Jesús y María en la oración

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Jesús y María en la oración

El Concilio Vaticano II trajo, entre otras cosas, un fuerte impulso al Cristocentrismo, es decir, poner al centro de la vida, de la liturgia, de la catequesis, de la evangelización y de la misma teología la figura, vida y palabra de Cristo. Esto ha traído en algunos círculos, un rechazo o una falta de amor a María Santísima. Entre las frases que a veces escuchamos, muy fuertemente acentuada en los círculos con más relación con los hermanos separados, es: "Para que voy a rezarle a María, si el único Dios es Jesús, y él nos dijo que 'todo lo que pidiéramos en su nombre él nos lo daría'. María no es Dios". Por supuesto que no es Dios y haríamos muy mal en no dirigir nuestra oración a Jesús, ya que no hay otro nombre por el cual podamos alcanzar la salvación. Dios en su infinita bondad nos dará, por medio de Jesucristo, único mediador, todo lo que sea bueno para nosotros (esto dentro del misterio de la voluntad de Dios y de la oración que en sí misma es un misterio). Pero, supongamos por un momento que esa gracia Dios nos la dará dentro de un año… pues para él no existe el tiempo.