2 ¿EXISTIÓ REALMENTE JESUCRISTO?
Dos razones justifican el
planteamiento de este problema; de hecho se ha negado la existencia
histórica de Jesucristo, aunque hoy día nadie la niega aún en el campo
racionalista.
Una segunda razón es el hecho mismo del culto que se da a Cristo a fuerza
de idealizar su figura humana en el arte y el culto, parece que se aleja de
la realidad histórica.
1. LA NEGARON.
Negaron la existencia histórica Dupuis (1743-1809) y Volney (1757-1820).
Bruno Bauer enseña durante cuarenta años (1840-1880) que todas las figuras
del cristianismo primitivo son ficciones literarias. Kalthoff, muerto en
1906, afirmó que el cristianismo no debe su origen a Cristo, sino a las
condiciones sociales del siglo II. Jensen, H.Zimmern, H; Wickier acuden a
las tradiciones asirobabilónicas para explicar la creación de Cristo. John
Mackinson se apoya en las tendencias politeístas del pueblo judío. William
Benjamín Smith apela a una secta pre-cristiana que tenia un dios llamado
Jesús.
Arturo Drews publicó en 1909 su primera obra contra la existencia
histórica de Jesús. Cuando reanudó sus publicaciones en 1921, después de la
primera guerra mundial, no tuvo la misma acogida. Sus publicaciones
nihilistas llegaron hasta 1927, pero sin que la ciencia las tomara en serio.
En Francia y Bélgica tuvo gran resonancia la obra de L. Couchoud, publicada
en París en 1924 con el título "Le mystére de Jesús". Los adversarios de
la existencia histórica no aportan razones históricas. Forman su teoría
a base de los datos que recogen de la historia de las religiones comparadas
con la vida y la teología de Cristo. Esto explicaría, por otra parte, por
qué los estados civiles laicistas fomentan la enseñanza de la "Historia de
las Religiones".... La crítica liberal del siglo SEX y la Escuela de la
Historia de las Formas nunca tomaron en serio la inexistencia histórica de
Jesús. R. Bultrnann, el crítico que más avanza en el negativismo histórico,
no puede menos de reconocer como un hecho la existencia de Jesús, aunque
reduce su historia al mínimo.
2.- LA ARQUEOLOGÍA DICE QUE SI.
Para negar la existencia histórica de Jesús hay que renunciar no sólo a
la literatura cristiana, sino a parte de la no cristiana, y sumergir en el
misterio de lo inexplicable lo que hoy llamamos "cultura occidental". La
geografía de Palestina, con sus múltiples excavaciones y hallazgos
arqueológicos, que van sacando a la luz los monumentos cristianos del
período romano y bizantino, son un monumento insobornable del paso de Jesús
por la tierra.
3.- LOS CUATRO EVANGELIOS.
Los cuatro Evangelios, estudiados como ningún otro libro, son escritos
muy cercanos a los días de Jesús, que ascienden a sus propios discípulos.
4.- PABLO.
Nació algunos años más tarde que Jesús y recogió todo el ambiente judío y
jerosolomitano conmovido por la predicación y los hechos del profeta de
Nazaret. Con que se admita una sola de sus cuatro grandes cartas, donde
habla de los primeros apóstoles, de los parientes de Cristo, de su vida y
estado, de las cuestiones y controversias relacionadas con las primitivas
cristiandades, habrá que rechazar como impropios de la ciencia los conatos
de deshacer la existencia histórica de Jesús.
5.- ESCRITOS CRISTIANOS DE LOS SIGLOS I Y II.
Los escritos extracanónicos de fines del siglo I y principios del II
están todos llenos de lo que Pablo llamaba "La ciencia de Cristo
crucificado"; el símbolo de los apóstoles, la Didaché, la carta de Bernabé,
Clemente Romano, Ignacio de Antioquia, Arístides de Atenas, Aristón de
Pella. El filósofo, Justino, natural de Samaría y muerto en el 165 cuando
escribe su primera Apología dice que hacía 150 años que había nacido
Jesucristo en una cueva cercana a la aldea de Belén y que él había conocido
los arados hechos por el carpintero de Nazaret. Orígenes en el siglo III
escribe: "Se muestra en Belén la cueva donde nació Jesús. El hecho es
público en todo el país. Los paganos mismos saben que en esta gruta nació un
cierto Jesús adorado de los nazaremos Tertuliano, que nació en Cartago hacia
el año 160, y estaba especializándose en leyes e instituciones romanas, dice
que en los documentos oficiales de Roma podía verse la genealogía de Cristo
y el nombre de sus padres en el censo realizado en tiempo de Augusto.
6.- LA LITERATURA JUDÍA POSCRISTIANA.
No puede prescindir de Jesús, aunque sea sólo para calumniarlo, J.
Klausner, profesor en la unidad Hebrea de Jerusalén, escribe una biografía
sobre Jesús, que es muy pronto traducida del hebreo al inglés, al alemán y
al francés. En la parte que dedica a las fuentes, estudia ampliamente el
testimonio de Talmud. M. Coguel, decano de la facultad de teología
protestante de París, dedica todo el capítulo II a las fuentes no cristianas
sobre Jesús y menciona al Talmud, Flavio Josefo, a Plinio el Joven, Tácito y
Suetonio.
Flavio Josesfo, historiador judío que escribió hacia el año 90 de nuestra
era sus "Antigüedades Judías", menciona en esa obra dos personajes de la
historia evangélica: Juan Bautista y Santiago, hermano del Señor. A
propósito del primero, indica su muerte por Heredes Antipas; el segundo es
llamado "hermano de Jesús, por sobrenombre Cristo".
7.- FUENTES ROMANAS.
También aquí los textos son generalmente breves, pues a los autores no
les interesaba una Vida de Jesús, pero los autores atestiguan la
existencia de Cristo y de una religión fundada por El, lo mismo nos dicen
los Evangelios .
Suetonio menciona a Cristo a propósito de un edicto del emperador
Claudio expulsando a todos los judíos de Roma, por los desórdenes que había
promovido el barrio judío a propósito de Cristo. "Claudio expulsó de Roma a
los judíos convertidos en una causa permanente de desórdenes a impulsos de
un tal Crestos! Acontecimiento que es recordado en los Hechos de los
Apóstoles. En el año 52 Pablo encuentra en Corinto a Aquila y Oriscila,
recién llegados de Italia: "Por haber decretado Claudio que salieran de Roma
todos los judíos" (Hch. 18,2)
El mismo historiador hace de paso una mención de los cristianos a
propósito de los suplicios a que se les sometía bajo Nerón. "Se infligió a
los cristianos, gente dada a la superstición nueva y maléfica".
Tácito habla también de los cristianos a propósito del incendio de
Roma. Su texto es mucho más importante porque es más circunstanciado. Los
menciona relacionándolos con Cristo afirmando que éste fue ejecutado en
Judea bajo Tiberio, por orden del procurador Poncio Pilato: "Este nombre les
viene de Cristo a quien, bajo el principado de Tiberio, Poncio Pilato
entregó al suplicio; esta detestable superstición, reprimida por el momento,
se manifestó de nuevo, no sólo en Judea, donde había nacido el mal, sino
también en Roma, a donde afluye y encuentra numerosa clientela todo lo que
hay de horrible y vergonzoso en el mundo".
Plinio el Joven, gobernador de Bitnia, en una carta al emperador
Trajano le pregunta qué conducta ha de seguir respecto a los cristianos de
su provincia. A este propósito, indica el resultado de la encuesta que ha
hecho como consecuencia de numerosas denuncias: "Afirmaba tener costumbre de
reunirse en días fijos, antes de salir el sol, para cantar a Cristo,
considerado como Dios. Un cántico alternado, y comprometerse por
juramento a no cometer crimen ninguno sino abstenerse del robo, asesinato,
adulterio, infidelidad... Después de esto se separaban para volver a tomar
un alimento común e inocente".
A estas fuentes literarias se podría añadir el descubrimiento epigráfico
hecho recientemente en el litoral palestinense, en Cesárea, y lleva el
nombre de "Pontius Pilatus". Es la primera vez que se halla mencionado su
nombre fuera de las fuentes literarias que están relacionadas casi todas con
Cristo.
8. LA IGLESIA VIVIENTE.
La existencia de la Iglesia actual prueba la existencia de Cristo, pues
ésta no se explica sin Aquél. Cristo es la causa de la existencia de la
Iglesia como sociedad y él recuerdo siempre presente en su culto. "La
Iglesia cristiana es una de las realidades de nuestro tiempo que podrá
agradar o no, pero no puede ignorar ningún observador inteligente del
panorama contemporáneo. Por tanto, cuando tratamos de estudiar los
acontecimientos de los que surgió el papel que desempeñó en ellos su
fundador, no procedemos como los arqueólogos, que reconstruyen un organismo
extinguido. Los acontecimientos forman parte del edificio viviente de una
sociedad contemporánea, cuya dependencia de su fundador es un rasgo
permanente de su continuada existencia". (C.H.Dodd)
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