Lecturas del Domingo 19 de Abril de 2009


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Lecturas del Domingo 19 de Abril de 2009

II DOMINGO DE PASCUA O DE LA DIVINA MISERICORDIA 

Santos: Emma de Bremen, viuda; Conrado de Ascoli, presbítero, y León IX, papa. (Blanco)

ANTÍFONA DE ENTRADA (4 Esd 2, 36-37) 

Abran su corazón con alegría, y den gracias a Dios, que los ha llamado al Reino de los cielos. Aleluya. 

ORACIÓN COLECTA 

Dios de eterna misericordia, que reavivas la fe de tu pueblo con la celebración anual de las fiestas pascuales, aumenta en nosotros tu gracia, para que comprendamos a fondo la inestimable riqueza del bautismo que nos ha purificado, del Espíritu que nos ha dado una vida nueva y de la Sangre que nos ha redimido. Por nuestro Señor Jesucristo... 

LITURGIA DE LA PALABRA 

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles: 4, 32-35 

La multitud de los que habían creído tenía un solo corazón y una sola alma; todo lo poseían en común y nadie consideraba suyo nada de lo que tenía. 

Con grandes muestras de poder, los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús y todos gozaban de gran estimación entre el pueblo. Ninguno pasaba necesidad, pues los que poseían terrenos o casas, los vendían, llevaban el dinero y lo ponían a disposición de los apóstoles, y luego se distribuía según lo que necesitaba cada uno. Palabra de Dios. Te alabamos, Señor. 

El camino cristiano no es sólo un conjunto de creencias, es una vivencia que tiene repercusiones totales. La comunión espiritual se prolonga en una solidaridad eficaz. 

Del salmo 117 R/. La misericordia del Señor es eterna. Aleluya. 

Diga la casa de Israel: "Su misericordia es eterna". Diga la casa de Aarón: "Su misericordia es eterna". Digan los que temen al Señor: "Su misericordia es eterna". R/. 

La diestra del Señor es poderosa, la diestra del Señor es nuestro orgullo. No moriré, continuaré viviendo para contar lo que el Señor ha hecho. Me castigó, me castigó el Señor; pero no me abandonó a la muerte. R/. 

La piedra que desecharon los constructores, es ahora la piedra angular. Esto es obra de la mano del Señor, es un milagro patente. Éste es el día del triunfo del Señor, día de júbilo y de gozo. R/. 

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan: 5,1-6 

Queridos hijos: Todo el que cree que Jesús es el Mesías, ha nacido de Dios; todo el que ama a un padre, ama también a los hijos de éste. Conocemos que amamos a los hijos de Dios en que amamos a Dios y cumplimos sus mandamientos, pues el amor de Dios consiste en que cumplamos sus preceptos. Y sus mandamientos no son pesados, porque todo el que ha nacido de Dios vence al mundo. Y nuestra fe es la que nos ha dado la victoria sobre el mundo. Porque, ¿quién es el que vence al mundo? Sólo el que cree que Jesús es el Hijo de Dios. 

Jesucristo es el que vino por medio del agua y de la sangre; Él vino, no sólo con agua, sino con agua y con sangre. Y el Espíritu es el que da testimonio, porque el Espíritu es la verdad. Palabra de Dios. Te alabamos, Señor. 

El mundo, entendido como un sistema de valor e intereses centrados en el beneficio propio, nos seduce y atrae. Quien renace de Dios logra sobreponerse a la seducción del mundo. 

Secuencia opcional 

ACLAMACIÓN (Jn 20, 29) R/. Aleluya, aleluya. 

Tomas, tú crees porque me has visto. Dichosos los que creen sin haberme visto, dice el Señor. R/. 

Lectura (Proclamación) del santo Evangelio según san Juan: 20,19-31 

Al anochecer del día de la resurrección, estando cerradas las puertas de la casa donde se hallaban los discípulos, por miedo a los judíos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: "La paz esté con ustedes". Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Cuando los discípulos vieron al Señor, se llenaron de alegría. 

De nuevo les dijo Jesús: "La paz esté con ustedes. Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo". Después de decir esto, sopló sobre ellos y les dijo: "Reciban el Espíritu Santo. A los que les perdonen los pecados, les quedarán perdonados; y a los que no se los perdonen, les quedarán sin perdonar". 

Tomás, uno de los Doce, a quien llamaban el Gemelo, no estaba con ellos cuando vino Jesús, y los otros discípulos le decían: "Hemos visto al Señor". Pero él les contestó: "Si no veo en sus manos la señal de los clavos y si no meto mi dedo en los agujeros de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré". 

Ocho días después, estaban reunidos los discípulos a puerta cerrada y Tomás estaba con ellos. Jesús se presentó de nuevo en medio de ellos y les dijo: "La paz esté con ustedes". Luego le dijo a Tomás: "Aquí están mis manos; acerca tu dedo. Trae acá tu mano, métela en mi costado y no sigas dudando, sino cree". Tomás le respondió: 

"¡Señor mío y Dios mío!". Jesús añadió: "Tú crees porque me has visto; dichosos los que creen sin haber visto”. 

Otros muchos signos hizo Jesús en presencia de sus discípulos, pero no están escritos en este libro. Se escribieron éstos para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengan vida en su nombre. Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús. 

Los primeros testigos del resucitado nos comparten sus experiencias. La vitalidad de su testimonio anima a muchos otros a creer en Jesús. El testimonio conduce a la fe plena. 

Credo 

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS 

Recibe, Señor, las ofrendas que (Junto con los recién bautizados) te presentamos; tú que nos llamaste a la fe y nos has hecho renacer por el bautismo, guíanos a la felicidad eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor. 

Prefacio I de Pascua 

ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN (cfr. Jn 20, 27) 

Jesús dijo a Tomás: acerca tu mano, toca las cicatrices dejadas por los clavos y no seas incrédulo, sino creyente. Aleluya. 

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN 

Concédenos, Dios todopoderoso, que la gracia recibida en este sacramento nos impulse siempre a servirte mejor. Por Jesucristo, nuestro Señor. 

UNA REFLEXIÓN PARA NUESTRO TIEMPO.- Ni los discursos ampulosos ni las arengas espirituales han despertado la fe. El testimonio amoroso y decidido de numerosos cristianos y testigos coherentes es el que ha facilitado el camino de la conversión. La compasión, la mansedumbre y la entrega total de los primeros evangelizadores franciscanos que llegaron a nuestro país se convirtió en el auxilio indispensable para que muchos hombres y mujeres indígenas profesaran la fe cristiana. Dios nos habla siempre a través de las palabras y señales que nos comparten nuestros hermanos. El mayor tesoro y la mejor herencia que podemos compartir con nuestros hijos es una fe vivida en toda su plenitud.