27 JESÚS VENDRÁ Y JUZGARÁ
1. EL JUICIO Y EL FIN DEL MUNDO.
"El Hijo del hombre vendrá en la gloria de su Padre"; "verán al Hijo del
hombre venir entre nubes"; "como el relámpago fulgurante bitilla de un
extremo a otro del horizonte, así sucederá con el Hijo del hombre cuando
llegue su día" (Mt. 16, 27; Mc. 13, 26; Lc. 17, 24). Por supuesto se trata
de un simbolismo imaginativo; pero ¿qué es lo que simboliza? Aparece
asociado con dichos sobre el juicio final y el fin del mundo, que a ojos
vistas se hacen coincidir (por lo menos en algunos pasajes) con la venida
del Hijo del hombre.
Aquí no podemos menos de reconocer rasgos de las esperanzas y
especulaciones "apocalípticas", con un largo pasado tras sí, que revivieron
con fuerza durante los años febriles que precedieron la ruina de Jerusalén.
Los cristianos primitivos compartían muchas de estas esperanzas. Las
discutían con angustia, como sabemos por escritos del Nuevo Testamento,
fuera de los Evangelios. Se comprende que se asieran con avidez a
cualesquiera palabras recordadas de su Señor, que parecieran tener alguna
conexión con tales esperanzas.
2. EL FUTURO PRÓXIMO.
Recordaban, por ejemplo, que Jesús había formulado sombrías advertencias
de desastres que amenazaban a la comunidad judía y su ciudad santa, y que
había dicho que "esta generación" estaba condenada a cargar con la culpa
acumulada en el pasado pecaminoso de Israel. Quizá pensarían ellos, había
dicho realmente que durante la vida de los hombres y mujeres que le
rodeaban, el juicio final de Dios pondría fin a la historia, de modo que
"esta generación" sería efectivamente la „última de todas. Hay pasajes de
los Evangelios que parecen decir esto. ¿Es esto lo que quería decir Jesús?
¿O habrá razón de sospechar que sus cronistas, con la preocupación muy
comprensible de hallar en sus palabras algo importante relacionado con sus
apremiantes ansiedades, les dieron un sesgo diferente de su intención
primigenia? No faltan razones para pensar que algunas veces se comportarían
así.
Aquí, sin embargo, deberíamos proceder con cautela. Es razonable suponer
que Jesús mismo empleara las imágenes que eran tradicionales y familiares a
sus contemporáneos. Sólo que, como ya lo he insinuado, aunque las imágenes
habían sido heredadas en gran parte, pudieron ser y fueron aplica das
diversamente por diferentes gentes. Si Jesús las usó, no se sigue de ello
que quisiera que fueran tomadas literalmente o que entendiera con ellas
exactamente lo que supusieron sus cronistas. La cuestión sigue pendiente:
¿Qué entendía Jesús?
3. EL REINO PRESENTE.
Sería conveniente partir de dichos que son a la vez llanos y centrales en
la enseñanza de Jesús. Nada es en ésta más claramente original o
característico que su declaración de que el reino de Dios está aquí. Quiere
decir que una esperanza ha venido a ser realidad. Ya no hay que mirar hacia
el Reino de Dios con un telescopio; basta con abrir los ojos para ver. Sin
embargo, hay más de lo que se ofrece a la vista. Se trata del reino de Dios,
es Dios eterno, que está aquí presente. En este mundo está en juego un poder
que no es de este mundo, algo sobrenatural, una invasión del más allá cómo
quiera que se prefiera expresarlo. Ello da una dimensión eterna al presenté
temporal, y a todo "presente" sucesivo; pero nunca puede agotarse en un
presente temporal, por profundamente significativo que sea. El reino de
Dios, aunque es una experiencia presente, es también una esperanza, pero una
esperanza destinada a consumarse más allá de la .historia.
4. EL REINO ESCATOLÓGICO.
Para expresar este aspecto del reino, Jesús se contentó con emplear
símbolos fijados hacía tiempo: un banquete con los bienaventurados difuntos
que "viven para Dios" (Mt. 8, 11; Lc.20, 38), una gran asamblea con "todas
las naciones" que comparecen ante el tribunal (Mt. 25, 31-32). No se trata
de acontecimientos inminentes, cuya fecha se pueda fijar. Son símbolos para
designar la realidad a que despertará el espíritu del hombre cuando ya no
haya pasado, presente ni futuro. Se trata del reino de Dios en su plenitud
de sentido, que se sitúa más allá de la historia. Y sin embargo "vino" en la
historia, en el episodio cardinal cuyo centro activo fue Jesús mismo. Su
bienaventuranza era una posesión presente de los que lo aceptaban.
Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el reino de Dios" (Lc.6, 20).
Eran invitados en un banquete nupcial: "¿Acaso van a ayunar los amigos del
novio mientras el novio está con ellos?"(Mc. 2, 19). Y sin embargo será en
otro mundo distinto en el que "comerán y beberán a su mesa" (Lc.22, 30),
Además, el momento de decisión a que condujo la presencia de Jesús a los
que encontraron con Él, era el juicio inseparable de la venida del reino.
"Ahora, escribe Juan es el momento del juicio de este mundo" (Jn. 12, 31),
es decir, el juicio final. Esencialmente era un juicio que las gentes
sufrían en sí mismas según su reacción ante su presencia. Podía ser de
absolución ( Tu fe te ha salvado...Vete en paz", Lc.7, 50 ps.)o de
condenación ("¡Ay de ti! ¡En el día del juicio habrá menos rigor para
Sodoma!"; Mt.11, 24). Es un juicio en la historia, pero sus secuelas van más
allá de la historia, y estas secuelas este significado ultra histórico viene
expresado en el dramático cuadro de todas las naciones congregadas ante el
trono del juez celestial.
5. "YA" Y "TODAVÍA NO".
Conforme a esto, se sigue que el entero acontecimiento de la vida
terrestre de Jesús, así como su acción en detalle, se contempla bajo dos
aspectos: por un lado tenía efecto en una situación histórica actual; por
otro, tenía un significado que alcanzaba hasta el destino eterno del hombre
y que sólo se podía expresar simbólicamente.
La venida del Hijo del hombre. A esta luz es como, a mi parecer, se
pueden entender los dichos arcanos acerca de la venida del Hijo del hombre.
Es central de todo este grupo de dichos la respuesta que según los
Evangelios dio Jesús al sumo sacerdote cuando fue interrogado acerca de sus
pretensiones mesiánicas alegadas: "Veréis al Hijo del hombre sentado a la
diestra de Dios y viniendo entre las nubes del cielo" (Mc.14, 62). El
lenguaje es alusivo y está cargado de imágenes. Aquí hay ecos de dos pasajes
del Antiguo Testamento. En uno de ellos se representa al Omnipotente
confiriendo la suprema dignidad al rey de Israel (prototipo del Mesías), con
las palabras "Siéntate a mi diestra" (Sal.110, 1). Esto se ve asociado aquí
con otro pasaje del libro de Daniel, que describe en un conjunto extraño de
imágenes una visión de cosas venideras. Primero hay una procesión de bestias
fantásticas y feroces, y luego uno como "Hijo de hombre" (una figura humana
en vivo contraste con las figuras de bestias) que venía entre las nubes del
cielo para recibir la investí dura del dominio eterno (Dan.7, 13-14, 18). El
profeta mismo proporcionó una clave. Las bestias representaban los imperios
paganos brutales por los que Israel había sido oprimido sucesivamente, y la
figura humana representaba el "pueblo de los santos del Altísimo". Este es
por tanto un "duplicado" del siervo de Dios, una encarnación del pueblo de
Dios, primeramente oprimido y luego vengado y exaltado en gloria. Es una
visión de la victoria final de la causa de Dios sobre todos los poderes del
Universo. Es también una visión de la victoria histórica (esperada) de
Israel sobre sus opresores. Probablemente debemos entender que también
Jesús, al recordar esta profecía, indicaba la victoria final de la causa de
Dios o, en otros términos, la realización consumada de su reino más allá de
la historia, afirmando su participación en ella pero también aquí, al igual
que en Daniel, esta victoria tiene su encarnación .en la historia, a saber,
en la suerte inminente de Jesús mismo, que pasando por el sufrimiento y el
sacrificio llegará a la vida gloriosa. La figura humana de la visión de
Daniel adquiría nueva identidad. Es esa persona histórica en la que, como en
su "representante cabal", el nuevo Israel, el pueblo de Dios, surgirá del
desastre aparentemente irreversible: "resucitado a la vida juntamente con
Cristo", como expresó San Pablo (Col.3, 1). Esta es la venida del Hijo del
hombre en el plano histórico. Su "venida" definitiva se sitúa más allá de la
historia, pero el modelo esencial de ésta se dio ya en la .persona histórica
y en el acontecimiento histórico.
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