Lecturas del Miércoles 29 de Julio de 2009


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MIÉRCOLES 29 

Santos: Marta de Betania, laica y Urbano II, Papa. Beato Luis Bertrán Exarch y compañeros, mártires. Memoria (Blanco) 

ANTÍFONA DE ENTRADA (Lc 10, 38) 

Cuando Jesús llegó a Betania una mujer, llamada Marta, lo recibió en su casa. 

ORACIÓN COLECTA 

Dios nuestro, que concediste a santa Marta el privilegio de hospedar y servir en su casa a tu Hijo, Jesucristo, concédenos, por su intercesión, no cerrar nunca nuestras puertas a los que nos necesitan, y ser recibidos por ti en tu casa del cielo. Por nuestro Señor Jesucristo... 

LITURGIA DE LA PALABRA 

Lectura del libro del Éxodo: 34, 29-35 

Cuando Moisés bajó del monte Sinaí con las dos tablas de la alianza en las manos, no sabía que tenía el rostro resplandeciente por haber hablado con el Señor. 

Aarón y todos los hijos de Israel miraron a Moisés, y al ver que su rostro resplandecía, tuvieron miedo de acercársele. Pero Moisés los llamó, y entonces Aarón y todos los jefes del pueblo se acercaron y Moisés habló con ellos. A continuación se le acercaron también todos los israelitas y él les comunicó todo lo que el Señor le había ordenado en el monte Sinaí. Cuando Moisés acabó de hablar con ellos, se cubrió el rostro con un velo. 

Siempre que Moisés se presentaba ante el Señor para hablar con Él, se quitaba el velo de su rostro, y al salir, comunicaba a los israelitas lo que el Señor le había ordenado. Ellos veían entonces que el rostro de Moisés resplandecía, y Moisés cubría de nuevo su rostro, hasta que entraba a hablar otra vez con el Señor. Palabra de Dios. Te alabamos, Señor. 

Moisés refleja la gloria de Dios. Quien habla de Dios de oídas exhibe su charlatanería. Quien se encuentra con el Dios vivo no puede ocultar la fuerza de su experiencia espiritual. 

Del salmo 98 R/. Santo es el Señor, nuestro Dios. 

Alaben al Señor, nuestro Dios, y póstrense a sus pies, pues el Señor es santo. R/. 

Moisés y Aarón, entre sus sacerdotes, y Samuel, entre aquellos que lo honraban, clamaron al Señor y Él los oyó. R/. 

Desde la columna de nubes les hablaba y ellos oyeron sus preceptos y la ley que les dio. R/. 

Alaben al Señor, a nuestro Dios, póstrense ante su monte santo, pues santo es nuestro Dios. R/. 

ACLAMACIÓN (Jn 8, 12) R/. Aleluya, aleluya. 

Yo soy la luz del mundo, dice el Señor; el que me sigue tendrá la luz de la vida. R/. 

Lectura (Proclamación) del santo Evangelio según san Juan: 11, 19-27 

En aquel tiempo, muchos judíos habían ido á ver a Marta y a María para consoladas por la muerte de su hermano Lázaro. Apenas oyó Marta que Jesús llegaba, salió a su encuentro; pero María se quedó en casa. Le dijo Marta a Jesús: "Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora estoy segura de que Dios te concederá cuanto le pidas". Jesús le dijo: "Tu hermano resucitará". Marta respondió: "Ya sé que resucitará en la resurrección del último día". Jesús le dijo: 

"Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y todo aquel que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees tú esto?". Ella le contestó: 

"Sí, Señor. Creo firmemente que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo". Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús. 

Jesús invita a Marta a reconsiderar sus esquemas acerca de la resurrección. Ésta comienza a hacerse realidad a partir de que el creyente decide acoger como suyas las palabras de vida. 

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS 

Señor, al proclamar las maravillas que realizaste en santa Marta, te pedimos humildemente que, así como te fue grato el homenaje de su amor, también te sean agradables las ofrendas conque te manifestamos nuestra sumisión. Por Jesucristo, nuestro Señor. 

ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN (Jn 11, 27) 

Marta dijo a Jesús: Sí, Señor, yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, que ha venido al mundo. 

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN 

Que la recepción del Cuerpo y de la Sangre de tu Hijo nos ayude, Señor, a comprender, por intercesión de santa Marta, que muchas cosas nos preocupan e inquietan, pero una sola es necesaria: amarte y servirte aquí en la tierra. Por Jesucristo, nuestro Señor.