La lección comunicativa del Papa

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Los expertos dicen que en las situaciones de crisis hay que tener presente lo que ocurre y ha ocurrido en la realidad (los hechos), y la percepción que la gente tiene de los que ocurre o ha ocurrido (lo que publican los medios). La acción comunicativa se dirige a los dos niveles. Esto provoca que a veces se tomen iniciativas, se hagan declaraciones, gestos, etc. pensando solo en el nivel mediático. No hay que extrañarse de que, en ocasiones, esas medidas puedan aparecer a algunos un poco “falsas”, pensadas para la galería. Evidentemente, una comunicación bien llevada pide que también esas acciones sean verdaderas y no solo cosméticas.

Las iniciativas de ese segundo nivel no son, por tanto, negativas, al contrario: Juan Pablo II era un maestro en ese tipo de gestos. Pero eran gestos espontáneos, sinceros, que nunca usó (que yo recuerde) como atajo para contrarrestar las críticas a su persona. Durante estas semanas, no han faltado presiones para que Benedicto XVI actuara en ese segundo nivel para salir al paso de la "crisis mediática" en torno a los abusos de menores. Se le pedía que llevara a cabo alguna acción llamativa, como podría ser un “mea culpa” personal o algo así. El Papa no ha caído en esa trampa.

Contrariamente a lo que podrían pensar algunos, me parece que la acción del Papa está siendo impecable en este sentido. Como escribí a propósito de la carta a los católicos de Irlanda, resulta evidente que el Papa sigue una línea pastoral, no “táctica”. Posiblemente pueda mejorar la maquinaria comunicativa de la Santa Sede, pero el Papa está en su sitio: está dando la cara, interesándose por el dolor de las personas y poniendo los medios a su alcance para que esos crímenes no se vuelvan a repetir. Es decir, está más concentrado en el primer nivel: resolver el problema. Toca a los demás traducir eso al segundo nivel: hacer que se entienda y valore lo que está haciendo.