonestaciones de León XIII, no se puede negar que en ellas se encuentra muchas veces el eco de la Encíclica "Rerum Novarum", a la que debe atribuirse, en parte bien considerable, que la condición de los obreros haya mejorado.

 

III- LA ACCION DE LAS PARTES INTERESADAS

 

29. Finalmente, el providentísimo Pontífice enseña que los patronos y los mismos obreros pueden especialmente ayudar a la solución "por medio de instituciones ordenada:Verdana;color:#282A55;mso-ansi-language: ES-TRAD'>30. Estas enseñanzas vieron la luz en el momento más oportuno; pues, en aquella época los gobernantes de ciertas naciones, entregados completamente al liberalismo, favorecían poco las asociaciones de obreros, por no decir que abiertamente las contradecían; reconocían y acogían con favor y privilegio asociaciones semejantes para las demás clases y sólo se negaba con gravísima injusticia el derecho nativo de asociación a los que se hallaban más necesitados de ella para defenderse de los atropellos de los poderosos; y aun en algunos ambientes católicos había quienes miraban con malos ojos los intentos de los obreros de formar tales asociaciones, como si tuvieran cierto resabio socialista o revolucionario.

 

a) Asociaciones obreras

 

31. Las normas de León XIII, selladas con toda autoridad, consiguieron romper esas opiniones y deshacer esos prejuicios, y merecen, por tanto, el mayor encomio; pero su mayor importancia está en que amonestaron a los obreros cristianos para que formasen las asociaciones profesionales y les enseñaron el modo de hacerlas, y con ello grandemente confirmaron en el camino del deber a no pocos, que se sentían atraídos con vehemencia por las asociaciones socialistas, las cuales se hacían pasar como el único refugio y defensa de los humildes y oprimidos.

 

32. Por lo que toca a la creación de esas asociaciones, la Encíclica "Rerum Novarum" observa muy oportunamente "que deben organizarse y gobernarse las corporaciones, de suerte que proporcionen a cada uno de sus miembros los medios más apropiados y expeditos para alcanzar el fin propuesto. Este fin consiste en que cada uno de los asociados obtenga el mayor aumento posible de los bienes del cuerpo, del espíritu y de lo fortuna". Sin embargo, es evidente "que ante todo debe atenderse al objeto principal, que es la perfección moral y religiosa, porque este fin por encima de los otros debe regular la economía de esas sociedades"21.

 

En efecto "constituida la religión como fundamento de todas las leyes sociales no es difícil determinar las relaciones mutuas que deben establecerse entre los miembros, para alcanzar la paz y prosperidad de la sociedad"22.

 

33. A fundar estas instituciones se dedicaron con prontitud digna de alabanza el clero y muchos seglares, deseando únicamente realizar el propósito íntegro de León XIII. Y así, las citadas asociaciones, bajo el manto protector de la religión e impregnadas de su espíritu, formaron obreros verdaderamente cristianos, los cuales hicieron compatible la diligencia en el ejercicio profesional con los preceptos saludables de la religión, defendieron sus propios intereses temporales y sus derechos con eficacia y fortaleza, contribuyendo con su sumisión obligada a la justicia y el deseo sincero de colaborar con las demás clases de la sociedad, a la restauración cristiana de toda la vida social.

 

34. Los consejos de León XIII, se llevaron a la práctica de diversas maneras, según las circunstancias de los distintos lugares. En algunas regiones una misma asociación tomaba a su cargo realizar todos los fines señalados por el Pontífice; en otras, porque las circunstancias lo aconsejaban o exigían, se recurrió a una especie de división del trabajo, y se instituyeron distintas asociaciones, exclusivamente encargadas, unas de la defensa de los derechos y utilidades legítimas de los asociados en los mercados del trabajo, otras de la ayuda mutua de los asuntos económicos, otras finalmente del fomento de los deberes religiosos y morales y demás obligaciones de este orden.

 

35. Este segundo método principalmente se empleó donde los católicos no podían constituir sindicatos católicos por impedirlo las leyes del estado, o determinadas prácticas de la vida económica, o esa lamentable discordia de ánimos y voluntades tan profunda en la sociedad moderna, así como la urgente necesidad de resistir con la unión de fuerzas y voluntades a las apretadas falanges de los que maquinan novedades. En estas condiciones los católicos se ven como obligados a inscribirse en los sindicatos neutros, siempre que se propongan respetar la justicia y la equidad, y dejen a los mandatos de la Iglesia. Pertenece, pues, a los obispos, si reconocen que estas asociaciones son impuestas por las circunstancias y no presentan peligro para la religión, aprobar que los obreros católicos se adhieren a ellas, teniendo, sin embargo, ante los ojos los principios y precauciones que Nuestro antecesor de santa memoria, Pío X, recomendaba23; entre estas precauciones la primera y principal es que siempre, junto a esos sindicatos, deben existir otras agrupaciones que se dediquen a dar a sus miembros una seria formación religiosa y moral, a fin de que ellos, a su vez infundan en las organizaciones sindicales el buen espíritu que debe animar toda su actividad. Así es de esperar que esas agrupaciones ejerzan una influencia benéfica aun fuera del círculo de sus miembros.

 

36. Gracias, pues, a la Encíclica de León XIII, las asociaciones obreras están florecientes en todas partes, y hoy cuentan con una gran multitud de afiliados, por más que todavía desgraciadamente les superan en número las agrupaciones socialistas y comunistas; a ellas se debe que dentro de los confines de cada nación y aun en congresos más generales se puedan defender con eficacia los derechos y peticiones legítimas de los obreros cristianos y, por lo tanto, urgir los principios salvadores de la sociedad cristiana.

 

b) Asociaciones de patronos

 

38. Añádase que, León XIII tan acertadamente explicó y tan decididamente sostuvo acerca del derecho natural de asociación, fácilmente comenzó a aplicarse a otras agrupaciones no obreras; por lo cual debe atribuirse a la misma encíclica de León XIII en no pequeña parte, el que aun entre los campesinos y gentes de condición media hayan florecido y aumenten de día en día estas utilísimas agrupaciones y otras muchas instituciones, que felizmente unen a las ventajas económicas el cuidado de la educación.

 

38. Añádase que, León XIII tan acertadamente explicó y tan decididamente sostuvo acerca del derecho natural de asociación, fácilmente comenzó a aplicarse a otras agrupaciones no obreras; por lo cual debe atribuirse a la misma encíclica de León XIII en no pequeña parte, el que aun entre los campesinos y gentes de condición media hayan florecido y aumenten de día en día estas utilísimas agrupaciones y otras muchas instituciones, que felizmente unen a las ventajas económicas el cuidado de la educación.

 

c) Asociaciones de patronos

 

38. No se puede afirmar otro tanto de las agrupaciones entre patronos y jefes de industrias, que Nuestro Predecesor deseaba ardorosamente ver instituidas, y que, con dolor lo confesamos, son aun escasas; mas eso no debe sólo atribuirse a la voluntad de los hombres, sino a las dificultades mucho más graves que se oponen a tales agrupaciones, y que Nos conocemos muy bien y ponderamos en su justo peso. Pero tenemos esperanza fundada de que en breve desaparecerán esos impedimentos, y aun ahora con íntimo gozo de Nuestro corazón saludamos ciertos ensayos no vanos, cuyos abundantes frutos, prometen para lo futuro una recolección más copiosa 24

 

39. Todos estos beneficios, Venerables Hermanos, y amados hijos, debimos a la Encíclica de León XIII, y que han sido apenas desflorados, más que descritos, son tantos y tan grandes, que prueban plenamente que en ese documento inmortal no se dibuja un ideal social, bellísimo sí, pero quimérico, antes bien, demuestran  que Nuestro Predecesor bebió en el Evangelio, fuente viva y vital, la doctrina que puede, sin no acabar inmediatamente, al menos mitigar en gran manera, esa lucha moral e intestina que desgarra la sociedad humana. Que la buena semilla sembrada tan abundantemente hace cuarenta años cayó en gran parte en buena tierra, lo atestigua la alegre mies que con el favor de Dios ha recogido la Iglesia de Cristo y aun todo el género humano para bien de todos. No es, pues, temerario afirmar que la experiencia de tantos años demuestra que la Encíclica de León XIII es como la "Carta Magna", en la que debe fundarse toda actividad cristiana en cosas sociales. Y los que parecen menospreciar esta Encíclica pontificia y su conmemoración, blasfeman de lo que ignoran, o no entienden nada de lo que de algún modo conocen; o si entienden rotundamente han de ser acusados de injusticia e ingratitud.

 

40. En el curso de esos mismos años han surgido algunas dudas sobre la recta interpretación de algunos pasajes de la Encíclica de León XIII y las consecuencias que debían sacarse de ella; lo cual ha dado lugar a controversias no siempre pacíficas entre los mismos católicos. Por otra parte, las nuevas necesidades de nuestra época y el cambio de condición de las cosas reclaman una aplicación más cuidadosa de la doctrina de León XIII y aun exigen algunas añadiduras a ella. Aprovechamos, pues, gustosísimos tan oportuna ocasión, para satisfacer, en cuanto nos es dado, a esas dudas y atender a las peticiones de nuestro tiempo, conforme a Nuestro Oficio Apostólico, por el cual somos a todos deudores25.

 

SEGUNDA PARTE

LA AUTORIDAD DE LA IGLESIA EN MATERIA SOCIAL Y ECONOMICA

 

41. Antes de ponernos a explanar estas cosas, establecemos como principio, ya antes espléndidamente probado por León XIII, el derecho y deber que nos incumbe de juzgar con autoridad suprema esas cuestiones sociales y económicas26. Es cierto que a la Iglesia no se le encomendó el oficio de encaminar a los hombres a una felicidad solamente caduca y perecedera, sino a la eterna, más aún, "la Iglesia juzga que no les es permitido sin razón suficiente mezclarse en esos negocios temporales"27. Mas, renunciar al derecho dado por Dios a la Iglesia, de intervenir con autoridad, no en las cosas técnicas, para las que no tiene medios proporcionados ni misión alguna, sino en todo aquello que toca a la moral, de ningún modo lo puede hacer. En lo que a esto se refiere, tanto en el orden social como en el orden económico están sometidos y sujetos a Nuestro supremo juicio, Dios nos confió el depósito de la verdad y el gravísimo encargo de publicar toda la ley moral e interpretarla, y aun urgirla oportuna e importunamente.

 

42. Es cierto que la economía y la moral, cada cual en su esfera peculiar, tienen principios propios, pero es un error afirmar que el orden económico y el orden moral están tan separados y son tan ajenos entre sí, que aquél no depende para nada de éste. Las leyes llamadas económicas, fundadas en la naturaleza misma de las cosas y en las aptitudes del cuerpo humano y del alma, pueden fijarnos los fines que en este orden económico quedan fuera de la actividad humana y cuáles, por el contrario, pueden conseguirse y con qué medios; y la misma razón natural deduce manifiestamente de la naturaleza individual y social del hombre y de las cosas, cuál es el fin impuesto por Dios al mundo económico.

 

43. Una misma ley moral es la que nos obliga a buscar derechamente en el conjunto de nuestras acciones el fin supremo y último, y en los diferentes dominios en que se reparte nuestra actividad, los fines particulares que en la naturaleza, Dios les ha señalado, subordinado armónicamente estos fines particulares al fin supremo. Si fielmente guardamos la ley moral, los fines peculiares que se proponen en la vida económica, ya individuales, ya sociales, entrarán convenientemente dentro del orden universal de los fines y nosotros, subiendo por ellos como por grados, conseguiremos el fin último de todas las cosas, que es Dios, bien supremo inexhausto, para Sí y para nosotros.

 

I-SOBRE EL DOMINIO O DERECHO DE PROPIEDAD

 

44. Pero viniendo a hablar más en particular, comencemos por el dominio o derecho de propiedad. Ya conocéis, Venerables Hermanos y amados hijos, con qué firmeza definió Nuestro predecesor el derecho de propiedad contra las arbitrariedades de los socialistas de su tiempo, demostrando que la supresión del dominio privado había de redundar no en utilidad sino en daño extremo de la clase obrera. Pero como no faltan quienes, con la más injuriosa de las calumnias, afirman que el Sumo Pontífice y aun la misma Iglesia se puso y continúa aun de parte de los ricos en contra de los proletarios, y como no todos los católicos están de acuerdo sobre el verdadero y auténtico sentir de León XIII, creemos conveniente rebatir las calumnias contra su doctrina, que es la católica en esta materia, y preservarla de falsas interpretaciones.

 

a) Carácter individual y social

 

45. Primeramente, téngase por cosa cierta y averiguada, que ni León XIII ni los teólogos que enseñaron, guiados por el magisterio de la Iglesia, han negado jamás, o puesto en duda el doble carácter de la propiedad, llamado individual y social, según que atienda al interés de los particulares o mire al bien común; antes bien todos únicamente afirmaron siempre que el derecho de propiedad privada fue otorgado por la naturaleza, o sea, por el mismo Creador de los hombres, ya para que cada uno pueda atender a las necesidades propias y de su familia, ya para que por medio de esta institución, los bienes que el Creador destinó a todo el género humano, sirvan en realidad para tal fin; todo lo cual no es posible lograr en modo alguno sin el mantenimiento de un cierto y determinado orden.

 

46. Por lo tanto hay que evitar cuidadosamente el chocar contra un doble escollo. Así como, negado o atenuado el carácter social y público del o al menos se acerca uno a él, de semejante manera rechazado o disminuido el carácter privado individual de ese derecho, se precipita uno hacia el "colectivismo", o por lo menos se tocan sus postulados. Quien pierda de modernismo moral, jurídico y social, denunciado por Nos en la Carta escrita al comienzo de Nuestro Pontificado28. Sépanlo principalmente quienes, amigos de innovaciones, no temen acusar a la Iglesia con la infame calumnia de que ha permitido se insinuara en la doctrina de los teólogos un concepto pagano de la propiedad, al que debe sustituir en absoluto otro que con asombrosa ignorancia llaman cristiano.

 

b) Obligaciones inherentes al dominio

 

47. Para poner límite a las controversias suscitadas en torno al dominio y obligaciones a él inherentes, quede establecido a manera de principio fundamental lo mismo que proclamó León XIII, a saber: que el derecho de propiedad se distingue de su uso29. Respetar santamente la división de los bienes y no invadir el derecho ajeno traspasando los límites del dominio propio son mandatos de la justicia que se llama conmutativa: no usar los propietarios de sus propias cosas sino honestamente, no pertenece a esta justicia, sino a otras virtudes, el cumplimiento de cuyos deberes "no se puede exigir por vía jurídica"30. Así que, sin razón afirman algunos que el dominio y su uso honesto tienen unos mismos límites; pero aun está más lejos de la verdad, el decir que, por el abuso o el simple no uso de las cosas, perece o se pierde el derecho de propiedad.

 

48. De ahí que es obra saludable y digna de todo encomio la de aquellos que sin herir la armonía de los espíritus y conservando la integridad de la doctrina tradicional de la Iglesia se esfuerzan por definir la naturaleza íntima de los deberes que gravan la propiedad y concretar los límites que las necesidades de la convivencia social trazan al mismo derecho de propiedad y al uso o ejercicio del dominio. Por el contrario, se engañan y yerran los que pretenden reducir el carácter individual del dominio hasta el punto de abolirlo en la práctica.

 

c) Poderes del Estado

 

49. Los hombres deben tener en cuenta no sólo su propia utilidad, sino también el bien común, que se deduce de la índole misma del dominio, que es, a la vez individual y social, según hemos dicho. Determinar por menudo esos deberes cuando la necesidad lo pide y la ley natural no lo ha hecho, eso da siempre por la ley natural y divina e inspirándose en las verdaderas necesidades del bien común, puede determinar más cuidadosamente lo que es lícito a los poseedores en el uso de sus bienes, Ya León XIII había enseñado muy sabiamente que "Dios dejó a la actividad de los hombres y a las instituciones de los pueblos la delimitación de la posesión privada"31. La historia demuestra que el dominio no es una cosa del todo inmutable, como tampoco lo son otros elemento sociales, y aun Nos lo dijimos en otra ocasión con estas palabras: Distintas han sido las formas de propiedad privada desde la primitiva forma de los pueblos salvajes, de la que aun hoy día quedan muestras en algunas regiones, hasta la que luego revistió en la época patriarcal, y más tarde en las diversas formas tiránicas (usamos esta palabra en su sentido clásico) y así sucesivamente en las formas feudales, monárquicas, y en todas las demás que se han sucedido hasta los tiempos modernos32. Es evidente, con todo, que el Estado no tiene derecho para disponer arbitrariamente de esa función. Siempre ha de quedar intacto e inviolable el derecho natural de poseer privadamente y transmitir los bienes por medio de la herencia; es derecho que la autoridad pública no puede abolir, porque "el hombre es anterior al Estado"33, y también "la sociedad doméstica tiene sobre la sociedad civil prioridad lógica y real"34. He aquí también por qué el sapientísimo Pontífice León XIII declaraba que el Estado no tiene derecho a agotar la propiedad privada con un exceso de cargas e impuestos: "El derecho de propiedad individual emana no de las leyes humanas, sino de la misma naturaleza; la autoridad pública no puede por tanto abolirla; sólo puede atemperar su uso y conciliarlo con el bien común"3ght:normal'>d) Obligaciones sobre la renta libre

 

50. Por otra parte, tampoco las rentas del patrimonio quedan en absoluto a merced del libre arbitrio del hombre; es decir, las que no le son necesarias para la sustentación  decorosa y conveniente de la vida. Al contrario la Sagrada Escritura y los Santos Padres constantemente declaran con clarísimas palabras que los ricos están gravísimamente obligados por el precepto de ejercitar la limosna, la beneficencia la magnificencia.

 

51. El que emplea grandes cantidades en obras que proporcionan mayor oportunidad de trabajo, con tal que se trate de obras verdaderamente útiles, práctica de una manera magnífica y muy acomodada a las necesidades de nuestros tiempos la virtud de la magnificencia, como se colige sacando las consecuencias de los principios puestos por el Doctor Angélico36.

 

e) Títulos que justifican la adquisición del dominio

 

52. La tradición universal y la doctrina de Nuestro Predecesor León XIII atestiguan que la ocupación de una cosa sin dueño, y el trabajo, o la especificación como suele decirse, son títulos originarios de propiedad. Porque a nadie se hace injuria, aunque neciamente digan lo contrario, cuando se procede a ocupar lo que está a disposición del público, o no pertenece a nadie. El trabajo que el hombre ejecuta en nombre propio, y que produce en los objetos nueva forma o aumenta el valor de los mismos, basta también para adjudicar estos frutos al que trabaja.

 

II - CAPITAL Y TRABAJO