La ira

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Ud. habrá oído hablar de la adición al alcohol, al juego, a la comida, a las drogas, a comprar cosas. Pues también hay personas que tienen adición a la ira. La ira es un estado emocional normal. Cuando a uno le pisan el pie, brinca. En ese caso la ira es un sentimiento normal, con ciertos límites.

Cristo se airó en el Templo, sintió ira, porque habían convertido la casa de Dios en cueva de ladrones. Cuando vinieron los niños a El y los apóstoles no les dejaron que se acercaran, el Señor se enojó. Esa es la ira normal, es una reacción normal.

Hay otro grado al cual puede llegar la ira que es lo que llamamos "la rabia", la furia. Ese es un grado muy grande de ira, la ira normal no lleva a la agresión . Puede ser una agresión de palabra, que tampoco está bien, pero la rabia es una forma muy fuerte de sentir ira. Es la más terrible y lleva a la violencia, a la agresión.

No hay que confundir ira o rabia con resentimiento. En el resentimiento hay su parte de ira también, que la persona va almacenando, en lugar de soltarla. Esta piensa en lo que le hicieron y lo va guardando. Por eso se llama resentimiento, pues significa volver a sentir. La ira va destruyendo a la persona que la siente, no al que causó el resentimiento. Esa persona ni se entera. La ira siempre lo destruye a uno y el odio es el proceso final del resentimiento. Es una ira congelada.

Hay personas adictas a la ira. ¿Cuándo se puede decir que una persona es adicta a la ira? Cuando no tiene control sobre la ira y ésta es algo crónico, compulsivo. Entonces esa persona es adicta a la ira.

Ejemplo de ira adictiva

He oído estas frases: "A mí me importan más mis sentimientos que tú" y "Yo sé que estuve abusando de ti, pero no puedo parar, no me puedo controlar." Una persona que no puede controlar su ira es adicta a la ira. Igual que el que está tomando, no puede controlarse. "Yo necesito mi ira más que a ti" dice la persona, lo cual significa que prefiere su ira a la esposa. Eso es una adicción. Como ya he dicho, la adicción a la ira tiene mucha relación con la adicción al alcohol y a las drogas.

Ningún adicto a la ira quiere admitir esa adicción. Es más fácil admitir que uno es adicto a una sustancia. Es un caso como el del abusador, no quiere admitir que está maltratando.

¿En qué se parecen la adicción a la ira y la adicción al alcohol? Puede haber, en ambos casos, una predisposición genética. De padres violentos, hijos violentos. Lo dice la Biblia, la violencia engendra violencia. Lo han dicho los Papas de la Iglesia Católica.

En los dos casos, la ira y el alcohol se utilizan como un mecanismo para resolver los problemas. Pero resulta que ni el alcohol ni otras drogas, ni la violencia, resuelven los problemas que hay en la familia o en la persona. Ese mecanismo llega a ser autodestructivo.

En el alcohólico hay un problema emocional, hay una baja autoestima. En el adicto abusador también hay una baja autoestima. ¿Cómo quiere el alcohólico solucionar el problema? Tomando. ¿Cómo quiere solucionar el abusador esa baja autoestima? Golpeando. Esas son las explosiones de ira. Momentáneamente descarga su ira, pero cuando se da cuenta vienen más problemas, más vergüenza, más culpabilidad, en el alcohólico y en el que golpea. Para quitar esa vergüenza, esa frustración, otra vez vuelve a tomar o a golpear. Por eso los abusadores y los borrachos o drogadictos utilizan esto como un mecanismo que los va a destruir a ellos y a otras personas.

Las dos adicciones tienen muchos componentes iguales. El alcohólico o drogadicto utiliza la negación igual que el que golpea o abusa. En el alcohólico hay lo que se llama la tolerancia y el que abusa, cada vez va abusando más y más. En las dos adicciones disminuye la autoestima de la persona. Si ya la tenía baja, disminuye todavía más. Ambas adicciones engendran vergüenza de sí mismo y en ambas la adicción puede ser provocada por la falta de autoestima. En las dos, también, el "yo" de la persona, queda totalmente destruido y en ambas adicciones, sobre todo lo que más se destruye son los sentimientos, la afectividad. Es la enfermedad de los sentimientos, en ambos casos.