| Director: Señor Jesús, humildemente
postrados ante Ti que, movido por tu inmenso amor, estás
presente entre nosotros oculto bajo las especies del pan
eucarístico, queremos presentarte nuestro homenaje de fe
y de amor, de gratitud y de adoración, poniendo en tus
manos todo lo que somos y tenemos.
En unión con tu
amabilísima Madre, venimos aquí para acompañarte y
encontrarte como Amigo de nuestras almas y Luz de
nuestras vidas. En las obras maravillosas de creación
descubrimos la inmensidad de tu poder y la gloria de tu
majestad, pero en la Eucaristía gozamos de la alegría
de tu presencia humilde, oculta en el sacramento, pero
que se revela al corazón creyente.
Venimos a pedirte, en
espíritu de profunda súplica, por el mundo, por todos
los hombres, por tus sacerdotes y hombres y mujeres de
vida consagrada. De manera muy especial, te imploramos
que Tú, oh Señor y dueño de la mies, envíes numerosos
y santos obreros para que cosechen lo que Tú mismo has
sembrado en las almas.
Todos:
Te necesitamos, Señor.
Director:
Necesitamos hombres que presten sus labios para
hablamos de Ti, sus pies para recorrer todo el mundo
predicando tu Evangelio, sus manos para bendecirnos, sus
ojos para ver en ellos reflejada tu mirada de Padre
amoroso. Te necesitamos, Señor. Te necesita el mundo y
la Iglesia. Por eso, te lo pedimos con humildad, te lo
rogamos con ardor, envíanos sacerdotes, depositarios de
tu poder salvador; envíanos misioneros, hombres y
mujeres consagrados que sean luz en las tinieblas del
mundo, sal que nos libre de la corrupción del mal y del
pecado.
Todos:
Envía, Señor, obreros a tu mies.
Director:
Tú que nos mandaste orar, cuando compadecido de
la multitud que te seguía, contemplaste en ella todas
las multitudes de hombres que a lo largo de la historia
carecerían de pastor en su camino hacia Ti, escucha
ahora nuestra oración humilde.
Todos:
Envíanos, Señor, Pastores según tu corazón.
Director:
Inmenso es, Señor, el campo. No dejes que el
fruto que conseguiste con el precio tan caro de tu
pasión y muerte, quede sin ser cosechado por falta de
obreros que sieguen la mies.
Todos:
Envía, Señor, sacerdotes a tu Iglesia.
Director:
El sacerdote es otro Cristo. En él vemos con
los ojos de la fe al Señor que camina con nosotros en la
historia. Veneramos su persona porque en él vemos al
mismo Jesucristo. Hombre entre los hombres, lo has
escogido para que celebrara el sublime misterio de la
Eucaristía, para que perpetuara en los siglos tu amor,
para que perdonara en tu nombre, salvara en tu nombre,
consagrara en el nombre de la Trinidad a los hombres y a
toda la creación.
Todos:
Gracias, Señor, por el don del sacerdocio a tu
Iglesia.
Director:
Los hombres y mujeres consagrados dejan todo
para seguirte sólo a Ti, Sumo Bien, en caridad perfecta.
Dan por amor tuyo su libertad; ofrendan lo mejor de su
afecto y de su amor a Ti; te siguen, pobres, por el
sendero del sacrificio. Grande es la generosidad de estas
almas y grande es el don de la vida consagrada a la
Iglesia.
Todos:
Envía, Señor, a tu Iglesia vocaciones a la
vida consagrada.
Director:
Los misioneros y misioneras, en los lugares más
remotos de la tierra, a veces en medio de la persecución
y con riesgo de sus vidas, predican tu Evangelio a
quienes todavía no han oído hablar de ti. Sufren
soledad, fatigas, incomprensiones, y todo lo soportan con
amor con tal de ver que tu amor prenda en los corazones
de esos hombres.
Todos:
Envía, Señor, misioneros a tu Iglesia.
Director:
Estamos seguros, Señor, de tu promesa: «Yo
estaré con vosotros todos los días hasta el fin del
mundo». Tú estás con nosotros y no dejas de llamar a
hombres y mujeres para que, en representación tuya, nos
acompañen en nuestro camino hacia Ti. Tú sigues
pronunciando esta palabra que ha cambiado la historia de
tantas vidas: «Sígueme». Ayuda a aquellos que llamas a
ser generosos, a no cerrar su corazón a tu llamada, a
saber responder con prontitud, como el profeta Isaías:
«Aquí estoy, Señor, envíame».
Todos:
Da generosidad, fe y valor a quienes has
llamado.
Director:
Renueva en todos tus sacerdotes, en los
fervorosos y en los abatidos, en los que luchan, en los
que te aman con ardor, en los que han perdido la
esperanza, el amor a Ti y a tu Iglesia. Que resplandezcan
en sus vidas las virtudes de la pureza y la obediencia,
la paciencia y la caridad, la dulzura y la comprensión,
el celo ardiente por la salvación de las almas, la
humildad y la sencillez.
Todos:
Danos sacerdotes según tu corazón.
Director:
Inspira y ayuda, Señor, a los sacerdotes que
trabajan en los seminarios y casas de formación para que
den a tu Iglesia santos, doctores, mártires, apóstoles,
una nueva pléyade de testigos de Cristo imbuidos de un
nuevo ardor misionero para la nueva evangelización.
Todos:
Envíanos, Señor, sacerdotes santos.
Director:
Te pedimos, Señor, por todos aquellos que
consagran sus vidas a la pastoral vocacional para que en
nombre de Cristo no dejen de lanzar las redes para dar a
la Iglesia las vocaciones que necesita para cumplir con
su misión.
Todos:
Necesitamos tus sacerdotes. Envíalos, Señor. '
Director:
El enemigo de nuestras almas, sabiendo el bien
que un solo sacerdote hace a la Iglesia, no deja de
tender asechanzas a quienes Cristo ha llamado y los
incita a la cobardía y a la opción por una vida menos
sacrificada y más egoísta. También el ambiente del
mundo y las propias pasiones son obstáculos que debe
superar cada una de las vocaciones a las que Tú llamas a
seguirte. Te pedimos que fortalezcas sus almas, les des
generosidad y valentía para rechazar con decisión todo
aquello que les pueda apartar de la fidelidad.
Todos:
Mueve a la generosidad a quienes llamas, Señor.
Director:
Envíanos, Señor
Todos:
Sacerdotes según tu corazón.
Director:
La mies es mucha. Los obreros pocos
Todos:
Manda, Señor, obreros a tu mies.
Director:
Tú que te compadeciste de las multitudes que
carecían de Pastor.
Todos:
Manda, Señor, obreros a tu mies.
Director:
A los jóvenes que sienten tu llamada
Todos:
Dales generosidad, Señor.
Director:
A las almas consagradas a Ti
Todos:
Aumenta su caridad, Señor.
Director:
A los jóvenes que dudan de su llamada
Todos:
Dales certeza, Señor.
Director:
A quien sienten tu llamado siendo niños.
Todos:
Acompáñalos, Señor.
Director:
A los seminaristas.
Todos:
Dales perseverancia, Señor.
Director:
A los sacerdotes rentados.
Todos:
Dales tu fuerza, Señor.
Director:
A los sacerdotes celosos
Todos:
Enciéndelos más en tu amor, Señor.
Director:
A los sacerdotes tibios
Todos:
Dales tu santidad, Señor.
Director:
A los sacerdotes tristes.
Todos:
Consuélalos, Señor.
Director:
A los sacerdotes que sienten la soledad.
Todos:
Sé Tú su compañía, Señor.
Director:
A los sacerdotes misioneros.
Todos:
Infúndeles tu celo, Señor.
Director:
A los sacerdotes jóvenes.
Todos:
Impúlsalos a buscar tu gloria, Señor.
Director:
A los sacerdotes ancianos.
Todos:
Sosténlos en tu servicio, Señor.
Director:
A los sacerdotes difuntos.
Todos:
Dales tu gloria, Señor.
Director:
La mies es mucha. Los obreros, pocos.
Todos:
Envía, Señor, obreros a tu mies.
Director:
Por el Santo Padre, N.
Todos:
Te rogamos, óyenos.
Director:
Por los Pastores de tu Iglesia.
Todos:
Te rogamos, óyenos.
Director:
Por nuestro Obispo, N.
Todos:
Te rogamos, óyenos.
Director:
Por aquellos que más necesitan de tu gracia.
Todos:
Te rogamos, óyenos.
Director:
Por quienes están alejados de Ti.
Todos:
Te rogamos, óyenos.
Director:
Oremos, Oh Jesús, eterno sacerdote, no dejes de
enviar nuevos sacerdotes y hombres y mujeres consagrados
a tu Iglesia, Pastores según tu corazón. Necesitamos
tus ministros. Necesitamos tus enviados. Ellos son los
instrumentos de tu gracia y de tu amor. Ellos nos
consuelan en tu nombre, alimentan nuestra esperanza,
robustecen nuestra fe, fortalecen nuestro amor. Los
necesitamos, Señor, porque te necesitamos a Ti, porque
necesitamos tu amor. No nos dejes solos, Señor. Envía
obreros a la mies del mundo. Envía pescadores de hombres
que nos atrapen con las redes de tu misericordia. Envía,
te lo rogamos con humildad y confianza, Pastores según
tu corazón. La mies es mucha. Los obreros pocos. Envía,
Señor, obreros a tu mies. Te lo pedimos por Cristo
nuestro Señor.
Todos:
Amén.
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