La Auténtica Renovación

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La Auténtica Renovación

La lectura del Evangelio de San Mateo nos hace reflexionar en alguien que, después de mucho tiempo, vuelve a vivir según Dios Nuestro Señor. Sin embargo, nos podría suceder que al reflexionar sobre la oveja perdida, perdiéramos la verdadera esencia de este regreso. A todos nos puede llamar la atención cuando una persona que vivió durante mucho tiempo alejada de Dios, de pronto decide regresar debido a una enfermedad, un dolor, una pena, un consejo; y podríamos perder de vista que aunque es considerable el mérito de quien decide regresar, es mucho más el mérito de quien hace regresar. Quien hace regresar es Dios; Él es el único que lo puede lograr. Y es que la renovación de espíritu, la auténtica transformación del alma, no se produce por el hecho de que nuestra voluntad o nuestra libertad lo decida. Cuántas veces nuestra libertad es tan débil que no es capaz de decir «sí» a Dios, cuando nos damos cuenta de lo que Él nos está pidiendo.

El primer actor de todo regreso es Dios que, como dice un salmo: "viene a renovar el mundo". Y Nuestro Señor no lo hace dándonos cosas diferentes a las que hemos conocido, no lo hace permitiéndonos encontrarnos con situaciones distintas de las que hemos tenido. Dios viene a renovar el mundo con su persona. La auténtica renovación del mundo no es que cambien las situaciones, sino que Dios esté más presente. La auténtica renovación del mundo no es que las circunstancias sean diferentes, sino que Cristo esté dentro de los corazones de los hombres.

Es en esto en lo que todos tenemos que insistir si pretendemos cambiar, si queremos transformarnos, si deseamos ser diferentes, si anhelamos que nuestra familia, nuestra vida y nuestra sociedad sean distintas. Podremos hacer mil obras, mil apostolados, tener mil actividades y realizar mil cosas, pero de nada sirve si Dios no está presente en nuestros corazones, si no nos atrevemos a gritar como el Profeta Isaías: "Aquí está su Dios. Aquí llega el Señor, lleno de poder, el que con su brazo lo domina todo".

La auténtica renovación es introducir a Dios en los corazones. En este Adviento sepamos hacerlo en nuestra existencia, dejando que el Buen Pastor nos cargue, nos lleve en sus hombros por donde Él quiere. Permitámosle a Dios entrar en la ciudad de nuestra vida para encontrarse con nosotros, porque entonces, estaremos cambiando el mundo y lo estaremos regresado al redil de la renovación, al lugar donde se está con Dios, donde se vuelve a tener el alma cerca de Él. Hagamos esto de la única forma que se puede hacer: a través de la oración y del testimonio de vida cristiana. Si hay estas dos cosas, aunque haya dificultades y problemas tendremos la certeza de que el Señor va a estar siempre a nuestro lado acompañándonos.

Pidámosle a Jesucristo que nos conceda la gracia de renovarnos de la única manera que el tiempo no agota, que la edad no hace pasar, que las distancias no separan: con la presencia de Dios, el único que puede cargarnos en sus hombros y hacernos regresar con Él.

Que ésta sea una plegaria por nosotros, pero también por todas aquellas personas que, a lo mejor, cerca o lejos de nosotros, todavía no han sabido subirse a los hombros del Señor para que el Buen Pastor los lleve otra vez a su redil.

Isaías: 40, 1-11
San Mateo: 18, 12-14