Jenaro Sanchez Delgadillo


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Jenaro Sánchez Delgadillo

(1886-1927)
Sacerdote

Nació el 19 de diciembre de 1886 en Agualele, Jal. (México), cerca se Zapopan. Sus padres fueron Cristóbal Sánchez y Julia Delgadillo que en el pueblo gozaban de gran estima. Fue becado del colegio del Espíritu Santo en Guadalajara; terminada la primaria ingresó en el seminario de Guadalajara, siendo ordenado sacerdote el 20 de agosto de 1911. Ejerció el ministerio en las siguientes parroquias: Nochistlán, Zacoalco de las Torres, San Marcos, Cocula, Tecolotlán y Tamazulita, a donde llegó en el año 1923, acompañado de sus padres. Se sintió impotente para desempeñar el ministerio sacerdotal por las leyes persecutorias del gobierno de Calles y lloró cuando se ordenó cerrar templos e iglesias. Ya había sido encarcelado por leer en la iglesia parroquial de Zacoalco la carta pastoral de su obispo que protestaba contra las leyes persecutorias hacia la iglesia. Suspendido el culto ejerció el ministerio sacerdotal a escondidas, en casas particulares y las afueras del pueblo, custodiando las hostias consagradas. Decidió nunca abandonar a sus feligreses. En varias ocasiones comentó: En esta persecución van a morir muchos sacerdotes y tal vez yo sea uno de los primeros. El 17 de enero de 1927 fue de cacería con un grupo de vecinos. Vivía entonces en el rancho La Cañada. Ahí estaban los soldados esperándolo. Los compañeros le aconsejaron huir. Él les dijo: Vamos bajando todos. Si no me conocen ya me salvé, si me conocen me ahorcarán sin remedio, pero a ustedes nada les pasará, fuera del susto. Yo tengo esa confianza en Dios. Al llegar al rancho los arrestaron a todos. Al padre lo ataron de espaldas a Agustín Chavarín. En Tecolotlán el capitán Arnulfo Díaz mandó soltar a todos, menos al sacerdote. El día 17, cerca de la media noche, llevaron al padre a las afueras de Tecolotlán, a un cerrito llamado La Loma o Cruz Verde, donde había un mezquite. A escasos diez metros del mezquite había una casa donde vivía la señora Jovita García quien fue testigo de los hechos. Los soldados rodearon al padre y le pusieron una soga al cuello. Bueno paisanos, me van a colgar, dijo; yo les perdono y que mi Padre Dios también les perdone, y siempre que viva Cristo Rey. Los soldados jalaron la cuerda con violencia de manera que la cabeza del padre chocó contra la rama del árbol y, abandonado el cadáver, le dijeron a un hombre que vivía en la casa vecina: Te encargamos a ese amigo que está allá colgado; si alguien lo baja, a ti te pasará lo mismo. El cuerpo quedó ahí hasta la madrugada en que vinieron los soldados y lo tiraron al suelo, dejándolo