Itinerarios de vida cristiana

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Itinerarios de vida cristiana

Recibí hace días unas palabras por Internet, palabras que estaban pintadas en una pared en la ciudad de Oklahoma, en el lugar donde se había producido un tiroteo:

-Dije: "Dios, me duele." Y Dios dijo: "Lo sé."

-Dije: "Dios, he llorado tanto..." Y Dios dijo: "Para eso es que te di lágrimas."

-Dije: "Dios, estoy tan deprimida..." Y Dios dijo: "Por eso es que te di el brillo del sol."

-Dije: "Dios, la vida es dura." Y Dios dijo: "Por eso es que te di a seres queridos."

-Dije: "Dios, mi ser más querido murió... " Y Dios dijo: "El mío también."

-Dije: "Dios, es una pérdida tan grande... " Y Dios dijo: "Vi al mío clavado en una cruz."

-Dije: "Dios, pero tu ser más querido vive... " Y Dios dijo: "El tuyo también."

-Dije: "Dios, duele." Y Dios dijo: "Lo sé."

¿No parece a veces que el dolor y la injusticia dominan la historia? He leído con gusto "Itinerarios de vida cristiana", nuevo libro de la colección Planeta+Testimonio sobre temas candentes de la Iglesia y el mundo contemporáneo que acaba de publicarse. Dice el autor, Javier Echevarría (obispo prelado del Opus Dei) que en el momento complejo y paradójico de este mundo en el que vivimos, junto a sombras innegables no faltan luces, pero por encima de todo no falta la presencia de Jesús, Dios con nosotros ("Enmanuel"), "dándonos la posibilidad de ser nosotros hijos de Dios: nunca agradecemos suficientemente este tesoro, que nos lleva a afrontar las diferentes circunstancias con optimismo sobrenatural".

Se abordan de modo atrayente las preguntas peliagudas sobre la vida cristiana en este inicio de milenio, de un modo profundo y vivencial. Se afronta la soledad existencial, el fruto amargo del egoísmo que padecen tantos en nuestra sociedad, porque analiza el autor qué sentido tiene el sufrimiento, yendo a la raíz de la vida cristiana, la señal del cristiano, es decir la paradoja de la cruz como reveladora del rostro de Jesús, como itinerario pascual, es decir como expresión del amor y camino de la gloria.

La Iglesia –en tiempo de Semana Santa lo vemos- canta la cruz, lo cual significa que el dolor no cancela la alegría, si se vive unido a la entrega de Jesús por nuestra salvación. La alegría no está opuesta al dolor sino más bien se agosta por el egoísmo del pecado, por el olvido de amar a Dios y al prójimo. El egoísmo es el mal de nuestro tiempo, junto con la falta de arrepentimiento (el resentimiento, el odio interior, las heridas mal curadas). Quien vive dominado por un ambiente donde lo principal es el culto de la buena imagen, del éxito, del poder, se deprime ante un fracaso, ante un traspiés económico, incluso ante unas arrugas en la cara. La alegría no va ligada a la impecabilidad, sino a la disposición para pedir perdón y arrepentirnos. La alegría verdadera es la del hijo pródigo (quien sabe pedir perdón, ser humilde y volver a comenzar). Por eso –sigue diciendo el autor- “cada vez comprendo mejor que el Beato Josemaría Escrivá llamara al sacramento de la penitencia el sacramento de la alegría”.

No es la vida un absurdo ni el cristianismo una utopía. Este libro contiene un canto de la llamada de todos a la perfección en el amor (santidad), de la mano del fundador de esta institución, el Beato J. Escrivá, cuya doctrina ilumina y da vida las diversas consideraciones que –lejos de ser teóricas- son vivencias profundas, y llevan a un mejoramiento de la vida cristiana. Hoy no se valoran las teorías, sino los modelos, los testimonios, y sobre todo la experiencia personal que no obliga, que se muestra simplemente. El otro día escuchaba una tertulia de radio; decía uno que la honestidad tiene que llevar al cristiano a ser coherente confesando a Cristo sin respetos humanos, y si existe en nuestra sociedad una actitud de rechazo hacia temas de carácter religioso, habrá que cambiarla creando un clima de libertad. Pienso que sí, que tenemos una “bruja” en el mundo de hoy que se llama miedo a hablar de Dios: el silencio de Dios en los medios de comunicación, cosa extraña si más de un 90% acreditan tener fe.

Hay muchos que se consideran poseedores de la verdad, “objetivos”, y hacen la vida imposible a los que piensan de distinta manera. Jesús ha sido y es signo de contradicción. "Cuando los Apóstoles recibieron el Espíritu Santo, superaron el miedo para anunciar a Cristo, pero enseguida 'los objetivos' los tomaron como borrachos, fueron encarcelados y después ya sabemos cómo acabaron, aunque siempre fueron hombres felices. Y así a lo largo de los siglos. La novedad cristiana chocará siempre, pero este choque puede y debe ser un revulsivo que genere amor, humanice al hombre, le abra nuevas perspectivas, lo libere". Quizá la idea central de esta obra es la proclamación del “sentido de filiación divina”. Sentirse hijo de Dios que tiene como formas de expresión la alegría y el amor a la libertad: que “cada caminante siga su camino”, pues cada uno ha de encontrar su “itinerario” personal, ya que personal es el encuentro de cada alma con Jesús...

El libro describe algunos puntos centrales de ese caminar. Las fuentes de la existencia cristiana constituyen el arranque (amor del Padre, Hijo y Espíritu Santo, Iglesia y la Santísima Virgen) donde se ve que la religión no es un esfuerzo titánico de lucha por cumplir unas obligaciones, o renunciar a cosas o una lista de prohibiciones, sino que es más bien una donación de amor que Dios hace al hombre, quien se da como respuesta en un seguimiento de Jesús, Dios encarnado, y por el Espíritu Santo va a la casa del Padre. De este arranque trinitario el libro pasa a hablar del “camino del encuentro con Dios”: la conversión de lo malo (pecado), y la lucha por un mejoramiento hacia una semejanza más perfecta del modelo que es Cristo, sobre todo a través de la oración (hablar con Dios) y sacramentos (profundizar en el Bautismo, Penitencia, Eucaristía...).

La última parte, “Con Cristo, en la historia” es la proyección social de esta existencia que da un modo nuevo de vivir en la tierra, con “vibración de eternidad”, es decir con la mirada en el cielo, mientras hace su trabajo por amor, se da en la familia, y sirve en la vida cívica construyendo un mundo mejor.