La Venida del Espíritu Santo Autor

Info 

ArteTienda | Clases | Consulta Espiritual |Familia | Info  | Foros  | Reflexión Santoral | Música | Noticias | EvangelioDonativos | Patrocinadores | Anúnciate | ¿Quiénes somos?

Atrás Principal Arriba Siguiente


...Unam, Sanctam, Catholicam et Apostolicam...

Buscar


 
En Church Forum  
En Buscar en Google     

Principal
Arriba
Índice Alfabético

Apologética
La Biblia
Cristo
Doctrina
Doctrina Social de la Iglesia
Familia y Vida
La Iglesia
Leyendas negras de la Iglesia
Los Sacramentos
Historia de la Iglesia
Moral Cristiana
Guía Litúrgica
Magisterio de la Iglesia
Mujer
Manual de Oraciones
Devociones
El Papa
Vocaciones

  Arte
  Apologética
  Clases
  Consulta Espiritual
  Evangelio Ilustrado
  Familia y Vida
  Foros
  Música
  Noticias
  Cristo
  La Virgen María
  La Biblia
  Doctrina
  Doctrina Social de la Iglesia
  Sacramentos
  Liturgia
  Info
  Mujer
  La Iglesia
  Magisterio de la Iglesia 
  Historia de la Iglesia
  Leyendas negras de la Iglesia
  El Papa
  Vocaciones 
  Oraciones 
  Vida de perfección
  Moral Cristiana
  Reflexión
  Santoral
  Tienda
  Donativos
  Patrocinadores
  Anúnciate
  ¿Quiénes somos?
  Suscripciones

  

 

La Venida del Espíritu Santo

 

Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en un mismo lugar. De repente vino del cielo un ruido como el de una ráfaga de viento impetuoso, que llenó toda la casa en la que se encontraban. Se les aparecieron unas lenguas como de fuego que se repartieron y se posaron sobre cada uno de ellos; quedaron todos llenos del Espíritu Santo y se pusieron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía expresarse. Había en Jerusalén hombres piadosos, que allí residían, venidos de todas las naciones que hay bajo el cielo. Al producirse aquel ruido la gente se congregó y se llenó de estupor al oírles hablar a cada uno en su propia lengua. Estupefactos y admirados decían: ¿Es que no son galileos todos estos que están hablando? Pues ¿cómo cada uno de nosotros les oímos en nuestra propia lengua nativa? Partos, medos y elamitas; habitantes de Mesopotamia, Judea, Capadocia, el Ponto, Asia, Frigia, Panfilia, Egipto, la parte de Libia fronteriza con Cirene, forasteros romanos, judíos y prosélitos, cretenses y árabes, todos les oímos hablar en nuestra lengua las
maravillas de Dios. Todos estaban estupefactos y perplejos y se decían unos a otros ¿Qué significa esto? Otros en cambio decían riéndose ¡Están llenos de mosto! Entonces Pedro, presentándose con los Once, levantó su voz y les dijo: Judíos y habitantes todos de Jerusalén: Que os quede esto bien claro y prestad atención a mis palabras...

Hch 2,1-14


El Espíritu Santo

  • Cristo mandó al Espíritu Santo para ayudarnos a asimilar su doctrina y darnos la fuerza para cumplirla.
  • Debemos colaborar con el Espíritu Santo aceptando su Luz y su Fuerza.

1. El Espíritu Santo nos ayuda a asimilar la doctrina de Cristo.

La misión de Cristo y del Espíritu Santo se realiza en la Iglesia, Cuerpo de Cristo y Templo del Espíritu Santo. Esta misión conjunta asocia desde ahora a los fieles de Cristo en su comunión con el Padre en el Espíritu Santo: el Espíritu Santo prepara a los hombres, los previene por su gracia, para atraerlos hacia Cristo. Les manifiesta al Señor resucitado, les recuerda su palabra y abre su mente para entender su muerte y resurrección. (Catecismo, n.737).

Con frecuencia notamos que tenemos ideas claras sobre la doctrina católica. Si nos hicieran un examen, probablemente sacaríamos una buena nota. Pero una cosa es saber algo y otra es vivirla. Necesitamos una ayuda especial para poder ir formando nuestra conciencia moral, y esta ayuda viene del Espíritu Santo.

En realidad, el verdadero artífice de una conciencia bien formada es el Espíritu Santo: es Él quien, por un lado, señala la voluntad de Dios como norma suprema de comportamiento, y por otro, derramando en el alma las tres virtudes teologales y los dones, suscita en el corazón del hombre la íntima aspiración a la voluntad divina hasta hacer de ella su alimento.

Con mucha frecuencia no vemos claramente el por qué la Iglesia nos exige ciertos comportamientos morales. En estas ocasiones tenemos que echar mano de una ayuda superior, la del Espíritu Santo. El puede doblar nuestro juicio para hacerlo coincidir con el de Dios.

2. El Espíritu Santo nos da la fuerza necesaria para vivir nuestros compromisos bautismales.

La vida cristiana es una opción que debemos renovar todos los días. Dios nos deja libres. En cualquier momento cabe la posibilidad de echarnos atrás, de quedarnos indiferentes, de ser unos cristianos "domesticados" como ciertos animales que sólo sirven para adornar el hogar, pero que ya no son agresivos porque están domados.

También la conciencia se puede domesticar y recortar a una medida cómoda. Una conciencia para andar por casa, es una conciencia mansa, que nos presenta los grandes principios morales suavizados, que nos ahorra sobresaltos, remordimientos y angustias. Ante las faltas, sabe encontrar justificantes y lenitivos: ‘estás muy cansado’, ‘todos lo hacen’, ‘obraste con recta intención, lo hiciste por un fin bueno’, ‘es de sentido común’.

3. El Espíritu Santo no deja de venir a nosotros constantemente

Experimentamos muchas venidas del Espíritu Santo durante nuestra vida. Las más fuertes son cuando recibimos los sacramentos. Por medio de cada sacramento el "artífice de nuestra santificación", el Espíritu Santo, va acabando su gran obra en nosotros, nuestra transformación en Cristo.

Además de estas venidas sacramentales del Espíritu Santo, hay otras que son menos espectaculares, pero no por eso pierden importancia: su influencia sobre nuestra conciencia moral.

Para el alma en estado de gracia, la voz de la conciencia viene a ser la voz del Espíritu Santo, que ante ella se hace portador del querer del Padre celestial.

Nuestra vida debería ser un constante diálogo con el Espíritu Santo. Es imposible vivir la vida cristiana, cumplir con el principio y fundamento... sin esta colaboración con el divino Huésped del alma, el Espíritu Santo.

Unas preguntas

1. ¿Podemos decir que somos hombres "espirituales", es decir, que somos dóciles al Espíritu Santo?

2. ¿Pedimos mucho al Espíritu Santo para que nos inspire lo que debemos hacer, y para que nos dé la fuerza de cumplirlo?

3. ¿Platicamos con frecuencia con el Espíritu Santo?

 

 


¿Te interesan estos
 temas?
Suscríbete GRATIS a nuestro boletín.
Tu e-mail
>>

 

Te recomendamos

Buscar  en la Tienda Church Forum

 

Tú puedes participar en Church Forum con:

Recomienda esta página

 

 

 

 


Church Forum colabora en la página Web de la Congregación para el Clero de la Santa Sede


Red Informática de la Iglesia en América Latina
Church Forum es miembro de la RIIAL

 

 

¿Te sirvió? Ayúdanos con un donativo

Atrás Principal Arriba Siguiente

[Principal] [Arriba] [Apologética] [La Biblia] [Cristo] [Doctrina] [Doctrina Social de la Iglesia] [Familia y Vida] [La Iglesia] [Leyendas negras de la Iglesia] [Los Sacramentos] [Historia de la Iglesia] [Moral Cristiana] [Magisterio de la Iglesia] [Mujer] [Manual de Oraciones] [Devociones] [El Papa] [Vocaciones]

[Principal] [Arriba] [Corpus Christi] [ALGUNAS PREGUNTAS SOBRE LOS CONGRESOS EUCARÍSTICOS] [La Semana Santa] [La Venida del Espíritu Santo  Autor] [Pentecostés] [Adviento y Navidad - Church Forum] [DIRECTORIO SOBRE LA PIEDAD POPULAR Y LA LITURGIA] [Redemptionis Sacrementum] [El Sagrado Corazón de Jesús] [Solemnidad de Cristo Rey del universo] [Calendario Litúrgico 2005] [Calendario Litúrgico 2007] [Cuaresma]

www.churchforum.org : ArteTienda | Clases | Consulta Espiritual | Familia | Info  | Foros  | Reflexión Santoral | Música | Noticias | EvangelioDonativos | Patrocinadores | Anúnciate | ¿Quiénes somos?

Copyright