Karate Kid 2010

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Dirigida por Harald Zwart

Protagonizada por Jackie Chan y Jaden Smith, hijo del famoso actor Will Smith.

Para quienes tienen cierta resistencia y prejuicio hacia las películas “rehechas”, mejor conocidas como “refritos”, les puedo decir que Karate Kid 2010 no es el caso de las películas que decepcionan. Se trata de un esfuerzo muy bien logrado que aunque nos cuenta una historia conocida, tiene personalidad propia y aporta elementos originales y emocionantes  en su nueva versión.

Situada en Pekín, China, esta cinta nos relata la nueva vida de Dreu Parker y su madre, quienes han llegado de Detroit por un cambio de carrera de ella.

Con apenas 12 años de edad, Dreu debe enfrentar el  complejo proceso de adaptación a su nueva vida, que pese al esfuerzo de optimismo de su madre, a él no le resuelve los conflictos con los que se ha encontrado.

Dreu enfrenta un problema que en la actualidad lamentablemente se ha extendido ampliamente entre niños y adolescentes: el bulling o acoso entre compañeros de clase. El bulling es esa terrible condición de maltrato psicológico, verbal o físico que pretende conseguir la intimidación de un compañero de clase para mantenerlo en situación de víctima. Una forma de violencia muy común en la actualidad, que tiene los mismos rasgos deformados de la tortura y abuso de poder y que vulneran al agredido y le orillan a vivir en una condición de tristeza, miedo y soledad permanentes.

Sin tener amigos, ni una figura paterna, ni de confianza a quien confiarle los conflictos que atraviesa, Dreu quiere arreglar las cosas por su propia cuenta, pero sólo consigue que se compliquen aun más.

Es entonces cuando  conoce al Sr. Han, el encargado de intendencia y  maestro de Kung Fu, en secreto, quien le enseñará mucho más que una disciplina para defenderse. Dreu aprenderá que la verdadera lucha que hay que superar es el dominio de uno mismo.

El valor de la amistad es también una lección que está presente a lo largo de la historia. Tal vez un dato forzado e inconveniente en esta cinta, es intentar convertir la amistad incondicional de los niños protagonistas, en una historia de amor que no tiene lugar en su corta edad.

Con algunos elementos coloridos de la espectacular cultura china, esta historia de aspiraciones, retos personales y nuevas amistades, muestra con entusiasmo que no es el exterior lo que debe cambiar para que encontremos el rumbo, sino que es el interior de nosotros mismos  lo que debe equilibrarse, en donde se resuelven los miedos y de donde surge la auténtica fuerza y la nobleza que le dan valor a la vida.

“No son los problemas, sino el miedo a ellos lo que muchas veces nos impide vivir. Ni los acontecimientos externos son lo que nos proporcionan seguridad y alegría… las puertas de la felicidad se abren siempre de adentro hacia afuera”.