Poner en ella todo lo que
somos, todo lo que esperamos, todo lo que amamos.
Nos mantiene en pie en los
momentos de obscuridad.
No es un mero sentimiento de
la presencia de Dios o de la voluntad de Dios en
nuestras vidas.
Debe penetrar y envolver a
toda la persona: Su confianza, su fidelidad, su
adhesión emocional, su asentimiento intelectual.
La vocación cristiana es
absurda e incomprensible sin la fe.
No pedirle a Dios pruebas.
No tenerle miedo al futuro
porque el Señor no nos fallará.
Sin ella la vida es triste y
la fidelidad imposible.
En qué creer como miembros de
la Iglesia, y por lo tanto vivir consecuentemente:
Intensificar la fe en la
Iglesia, como lugar donde Dios nos ha puesto para
dar frutos.
En que Dios nos habla a
través del Papa, los obispos y sacerdotes.
En el espíritu cristiano, que
brota del Evangelio, como el lugar donde se
expresa para nosotros la voluntad de Dios, y
hacerlo vida de nuestras vida, aceptándolo con
humildad y mansedumbre.
Que Cristo se ha unido
místicamente a cada uno de los cristianos.
En nosotros mismos y no
dudemos de nuestra capacidad, dones y talentos
para realizar nuestra misión.
En la fecundidad de nuestras
vidas arrojadas al surco de Cristo.
En la trascendencia y valor de
nuestra entrega a las almas.
La fe es:
Darnos incondicionalmente.
Entregarnos a Dios ciegamente.
Dejarnos conquistar por su
amor para su causa sin hacer reparos.
Caminar, sufrir, luchar, caer
y levantarnos tratando de se fiel a un Dios que
nos llama y que no vemos.
"Lanzarme en la oscuridad
de la noche, siguiendo una estrella que un día
vi, aunque no sepa a donde me va a llevar".
Sobrellevar con alegría las
confusiones, las sorpresas, las fatigas y los
sobresaltos de mi fidelidad.
Fiarme de Dios y confiar en
El.
Adhesión total, llena de amor
a la voluntad santísima de Dios.
Quien da valor a la vida, a
los sufrimientos, a las dificultades, a todo.
Ese rescoldo que ilumina y
calienta en las luchas más terribles de la vida.
Razón para creer:
Porque tenemos de garante de
nuestras vidas, de nuestra vocación y de nuestra misión
a Dios que es fiel.
Consecuencias de una fe
mortecina, apagada, débil, lánguida ante los planes de
Dios:
Muchos problemas.
Dificultades.
Crisis.
Tentaciones.
Apartados mentales ante la
vocación cristiana.
Rebeldía ante la cruz.
Apatía ante la misión.
División interior, pensando
creer en Dios pero buscando en la práctica
realizar sólo nuestros caprichos.
Enemigos de la fe:
Falta de formación.
Abundancia de racionalismo.
Formación científica llena
de prejuicios contra todo lo que no es
verificable y comprobable.
Pedirle a Dios pruebas y
garantías.
La fe debe ser:
Profunda.
Lúcida.
comprometedora.
Exigente.
Viva.
Consecuencias de una fe viva y
generosa:
Frutos apostólicos.
Generosidad, docilidad y
madurez ante los compromisos y exigencias de la
vida cristiana.
Optar por dejar a un lado el
egoísmo y el apego a las cosas del mundo.
Ser serviciales, universales,
delicados y bondadosos con todos.
Felicidad al vivir por la fe
con la confianza puesta en Dios.