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TERCERA PARTE LA VIDA EN CRISTO
PRIMERA SECCIÓN LA VOCACIÓN DEL HOMBRE: LA
VIDA EN EL ESPÍRITU
CAPÍTULO PRIMERO LA DIGNIDAD DE LA PERSONA HUMANA
ARTÍCULO 1 EL HOMBRE , IMAGEN DE DIOS
1701 “Cristo, el nuevo Adán, en la misma revelación
del misterio del Padre y de su amor, manifiesta plenamente el hombre al propio
hombre y le descubre la grandeza de su vocación” (GS 22, 1). En Cristo, “imagen
del Dios invisible” (Col 1,15; cf 2 Co 4, 4), el hombre ha sido creado “a
imagen y semejanza” del Creador. En Cristo, redentor y salvador, la imagen
divina alterada en el hombre por el primer pecado ha sido restaurada en su
belleza original y ennoblecida con la gracia de Dios.
1702 La imagen divina está presente en todo hombre.
Resplandece en la comunión de las personas a semejanza de la unión de las
personas divinas entre sí (cf. Capítulo segundo).
1703. Dotada de un alma “espiritual e inmortal” (GS
14), la persona humana es la “única criatura en la tierra a la que Dios ha
amado por sí misma”(GS 24, 3). Desde su concepción está destinada a la
bienaventuranza eterna.”
1704 La persona humana participa de la luz y la
fuerza del Espíritu divino. Por la razón es capaz de comprender el orden de
las cosas establecido por el Creador. Por su voluntad es capaz de dirigirse
por sí misma a su bien verdadero. Encuentra su perfección en la búsqueda y
el amor de la verdad y del bien (cf GS 15, 2).
1705 En virtud de su alma y de sus potencias
espirituales de entendimiento y de voluntad, el hombre está dotado de
libertad, “signo eminente de la imagen divina” (GS 17).
1706 Mediante su razón, el hombre conoce la voz de
Dios que le impulsa “a hacer el bien y a evitar el mal”(GS 16). Todo hombre debe
seguir esta ley que resuena en la conciencia y que se realiza en el amor de
Dios y del prójimo. El ejercicio de la vida moral proclama la dignidad de la
persona humana.
1707 “El hombre, persuadido por el Maligno, abusó
de su libertad, desde el comienzo de la historia”(GS 13, 1). Sucumbió a la tentación
y cometió el mal. Conserva el deseo del bien, pero su naturaleza lleva la
herida del pecado original. Ha quedado inclinado al mal y sujeto al error.
De
ahí que el hombre esté dividido en su interior. Por esto, toda vida humana,
singular o colectiva, aparece como una lucha, ciertamente dramática, entre el
bien y el mal, entre la luz y las tinieblas. (GS 13, 2)
1708 Por su pasión, Cristo nos libró de Satán y
del pecado. Nos mereció la vida nueva en el Espíritu Santo. Su gracia
restaura en nosotros lo que el pecado había deteriorado.
1709 “El que cree en Cristo es hecho hijo de Dios.
Esta adopción filial lo transforma dándole la posibilidad de seguir el
ejemplo de Cristo. Le hace capaz de obrar rectamente y de practicar el bien.
En la unión con su Salvador, el discípulo alcanza la perfección de la
caridad, la santidad. La vida moral, madurada en la gracia, culmina en vida
eterna, en la gloria del cielo.
Resumen
1710 “Cristo manifiesta plenamente el hombre al
propio hombre y le descubre la grandeza de su vocación” (GS 22, 1).
1711 Dotada de alma espiritual, de entendimiento y
de voluntad, la persona humana está desde su concepción ordenada a Dios y
destinada a la bienaventuranza eterna. Camina hacia su perfección en la
búsqueda y el amor de la verdad y del bien. (cf GS 15, 2).
1712 La verdadera libertad es en el hombre el “signo
eminente de la imagen divina” (GS 17).
1713 El hombre debe seguir la ley moral que le impulsa “a hacer el
bien y a evitar el mal” (GS 16). Esta ley resuena en su conciencia.
1714 El hombre, herido en su naturaleza por el pecado original, está
sujeto al error e inclinado al mal en el ejercicio de su libertad.
1715 El que cree en Cristo tiene la vida nueva en el Espíritu Santo.
La vida moral, desarrollada y madurada en la gracia, alcanza su plenitud en la
gloria del cielo.
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