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Historia.
Conocida más
universalmente por francmasonería, procede por su
etimología del francés franc (libre) y mason
(albañil); es decir, albañil libre, aludiendo con ello
a lo que la masonería considera como su remoto origen;
la comunidad de albañiles que dirigidos por Hiram de
Tiro construyó el templo de Salomón. Más que sociedad
secreta, como ha sido considerada, diremos que la
masonería es una sociedad cerrada que, por fundamentarse
en unos principios determinantes ha sufrido
modificaciones y transformaciones paralelas a los
supuestos ideológicos, intelectuales, morales y
religiosos que le dieron vida. Aunque suele hablarse de
un periodo mítico y legendario de la masonería (mito de
Hiram) y de otro periodo llamado de masonería
"antigua" u "operativa" (que no es
sino la continuación y transformación de las
agrupaciones gremiales del Medievo y del Renacimiento),
la auténtica masonería, considerada en el moderno
significado de la palabra, llamada "masonería
moderna" o "masonería especulativa",
surgió a principios del siglo XVIII con carácter de
sociedad de "iniciados", primero al culto
divino, que más tarde deviene en iniciación a las
virtudes y adquiere el matiz filantrópico-racionalista
con que se le distingue.
La masonería propiamente
dicha surgió en 1717 por obra de los pastores
protestantes ingleses James Anderson y J. T. Desaguliers,
continuadores del movimiento espiritual inspirado por
Comenio. Recibe una estructuración sistemática y
definida en 1723, cuando publica Anderson, The
Constitutions of the free-masons. Desde entonces, la
masonería recogió las influencias de las corrientes
intelectuales del enciclopedismo del siglo XVIII y del
racionalismo y liberalismo del siglo XIX. Se difundió
muy rápidamente por Europa: en 1721, se constituyó la
primera logia en Francia; en 1717, en Rusia, establecida
por Pedro I; en 1723, en España; en 1734, en La Haya; en
1738, en Boston; etc.
La establecida en Francia,
de origen escocés, estuardista, fue favorecida por el
espíritu racionalista francés: estableció como rito el
"escocés antiguo y aceptado", frente al de
York de las logias inglesas; y, en 1738, al fundarse la
Gran Logia de Francia, la francesa quedó desvinculada de
la inglesa, encontrándose desde entonces en abierta
oposición. De esta división nacieron las tres ramas
principales de la masonería actual: Rito ingles, Rito
escocés, Rito simbólico francés. Frente al carácter
aristocrático y puritano de la masonería inglesa, la
francesa evolucionó hasta un difuso deísmo, inspirado
en el racionalismo naturalista que poco a poco le hace
perder el matiz religioso que tenía aquella; más
adelante, en un segundo proceso de transformación,
cambia su concepción de una base aristocrática de la
sociedad por una estructura más democrática,
intelectual y politizada.
Aunque se ha querido ver
siempre una activa participación política en los
designios de las logias, a las que se atribuyen la casi
totalidad de las revoluciones burguesas del siglo XIX, lo
cierto es que, en principio, la masonería no tomó parte
trascendente en ellas. Hoy día está en entredicho la
relación que pudo tener con la Revolución francesa, a
pesar de la coincidencia de lemas de las mismas en el
epígrafe de "libertad, igualdad y
fraternidad". Pero mientras que en la masonería
anglosajona pervive el espíritu estático y religioso
inicial, la francesa se convierte, pasado el Terror y
bajo el Imperio, en paladín de las nuevas tendencias
liberales. Masón y liberal serán términos coincidentes
en algunos países europeos; durante el siglo XIX, la
burguesía mercantil, intelectual o militar, desplaza al
aristocratismo y al afán de perfectibilidad humana que
la dominaban al nacer.
En 1804, La Gran Logia
General de Francia se convierte con Napoleón en el
primer centro impulsor de la masonería en Europa, siendo
designado gran maestre José Bonaparte.
El predominio de la
masonería francesa en Europa origina una incisión
interna en el universalismo de la misma. La inicial
ruptura de las logias francesas, por motivos religiosos,
se acentúa más aún a mediados del siglo XIX, cuando la
Gran Logia de Francia suprime la obligación del lema:
"A la Gloria del Gran Arquitecto del Universo",
quedando separada por ello del cuerpo masónico general y
siendo repudiada por la Gran Logia unida de Inglaterra.
Desde entonces persiste la división. Por un lado, la
andeísta, de carácter ritual, muy conservador en moral
y en costumbres, que forma un bloque dirigido por
Inglaterra; por otro, una masonería carente de espíritu
religioso, más intelectual, con base humanística e
implicada fuertemente en los acontecimientos de su
tiempo, particularmente en el campo del compromiso
político; no obstante, al quedar superado el liberalismo
político intelectual, que le dio base, por nuevas
tendencias (socialismo, totalitarismo, neocapitalismo,
etc.), devino en mero humanismo formalista.
En Inglaterra y países
nórdicos, la masonería sigue vinculada a las realezas;
en Francia, inclinada siempre a fórmulas de gobierno
basadas en la estricta libertad individual, fue siempre
respetada por todos los regímenes políticos hasta 1940
en que el mariscal Petain la declaró fuera de la ley;
aunque, posteriormente, en tiempo del general De Gaulle,
quedó sin validez dicha ley.
En el siglo XX se han
efectuado varios intentos de unificación. El de 1910
fracasó al negarse Inglaterra a reconocer a la Gran
Logia de Francia, que insistía en no aceptar el
espíritu ritual y simbolismo religioso que tenía
aquella. El 15 de Mayo 1954 se llevó a cabo, sin éxito,
otro nuevo intento, no obstante, cinco grandes logias
europeas llegaron a un acuerdo de unificación en
Luxemburgo, dejando recluida a Inglaterra. Finalmente y
tras algunas defecciones (las de Austria, Suiza, etc.),
varios países europeos, como Francia, Alemania,
Bélgica, Holanda y Luxemburgo, según los acuerdos de
sus respectivos grandes maestres aceptados en las
reuniones de Estrasburgo y Bruselas de 1961 han llegado a
una fusión total sustentada en la libertad de conciencia
y tolerancia mutua, acuerdos a los que posteriormente se
ha adherido Italia.
En la actualidad las
logias masónicas más florecientes están en los E.U.A.,
que poseen cuatro de los cinco millones de masones
regulares que se calcula hay en el mundo; le siguen los
de Inglaterra con medio millón. Fieles a sus
antecedentes liberales, las sociedades masónicas son
inconformistas de todo régimen político autoritario y
están inscritas como una corriente más del pensamiento
contemporáneo. Se declaran propugnadoras de una vaga
espiritualidad deísta y de un humanismo trascendente. En
1960, el gran maestre de la Chaine d'Union declaraba que
"los jalones permanentes de nuestra obra y
justificación de nuestra existencia" estaban
marcados por: el sentimiento de la fraternidad, el
sentido cívico a escala universal y la protección del
hombre y de los valores que representa y que le
caracterizan esencialmente, a saber: aquiescencia a la
razón, a los valores morales permanentes y a la
libertad.
Masonería en España.
El tipo de masonería
estudiado hasta ahora no fue exactamente el que arraigó
en los países latinos, concretamente en Italia y
España, en los que la masonería se ha considerado
siempre como sociedad secreta con fines más secretos
aún, claramente anticatólica y muy vinculada a la
actividad política; además, por ser la masonería
sociedad internacional se han señalado a los masones
como traidores a la patria.
En España, la masonería
moderna o especulativa, que es la masonería en el
sentido actual de la palabra, fue establecida en 1727 al
fundarse la Matritense, primera logia de Madrid, por Lord
Wharton, si bien funcionaba otra desde 1726 en Gibraltar.
Años después, en 1739, Lord Raimond constituía la Gran
Logia Provincial de España, con sede en Andalucía. Son
logias de fundación y obediencia inglesas y, durante el
siglo XVIII, mantuvieron, en gran parte, el espíritu
inicial que las creara, formando parte de las mismas una
minoría ilustrada española, de carácter selectivo
aristocrático e intelectual. La figura más destacada de
este periodo es el conde de Aranda, que desvincula la
masonería española del Oriente ingles, aceptando en
cambio el rito escocés de las logias francesas. En 1780,
se crea el primer Gran Oriente español, que alcanza gran
florecimiento con Montijo, sucesor de Aranda. En este
primer periodo, la masonería española tiene ya alcance
y significación política debido a la actividad de
Aranda y, principalmente, de Montijo, en quien se ha
querido ver uno de los responsables del motín de
Aranjuez.
Al iniciarse el siglo XIX,
la influencia masónica en España es doble: hay logias
de inspiración francesa favorecidas por la presencia en
España de José Bonaparte, y las hay de inspiración
inglesa. De aquellas formas parte los ilustrados llamados
afrancesados; de estas los patriotas, entre los cuales se
forman los cuadros de los liberales que intervienen en
las Cortes de Cádiz. Las logias españolas quedaron
reducidas a la clandestinidad al retornar Fernando VII,
si bien en 1816 se establece un nuevo Gran Oriente en
Granada, continuación del de Montijo; estas logias, que
eran el vehículo de transmisión de la ideología
política liberal, devienen en reductos de conspiraciones
contra la monarquía absoluta. La masonería española
adquiere entonces unas características peculiares:
carácter conspirador y reducto del militarismo
romántico liberal, pues a ella pertenecen todos aquellos
(Lacy, Riego, Torrijos, etc.) que protagonizaron en
España, de manera sistemática y continuada, el sinfín
de pronunciamientos propios del siglo XIX hispánico.
Los hombres que acceden al
poder durante el llamado trienio constitucional (1820-23)
procedían del Gran Oriente español; un grupo
discrepante sale de las logias y, aceptando de estas
sólo el ritual y los símbolos, constituyen una sociedad
típica española, los Comuneros, donde se sustituye la
doctrina masónica por un especial ideal revolucionario,
burgués y liberal, aplicado a España. Es este el
momento de más fuerte influjo político de la masonería
española, particularmente en 1822. En este mismo año se
funden masones y parte de los comuneros (el ala izquierda
de los comuneros pasa al carbonarismo), bajo la
dirección de Pérez de Tudela, terminando así por
desvirtuarse lo que quedara en las logias de primitivo
espíritu masónico.
En 1824, la masonería
está prohibida y de nuevo en clandestinidad, sin
embargo, entre las revoluciones de 1854 y 1868, las
logias españolas actúan con efervescencia en los medios
políticos, educacionales, intelectuales y militares,
adquiriendo un fuerte matiz anticatólico. Hasta 1868 no
sale la masonería a la calle, reconocida públicamente,
asistiendo los miembros de las logias con sus insignias y
símbolos a los entierros del infante Enrique y de Prim
(1870). A raíz de la revolución de 1868, la masonería
española conoce un periodo, aunque corto, de auge e
influencia en la vida nacional. Los responsables más
directos de la revolución pertenecían a las logias,
civiles o militares; por ello, en la Constitución de
1869 se cree percibir claras huellas del espíritu
masónico español que le dio vida. Este papel decisivo
jugado por la masonería en España perdura durante el
efímero reinado de Amadeo I, quien había detentado
elevados grados en las logias italianas. Con la
Restauración, en 1874, aparecen nuevas leyes que la
prohiben y desde entonces se ha querido siempre ver en
ella un activo artífice de los múltiples y
contradictorios bandazos y vaivenes de la política
hispánica. De modo especial se le atribuye una
participación muy directa en la implantación de las dos
repúblicas españolas, estimándose que jugaron un
significativo papel en el desarrollo y desenlace de los
acontecimientos que originarán la Guerra Civil de 1936.
En 1888, los tres Grandes Orientes españoles, además
del Supremo Consejo de Colón en la Habana, se unificaron
en uno solo, formando logia aparte el Gran Oriente
militar español.
Los reyes españoles de la
casa de Borbón, que nunca aceptaron grados de la
masonería, al menos hasta 1874, la prohibieron a medida
que lo hacía la Iglesia Católica.
A raíz de la Bula
prohibitiva de Clemente XII, en 1738, lo hizo Felipe V;
después Fernando VI, Fernando VII, etc. Actualmente, la
masonería está prohibida por Ley del 1º de marzo de
1940, sobre delitos de masonería y comunismo.
Análisis doctrinal.
1. Definición y finalidad.
Acerca de la masonería
existen multitud de conceptos y apreciaciones, bien por
la complejidad del movimiento, bien porque las mismas
definiciones que la masonería da de sí misma suelen ser
poco precisas, sin manifestar aveces sus verdaderos y
últimos fines, o sin indicar sus objetivos o logros en
la realidad.
Según los ritos ingles y
escocés, la masonería es "un hermoso sistema de
moral revestido de alegoría e ilustrado por
símbolos". El artículo 1º de los Estatutos del
Gran Oriente de Bélgica es algo más concreto: "una
institución cosmopolita y en proceso incesante, que
tiene por objeto la investigación de la verdad y el
perfeccionamiento de la humanidad. Se funda sobre la
libertad y la tolerancia, no formula dogma alguno, ni
descansa en él. Uno de sus adeptos precisa más sus
objetivos y la define así: "La francmasonería es
una asociación universal, filantrópica, filosófica y
progresiva, que procura inculcar en sus adeptos el amor a
la verdad, el estudio de la moral universal, de las
ciencias y de las artes, los sentimientos de abnegación
y filantropía y la tolerancia religiosa: que tiende a
extinguir los odios de raza, los antagonismos de
nacionalidad, de opiniones, de creencias y de intereses,
uniendo a todos los hombres por los lazos de la
solidaridad y confundiéndolos en mutuo afecto de tierna
correspondencia".
Uno de los artículos
fundamentales de la constitución de 1723 se expresa
así: "todo masón está obligado en virtud de su
título, a obedecer la ley moral; y si comprende bien el
arte, no será jamás un estúpido ateo, ni un
irreligioso libertino. Así como en los tiempos pasados
los masones estaban obligados, en cada país, a profesar
la religión de su patria o nación, cualquiera que esta
fuese, en el presente nos ha parecido más a propósito
el no obligar mas que aquella en la que todos los hombres
están de acuerdo, dejando cada uno su opinión
particular: a saber, ser hombres buenos y verdaderos,
hombres de honor y probidad, cualquiera que sea la
denominación o creencias conque puedan distinguirse. De
donde se sigue que la masonería es el centro de unión y
el medio de conciliar una verdadera amistad entre
personas que (sin ellas) permanecerían en una perpetua
distancia.
De este texto y de las
definiciones dichas, parece que la finalidad de la
masonería es el ser una reunión de hombres que creen en
Dios (Ser Supremo), que respetan la moral natural y
quieren conocerse y trabajar juntos a pesar de la
diversidad de opiniones religiosas, o de su pertenencia a
confesiones o partidos opuestos. Pero bajo este difuso
deísmo y filantropía se puede intuir una realidad más
profunda. León XIII en su encíclica "Humanum
Genus" puso de manifiesto como las doctrinas
religiosas, filosóficas y morales en que se inspira la
masonería como tal cualquiera que sea las opiniones
particulares de sus miembros, llevan a la negación de la
existencia de Dios; a la negación de la misma moral; y
abre camino al ateísmo, al panteísmo, al iluminismo, al
espiritismo, etc.
Masonería regular e irregular.
Al extenderse la
masonería por Europa, esa finalidad filantrópica y
humanitaria que en sus principios se proponía la
masonería no se mantuvo. Al lado de la masonería
propiamente dicha, ordinaria, oficial, ortodoxa,
surgieron numerosas sectas, unas particularmente
herméticas, cabalísticas, eclécticas y seudomísticas
(martinistas franceses, pietistas alemanes) u otras
netamente políticas (iluminados bávaros); e incluso la
masonería regular conforme pasaban los años se iba
dividiendo en numerosas ramas y ritos.
El paso definitivo de esta
ruptura lo dio el Gran Oriente de Francia en 1877 al
borrar de sus estatutos la obligación, hasta entonces
exigida, de la creencia en el Ser Supremo al que dan el
nombre de Gran Arquitecto del Universo. De resultas de
esta actitud se siguió la condena de la Gran Logia de
Inglaterra contra el Gran Oriente francés. La posición
adoptada por la masonería francesa era consecuente con
la actitud anticlerical, laicista y racionalista que sus
miembros propugnaban. El paso francés fue secundado por
muchos Orientes y Logias, tanto europeos como
hispanoamericanos, que no admitieron "como primera
condición para ser miembros de la masonería la creencia
en el Ser Supremo, condición ante la que no cabe ningún
compromiso".
De la masonería, pues, no
se puede hablar en un sentido unívoco, ya que no existe
una única masonería; existen muchas manosearías
independientes unas de otras (masonería inglesa,
norteamericana, alemana, austríaca, escandinava,
holandesa, el Gran Oriente de Francia La Gran Logia
Nacional francesa, las masonerías italianas, las
latinoamericanas, etc.) y dentro de estas mismas se da
una variedad extraordinariamente de ritos (Rito escocés
antiguo y aceptado, Rito de York, Rito escocés
rectificado, Rito mixto universal, etc.). A la hora de
analizar la masonería se tendrá que distinguir, más en
cuanto a la finalidad que persiguen que en cuanto a los
principios fundamentales de su doctrina, una masonería
regular u ortodoxa, frente a una masonería irregular y
heterodoxa. La primera sigue más fiel a los principios
sobre los que fue fundada: creencia en un Ser Supremo,
respeto de la Biblia y no injerencia en cuestiones
políticas y confesiones, y ha preferido dedicar su
actividad al campo humanitario; Y la segunda es la
propugnada por el Gran Oriente francés, atea, sectaria y
declaradamente anticatólica.
Doctrina.
La exposición unitaria de
la doctrina masónica es difícil y compleja, dada la
existencia de diversos tipos de masonería, si se hace a
un nivel fenomenológico, de experiencia concreta, de
finalidad que persiguen. La tarea se facilita, aunque no
está exenta de dificultad, si se intenta ir a los
fundamentos últimos de las doctrinas masónicas y a las
consecuencias a las que, sosteniendo tales doctrinas, se
llega. La encíclica Humanum genus de León XIII sirve de
base para el desarrollo y análisis de la doctrina
propugnada por la masonería. Puede analizarse su
doctrina desde el punto de vista religioso, desde el
punto de vista moral, y desde el punto de vista
filosófico.
Desde el punto de vista
religioso: la masonería proclama como principio básico
e incontrovertible la independencia absoluta de la razón
humana frente a cualquier autoridad o enseñanza. El
naturalismo y el racionalismo son su punto de partida.
Consecuencia de esta radical decisión es la negación de
la mayor parte de deberes con Dios y el indiferentismo.
Todas las enseñanzas de la Iglesia no serían más que
mitos de los que el hombre moderno y culto debe librarse.
En la recepción de los grados supremos es de rigor la
apostasía, bien de manera expresa, bien mediante la
realización de acciones sacrílegas que la suponen. Como
la Iglesia Católica afirma ser la encargada de
transmitir la enseñanza de Cristo, la masonería cae
fácilmente en el deseo de combatirla; no es de extrañar
que una de las metas más codiciadas de la secta haya
sido la de "suprimir la sagrada potestad del Romano
Pontífice y destruir por entero el Pontificado,
instituido por derecho divino"
Las verdades religiosas
cognoscibles con la luz natural de la razón y que son
como los fundamentos de la fe - existencia de Dios,
espiritualidad e inmortalidad del alma, distinción entre
el bien y el mal, recompensa y castigos eternos, etc. -
se convierte pronto para los masones en producto de la
superstición y del fanatismo. Aunque suelen hablar,
ejemplo: de un Ser Supremo con el nombre de Gran
Arquitecto del Universo, este resulta bien distinto del
Dios de la revelación cristiana, trascendente al mundo,
providente, personal. Para la masonería, Dios viene a
ser una palabra del vocabulario de los pueblos
infantiles, que se repudia cuando se alcanza la madurez
de la civilización. Tal madurez supone la emancipación
de la humanidad de cualquier tipo de
"esclavitud", civil, religiosa y moral.
Así sea tolerancia
inicial con las diversas nociones de Dios va cambiando
según se progresa en la escala jerárquica de la
masonería. En el Rito Escocés Antiguo y Venerado, uno
de los más difundidos, en el momento de recibir el grado
13, el Gran Maestro recuerda al candidato: "cuando
fuiste iniciado en nuestra orden manifestasteis la idea
de Dios según vuestro criterio y en armonía con
vuestras creencias religiosas. Aunque aprobado nosotros
vuestra manera de pensar sobre este importante asunto,
deseamos que os sirváis amplificar aquellas primeras
opiniones acerca de la existencia de Dios, y decirnos si
habéis establecido alguna modificación a cuanto
entonces expresasteis, como consecuencia de los estudios
masónicos o de los dictados de vuestra conciencia. Los
francmasones no pueden fomentar la existencia de Dios en
el concepto sometido al efecto por las religiones
positivas, porque en este caso tendrían que mostrarse
partidarios de una u otra creencia religiosa, y bien
sabéis que esto se opondría al principio de máxima
libertad consignado en sus estatutos".
Moral
masónica
La masonería
"predica la moral universal, una e inmutable, más
extendida, más universal que la de las religiones
positivas, todas ellas exclusivistas, puesto que
clasifican a los individuos en paganos, idólatras,
cismáticos..." Como en consecuencia inmediata de
esta vaga moral naturalista, se sigue fácilmente la
negación de toda norma moral objetiva (ley eterna, ley
divina, etc.), es el relativismo moral, que puede llegar,
en la teoría y en la práctica, a sostener el principio
de que el fin justifica los medios.
Aunque quizá partiendo de
la masonería irregular, esta se ha mostrado
especialmente activa, según denuncia de León XIII, en
la promulgación de leyes anticristianas, prescribiendo
las órdenes religiosas, confiscando los bienes de la
Iglesia, promoviendo activamente el divorcio, suprimiendo
la enseñanza religiosa de las escuelas, quitando los
emblemas cristianos de hospitales, aulas, tribunales de
justicia, etc., También cabe enumerar entre sus
objetivos el alejamiento de los sacerdotes de la cabecera
de los moribundos, la inhumación con un solo rito civil,
etc. El resumen de actividades de la Logi-Unión de los
Pueblos, en 1891, proclamaba que "todas las grandes
leyes que desde hace veinte años han sido aprobadas (en
Francia), y las que se aprobarán en lo sucesivo, han
sido elaboradas en nuestros Talleres y han sido objeto de
nuestros trabajos"
Desde el punto de vista filosófico: la masonería acepta y patrocina
todas las teorías que no pretendan para sí la
exclusividad de la verdad. Es un sistema ecléctico en el
que, rechazando toda apertura a lo sobrenatural, caben
tanto el ateísmo como el panteísmo, el iluminismo o el
espiritismo, las doctrinas maniqueas como el politeísmo.
De un modo más o menos oficial, los escritores masones
han presentado la filosofía del siglo XVIII, y el
deísmo como su propia enseñanza, si bien no decisiva.
En la masonería caven todos los sistemas filosóficos
con tal que no tengan un contenido católico. Su
religión es la de la Humanidad; su Evangelio, la
Ciencia; su Dios, la Razón; filosóficamente podría
calificarse como un escepticismo y relativismo de tipo
práctico, y poco especulativo.
Declaraciones de la Santa Sede. Sustentando la masonería estas
doctrinas (naturalismo, racionalismo, indiferentismo,
gnosticismo, deísmo, etc.) no es de extrañar que la
Santa Sede la haya condenado repetidamente. La primera
intervención, antes de la división de la masonería, es
de Clemente XII el 24 de abril 1738 con la Constitución
In eminenti: "Teniendo la misión de salvar las
almas. Nos ordenamos a todos los fieles, en nombre de la
santa obediencia, que no se agreguen a estas sociedades
de masones. También les prohibimos propagarlas o
favorecerlas. Todos los cristianos deben abstenerse de
esas reuniones y congresos bajo pena de excomunión
inmediata, reservada exclusivamente a Nuestra
Persona". Benedicto XIV interviene de nuevo para
acallar las voces que sostenían que la Constitución In
eminenti había dejado de obligar (Constitución
Providas, 18 de mayo 1751).
Posteriores condenas son
las de Pío VII, con la Constitución Ecclesiam a Jesu
Christo, de 12 sept 1821; León XII, con la Bula Quo
graviora, de 13 marzo 1825; Pío VIII, con la Encíclica
Traditi, de 21 de mayo 1829; Gregorio XVI, con la
Encíclica Mirari vos de 15 agosto 1832; Pío IX, con la
Encíclica Qui pluribus de 9 noviembre 1846 y Quanta cura
de 8 diciembre 1864; y el mismo Pío IX en la Bula
Apostolicae Sedis de 12 octubre 1869 resume así las
sanciones contra la masonería: "declaramos
sometidos a la excomunión latae sententiae reservada al
Soberano Pontífice a todos los que dan su nombre a las
sectas de los masones o carbonarios, o bien a las
asociaciones del mismo genero que conspiran, ya
públicamente, ya en secreto, contra la Iglesia o las
legítimas potestades; y a quienes favorecen esas
sociedades, de la manera que sea; y también a quienes no
denuncien a sus jefes y directores, hasta que los
denuncien".
Documento importante es la
Encíclica Humanum genus, 20 abril 1884, de León XIII,
donde se exponen los fundamentos últimos de la secta y
los peligros que entraña para la fe. Es también
importante la alocución consistorial de 20 de noviembre
1911 de Pío X (AAS 30 nov. 1911); la Sagrada
Congregación del Santo Oficio (actualmente Sagrada
Congregación para la Doctrina de la Fe) el 27 de junio
1838, declaraba que en la condena general están
comprendidas también la masonería escocesa, irlandesa y
norteamericana. Pío XII, el 24 junio 1958, señaló como
"raíces de la apostasía moderna el ateísmo
científico, el materialismo dialéctico, el
racionalismo, el laicismo, y la masonería, madre común
de todas ellas".
La disciplina vigente
está recogida en los cánones 684, 2335 y 2336 del CIC.
En el primero se prohibe a los fieles dar el nombre de
asociaciones secretas, condenadas, sediciosas,
sospechosas o que procuran sustraerse a la legítima
vigilancia de la Iglesia. En el segundo, se indica que
los que dan el nombre a la secta masónica incurren ipso
facto en excomunión. En el tercero recoge las penas
impuestas a los clérigos que dan su nombre a la secta
masónica.
La masonería actual.
En enero de 1968 la prensa
occidental divulgó una decisión del Episcopado.
Escandinavo, fechada en octubre de 1966, que permitía a
dichos obispos conceder autorización para continuar
inscritos en la logia a los masones que quisieran
ingresar en la Iglesia Católica. Con este hecho se ha
querido ver un cambio en la posición de la Iglesia
respecto a la masonería. Se sostiene la tesis de que la
masonería actual no es la misma de hace un siglo, que
hay que distinguir entre la masonería regular
anglosajona y la de los países latinos, y que sólo a
esta última se habían dirigido las reprobaciones
pontificias de los dos últimos siglos. Ante noticias que
presentaban como inminente una declaración pontificia en
tal sentido, la Radio Vaticano hizo público el 16 marzo
1968 el siguiente comunicado: "Según recientísimos
informes de la prensa diaria de varios países, la Santa
Sede habría autorizado la permanencia en la
organización masónica a personas convertidas al
catolicismo, y tendría la intención de mudar
profundamente la disciplina canónica acerca de la misma
masonería. Por el competente Dicasterio de la Santa Sede
hemos sido autorizados a desmentir tales informaciones
como carentes de fundamento".
Es verdad el cambio
experimentado por la masonería en la actualidad, incluso
la masonería irregular ha perdido en parte su carácter
sectario y anticatólico. Por otra parte, el diálogo
personal con los masones, como con todo el mundo, por
parte de los cristianos individualmente, forma parte de
la convivencia humana y del trato apostólico que todo
cristiano con la debida preparación está obligado a
vivir; cosa distinta es el diálogo con la masonería en
sí, como asociación o como doctrina, que exige
prudencia y personas competentes, si en alguna
circunstancia fuese oportuno o conveniente; incluso la
Iglesia podría levantar las penas disciplinares vigentes
actualmente como los que dan su nombre a una secta
masónica; pero esto no significaría la aprobación de
la masonería. Tampoco podría decirse que, a partir de
ese momento, los católicos podrían inscribirse en la
masonería, o que los masones podrían ser
simultáneamente miembros activos de la masonería y de
la Iglesia. La cualidad buena o mala de una doctrina o
institución es intrínseca a ella misma, anterior e
independiente de cualquier declaración del magisterio.
La masonería no es inconciliable con la Iglesia porque
ha sido condenada; sino al revés: Ha sido condenada
porque es inconciliable; y continuará siéndolo -aunque
la Iglesia, por motivos psicológicos o pastorales,
decida suprimir la excomunión mientras no cambien
substancialmente sus principios anticristianos. No es la
diferencia, aprobación o reprobación oficial que lo
convierte a una doctrina en buena o mala. Ej. El hecho de
que no se condene expresamente el Islamismo no significa
su aprobación, ni permite a los católicos formar parte
simultánea de la Iglesia y del Islam; o si la autoridad
eclesiástica levantara la excomunión que recae sobre
los que procuran eficazmente el aborto, no por eso el
aborto dejaría de ser pecado moral: es siempre -con
excomunión y sin ella- un atentado grave a la ley moral.
Lo mismo ocurre con la
inscripción en la masonería: con excomunión y sin
ella, un católico no puede formar parte de una secta o
sociedad masónica (pecaría mortalmente), pues se
hallaría en peligro próximo e inmediato de apostasía,
y estaría cooperando en el mal. Mientras no cambien los
principios ideológicos de la masonería, esta es
inconciliable con la doctrina católica. La masonería ha
cambiado, aunque más en su aspecto externo; no suele
aparecer como perseguidora de la Iglesia, ni hace mucho
hincapié en el secreto; presenta a algunos de sus
miembros públicamente, celebra grandes reuniones, saca
fotografías en la prensa, proclama sus ideales de
fraternidad universal; y esto, también en los países
latinos, donde tradicionalmente actuaba en forma
violenta. Sin embargo, en los puntos fundamentales, en
sus presupuestos doctrinales sigue siendo una mezcla de
naturalismo, racionalismo, indiferentismo religioso,
deísmo, etc.; aunque en su forma más radical, tal como
lo resumía León XIII, no son ya tan virulentamente
sostenidos, en el sentido de que muchas logias no
insisten tanto en ellos y centran más su atención en
realizaciones prácticas de tipo humanitario o de vida
social de todas formas aquellos principios continúan de
alguna forma presentes.
Es siempre un gran riesgo
-en muchas circunstancias, pero en concreto por lo que se
refiere al diálogo con la masonería- la abdicación de
la fe en nombre de un humanismo radical sin Dios. En aras
de unos valores que se presentarían como unos ideales o
superiores, al menos desde un punto de vista práctico e
inmediato, invocando una fraternidad filantrópica, se
prescinde fácilmente, primero, de Dios como autor del
orden sobrenatural y de la Redención, y se excluye, por
tanto, toda religión revelada. Al recluir la fe a un
mero plano de convicciones de conciencia se termina por
eliminar a Dios de la vida de los hombres, reduciéndolo
a una mística expresión de la Humanidad, del Universo,
etc. Y de esta forma se destruye el orden moral, privado
ya de fundamento.
Origen.
Los masones definen que
ellos no son una secta, sino un pensamiento filosófico.
Sin embargo, la mayoría de los autores que escriben
sobre sectas, los incluyen como una más. La masonería
tiene afinidad con los movimientos esotéricos, es
pseudo-espiritual y pseudo-religiosa. Varias de las
sectas que hemos tratado han estado relacionadas de una
forma u otra con la masonería. La Teosofía, el
Espiritismo de Allam Kardec, los Rosacruces.
Es muy discutido el origen
de la masonería. Algunos autores lo sitúan en los
comienzos de la antigüedad oriental; otros admiten que
su fundador fue Hiram Abif, arquitecto del templo de
Salomón, que había sido masón; otros más dicen que se
deriva de corporaciones de operarios creados por Numa, en
el 715 A.C. Cierto autor masón afirmó que Jesús usó
muchas enseñanzas masónicas en su doctrina, y que el
origen de la masonería se pierde en la noche de los
tiempos.
Como vemos:
En cuanto a los orígenes
de la masonería se han dicho diferentes cosas. Se ha
afirmado que proceden de Egipto, del templo de Salomón y
de ministerios antiguos. Sin embargo su nombre proviene
de la palabra inglesa "free-mason" que designa
al obrero que pule la piedra. Se trata de albañiles
libres que se organizan en forma especial para asegurar
formar un grupo de trabajadores calificados. Eso sucede
en la edad media. Este grupo incluye los que no
pertenecen a él. Para lograr esto guardan secretos
técnicos y profesionales sobre palabras, signos y manejo
de instrumentos. Para que esto sea efectivo y el secreto
se guarde hacen un juramento. En su origen la masonería
tuvo incluso patronos; uno de ellos fue San Juan
Bautista.
Luego los masones
evolucionan y cambian de espíritu. En 1717 se unieron
cuatro logias y formaron la gran logia de Londres. Esta
siguió en 1723 las Constituciones de J. Anderson, que
era una reglamentación jurídica. Ahora sus trabajos y
arquitectura toman un sentido simbólico; ya no se trata
de construir catedrales de piedra como lo hicieron
anteriormente, sino de edificar la catedral humana, el
hombre ideal, esto se hace para dar gloria al gran
Arquitecto del Universo que es Dios. En el siglo XVIII la
masonería se extiende por Europa y América.
Después de 1815 una parte
de la masonería toma otro sentido político y religioso
especialmente en Francia, Italia y otros países
latinoamericanos; algunos se unieron a los que eran
adversarios del orden religioso y monárquico; en Italia
quisieron conseguir el fin del papado y de la Iglesia; en
Francia defendieron las leyes anticlericales de la
tercera república; en España defendieron la república
que terminó en 1936. A esta línea de masonería se le
llamaba "irregular". Era más intelectual,
humanista y racionalista. La logia del "Gran Oriente
de Francia" prohibió ya en 1877 hablar del
"gran Arquitecto del Universo", es decir, de
Dios. La de Inglaterra no siguió este camino y defendió
incluso principios como "la fe en la gran voluntad
revelada". La masonería ha sido prohibida en varios
países por razones políticas y religiosas.
En varios países de
América Latina, la masonería estuvo ligada a su
independencia e historia. No estuvo tan ligada a la Gran
Logia de Inglaterra que era conservadora, ritual
religiosa. La francesa fue diferente. "El ejemplo
francés, anticlerical, laicista, racionalista y no pocas
veces declaradamente ateo, fue imitado por muchos
Orientes y Logias de América Latina, hasta nuestros
días".
Por eso, en muchos casos,
nos hemos encontrado con masones deistas, anticlericales,
racionalistas y defensores de la libertad absoluta de
conciencia. No hubo demasiados deseos de entendimiento
con la Iglesia Católica. Cuando se dieron contactos fue
más bien a un nivel personal. Claro que después del
Concilio Vaticano II se dio un ambiente diferente e
intentos de cambios. Pero como veremos posteriormente los
logros no son tantos.
No obstante lo dicho: La
propaganda masónica declara que la masonería es una
institución esencialmente caritativa, filantrópica,
filosófica y progresista; que tiene como meta la
indagación de la verdad, el estudio de la moral, el
combate de la superstición y la práctica de la caridad;
que en ella quiere trabajar solamente para el
mejoramiento material y social de la humanidad; afirman
reconocer y defender la existencia de Dios, la
prevalencia del espíritu sobre la materia y que, por
eso, ningún ateo o materialista puede ser masón, que la
masonería no se opone a la religión, mucho menos a la
Iglesia Católica, más bien recomienda que cada uno
practique su religión; que no hay ninguna
incompatibilidad entre la masonería y la Iglesia; que la
masonería proclama la tolerancia y el respeto a las
convicciones religiosas y políticas de los otros, la
autonomía de la persona humana, el amor a la familia, la
fidelidad a la patria y la obediencia a la ley; que ella
considera a todos los hombres hermanos, libres e iguales,
cualquiera que sea su raza, nacionalidad o religión; que
sus leyes, constituciones y reglamentos prohiben
expresamente hablar o discutir sobre política o
religión; que hubo incluso obispos, curas y frailes
ilustres miembros de la masonería sin que hubiera
percibido la más mínima dificultad contra su fe y sus
convicciones católicas; que sus leyes y rituales exigen
constantemente que el verdadero masón sea virtuoso,
ejemplar, de buenas costumbres, muerto para el vicio, sin
errores ni perjuicios, observante de la ley, patriota,
cumplidor del deber, apóstol del bien, generoso, devoto,
confiante, pacífico, hermano de todos, protector de las
viudas, abogado de los oprimidos..."
Sin embargo, también se
exige al masón no profesar ideologías cristianas en sus
principios, ser progresista, guardar los secretos, jurar
bajo diversas penas incluída la muerte. En la masonería
se dan misterios, secretos, esoterismo. Por eso los
consideran secta. Lo afirmado consta en su documento
oficial.
Doctrina.
No se puede hablar de
principios universales que sean válidos para todos los
masones, ya que hay diferencia entre ello. Sin embargo
podemos decir que destaca el siguiente pensamiento.
La existencia de Dios.
Muchos masones lo
aceptan como el "Gran Arquitecto del
Universo". Se trata de un Dios constructor
del mundo, ordenador de la materia. Falta la idea
de un Dios personal con el que el hombre se puede
comunicar. Lo más importante en la existencia de
una "fuerza superior". Se cae en un
deísmo.
La libertad.
Teóricamente los
masones defienden el derecho a pensar libremente,
a creer lo que cada uno desee. Pero ya hemos
visto que a algunos masones les imponen normas y
juramentos que les quitan la libertad. Cuando a
uno le dirigen el pensamiento y le exigen no
decir nada de los secretos que encuentre no le
conceden una absoluta libertad de conciencia. Los
masones no pueden fomentar la idea de Dios de una
religión, porque irían contra su principio de
máxima libertad.
Importancia de la razón.
Los masones le
conceden toda la fuerza a la razón y a la
conciencia, dicen que la razón es autónoma.
Para los católicos la razón tiene importancia;
pero la verdad se encuentra entre la adecuada
relación entre la razón y la fe, entre razón y
comprensión de la revelación divina. Así evita
uno ser un "racionalista". Los masones
basan su verdad en la razón y la ciencia.
Tolerancia e indiferencia.
La mayoría de los
masones dicen que ellos son tolerantes con todos,
que no imponen dogmas y que solo admiten lo que
se discute racionalmente. Sin embargo el hecho de
considerar todas las religiones iguales y no
optar por ninguna es un indiferentismo religioso.
Para el cristiano la revelación de Dios es
garantía de verdad; en la Biblia explicitada por
la Iglesia asistida por el Espíritu Santo está
toda la verdad sobre Dios, el hombre y el mundo.
No obstante la tolerancia, no se permite discutir
los principios masónicos, cambiarlos.
La enseñanza laicista.
Los masones al
tratar de mantenerse públicamente indiferentes
ante la religión concreta han defendido los
estados y la enseñanza laica o sin religión.
Por eso han defendido tanto la separación entre
Iglesia y Estado. También han luchado por
escuelas públicas sin las clases de religión.
Muchas veces su actitud privada ha sido
deferente, ya que han enviado sus hijos a
colegios católicos. Ciertamente Dios y la
religión no estorban al hombre, sino que le
ayudan. Los masones, al defender teóricamente la
libertad de conciencia para no caer en el
fanatismo, violencia e injusticia, terminan en la
neutralidad. El mismo Estado tiene que ser
indiferente y neutro respecto de las religiones
concretas. Pero ya hemos señalado que no son
neutros respecto de sus principios, doctrinas,
rituales y normas. En el fondo se cae en un
agnosticismo.
Moral y religión natural.
La moral no debe
estar ligada a ninguna creencia religiosa ni
basarse en pretendidas revelaciones divinas. Si
queremos creer en las numerosas declaraciones
oficiales, la finalidad de la masonería sería
"el estudio y la práctica de la
moral". Pero, hemos visto, una moral sin
Dios, sin Cristo, sin Evangelio, incluso sin
concepciones metafísicas.
La religión
oficial y pública debe mantenerse en los
límites de la religión natural indicados por
las verdades básicas pacíficamente aceptadas y
comunes a todas las religiones.
Además de esta
religión común a todos, se deja a cada uno sus
creencias individuales. Pero también existen
críticas a la religión católica y sus
prácticas. La masonería aparece como una
sociedad secreta de fines filantrópicos y
humanitarios. Su filosofía es religiosa, muy
parecida al deísmo. (Deísmo = Palabra en
extremo compleja. Se trata de un sistema que, si
bien admite a un Dios personal, rechaza algunos
de sus atributos positivos o, cuando menos, su
acción reveladora. Es exactamente ese aspecto
negativo que ya señaló Bossuet, calificándolo
de "ateísmo disfrazado". Hacia la
mitad del siglo XVI aparecen unos adversarios del
cristianismo ostentando por vez primera el nombre
de "deístas". Sin embargo, en
Inglaterra es donde, en la segunda mitad del
mismo siglo, se consolida dicha doctrina.
Voltaire, Rousseau y los enciclopedistas fueron
los que contribuyeron a su desarrollo en Francia.
Gran parte de los errores propugnados por este
sistema están solemnemente condenados por el
Concilio Vaticano).
En 1717 fue
fundada la Gran Logia de Londres, por el
reverendo anglicano James Anderson y por el
hugonote refugiado Jean Theophile Desaguliers.
Sus principios fundamentales, al inicio fueron:
tolerancia religiosa; fe en el progreso de la
humanidad; fe en Dios; cierto racionalismo que
excluye las formas exteriores de la religión
organizada como iglesia; aversión contra el
sacerdocio oficial, contra la fe en los milagros
y otros".
Relación con la Doctrina
católica.
Entre la Iglesia Católica
y la masonería se mantuvieron conversaciones oficiales
en los años 1974-1980, por encargo de la Conferencia
Episcopal Alemana. Se trató de constatar si la
masonería ha experimentado cambios, tales que consientan
a los católicos a pertenecer a ella. Se han estudiado
los tres primeros estadios o grados de pertenencia a la
secta. Después de atento examen, la Iglesia Católica ha
constatado que existen contrastes fundamentales e
insuperables. En su esencia la masonería no ha cambiado,
la pertenencia a la masonería pone en duda fundamentos
de la existencia de Cristo; debido a que no ha sufrido
cambios en la actualidad se llegó a la conclusión
obvia: No es compatible la pertenencia a la Iglesia
Católica y al mismo tiempo a la masonería.
Las razones son:
- El relativismo y el
subjetivismo son convicciones fundamentales en
las actitudes masónicas.
- El concepto masónico
de verdad niega rotundamente la posibilidad de un
conocimiento objetivo de la verdad.
- El concepto masónico
de religión es relativo: todas las religiones
serían para expresar la verdad sobre Dios.
- El concepto masónico
del gran arquitecto del Universo es deísta, un
Dios que no sería un ser personal, sino más
bien neutral, un "algo".
- El concepto masónico
de Dios no admite la posibilidad de una verdadera
revelación o automanifestación de Dios.
- El concepto masónico
de tolerancia no se relaciona solamente con las
personas sino también con las ideas, aunque sean
contradictorias.
- Los rituales
masónicos dan la impresión de ser, pero no son
sacramentos.
- El concepto masónico
sobre el hombre perfecto: lo que vale no es la
gracia sino la virtud, y está en un sentido de
autorredención, que no deja lugar para la
doctrina cristiana sobre justificación.
- La espiritualidad
masónica pide de sus adeptos una total y
exclusiva pertenencia, dedicación y entrega, que
ya no deja lugar para las exigencias espirituales
de la Iglesia.
Organización.
Está organizado en ritos
que se dividen en grados. Unos grupos tienen más grados
que otros. Así el de York tiene 10 y el escocés 33.
De esta forma presenta
José Cabral los aspectos principales:
Los juramentos: Para cada
grado de la masonería hay un juramento específico con
las promesas evangélicas. La realidad es que el masón
jura no revelar cosas que todavía no conoce.
El ritual de iniciación:
Para el primer grado (aprendiz) se le pone una venda en
los ojos, y con vestimentas especiales se le conduce a la
puerta del templo, donde él afirma que es un profano que
se está allegando a la luz de la masonería. Y así, en
forma semejante, se suceden los rituales para cada grado.
Los símbolos: Se usan
mucho los instrumentos del albañil y del arquitecto,
así como los que usaban los sacerdotes del Antiguo
Testamento. El delta -triángulo que tiene en el centro
un ojo que representa todos los atributos de la
divinidad- se encuentra encima del trono del venerable
Maestro, entre el sol y la luna, que representan las
fuerzas del sumo Creador. La escuadra representa la
mortalidad; el nivel, la igualdad y la plomada, la
rectitud
El culto: El segundo
código masónico dice que el verdadero culto a Dios
consiste en las buenas obras. En el ritual empleado para
el candidato a Maestro Masón (grado 3), el venerable
abre y cierra el trabajo en nombre de Dios y de un
patrono, digamos, "San Juan de Escocia". El
absurdo es evidente.
Las oraciones: Hacen
oraciones; con todo, no las hacen en el nombre de Jesús,
como lo enseña la Biblia, ni tampoco lo mencionan a Él.
Ceremonias fúnebres: En
los funerales hay una ceremonia en la logia, sin la
presencia del cuerpo del fallecido; otra en una iglesia o
en una residencia; y otra en el cementerio. En todas
ellas se enfatiza la salvación por las obras y se afirma
que el fallecido está pasando de la logia terrestre a la
logia celestial. Lógicamente, esta manera de hablar se
fundamenta en que la masonería cree que su adepto está
salvo: una salvación sin Cristo y sin su sangre
expiatoria.
En cuanto al
funcionamiento concreto nos encontramos con una logia que
es una agrupación de masones, presidida por un maestro.
Una obediencia o Gran Logia que es una federación de
logias presidida por un Gran Maestro; estas son
nacionales. Igualmente se llaman logias "a los
templos o locales donde se reúnen o trabajan; también
se llaman escuelas, talleres, templos o santuarios".
El delantal es el símbolo del trabajo y de la jerarquía
tradicional de aprendices, compañeros y maestros.
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