7 ¿JESUCRISTO HIZO MILAGROS?
1.- ¿JESUCRISTO HIZO REALMENTE MILAGROS?
Para muchos cristianos los milagros resulta hoy algo
difícil de encajar. Los temperamentos más racionales ven en ellos un desafío
a la ciencia, desafío inoportuno del que los milagros nunca podrían salir
con bien. Tanto más cuanto que el milagro fomenta el gusto por lo
maravilloso, lo misterioso, con todo lo que esto comporta de ambiguo...
Sin embargo, conservamos todavía una cierta intuición
espontánea del milagro: quién no ha visto nunca en la primera página de una
revista un coche destrozado con el subtítulo " ¡Milagro, el conductor salió
ileso!" El comentarista podrá añadir incluso: "Tuvo suerte: la fortuna
estaba sin duda con él".
Aunque no saqueaos las mismas conclusiones del periodista
somos capaces de quedar impresionados ante un suceso insólito y ver en él
algo espiritual. Para los coetáneos de Jesús el milagro sucedía con
frecuencia en su vida cotidiana... Resultaba casi algo normal y familiar.
Jesús no era el único que por aquel entonces obraba
curaciones. Otros también lo hacían, tanto en ambientes judíos como griegos.
Comparadas con las narraciones paganas, las narraciones de milagros que
consignan los evangelios sorprenden por su sobriedad y discreción. Sobre
todo, es la actitud misma de Jesús la que les confiere un matiz muy
especial: no obra milagros sino en la medida en que puedan aparecer como
sello y signo de su propia misión. Se niega a obrar milagros inútiles, los
que se le pide "para ver...". A veces añade al milagro su propia
explicación: "Para que veáis que el Hijo del Hombre tiene poder para
perdonar pecados". Otras veces, la significación del acto milagroso se
revelará después: la multiplicación de los panes (anuncio de la Eucaristía),
resurrecciones de muertos (anuncios de su propia resurrección), etc. Los
milagros efectuados sobre la naturaleza (por ejemplo, la tempestad calmada)
nos dejan ya más perplejos.
En todo caso, el milagro era un "lenguaje" comprensible
para los contemporáneos de Jesús. Y la discreción de Cristo reducía al
mínimo el riesgo de una posible interpretación mágica. Todo ello nos hace
pensar que los hechos milagrosos evangélicos tomados al menos, globalmente
son hechos auténticos. ¿Qué confianza nos merecerían unos textos sagrados si
la tercera parte de sus narraciones fuera producto de la imaginación de los
discípulos?
¿SE DAN TODAVÍA MILAGROS?
"¿A qué hora es el milagro?", preguntó cierto día un
turista en la oficina, de información de Lourdes...
Hubo tiempos en que las curaciones muchas y
espectaculares creaban una atmósfera electrizante. Para bien y para mal.
Alexis Carrel, médico, va en 1902 a Lourdes. Entre los enfermos hay una
joven, Marie Brailly: peritonitis tuberculosa en su última fase. El estado
de la muchacha es verdaderamente lastimoso. "Si ésta se curara, creerla en
todo y me metería fraile...".
La joven curó.
"Creí volverme loco", escribió luego Carrel. No se hizo
fraile pero más tarde se expresaba así: "Tales hechos son altamente
significativos. Comprueban la realidad de ciertas relaciones todavía
desconocidas entre los procesos psicológicos y orgánicos y demuestran tanto
la importancia objetiva d- las actividades es pirituales que higienistas,
médicos, educadores y sociólogos casi nunca han tenido la idea de analizar.
Estos hechos nos abren un mundo nuevo".
¿UN MILAGRO POR AÑO?
Sí; milagros los hay. Unas 30 curaciones se registran
cada año en Lourdes. Pero de 909 dossiers clasificados desde 1945 hasta 1968
sólo 22 milagros han sido reconocidos oficialmente como tales (62 en total
desde que todo comenzó en Lourdes).
Para que un milagro sea declarado como tal debe tratarse
ante todo de una curación médicamente inexplicable. Esta curación es
verificada por dos jurados de médicos muy competentes; uno de estos jurados
reside en Lourdes; el otro es el "Comité médico internacional". Una vez
comprobada la curación, se remite la documentación al obispo de Lourdes
quien tras una doble información - médica y religiosa deja a los tribunales
canónicos la responsabilidad de proclamar oficialmente el milagro.
El milagro no contradice las leyes de la naturaleza: ¿por
qué hay en Lourdes tantas muletas y ninguna pierna dé palo? Desde el punto
de vista médico la curación milagrosa es una aceleración inexplicable del
proceso normal de curación.
2.- ¿CUANTOS MILAGROS HIZO JESÚS?
Jesús hizo milagros. ¿Cuántos hizo? Es difícil dar
precisiones. En una escena del evangelio más antiguo, el de Marcos, Jesús
curó a "muchos enfermos"; en el pasaje del evangelio de Mateo que relata la
misma escena cura a "todos". La curación de un ciego y de un poseso en
Marcos se convierte en la de dos ciegos y dos posesos en Mateo; las 4,000
personas alimentadas se convierten en 5,000, y los siete cestos de restos,
en doce.
Es evidente que con el tiempo, de un evangelio a otro,
hay una tendencia a amplificar y multiplicar los milagros. Se puede suponer
que la misma tendencia actuaba en el intervalo que separa Pascua y la
redacción de los -evangelios: alrededor de cuarenta años.
MILAGROS ENTRE LOS JUDÍOS Y LOS GRIEGOS.
De la misma época se pueden leer relatos de milagros en
los escritos rabínicos judíos y en la literatura griega. Apolonio de Tyano,
contemporáneo de Jesús, los hacia. En el santuario de Asclepiades, en
Epidauro también los había. Se cuentan curaciones, expulsiones de demonios,
resurrecciones, tempestades calmadas, etc., en ambientes judío y griego. Los
relatos de milagros de los evangelios están construidos, a veces, de manera
análuga a los que nos llegan de los escritores judíos o griegos. No se
pueden considerar todos estos relatos no cristianos como fábulas y los
evangélicos como una especie de actas. Es razonable admitir que ha habido
hechos, extraordinarios en cada uno de estos universos religiosos y que se
ha podido, aquí y allá, aumentar los -hechos para hacerlos más
significativos.
UNA BASE HISTÓRICA.
Si se estudian seriamente los evangelios y su contexto
histórico, es innegable que Jesús hizo milagros. Si no hubiera habido en el
origen hechos extraordinarios que admirasen a los contemporáneos de Jesús no
se habrían relatado estos episodios inauditos. Es preciso admitir al menos
una "base histórica" a la tradición que se desarrolla después. Por lo demás,
muchos de estos hechos no han podido ser "inventados" pasado ya el tiempo,
en particular los que dan lugar a discusión entre Jesús y sus adversarios.
En el momento mismo en que Jesús hacía "milagros" no se estaba de acuerdo
acerca de lo que representaban estos actos, y algunos los atribuían al
diablo. Este desacuerdo narrado por los evangelistas que no pudo ser
inventado, atestigua el valor histórico de estos relatos.
HOY Y EN EL PASADO.
Hoy nos es difícil mirar el milagro como podía hacerse en
el tiempo de Jesús. Nosotros vemos el mundo a través del saber científico y
técnico; los judíos lo veían ligado a Dios. El milagro es para nosotros una
derogación de las leyes de la naturaleza; para un judío era la interacción
normal de Dios en su creación. El milagro no era puesto ni en relación ni en
oposición con una visión científica del universo; tenía su lugar en una
visión religiosa del mismo.
Detalle revelador: para designar los milagros de Jesús,
los evangelistas no emplean jamás la palabra griega usual que designaba los
prodigios asombrosos (terata); emplean palabras que quieren decir "signos" (semeía)
o "actos de poder" ('dunarneis). La mirada va espontáneamente hacia Dios que
hace un signo y manifiesta su presencia activa.
Allí, donde nosotros vemos actualmente oposición entre un
"milagro" y el curso normal del mundo, los judíos veían una continuidad
armoniosa en la acción de Dios que crea el mundo y se manifiesta en él.
Para los contemporáneos de Jesús, el mundo estaba
dominado por Satán: las enfermedades, los pecados, la muerte estaban
ligados, como tantos signos de su presencia. En este contexto, los milagros
de Jesús tienen una significación precisa; "si yo expulso los demonios con
el poder de Dios, es que el Reino de Dios ha llegado a vosotros" (Lc. 11,
20). Los milagros muestran que Jesús tiene el poder de inaugurar la era
definitiva y el mundo nuevo.
3. CARACTERÍSTICAS DE LOS MILAGROS DE JESÚS.
Pero Jesús nunca hace prodigios espectaculares para
demostrar su poder y para asombrar. No busca el poder y la gloria a la
manera humana. Para comprender la significación de sus milagros hay que
fijarse en estos cuatro puntos:
1) Los milagros de Jesús cumplen los anuncios del
Antiguo Testamento: "Los ciegos ven, los cojos andan..."(Mt. 11, 5; ver
los oráculos de Isaías, 29, 28 y ss.; 35, 5 y ss.; 61, 1). Jesús hace la
obra de Dios.
2) Los milagros de Jesús no son pruebas irresistibles
de su misión o de su divinidad. Algunos los consideraban como obra del
diablo. El poder de Dios está mezclado en ellos con -todas las
ambigüedades de la vida. El milagro no viene a destruir la libertad de
los hombres. Al contrario sólo los que tienen fe en Jesús reconocen
milagros en estos hechos extraordinarios.
3) Los milagros de Jesús liberan a los hombres para
que puedan andar en "su seguimiento" y participar en el Reino. Los
discípulos no deberán contentarse con testimoniar por su palabra; podrán
también hacer signos milagrosos (Mc. 6, 7; Mt. 10, 1; Lc. 9. 1)
4) Los milagros de Jesús muestran que la salvación de
los hombres no es solamente "espiritual". Concierne al hombre entero,
incluido su cuerpo. Muestran que la salvación no es solamente
"individual": los enfermos curados, los leprosos purificados ya no son
unos marginados. Pueden volver a ocupar su puesto en la sociedad. La
salvación es colectiva, cambia las relaciones humanas.
Muestran, en fin, que la salvación anuncia el
porvenir de la humanidad. Los milagros nos lo dicen a su manera: la
condición actual de los hombres no permanecerá para siempre. Un día, las
enfermedades, la muerte, las divisiones sociales desaparecerán. Los
milagros son anticipaciones, resplandores: el alba del mundo de Dios.
Invitan a los hombres a ambicionar lo que actualmente parece imposible.
Son el estímulo concreto de la esperanza. A través de ellos, surge el
mundo nuevo.
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