Lecturas del Domingo 11 de Octubre de 2009


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DOMINGO 11 

Santos: Nicasio de Rouen y compañero, mártires. Beatos: Elías del Socorro Nieves del Castillo, mártir y Juan XXIII, Papa. (Verde)

ANTÍFONA DE ENTRADA (Sal 129, 3-4)

Si conservaras el recuerdo de nuestras faltas, ¿quién habría, Señor, que se salvara? Pero tú, Dios de Israel, eres Dios de perdón.

Se dice Gloria

ORACIÓN COLECTA

Te pedimos, Señor, que tu gracia nos inspire y acompañe siempre para que podamos descubrirte en todos y amarte y servirte en cada uno. Por nuestro Señor Jesucristo...

LITURGIA DE LA PALABRA

Lectura del libro de la Sabiduría: 7, 7-11

Supliqué y se me concedió la prudencia; invoqué y vino sobre mí el espíritu de sabiduría. La preferí a los cetros y a los tronos, y en comparación con ella tuve en nada la riqueza. No se puede comparar con la piedra más preciosa, porque todo el oro, junto a ella, es un poco de arena y la plata es como lodo en su presencia.

La tuve en más que la salud y la belleza; la preferí a la luz, porque su resplandor nunca se apaga. Todos los bienes me vinieron con ella; sus manos me trajeron riquezas incontables. Palabra de Dios. Te alabamos, Señor.

El autor de este texto sapiencial nos comparte su experiencia. Él se decide por el más precioso y fructífero de todos los bienes: la sabiduría, don incomparable que Dios concede a los humildes.

Del salmo 89 R/. Sácianos, Señor, de tu misericordia.

Enséñanos a ver lo que es la vida, y seremos sensatos. ¿Hasta cuándo, Señor, vas a tener compasión de tus siervos? ¿Hasta cuándo? R/.

Llénanos de tu amor por la mañana y júbilo será la vida toda. Alégranos ahora por los días y los años de males y congojas. R/.

Haz, Señor, que tus siervos y sus hijos puedan mirar tus obras y tu gloria. Que el Señor bondadoso nos ayude y dé prosperidad a nuestras obras. R/.

Lectura de la carta a los hebreos: 4, 12-13

Hermanos. La palabra de Dios es viva, eficaz y más penetrante que una espada de dos filos. Llega hasta lo más íntimo del alma, hasta la médula de los huesos y descubre los pensamientos e intenciones del corazón. Toda creatura es transparente para ella. Todo queda al desnudo y al descubierto ante los ojos de aquel a quien debemos rendir cuentas. Palabra de Dios. T. Te alabamos, Señor.

La Palabra de Dios no puede ser silenciada ni amordazada. Quien pretende suavizar y manejar caprichosamente la palabra santa, queda expuesto a su crítica implacable.

ACLAMACIÓN (Mt 5, 3) R/. Aleluya, aleluya.

Dichosos los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos. R/.

Lectura (Proclamación) del santo Evangelio según san Marcos: 10,17-30

En aquel tiempo, cuando salía Jesús al camino, se le acercó corriendo un hombre, se arrodilló ante Él y le preguntó: "Maestro bueno, ¿qué debo hacer para alcanzar la vida eterna?". Jesús le contestó: "¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno sino sólo Dios. Ya sabes los mandamientos: No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no levantarás falso testimonio, no cometerás fraudes, honrarás a tu padre y a tu madre".

Entonces él le contestó: "Maestro, todo eso lo he cumplido desde muy joven". Jesús lo miró con amor y le dijo: "Sólo una cosa te falta: Ve y vende lo que tienes, da el dinero a los pobres y así tendrás un tesoro en los cielos. Después, ven y sígueme". Pero al oír estas palabras, el hombre se entristeció y se fue apesadumbrado, porque tenía muchos bienes.

Jesús, mirando a su alrededor, dijo entonces a sus discípulos: "¡Qué difícil les va a ser a los ricos entrar en el Reino de Dios!". Los discípulos quedaron sorprendidos ante estas palabras; pero Jesús insistió: "Hijitos, ¡qué difícil es para los que confían en las riquezas, entrar en el Reino de Dios! Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el Reino de Dios".

Ellos se asombraron todavía más y comentaban entre sí: "Entonces, ¿quién puede salvarse?". Jesús, mirándolos fijamente, les dijo: "Es imposible para los hombres, mas no para Dios. Para Dios todo es posible".

Entonces Pedro le dijo a Jesús: "Señor, ya ves que nosotros lo hemos dejado todo para seguirte".

Jesús le respondió: "Yo les aseguro: Nadie que haya dejado casa, o hermanos o hermanas, o padre o madre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, dejará de recibir, en esta vida, el ciento por uno en casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y tierras, junto con persecuciones, y en el otro mundo, la vida eterna". Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.

El relato del rico es de sobra conocido. Es un espejo que retrata de forma transparente nuestra idolatría hacia las riquezas. Quien conoce a Dios no deja monetarizar su corazón.

Credo

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Acepta, Señor, nuestras ofrendas y concédenos que esta Eucaristía nos ayude a conseguir la gloria del cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio para los domingos del Tiempo ordinario.

ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN (Sal 33, 11)

Los que buscan riquezas, sufren pobreza y hambre; los que buscan al Señor, no carecen de nada.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Te pedimos, Señor, humildemente, que el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo que hemos recibido en alimento, nos comuniquen su misma vida. Por Jesucristo, nuestro Señor.

UNA REFLEXIÓN PARA NUESTRO TIEMPO.- Si repasamos los relatos evangélicos nos daremos cuenta de que la disyuntiva más directa que Jesús nos plantea es la de elegir entre Dios y el dinero. No existen los equilibrios ni los acomodos. O vivimos al servicio de Dios y aprendemos a vivir con sencillez y confianza, o vivimos al servicio del dinero y pasamos el tiempo haciendo cálculos, sumas y restas que agrietan nuestra confianza en Dios. Vivimos una cultura que ha mercantilizado instituciones y realidades que deberían quedar inmunes al poder corruptor del dinero. Es un callejón sin salida. No es posible seguir adorando al bienestar económico como si fuera el supremo bien. El retorno a una espiritualidad de la confianza en Dios, de la sencillez y el consumo moderado nos permitirá recuperar la libertad perdida, a la vez que nos conducirá hacia un desarrollo sustentable y a una relación amorosa con este enorme universo que Dios creó como algo "muy bueno".