EL SIDA
100 CUESTIONES Y RESPUESTAS
SOBRE EL "SÍNDROME DE INMUNODEFICIENCIA
ADQUIRIDA"
Y LA ACTITUD DE LOS CATÓLICOS
febrero de 2002
ÍNDICE
Prólogo
Introducción
I. La medicina ante el SIDA (nn. 1 a 21)
II. La sociedad ante el SIDA (nn. 22 a 45)
III. El Estado ante el SIDA (nn. 46 a 73)
IV. El profesional sanitario ante el SIDA (nn. 74 a 86)
V. La moral ante el SIDA (nn. 87 a 100)
PRÓLOGO
¿Por qué la enfermedad? ¿Por
qué a mí o a uno de mis seres queridos? Son interrogantes que sacuden la
conciencia del hombre en cualquier época y lo sitúan irremediablemente ante el
misterio dramático de su existencia. ¿Por qué el SIDA? Es una concreción de
esas cuestiones dolorosas; es un grito angustiado de tantos hombres y mujeres
de hoy.
En este texto un amplio
equipo de especialistas -médicos, juristas, moralistas, etc.- convocados por la
Conferencia Episcopal Española, intenta responder con rigor a los difíciles
interrogantes encerrados en esta llaga actual del SIDA. La problemática es
penosa y acuciante; su consideración abarca múltiples aspectos: sanitarios,
sociales, políticos, educativos, psicológicos, éticos, etc. Agradecemos a la Asociación
Española de Farmacéuticos Católicos, la publicación de este estudio.
¿En qué sentido ha de
orientarse la respuesta del creyente ante esta terrible enfermedad? "Para
los que creen en Dios y confían en Él, la aparición del SIDA, en vez de ser un
escándalo o una razón para la desesperación es, más bien, un estímulo para el
trabajo, la solidaridad, la purificación interior y la propia salvación" (El
SIDA: Algunas reflexiones cristianas. Nota Pastoral de la Comisión
Permanente del Episcopado Español, 12 de junio de 1987).
El sufrimiento del prójimo
enfermo contiene, en primer lugar, una llamada a la compasión. La compasión de
Dios hacia el hombre, manifestada en la entrega de Jesucristo hasta la muerte
en la Cruz y la victoria de la resurrección, ha cambiado el sentido del
sufrimiento humano, haciendo posible la plena esperanza. "En el programa
mesiánico de Cristo, que es a la vez el programa del reino de Dios, el
sufrimiento está presente en el mundo para provocar amor, para hacer nacer
obras de amor al prójimo, para transformar toda la civilización humana en la civilización
del amor" (Juan Pablo II, Carta apostólica Salvífici doloris,
n. 30).
Mons. Juan Antonio Reig Pla
Obispo de Segorbe-Castellón y
Presidente de la Subcomisión Episcopal
para la Familia y la Defensa de la Vida
de la Conferencia Episcopal Española
INTRODUCCIÓN
Pasó haciendo el bien y
curando a los oprimidos por el mal (Hch 10,38). De este modo resume la Iglesia la misión de
Jesucristo en este mundo y reconoce la impresión profunda que dejó su paso en
aquellos que convivieron con Él. Así la Igla epidemia. La Iglesia no puede
estar al margen de la lucha contra esta enfermedad y es consciente de que lo
específico de su respuesta lo encuentra a partir de lo que ha aprendido de
Cristo. Es Él con sus palabras y sus obras el que guía el camino de la Iglesia
que pasa por el hombre.
La actividad curativa es
parte fundamental de la manifestación mesiánica de Cristo: Jesús recorría
todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena
Nueva del Reino y sanando toda enfermedad y toda dolencia (Mt 9,35). Las
curaciones son un signo manifiesto de la actuación del Padre en medio del mundo.
Es Él el que se acerca al hombre que yace en el camino (cfr. Lc 10,29-37), a
aquél que no tenía a nadie que lo ayudase (cfr. Jn 5,7), para cumplir en ellos
la salvación que procede del Padre. Lo hace en un ambiente social en el que se
hallan vinculadas la enfermedad y el pecado. Por ello, al
sufrimiento de la enfermedad se le añadía un desprecio al enfermo al que se le
consideraba pecador y se valoraban sus dolores como un justo castigo a su
pecado. El natural rechazo del mal se dirigía así de modo injusto a generar un
rechazo al enfermo que lo padecía.
Frente a esta postura, las
curaciones de Jesús son un signo, no sólo por los hechos curativos en sí
mismos, sino por el modo de a los fariseos, indican no una revolución contra la
Ley, sino su pretensión de redimensionarla en torno a la verdad del hombre. La
referencia ética pasa a centrarse en testificar en el amor al prójimo el amor a
Dios: Pues toda la ley alcanza su plenitud en este solo precepto: ‘Amarás a
tu prójimo como a ti mismo’ (Ga 5,14).
Uno de los hechos más
significativos de esta actividad es la curación de leprosos, una enfermedad
dolorosa, contagiosa y mortal en su época a la que al rechazo que existía ante
el enfermo se añadían los castigos de la impureza ritual y la exclusión
social (cfr. Lv 14). Los leprosos constituían un grupo social totalmente
apartado del trato con los demás y despreciado por considerarlo un castigo
divino sobre ellos. Jesucristo, por el contrario, no rechaza a los leprosos
sino que busca su curación. Va a considerar superada toda discriminación por
motivo de enfermedad y manifiesta así el amor de Dios hacia los enfermos. Por
eso la curación de los leprosos está explícitamente mandada en la misión
pastoral de los discípulos (Mt 10,8).
Es la misma actitud que
Jesús muestra ante los pecadores y que desconcierta a sus contemporáneos. Es
una revelación de su misión salvífica que se funda en el amor al hombre: No
necesitan médico los que sanos, sino los enfermos; no he venido a llamar a
justos, sino a pecadores (Mc 2,17).
Por ello, la visión de Jesús
llega más allá de la simple curación de la enfermedad, para indicar una
liberación del hombre que alcanza el fondo del problema. No acaba con la curación
física sino que busca el reconocimiento agradecido de la gracia concedida. Es
la queja de Jesús cuando sólo uno de los leprosos curados volvió para darle
gracias; sólo él oyó las palabras de salvación: tu fe te ha salvado (Lc
17,19). El problema más profundo no es el del mal físico de la enfermedad, sino
el pecado del hombre que lo arrastra tantas veces a muchos excesos y a
maltratar la dignidad humana, propia y ajena. La esperanza que Jesús ofrece
ante el dolor del hombre incluye el establecimiento de una nueva comunidad en
la que tienen lugar las primicias del Reino de los Cielos, en la que es
esencial la acogida de todos los hombres (cfr. Col 3,11). Así se libera al
hombre de una enfermedad más escondida y más profunda, la soledad, la
desesperación y la tristeza que llevan en sí una semilla de muerte (cfr. 1 Co
7,10). Toda curación se enmarca así en el anuncio de la liberación del pecado y
de la muerte que Jesús realiza en el Misterio Pascual, de su muerte y
resurrección.
Así lo han entendido los
cristianos, por la propia liberación que experimentan en su encuentro con
Cristo. Por eso, su misión ante el enfermo no es otra sino la de acercarlo a
Jesús en un encuentro rodeado de fe y esperanza. Así lo vemos ejemplificado en
otra curación, la del paralítico (Mc 2,1-12). Como aquellos hombres que
llevaban al paralítico, llenos de fe, los cristianos en esta labor han de
superar diversas dificultades: la de la gente que impide el encuentro con
Cristo, los obstáculos que sobrevienen y el peligro de la situación. Jesús
ensalza la fe de los que le presentan el enfermo y es la fe la que inicia todo
el hecho salvador.
Jesús conoce el corazón del
hombre (Jn 2,25), la fe de cada uno y los juicios del corazón (Mc 2,8). Frente
a la hipocresía de los que sólo juzgan por sus criterios mezquinos, que no les
interesa la curación del hombre, sino la justificación de su ideología, Jesús
comienza proclamando la salvación de los pecados por la fe: "hijo, tus
pecados te son perdonados" (v. 5). Éste es el problema radical que mira la
salvación del hombre en su integridad y que escandaliza a aquellos que
consideran imposible la inocencia. En consecuencia, la Iglesia no tiene miedo
ante la incomprensión en su misión de proclamar el Evangelio de la salvación y
la vida a todos, porque cree en la acción de Dios en nuestro mundo.
Así ha comprendido la
Iglesia su propia misión. Ha de llevar a cabo su anuncio por medio de hechos
salvadores que alcancen una relevancia social. Entiende que la solución al
problema del sufrimiento humano no está únicamente en el empleo de medios
técnicos y sociales, que alivian el dolor o que incluso curan la enfermedad. Es
el corazón del hombre el que está enfermo y es de su enfermedad interior de
donde brotan tantos males y dolores: "las intenciones malas: fornicaciones,
robos, asesinatos, adulterios, avaricias, maldades, fraude, libertinaje,
envidia, injuria, insolencia, insensatez. Todas esas perversidades salen de
dentro y contaminan al hombre" (Mc 7,21-23). Sólo desde esta consideración
moral se hace justicia al corazón y a la verdad del hombre. No se pueden
solucionar los problemas humanos sólo a base de esperanzas científicas que se
vuelven ineficaces para resolver los problemas de fondo, es necesario abordar
con seriedad ese mismo fondo en donde se revela la verdad del hombre.
Así ve la Iglesia, también,
el problema actual del SIDA, una enfermedad en la que se expresa no sólo la
inseguridad ante un peligro grave que afecta a muchos hombres y mujeres, sino
un auténtico problema moral de una sociedad que está enferma y que, a veces,
hipócritamente quiere dar sólo soluciones técnicas a un problema cuyo origen y
desarrollo tiene un componente moral ineludible. Una enfermedad ante la que a
veces se evita llegar a la raíz moral del problema como si fuera un hecho
irrelevante. Una enfermedad que causa en la sociedad discriminaciones injustas
hacia los afectados, tantas veces los más inocentes como son los niños.
La Iglesia se sabe
–humildemente- experta en humanidad, conocedora del corazón del hombre. Por eso
la Iglesia confía en la respuesta que su mensaje va a encontrar entre los
hombres a pesar de todos los condicionamientos contrarios, de una sociedad que
pretende ser neutra en los temas de una "ética privada" que se deja a
la conciencia de cada individuo y se encuentra, a veces, incapaz de ofrecer una
orientación eficaz ante un problema grave.
La tarea es de toda la
comunidad cristiana, pues el problema afecta a la sociedad en todos sus
niveles. Debe ser una respuesta generosa ante un reto de tal calado. Esta clarificación
se quiere ofrecer en este documento, hecho, como en otros casos semejantes,
mediante la formulación y la respuesta a 100 cuestiones-clave, esta vez las que
se despiertan a partir del SIDA. En ellas se consideran los elementos
fundamentales que quedan afectados por esta enfermedad: la sociedad, el Estado,
los profesionales sanitarios y la valoración moral de todo el problema.
Pedimos a María, salud de
los enfermos, que guíe estos intentos a buen término y se llegue a una
prevención eficaz de la epidemia del SIDA, a un tratamiento verdaderamente
humano de los afectados y al anuncio de la salvación y de la paz a todos los
hombres.
hacerlos y los
destinatarios de los mismos. Sus curaciones en sábado que asombran hacerlos y
los destinatarios de los mismos. Sus curaciones en sábado que asombran
I. LA MEDICINA ANTE EL SIDA
1. ¿Qué es el SIDA?
Es la enfermedad que se
desarrolla como consecuencia de la destrucción progresiva del sistema
inmunitario (de las defensas del organismo), producida por un virus descubierto
en 1983 y denominado Virus de la Inmunodeficiencia Humana (VIH). La definen
alguna de estas afecciones: ciertas infecciones, procesos tumorales, estados de
desnutrición severa o hacerlos y los destinatarios de los mismos. Sus
curaciones en sábado que asombran hacerlos y los destinatarios de los mismos.
Sus curaciones en sábado que asombran hacerlos y los destinatarios de los
mismos. Sus curaciones en sábado que asombran hacerlos y los destinatarios de
los mismos. Sus curaciones en sábado que asombran SIDA?
La palabra SIDA proviene de
las iniciales de Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida, que consiste
en la i hacerlos y los destinatarios de los mismos. Sus curaciones en sábado
que asombran hacerlos y los destinatarios de los mismos. Sus curaciones en
sábado que asombran n el año 1996 de la nueva y potente terapia combinada
anti-retroviral se consigue controlar el deterioro inmunológico producido por
el virus y, como consecuencia, prevenir el desarrollo de SIDA. Actualmente no
es posible predecir el futuro a largo plazo de estos pacientes que, sin
embargo, han visto prolongada su supervivencia con los nuevos tratamientos.
Estas terapias, a pesar de su eficacia, no están exentas de serios
inconvenientes: toxicidad, difícil cumplimiento, disminución de su eficacia (el
virus puede hacerse resistente) y elevado coste económico. Todos estos factores
hacen que, hoy por hoy, no sea posible pronosticar si un paciente concreto,
actualmente en tratamiento, va a desarrollar SIDA en el futuro.
7. ¿Significa esto que el
SIDA es incurable?
La erradicación del VIH en
los paciente infectados no parece posible con los tratamientos actuales.
Propiamente hablando, hoy el SIDA es incurable. Sin embargo, muchos de los
procesos oportunistas que comprometen la vida de los pacientes con SIDA tienen
tratamiento eficaz. Además, la administración de fármacos anti-retrovirales ha
permitido alargar considerablemente la supervivencia de los sujetos
seropositivos, de manera que la enfermedad se ha convertido en un proceso
crónico.
A pesar del amplio
desarrollo que hahacerlos y los destinatarios de los
mismos. Sus curaciones en sábado que asombran hacerlos y los destinatarios de
los mismos. Sus curaciones en sábado que asombran SIDA?
La palabra SIDA proviene de
las iniciales de Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida, que consiste
en la i hacerlos y los destinatarios de los mismos. Sus curaciones en sábado
que asombran hacerlos y los destinatarios de los mismos. Sus curaciones en
sábado que asombran n el año 1996 de la nueva y potente terapia combinada
anti-retroviral se consigue controlar el deterioro inmunológico producido por
el virus y, como consecuencia, prevenir el desarrollo de SIDA. Actualmente no
es posible predecir el futuro a largo plazo de estos pacientes que, sin
embargo, han visto prolongada su supervivencia con los nuevos tratamientos.
Estas terapias, a pesar de su eficacia, no están exentas de serios
inconvenientes: toxicidad, difícil cumplimiento, disminución de su eficacia (el
virus puede hacerse resistente) y elevado coste económico. Todos estos factores
hacen que, hoy por hoy, no sea posible pronosticar si un paciente concreto,
actualmente en tratamiento, va a desarrollar SIDA en el futuro.
7. ¿Significa esto que el
SIDA es incurable?
La erradicación del VIH en
los paciente infectados no parece posible con los tratamientos actuales.
Propiamente hablando, hoy el SIDA es incurable. Sin embargo, muchos de los
procesos oportunistas que comprometen la vida de los pacientes con SIDA tienen
tratamiento eficaz. Además, la administración de fármacos anti-retrovirales ha
permitido alargar considerablemente la supervivencia de los sujetos
seropositivos, de manera que la enfermedad se ha convertido en un proceso
crónico.
A pesar del amplio
desarrollo que ha alcanzado la investigación de esta enfermedad en los últimos
años, no parece aún cercana la posibilidad de disponer de una vacuna eficaz.
8. ¿Cuáles son esos
fármacos que se utilizan en la actualidad contra el SIDA?
En el momento actual hay
alrededor de 15 fármacos que se están utilizando en el tratamiento de la
infección por el VIH. El tratamiento incluye la combinación de varios fármacos
antirretrovirales que evitan el deterioro inmunológico y suprimen la
replicación viral. La terapia antirretroviral (TAR) es compleja, pues
supone la administración de al menos tres fármacos (triple terapia) con un
elevado número de tomas y de comprimidos por día, que producen efectos
adversos, interaccionan con otros fármacos y que deben de tomarse en presencia
o ausencia de alimentos.
El nombre genérico –o
principio activo- de los medicamentos inhibidores nucleósidos de la
transcriptasa inversa son: la zidovudina, didanosina, zalcibatina, estavudina,
lamivudina, abacavir zialgen, cuyos nombres comerciales son Retrovir, Videx,
HIVID, Zerit, Epivir, Zialgen. De los medicamentos inhibidores no nucleósidos
de la transcriptasa inversa son: nevirapina, delavirdina y efavirenz, y sus
nombres comerciales son Viramune, Rescriptor y Sustivida. Los ihibidores de la
proteasa son: indinavir, ritonavir, saquinavir y nelfinavir, y sus nombres
comerciales son: Crixizan, Norvir, Invirasey Viracept.
Con estos fármacos se consigue
una reducción del progreso de la enfermedad y de la aparición de infecciones
oportunistas, con lo que se ha logrado una extraordinaria reducción de
la mortalidad y de los ingresos hospitalarios de los pacientes VIH
positivos. Se comprende, por la complejidad de la medicación, la
importancia de una exacta dosificación y administración. Tres días sin tomar
correctamente la medicación pueden ser suficientes para hacer fracasar el
tratamiento. Asimismo se ha de cuidar con esmero el estado nutricional del
enfermo VIH (+), pues condiciona el curso de la enfermedad. En efecto, una
malnutrición aumenta la morbilidad por alterar el normal funcionamiento del
organismo ya que empeora la tolerancia al tratamiento.
Estos fármacos tienen un gran
coste motivado por las prolijas y exhaustivas investigaciones que han
desarrollado las grandes industrias farmacéuticas. Gracias a ellas, en los
países desarrollados, se puede decir que el SIDA se ha convertido en una enfermedad
crónica, y aunque en la actualidad incurable ha dejado de ser mortal.
La tragedia es en los
países pobres, especialmente de Africa, que no tienen medios económicos
para sufragar unos gastos tan importante. La Convención sobre el SIDA que tuvo
lugar en Sudáfrica, el año 2001, de los países afectados de Africa, auspiciada
por la ONU, ha denunciado la situación que padecen: hoy por hoy el SIDA es la
primera causa de mortalidad de dicho continente, dada la imposibilidad de
obtener fármacos asequibles a su economía, pues el coste de la medicación está
valorado en una media de un millón cien mil pesetas a millón y medio (6610 –
9000 euros), por persona y año. En consecuencia, se reclama el abaratamiento de
dichos fármacos, así como la posibilidad de fabricación de medicamentos
genéricos de dichos principios activos. Por desgracia, la realidad sigue siendo
muy desoladora.
9. ¿Continúa
extendiéndose la epidemia?
Sí. La OMS estima que
actualmente hay un incremento de más de 15.000 nuevos infectados por día, y se
produjeron 5.3 millones de nuevas infecciones en el año 2001. El ritmo de
crecimiento de la epidemia en los países del Tercer Mundo es mucho más rápido
que en los países industrializados.
España es uno de los países
de Europa con mayor incremento de casos al año; puede estimarse que
aproximadamente unos 20 jóvenes se infectan cada día por el VIH en nuestro
país.
Sin duda, la morbilidad y
mortalidad del SIDA han disminuido notablemente. Sin embargo, coincidiendo con
el control de la enfermedad gracias a los nuevos fármacos anti-retrovirales,
estamos asistiendo a un incremento en la aparición de nuevos contagios. Este
hecho probablemente es debido al clima de confianza en la opinión pública
producido por las nuevas terapias, que lleva a muchas personas a no evitar conductas
de riesgo.
Por ello, cuando se quiere
realizar un juicio sobre la expansión de esta enfermedad, hay que valorar por
separado ambos aspectos: evolución clínica de los pacientes e incidencia de
nuevos infectados. Así pues, no se pueden realizar juicios excesivamente
optimistas sobre la expansión de esta enfermedad, valorando únicamente los
avances terapéuticos conseguidos, si paralelamente no se consigue disminuir
también el número de nuevos infectados, especialmente los contagiados por vía
heterosexual, cosa que por el momento no se está consiguiendo.
10. ¿Se puede cuantificar
el riesgo de contagio del VIH por transfusiones de sangre contaminada?
Sí. Se infectan más del 90
por ciento de los receptores de sangre procedente de portadores del VIH. Desde
1987 es obligatorio en España excluir a estos donantes, y desde esas fechas
puede decirse que el riesgo de infección por transfusiones se ha reducido casi
por completo.
11. ¿Cómo se intenta
evitar el contagio por esta vía?
Mediante dos procedimientos:
la exclusión de donantes con prácticas de riesgo de infección por VIH, y la
investigación sistemática de anticuerpos en todas las donaciones de sangre. Lo
primero se logra con cuestionarios de autoexclusión a todos los donantes; lo
segundo es ya norma obligada desde 1987 en la mayoría de los países
desarrollados.
Otras recomendaciones para
los bancos de sangre son: restringir al máximo posible el número de
transfusiones; transfundir sangre del menor número posible de donantes
distintos; reclutar preferentemente donantes de sexo femenino; promover la
donación por parte de sujetos previamente conocidos como VIH negativos.
Así y todo, existe un riesgo
residual mínimo de contagio del VIH a partir de donantes en el llamado período
de ventana, es decir, en el tiempo en que el donante está recientemente
contagiado pero todavía su organismo no ha generado anticuerpos contra el
virus; este período suele durar entre tres y seis semanas.
12. ¿Es grande el riesgo
de infección en los drogadictos?
Sí. Se contagian más del 90
por ciento de los consumidores de drogas que intercambian jeringuillas con
personas infectadas. La mayoría de las personas infectadas y enfermas en España
lo han sido por esta vía. Según los datos epidemiológicos más recientes, son
casi el 60% del total de diagnósticos de SIDA.
13. ¿Cómo se intenta
reducir el contagio entre drogadictos?
Se han intentado dos tipos
de medidas: las que buscan reducir el uso de drogas por vía venosa, y las que
pretenden reducir el intercambio de jeringuillas, cuando fracasa lo anterior.
Entre las acciones del primer grupo está la administración oral de metadona,
como sustitutivo de la droga endovenosa; entre las del segundo grupo está todo
lo orientado a hacer fácil el acceso a jeringuillas nuevas, como su
administración gratuita a los drogadictos.
Pero estas propuestas
mantienen a los drogadictos en su dependencia y no son propiamente preventivas,
sino limitativas de la epidemia de SIDA. Con las drogas
"sustitutivas" y con el reparto de jeringuillas permanecen el
problema central de la dependencia y de la aceptación del grave mal de la
toxicomanía.
El modo más digno y adecuado
de evitar el contagio entre drogadictos es ayudarles a abandonar la adicción.
En este sentido trabajan muchas comunidades terapéuticas de apoyo.
14. ¿Es muy alto el
riesgo de infección en los homosexuales?
En los homosexuales que
practican el coito anal ese riesgo es muy elevado, sobre todo en el receptivo,
y más aún cuando se mantienen contactos sexuales con varias parejas (promiscuidad
homosexual). También hay posibilidad de transmisión del VIH mediante "sexo
oral" (7% de los casos de homosexuales en San Francisco).
Los varones homosexuales
fueron el grupo más afectado al inicio de la epidemia de SIDA, precisamente
porque coincidían en ellos las relaciones sexuales de muy alto riesgo (como el
coito anal) y la elevada promiscuidad.
15. ¿Qué propuestas
existen para reducir la transmisión del VIH asociada a la homosexualidad?
En primer lugar, abstenerse
de este comportamiento sexual, que es, obviamente, el modo absolutamente eficaz
para prevenir esta vía de contagio. Esta es la verdadera prevención. Una
terapia adecuada puede ayudar a equilibrar la vivencia de la sexualidad.
Pueden ser útiles, las
siguientes medidas propuestas con frecuencia: no mantener relaciones sexuales
con sujetos seropositivos; evitar la promiscuidad; rechazar el coito anal; y,
en situaciones especiales, utilizar el llamado preservativo.
16. ¿Cuál es el riesgo de
transmisión por relaciones heterosexuales?
La probabilidad de infección
por el VIH después de una única relación heterosexual varía desde el 1/1000 al
1/10, aunque para los hombres que tienen relaciones con prostitutas infectadas
la probabilidad de contagio puede elevarse al 3% - 5%.
Entre parejas heterosexuales
que no tienen contactos sexuales con otras personas, y en las que el varón está
infectado y la mujer no, la posibilidad de contagio después de dos años de
relaciones sexuales normales, aún utilizando el preservativo, es de
aproximadamente un 5%.
El contagio heterosexual es
hoy, a nivel mundial, la principal vía de contagio del virus del SIDA. En los
países en vía de desarrollo del 75% al 85% de los infectados lo son por
contactos heterosexuales. En los países desarrollados este porcentaje es menor,
aunque la vía heterosexual es la segunda causa de contagio.
En España, según los datos
de 2000, el 22% de los nuevos contagiados lo han sido por contactos
heterosexuales, aunque cabe destacar que esta vía adquiere un especial relieve
en las mujeres, ya que representa aproximadamente el 40% de las nuevas
infecciones.
17. ¿Cómo se intenta
reducir la transmisión heterosexual del SIDA?
Hay unanimidad entre los
científicos en que sólo la abstinencia sexual y las relaciones monógamas con
persona no infectada aseguran la no transmisión del SIDA. Para los que quieran
asumir el grave riesgo de mantener relaciones sexuales fuera de la monogamia
con persona sana, la recomendaciones habituales son: utilizar el preservativo;
evitar las relaciones sexuales con personas posiblemente infectadas; evitar las
relaciones sexuales traumáticas, etc.
18. ¿Es eficaz el
"preservativo" para evitar la transmisión del VIH?
Con toda objetividad se
puede afirmar que el preservativo reduce las posibilidades de contagio por el
VIH, pero no las elimina del todo. Existen numerosos estudios que lo confirman.
El preservativo reduce el riesgo de infección por el VIH alrededor del 80% en
términos relativos. En parejas en las que uno de los miembros está infectado el
porcentaje de contagio en un año, usando el preservativo oscila entre el 1.5% y
el 17%.
Las causas por las que el
preservativo puede fallar son: ruptura, deslizamiento, mala utilización, así
como la contaminación de la superficie externa del preservativo y la
permeabilidad del látex a microorganismos, que aumenta en ocasiones por el
clima, la temperatura y la humedad. Por tanto, es gravemente erróneo, desde el
punto de vista científico, equiparar la utilización del llamado preservativo a
"sexo seguro".
19. ¿Cómo es que los
porcentajes de seguridad del preservativo presentan estas diferencias tan
grandes?
Porque es imposible realizar
una evaluación exacta de su eficacia, al estar vedada cualquier posibilidad de
diseñar experimentos prospectivos para medir su efecto protector. Ninguna Comisión
de Deontología podría aprobar jamás un experimento clínico en el que se
comparasen dos grupos, uno que usase preservativo y otro que no lo utilizase,
en el que sujetos inicialmente no infectados mantuvieran, durante un período de
tiempo determinado, relaciones sexuales con otros infectados, a fin de evaluar
la tasa precisa de protección proporcionada por el preservativo. Por lo tanto,
los porcentajes de protección serán siempre estimativos y con amplios márgenes
de diferencia entre unas apreciaciones y otras.
Lo que no admite error, en
todo caso, es que el preservativo reduce el riesgo de contagio del VIH, pero no
lo elimina.
20. ¿Cuál es el riesgo de
contagio en los hijos nacidos de madres seropositivas?
La transmisión ocurre más
frecuentemente durante el final de la gestación. La probabilidad de que se
produzca la infección en ausencia de profilaxis es de aproximadamente del
25-35% en los países en desarrollo y del 15-25% en los desarrollados. Actualmente,
en este aspecto es donde más se ha avanzado en desarrollar adecuadas medidas
preventivas y se ha conseguido reducir el riesgo de transmisión de madrea a
hijo a menos del 5%.
21. ¿Qué medidas existen
para reducir la transmisión materno-filial?
Los bajos riesgos descritos
anteriormente se logran si:
a) Se administra zidovudina
a la madre desde el principio del segundo trimestre hasta el final del embarazo
e intraparto, y al recién nacido durante las 6 primeras semanas.
b) Se realiza la cesárea.
c) Se suprime la lactancia
materna.
d) Se acorta el período
entre la ruptura de membranas y el parto.
Está justificado, por tanto,
no sólo tratar con zidovudina a toda madre gestante seropositiva, sino hacer
una detección sistemática del VIH a toda embarazada (pidiendo previamente su
consentimiento informado). Dado el aumento de la prevalencia del VIH en las
madres de recién nacidos, son necesarios el consejo y la oferta sistemática de
la prueba del VIH en todas las mujeres embarazadas.
II. LA SOCIEDAD ANTE EL SIDA
22. ¿Es el SIDA una
enfermedad específicamente distinta de las hasta ahora conocidas?
El SIDA tiene muchos
aspectos comunes con otras enfermedades que han producido pánico en la
historia: carácter contagioso, resultado fatal a largo plazo, extensión rápida
hasta constituir una verdadera pandemia. Pero junto a estos caracteres, el SIDA
tiene un elemento que hace de esta dolencia algo específicamente distinto: su
transmisión va ligada a menudo a comportamientos reprobados por la moral, como
son el consumo de drogas, la conducta homosexual y la promiscuidad sexual. Si
estableciéramos alguna comparación entre el SIDA y alguna otra enfermedad
reciente, la referencia podría ser la sífilis antes del descubrimiento de los
antibióticos.
Por su carácter incurable,
al menos hoy por hoy, hay un aspecto del SIDA que lo convierte en algo
singular: por la responsabilidad moral que puede suponer el haberlo contraído y
el poderlo transmitir a otras personas, se cae en la cuenta de las
consecuencias del ejercicio de la libertad. Además, el SIDA plantea ante
nuestra civilización dos cuestiones adicionales, con una intensidad que hoy no
es en absoluto frecuente: por un lado, lo inevitable de la muerte; por otro,
las limitaciones de la ciencia y de la técnica, que no tienen respuesta eficaz
para todo.
Por un comprensible
mecanismo psicológico, mientras existe posibilidad de curación el hombre tiende
a alejar de sí la perspectiva de la muerte y basa su seguridad en la eficacia
de la ciencia y de la técnica. Pero el SIDA confronta con la necesidad de
admitir que la naturaleza plantea límites morales: es propio de la verdad de la
libertad humana el asumir las consecuencias, a veces irreparables, de los
propios actos; la muerte es la perspectiva vital de todos, y la ciencia y la
técnica no son la panacea que lo resuelva todo. De ahí el pánico generalizado
que el SIDA produce en nuestros días, y que plantea la necesidad de reflexionar
sobre lo correcto o erróneo de algunos elementos culturales que configuran la
mentalidad contemporánea.
23. ¿Puede decirse, pues,
que en el problema del SIDA existe un aspecto que podríamos llamar cultural?
Sí, por dos razones: la
primera es que, en las sociedades desarrolladas, la enfermedad y la muerte se
consideran como poco menos que fracasos de los que hay que huir a todo trance,
y, en estas condiciones, se tiende a poner en la ciencia y la técnica toda la
esperanza; pero el SIDA pone de manifiesto que eso no es suficiente: aunque los
avances científicos y técnicos ayuden mucho a la calidad de vida y al bienestar
social, tienen unos límites y no pueden anular la responsabilidad del hombre,
que debe asumir las consecuencias de sus actos.
La segunda razón es que, al
no conocerse para este mal un tratamiento curativo médico eficaz, surge la idea
de que sólo puede ser combatido con medidas preventivas tendentes a lograr
cambios en la conducta personal; lo cual plantea la cuestión de los valores
éticos, es decir, de los criterios últimos de lo que se puede hacer y lo que no
se debe hacer. Eso pone en cuestión algunos prejuicios de la cultura moderna
como un ejercicio de la libertad sin restricciones ni valores, la irrelevancia
social de algunos comportamientos que se llaman privados, etc.
En este sentido, el SIDA,
además de una enfermedad, produce un fenómeno cultural que incita a la sociedad
contemporánea a replantearse todo un sistema de valores que algunos daban por
supuestos. Los criterios necesarios en materia de conductas preventivas del
SIDA parecen afectar así, de una forma peculiar, a algunas de las consideradas libertades
individuales.
24. ¿Cómo puede afectar a
las libertades individuales la prevención del SIDA?
Los que viven en sociedades
desarrolladas ya no están acostumbrados a imponerse auto-limitaciones en su
conducta ni siquiera para evitar poner en peligro su vida o su salud,
especialmente en lo que se suele llamar libertad sexual. La auto-limitación en
las conductas personales como medida preventiva sólo se acepta en materia de
accidentes (seguros, cinturones de seguridad, casco para motoristas, mineros o
trabajadores de la construcción, etc.), y en algunos comportamientos muy
concretos, como el hábito de fumar. Pero en el caso del SIDA, el autocontrol en
algunos comportamientos con finalidad profiláctica -rechazo del consumo de
ciertas drogas y, sobre todo, de las prácticas homosexuales o de la
promiscuidad sexual- se considera por algunos una intromisión inaceptable en la
autonomía del individuo.
25. ¿Por qué la exclusión
de conductas de riesgo se considera en unos casos como una intromisión, y en otros,
no?
Porque el consumo de drogas
y los comportamientos sexuales están considerados por quienes participan de
esta mentalidad como una manifestación primigenia y absoluta de la libertad que
define al hombre y, por lo tanto, como esenciales a la autonomía del individuo.
En consecuencia, esta
mentalidad dificulta una actitud coherente de lucha social contra la
transmisión del virus ligada al consumo de drogas, ya que muchos legitiman el
consumo privado aunque sean partidarios de perseguir su tráfico.
En cuanto a la transmisión
por vía sexual, se tiende a negar que existan criterios objetivos para juzgar
que determinadas conductas sexuales implican riesgos para la salud.
26. ¿Y no sería lógico
que la extensión del mal diera origen a un cambio profundo en la mentalidad
social, y que las conductas de riesgo -como la promiscuidad sexual o el consumo
de drogas- fueran rechazadas mayoritariamente?
En efecto, así parece. Pero
la relación que se establece entre las "conductas de riesgo" de
contagio del SIDA y las libertades individuales (como el ejercicio de la
autodeterminación en materia sexual), hacen que cualquier intervención de los
poderes públicos que tienda a reducir la práctica de las primeras se considere
una extralimitación o, en su caso, una vulneración de la neutralidad ética
exigible -según esta mentalidad- al Estado.
Este planteamiento de la
cuestión hace del SIDA una enfermedad que suscita problemas sociales muy
singulares y distintos de los que se producen con otras enfermedades. El SIDA y
toda la problemática social y el debate que lleva consigo sólo puede
comprenderse en este peculiar contexto cultural en las sociedades occidentales
a finales del Siglo XX.
Además, las personas que
tienen conductas de riesgo tienden a centrar su vida en dichas conductas y a
desatender irresponsablemente el riesgo que corren y en el que ponen a otros. Y
hay que considerar que se da un intervalo de tiempo frecuentemente largo entre
la contaminación por el virus y el descubrimiento de la misma. Durante ese
tiempo ha podido infectar a muchas personas sin saberlo.
La peculiar epidemiología
del SIDA hace que sea una auténtica pesadilla para la prevención, porque el
período desde que el paciente se infecta hasta que empiece a ser contagioso es
sólo de días, mientras que el de incubación, antes de que se desarrollen los
síntomas (portador sano), dura unos 10 años.
27. ¿Cuáles son las
características principales de este contexto cultural en relación con el SIDA?
Entre los años 60 y 70 se
desarrolla en esas sociedades (y, como eco, en muchas otras) la denominada
"revolución sexual". Su idea central es la separación radical de los
conceptos de amor conyugal y sexualidad humana, de sexualidad y procreación. Se
piensa, erróneamente, en una libertad separada de todas las tendencias
naturales, de modo que el cuerpo humano no tendría un valor moral propio, sino
que el hombre sólo sería libre cuando reelabora el significado de tales
tendencias según sus preferencias, imponiendo sobre las leyes de la naturaleza
su propio arbitrio. Eliminado el aspecto procreativo, propio de la verdad moral
del amor conyugal y de la biología y naturaleza sexual, su verdad completa
queda falseada, como ocurriría si se redujese el amor sexual al mero aspecto
reproductor. De esta manera, la homosexualidad o la promiscuidad sexual pasan a
constituir opciones alternativas equiparables al ejercicio de la sexualidad en
el matrimonio, en lugar de ser conductas contrarias a las leyes de la
sexualidad humana.
Este modo de pensar elimina
la diferencia moral entre actos naturales, conformes con la dignidad de la
persona humana, y actos no naturales, contrarios a esa dignidad y a la
naturaleza del ser humano. Elimina, en consecuencia, toda referencia ética
acerca de cualquier conducta sexual, de forma que ya no es posible establecer
ninguna distinción entre lo que está bien y lo que está mal en esta materia.
En estas condiciones, al
legitimar cualquier conducta sólo por responder a la libertad entendida como
mera ausencia de restricciones, la sociedad se auto-desarma, porque ha
renunciado a las claves que permiten hacer un juicio sobre la ética de las
conductas personales, y queda paralizada a la hora de luchar contra la raíz
moral de lo que ya es una verdadera pandemia, porque sólo puede actuar contra
algunas de sus manifestaciones periféricas. Este desarme moral de la sociedad
se traduce en la impotencia de los poderes públicos para actuar. El resultado
inevitable de esta situación es que la infección no cesa de extenderse.
28. Y la drogadicción,
¿también es un fenómeno propio del contexto cultural de nuestro tiempo?
Aunque el consumo de
sustancias estupefacientes o alucinógenas viene de muy atrás y formó parte de
los usos de algunas antiguas civilizaciones (orientales e indígenas americanas,
principalmente), los fundamentos culturales de su uso en nuestros días y en
países económicamente desarrollados no provienen de aquellos tiempos remotos,
sino que se insertan en el marco que acabamos de considerar. Pretender
erróneamente afirmar la propia libertad frente a toda tendencia natural, junto
a una mentalidad según la cual sentirse bien y triunfar en las situaciones más
competitivas son los principales objetivos de la vida, constituyen el caldo de
cultivo para la extensión de la drogadicción.
Debido a las consecuencias
económicas y sociales que acarrea la drogadicción (puerta de muchos delitos,
degradación física y psicológica de los adictos, graves problemas familiares,
etc.), los poderes públicos encuentran más apoyo social para luchar contra este
fenómeno, y lo hacen con más intensidad que contra los efectos socialmente
perniciosos de la irresponsabilidad sexual; pero, al igual que en este caso,
sólo lo hacen por sus consecuencias y en algunos aspectos circunstanciales, no
contra sus causas profundas, que, como queda dicho, son efecto de este clima
social proclive a considerar cualquier actitud ante la vida como opción
alternativa, tan respetable como cualquier otra.
Hay que tener en cuenta, sin
embargo, que la drogadicción, por sí misma, no es un vehículo de transmisión
del SIDA, sino que lo es sólo el intercambio de jeringuillas en el uso de
drogas administradas por vía endovenosa. Pero en la medida en que se extiende
este tipo de drogas, aumenta sin remedio también el riesgo de contagio.
29. Entonces, ¿cómo se
combate socialmente el SIDA en la actualidad?
Se combate, o, mejor dicho,
se pretende combatir, desde un modelo que podría calificarse de ideológico, que
se inspira básicamente en una supuesta neutralidad absoluta del Estado en todo
lo concerniente a las conductas privadas de los individuos, por funestas que
sean socialmente sus consecuencias. Y cuando éstas se dejan sentir visible y
dramáticamente, los poderes públicos no pueden con facilidad e incluso no
quieren, volverse atrás en la ideológica aceptación igualitaria de todos los
comportamientos en la sociedad. Aun conociéndose claramente y sin lugar a dudas
las conductas de riesgo que deberían desterrarse para evitar la transmisión del
virus (drogadicción, promiscuidad sexual), los gobernantes se limitan a
recomendar estrategias o técnicas que permitan continuar con esos hábitos, pero
con menor riesgo: por ejemplo, no intercambiar jeringuillas o utilizar
preservativos.
30. Y esto, ¿es
suficiente, o no lo es?
Es por completo insuficiente,
porque de esta manera se intenta poner una especie de remiendo al problema que,
sin embargo, no se resuelve en verdad. Además, es gravemente peligroso para la
sociedad, como se encarga de demostrarlo la pura estadística, que acredita que
después de las campañas masivas y las inversiones crecientes de fondos públicos
que conocemos, no cesa de aumentar el número de personas infectadas. Y quizás
no es exagerado decir que este modo de concebir la lucha contra el SIDA es
responsable, en buena medida, de la expansión de la epidemia.
31. ¿Significa todo esto
que la sociedad tendría que considerar necesaria no sólo la prevención de los
efectos, sino también de las conductas o los comportamientos irregulares que
dan origen a la expansión del SIDA?
Así debería ser en buena
lógica. Pero la conexión que fácilmente surge entre conductas de riesgo y
comportamientos considerados tradicionalmente como inmorales en virtud de
convicciones religiosas, hace que cualesquiera medidas de censura social o
legislativa respecto de estas conductas sean interpretadas en nuestro presente
contexto cultural como la imposición de una moral o una religión particular y,
en consecuencia, como un intento de regreso a épocas inquisitoriales o de
defensa de fundamentalismos ideológicos intransigentes.
32. ¿Y es correcta esta
forma de enfocar la prevención del SIDA?
No, porque decir que ciertas
conductas relacionadas con el sexo o las drogas suponen un riesgo para la vida
no es una afirmación moral o religiosa, sino la constatación de algo evidente.
El hecho de que esta constatación coincida con los planteamientos morales de
determinadas religiones sólo significa que éstas son muy congruentes con la
verdadera naturaleza de las cosas. Por lo tanto, cuando la sociedad o los
poderes públicos actúan frente a dichas conductas teniendo presente la
evidencia, no se están plegando a ninguna imposición religiosa, sino que, al
tomar decisiones, se limitan a respetar la realidad.
Por sorprendente o absurdo
que pueda parecer, en muchas de las polémicas sobre la prevención del SIDA no
subyace otra cosa que la obstinación en el error de negar la evidencia de los
datos, ya que éstos van contra algunos arraigados prejuicios de la sociedad
actual.
33. Entonces, ¿es
inevitable que el SIDA siga propagándose más y más, al menos en las sociedades
que viven con este sistema de valores?
No lo es, pero es difícil
evitarlo mientras no se cambie toda esta mentalidad: una enfermedad que se
difunde a través de comportamientos. Así ocurre con los drogadictos, para
quienes el SIDA es una amenaza a lo que ellos consideran un estilo de vida
alternativo. También es el caso de algunos homosexuales, que ven en toda medida
de profilaxis un ataque a sus pretensiones de conferir a sus relaciones el
valor de una relación heterosexual o, incluso, el del mismo matrimonio.
34. ¿Cuál podría ser
entonces un enfoque correcto de la lucha social contra el SIDA?
De entrada, además de
combatir científica, clínica y humanamente la enfermedad, es preciso aceptar,
como un hecho, que en la gran mayoría de casos existe una interdependencia
entre infección por el virus del SIDA y determinados comportamientos o estilos
de vida. Todos los ciudadanos deben sentirse implicados en la prevención de
esta grave pandemia. Y especialmente los grupos y personas considerados de
mayor riesgo de poder ser infectados.
35. ¿Se puede concretar
la prevención social contra el SIDA?
Hay dos tipos de prevención,
que deberían conjugarse armónicamente. Por una parte, la que podríamos llamar
prevención primaria fundamental, orientada a prevenir el arraigo de la
enfermedad, que debe inspirarse en una visión de la sexualidad humana acorde
con el bien integral de la persona y que incluye:
a) la educación y formación
de las virtudes, sobre todo en la adolescencia, en la integración de la
dimensión sexual en el conjunto de la personalidad; y
b) la evitación de riesgos
para la propia salud y para la propia vida.
Esta visión, necesariamente,
ha de rechazar cualquier teórica neutralidad frente al valor ético y las
implicaciones sociales de las distintas conductas de la persona. Esta es la
prevención social básica del problema del SIDA, la más descuidada por los
poderes públicos en nuestros días.
Hay después un procedimiento
de reducción del daño: se trata de una posición médico-epidemiológica que, sin
recusar la bondad y la lógica de la prevención primaria, sostiene que en
situaciones muy concretas de inminente contagio y cuando sean ineficaces los
planteamientos de autodominio, se pueden utilizar medios que, aun no
modificando los comportamientos desordenados, y persistiendo el riesgo, puedan
al menos disminuir sus efectos.
36. ¿Se podría concretar
más la prevención primaria fundamental del SIDA?
Una prevención primaria debe
abordar dos tipos de medidas. Unas primeras, orientadas a los grupos de riesgo,
pero ampliables a toda la población, que informen de forma correcta e integral
acerca de las causas del SIDA y de las circunstancias que lo promueven y
difunden. Esta información ha de ser veraz y real, lo que exige no reducirla ni
manipularla con la intención de defender los tabúes y los mitos ideológicos de
la revolución sexual. Por tanto, en estas campañas informativas debe decirse
que, salvo en los casos accidentales (transfusión de sangre contaminada, por
ejemplo) o en la transmisión del virus de la madre al hijo aún no nacido, el
SIDA es una enfermedad que se adquiere a la carta, por así decirlo, ya que es
seguro que no se va a contraer si se ponen los medios adecuados para impedir el
contagio.
Pasó, afortunadamente, el
tiempo en que en algunas sociedades desarrolladas, concretamente la española,
se consideraba el consumo de drogas (especialmente las erróneamente llamadas blandas)
como algo inocuo. Pero debe insistirse en que la mejor manera de prevenir el
SIDA es, en relación con la conducta sexual, el ejercicio de la abstinencia y
mantener relaciones íntimas sólo en el seno del matrimonio con persona no
infectada.
El segundo tipo de medidas
se orienta a la educación -especialmente de los adolescentes- acerca de la
dimensión sexual de la persona, que se base en una visión de esta realidad
integrada en el conjunto de la personalidad, y no en la supeditación de la
persona a su faceta sexual. De este modo será posible acercarse al fondo de una
de las principales causas detonantes del SIDA, que es la infra-cultura de la
promiscuidad sexual. Se trata de fomentar estilos de vida sanos, acordes con la
integración moral de las dimensiones físicas y psíquicas de la persona humana,
donde se destaque el sentido de la sexualidad y su significado en el marco de
la vida conyugal, y donde se evidencie toda la tragedia humana que puede estar
detrás de unos comportamientos frívolos aparentemente lúdicos (que suelen
promoverse entre los más jóvenes) que pueden conducir a la promiscuidad sexual
y a la droga y, por medio del SIDA, a la frustración y a la muerte.
37. Pero esto, ¿no
significa entrometerse en la vida privada de los individuos?
Ciertamente, no. Lo que
significa es asumir la responsabilidad social de frenar el arraigo de conductas
o modos de vida que ponen en peligro grave la salud de un gran número de
ciudadanos. La expansión creciente del SIDA por vía heterosexual, en nuestro
ámbito, es un importante argumento que debe ser invocado para la protección de
ese bien que es la vida de los ciudadanos, que se pone en riesgo en la medida
en que se avalan estilos de vida que aumentan las situaciones de riesgo.
38. ¿Tienen los
educadores una responsabilidad en la lucha contra el SIDA?
Indudablemente. La educación
para vivir de forma serena y alegre la realidad sin recurrir a las drogas y la
sexualidad propia en la preparación para el amor responsable, es el único
camino para la plena madurez personal. En el camino desviado, en la falsa
información, en la ilusión de "paraísos artificiales" o de un falso
"sexo seguro", está la amenaza del SIDA, de la drogadicción, de otras
enfermedades de transmisión sexual y en muchos casos la realidad de la muerte.
39. ¿Cuáles son los
valores educativos que deberían promoverse como primer frente ante la expansión
del SIDA?
Como queda dicho, el primer
medio de prevención educativa es transmitir a los más jóvenes la noción de que
es necesaria una vida sexual ordenada, cuya expresión neta se encuentra en la
monogamia acompañada de la fidelidad conyugal. Es imposible realizar una
campaña honrada de prevención del SIDA sin destacar este aspecto.
Respecto a la drogadicción,
vehículo del SIDA en gran parte de nuestros enfermos, es necesario dar a
conocer claramente que no hay drogas duras y drogas blandas; que evadirse de la
realidad, por dura que ésta sea, mediante la creación de "paraísos
artificiales" y la provocación de alucinaciones, da una mínima expectativa
de éxito y felicidad personal, mucho menos cuando se procura con sustancias que
crean adicción y destruyen, tarde o temprano, al hombre.
Para que esta tarea
educativa sea de utilidad, se precisa la participación de todos los sectores
implicados en esta toma de conciencia, y todos deben tener una clara voluntad
de resolución del problema por encima de ideologías o conveniencias políticas o
económicas coyunturales.
La educación ha de enseñar a
vivir bien, moral y físicamente. Hay que enseñar a decir "no" a lo
que destruye. Es imprescindible educar la voluntad y la libertad mediante el
autodominio y la motivación.
40. ¿Por qué esa
responsabilidad educativa recae sobre todos los sectores de la sociedad? ¿No es
primariamente responsabilidad de los poderes públicos?
En modo alguno. Esta
responsabilidad afecta, desde luego, a los poderes públicos, pero recae con más
gravedad en los padres, y también en los educadores, los amigos, los vecinos y
los medios de comunicación. Una sociedad libre y pluralista no es sinónimo de
una sociedad neutra que carezca de convicciones, sino un marco estructurado que
permita la convivencia dinámica, con ciertos valores éticos compartidos por
todos, que reclame una actitud de compromiso con los valores propios que cada
grupo social desee que se mantengan vivos en la sociedad. Esto afecta
gravemente a los padres, y les exige asumir la responsabilidad de transmitir a
sus hijos, en el calor del hogar, los grandes principios de la vida moral. Uno
muy importante, que no se debería soslayar, es una educación orientada a una
cultura de la vida capaz de superar la contra-cultura de muerte, en la cual
prolifera el uso de las drogas y el desorden de la sexualidad y de la
afectividad. Esto requiere, en conciencia, una propia reflexión acerca
del significado integral de la sexualidad en la vida conyugal. Exige la
adquisición de una experiencia pedagógica que haga asequible y eficaz la
transmisión de estos valores. Y exige, finalmente, una inteligente actitud, a
través de los años, para corregir en los hijos los influjos negativos de otros
valores u otros significados de la sexualidad latentes en determinadas épocas
en la sociedad.
La familia es la principal
escuela para la vida, pero también lo son los distintos ambientes en que crecen
los niños y adolescentes. Los centros docentes, las amistades, los medios de
comunicación (singularmente, por su capacidad de penetración, la televisión),
deben estar en sintonía con esos valores básicos -que no excluyen de ninguna
manera el pluralismo- para lograr una sociedad sana, física y moralmente.
41. ¿Tienen los medios de
comunicación una responsabilidad especial en la lucha contra el SIDA?
Sí, como la tienen también
en tantos otros órdenes de la vida. Los medios de comunicación forman parte de
un mecanismo bien conocido de interacción social: reflejan la sociedad en la
que viven, pero también contribuyen a darle forma. Lo que aparece en los medios
es la crónica de las cosas que pasan, pero también, se quiera o no, tiene un
valor pedagógico, y aun ejemplar, para el público. Los responsables de los
medios de comunicación no pueden, si son consecuentes, ignorar esta capacidad
de influencia, sobre todo en la configuración del sistema de valores
socialmente aceptados, si ese sistema incide en la aceptación social de
conductas que favorecen la extensión del SIDA.
Si el público percibe por
los medios de comunicación que las prácticas homosexuales, la drogadicción, la
promiscuidad sexual, la trivialización de la palabra dada en el matrimonio, son
comportamientos al menos tan respetables como sus contrarios, carecerán de todo
valor y de toda autoridad las campañas seudo-moralizantes que desde esos medios
se organicen contra el SIDA, porque igualmente será perceptible que hay una
actitud radicalmente incoherente cuando se lucha contra las consecuencias, pero
no se influye adecuadamente en las conductas de riesgo que causan la
propagación del mal.
Cosa distinta de la lucha
contra el SIDA y sus causas, es la actitud de ayuda, de acogida y solidaridad
que hay que tener respecto de las personas que padecen la enfermedad; actitud
que se ha de transmitir desde los medios de comunicación, como también desde la
familia o la escuela.
42. ¿Cómo debe entenderse
el papel de la sociedad ante los enfermos de SIDA?
Ante los enfermos de SIDA el
papel de la sociedad, de sus instituciones y de cada una de las personas
concretas que la integramos, sólo puede ser el que se adopta con un enfermo: de
solidaridad, acogida y ayuda. Los enfermos de SIDA tienen los mismos derechos
humanos que los sanos. Y, uno más: el de -precisamente por ser enfermos- ser
acogidos y ser beneficiarios de la solidaridad de los demás, lo que conlleva el
esfuerzo correspondiente de todas las instituciones sociales y los poderes
públicos. Rechazar a los enfermos de SIDA, por ser tales, en la escuela, en el
mundo laboral, en la función pública o en las instituciones sociales, es
inhumano e injusto. La sociedad está obligada positivamente, como respecto de
cualesquiera otros de sus miembros dolientes o enfermos, a arbitrar los medios
a su alcance para hacerles la vida lo más llevadera posible. En contrapartida,
la sociedad tiene derecho a exigir de los enfermos de SIDA que eviten los
riesgos de transmisión de esta enfermedad. Sólo si voluntariamente alguien se