Lecturas 6º Domingo Ordinario, 12 de Febrero 2012


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DOMINGO 12
VI DOMINGO ORDINARIO.
Santos: Julián "el Hospitalario" penitente; Eulalia de Barcelona, mártir; Umbelina de Claraval, monja. (Verde)
QUIERO, QUEDA LIMPIO
Lv 13, 1-2. 44-46; 1 Co 10, 31-11, 1; Mc 1, 40-45
Los relatos que escuchamos en esta ocasión se asemejan entre sí por el tema que comparten: el cuerpo y la enfermedad. La atención del libro del Levítico se concentra en torno de la descripción de las afecciones de la piel que inhabilitaban a los israelitas para participar en las celebraciones y en las actividades cotidianas de la comunidad. Un leproso era considerado una amenaza para el bienestar de la comunidad y por tanto, debía alertar a los demás de su presencia Las medidas preventivas se multiplicaban en su contra: cuanto ellos tocaran quedaría impuro. El breve relato del Evangelio de san Marcos nos presentan de forma concisa el encuentro de Jesús con el leproso: "Él extendió la mano y lo tocó". Jesús rompe con las convenciones sociales y religiosas vigentes y se aproxima sin dudarlo hacia el hombre marginal. Jesús lo sana y le ordena reivindicar su derecho a integrarse en la comunidad de Israel.
ANTÍFONA DE ENTRADA (Sal 30, 3-4)
Sírveme de defensa, Dios mío, de roca y fortaleza salvadoras; y pues eres mi baluarte y mi refugio, acompáñame y guíame.
ORACIÓN COLECTA
Señor nuestro, que prometiste venir y hacer tu morada en los corazones rectos y sinceros, concédenos la rectitud y sinceridad de vida que nos hagan dignos de esa presencia tuya. Por nuestro Señor Jesucristo...
LITURGIA DE LA PALABRA
El leproso vivirá solo, fuera del campamento.
Del libro del Levítico: 13, 1-2. 44-46
El Señor dijo a Moisés y a Aarón: "Cuando alguno tenga en su carne una o varias manchas escamosas o una mancha blanca y brillante, síntomas de la lepra, será llevado ante el sacerdote Aarón o ante cualquiera de sus hijos sacerdotes. Se trata de un leproso, y el sacerdote lo declarará impuro. El que haya sido declarado enfermo de lepra, traerá la ropa descosida, la cabeza descubierta, se cubrirá la boca e irá gritando: `¡Estoy contaminado! ¡Soy impuro!'. Mientras le dure la lepra, seguirá impuro y vivirá solo, fuera del campamento". Palabra de Dios. Te alabamos, Señor.
Del salmo 31 R/. Perdona, Señor, nuestros pecados.
Dichoso aquel que ha sido absuelto de su culpa y su pecado. Dichoso aquel en el que Dios no encuentra ni delito ni engaño. R/.
Ante el Señor reconocí mi culpa, no oculté mi pecado. Te confesé, Señor, mi gran delito y tú me has perdonado. R/.
Alégrense con el Señor y regocíjense los justos todos, y todos los hombres de corazón sincero canten de gozo. R/.
Sean imitadores míos como yo lo soy de Cristo.
De la primera carta del apóstol san Pablo a los corintios: 10, 31-11, 1
Hermanos: Todo lo que hagan ustedes, sea comer, o beber, o cualquier otra cosa, háganlo todo para gloria de Dios. No den motivo de escándalo ni a los judíos, ni a los paganos, ni a la comunidad cristiana. Por mi parte, yo procuro dar gusto a todos en todo, sin buscar mi propio interés, sino el de los demás, para que se salven. Sean, pues, imitadores míos, como yo lo soy de Cristo. Palabra de Dios. Te alabamos, Señor.
ACLAMACIÓN (Lc 7, 16) R/. Aleluya, aleluya.
Un gran profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo. R/.
Se le quitó la lepra y quedó limpio.
Del santo Evangelio según son Marcos: 1, 40-45
En aquel tiempo, se le acercó a Jesús un leproso para suplicarle de rodillas: "Si tú quieres, puedes curarme". Jesús se compadeció de él, y extendiendo la mano, lo tocó y le dijo: "¡Sí quiero: sana!". Inmediatamente se le quitó la lepra y quedó limpio.
Al despedirlo, Jesús le mandó con severidad: "No se lo cuentes a nadie; pero para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo prescrito por Moisés".
Pero aquel hombre comenzó a divulgar tanto el hecho, que Jesús no podía ya entrar abiertamente en la ciudad, sino que se quedaba fuera, en lugares solitarios, a donde acudían a Él de todas partes. Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.
Credo
PLEGARIA UNIVERSAL
Presentemos al Padre nuestras plegarias, por nosotros y por el mundo entero.
Después de cada petición diremos:
Escúchanos, Padre.
Oremos por la Iglesia, por todos los cristianos. Que con nuestra forma de actuar seamos portadores del amor de Dios hacia los que sufren. Oremos.
Oremos por nuestro mundo, por nuestra sociedad. Que en esta situación de crisis económica que estamos viviendo, nuestros gobernantes trabajen de verdad para que desaparezcan la pobreza, el hambre y la explotación de los débiles. Oremos.
Oremos por todos los enfermos que sufren, en el cuerpo o en el espíritu. Que sientan siempre muy cercana la fuerza de Dios, que no los abandona, así como nuestro cuidado y atención. Oremos.
Oremos por nosotros, los que hoy nos hemos reunido aquí para celebrar la Eucaristía. Que vivamos muy a fondo, y sepamos transmitir a los demás, el anhelo de un mundo justo, fraterno, en el que toda persona pueda vivir dignamente. Oremos
Escúchanos, Padre de todos. Tú amas con especial amor a los pobres y a los enfermos. Enséñanos, Padre, a ser como tú. Por Jesucristo, nuestro Señor.
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Que este sacrificio, Señor, que vamos a ofrecerte, nos purifique, nos renueve y nos ayude a obtener la recompensa eterna, prometida a quienes cumplen tu voluntad. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Prefacio para los domingos del Tiempo Ordinario.
ANTIFONA DE LA COMUNIÓN (Jn 3, 16)
Tanto amó Dios al mundo, que le dio a su Hijo único para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga la vida eterna.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Señor, aviva cada vez más en nosotros el deseo de recibir este pan eucarístico, por medio del cual nos comunicas tú la vida verdadera. Por Jesucristo, nuestro Señor.
UNA REFLEXIÓN PARA NUESTRO TIEMPO.-Detrás de estos pasajes sobre la lepra y los leprosos, encontramos el asunto del bienestar personal y del interés general. La sociedad marca sus fronteras y establece unos criterios para delimitar los valores y las conductas que preservan el bienestar general. El Señor Jesús creció dentro de una sociedad que imponía reglas y ordenamientos estrechos para defender su identidad y preservar un orden social. En el principio dicho orden aseguraba unos valores legítimos, pero posteriormente se fue convirtiendo en un sistema que legitimaba la discriminación hacia las personas más vulnerables. Dicha discriminación se justificaba en el nombre de Dios. Cabe resaltar que el Señor Jesús invirtió la escala de valores y promovió una convivencia incluyente y solidaria. Los seguidores de Jesús tenemos un referente claro y seguro: el Padre de Jesús nos manifiesta su compasión y defiende los derechos y la dignidad de los más desprotegidos.