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Cuando un Papa muere
Antonio Maza
Dentro de los valores de los mexicanos, uno muy fuerte, muy claro
es el cariño al Papa, no solo a quien, por gracia de Dios nos guía,
sino al Papado, a la institución del Sumo Pontífice. Sí, se nos
puede criticar mucho a los mexicanos sobre nuestra religiosidad,
sobre nuestra inconstancia, sobre la falta de profundidad en el
conocimiento de nuestra fe. Pero no se puede negar que en México
siempre se ha querido y respetado al Papa, a este Papa y a todos los
Papas.
Hoy qué, después de más de quince años de que Juan Pablo II fue
“matado” varias veces por los medios, nos deja nuestro queridísimo
Juan Pablo II, cabe preguntarnos: ¿Qué pasa cuando muere un Papa? Si
les creemos a los que, como buitres, estaban espiando las señales de
la muerte de nuestro Santo Padre, parecería que es un acontecimiento
fundamental. Se especula y se hacen mil cábalas sobre los cambios
que traería la muerte de éste o de cualquier otro de nuestros
Pontífices. Y, la verdad, para los que creemos que la Iglesia
Católica es la sucesora de Jesús y sus apóstoles, es que no pasará
nada. O, desde otro punto de vista, pasará mucho.
No pasará nada porque, como sabemos bien los que ya hemos vivido las
muertes de otros Papas, lo que ocurre es bien poco. No es de esperar
grandes movimientos, cambios fundamentales, movimientos radicales.
No ha sido así en casi dos mil años, y no será así por todo el
tiempo que Jesús demore su segunda venida. No se destruirá la
Iglesia, no se cambiará, porque la Iglesia no es obra humana y
porque la Verdad no está sujeta a que los tiempos cambien. Nuestra
Iglesia seguirá siendo la que es y la Verdad seguirá ajena a las
modas y a los usos; fortalecida, sí, mejor y más profundamente
explicada, pero esencialmente la misma.
Por otro lado, pasará mucho. Dios premiará al Papa por todo el bien
que nos ha hecho a cada uno en lo personal, por el modo tan
admirable como se ha entregado, por su lucha, por su esfuerzo, por
sus sufrimientos. Y ocurrirá ese milagro portentoso qué, de tan
visto, ya no apreciamos. El Espíritu Santo volverá a inspirar la
sucesión del Papa y volveremos a tener nuestra guía segura y cierta
en medio de la inquietud y el desasosiego que nos inspira el mundo
actual, ese sí, inestable y lleno de tantos problemas. No, no hay
que temer a la muerte de un Papa. Será solo un relevo, un cambio de
guardia. “Yo estaré con ustedes hasta el fin de los tiempos”, dijo
Jesús, y cuando nuestro Papa nos deja para ir a la casa del Padre,
una vez más Jesús nos mostrará que no quedaremos huérfanos, porque
nos suscitará un nuevo Padre Común, un Dulce Cristo en la Tierra,
que nos amará a todos y que dará su vida por nosotros. Y esto,
hermanas y hermanos católicos, ocurrirá igual con este Papa, con el
próximo y con los que vengan hasta el fin de los tiempos. Porque es
el Espíritu Santo quien cuida de su Iglesia.
Antonio Maza Pereda
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