Limosna, por justicia y caridad

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Limosna, por justicia y caridad

            El Papa nos ha dirigido su mensaje cuaresmal en el que, de forma breve y pedagógica, nos recuerda los tres compromisos específicos a los que estamos invitados en este tiempo especial de conversión: oración, ayuno y limosna. Pero, en concreto, su exhortación se centra en el tercero, es decir, en la limosna. A continuación resumiré las finalidades y cualidades principales que el Papa atribuye a la práctica de la limosna:

1.- Liberadora de apegos: El dinero y los bienes de este mundo ejercen un poder de seducción muy grande sobre nosotros. El cristiano necesita grandes dosis de radicalidad en su decisión de no entregarles el corazón, de lo contrario caerá inevitablemente en la idolatría («No podéis servir a Dios y al dinero» Lc 16, 13).

En efecto, la limosna es liberadora, no sólo para quien la recibe, sino también para quien la practica. Comparto con vosotros una reflexión que llegaba recientemente a mis manos, y que me ha llamado poderosamente la atención: «Quien ama las cosas se cosifica. Quien ama a las personas se personaliza. Quien ama a Dios se deifica. Quien no ama nada se «nulifica» ».

            2.- Creadora de comunión: El Papa señala que es frecuente que, durante este tiempo, en muchas parroquias se realice un gesto comunitario en el ejercicio de la limosna. Al igual que la Cuaresma se inicia y se concluye con una práctica comunitaria del ayuno -el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo-, también la limosna adquiere una fuerza muy especial cuando se realiza de forma comunitaria. No en vano, la tradición de hacer las colectas por los pobres, se remonta a las primeras comunidades cristianas (Rm 15, 25-27).

            Nuestra Diócesis palentina, en este curso 2008-09, está inmersa en un plan pastoral que hemos designado como «Iglesia Samaritana». Tenemos una ocasión inmejorable para unirnos en el ejercicio de la caridad. La limosna cristiana crea comunión.

            3.- Restauradora de justicia: Benedicto XVI nos hace considerar que el socorrer a los necesitados es un deber de justicia, aun antes que un acto de caridad. De hecho, las enseñanzas evangélicas nos recuerdan que no somos propietarios absolutos de los bienes que poseemos, sino administradores. En consecuencia, no debemos considerarlos como propiedad exclusiva, ya que «sobre la propiedad privada grava una hipoteca social» (Juan Pablo II).

            A este respecto baste recordar las palabras de uno de los Decretos del Concilio Vaticano II: «Satisfágase ante todo a las exigencias de la justicia, y no se brinde como ofrenda de caridad lo que ya se debe por título de justicia (...) La caridad cristiana es la que lucha por eliminar las causas del mal, no sólo los efectos» (Apostolicam Actuositatem 8).

            4.- Ejercicio de donación personal: La auténtica caridad es aquella que imita a Cristo, «el cual, siendo rico, se ha hecho pobre por nosotros, a fin de enriquecernos con su pobreza» (2 Co 8, 9). En efecto, Cristo nos ha enseñado que la auténtica caridad es aquella que no se limita a «dar» la limosna, sino que lleva a «darse» uno mismo, a «ofrecerse a Dios como culto espiritual» (cfr. Rm 12, 1).

            En esta línea, el Papa reflexiona en su mensaje cuaresmal en torno al pasaje evangélico de la pobre viuda que entregó en el cepillo del templo dos pequeñas monedas: «todo lo que tenía para vivir» (Mc 12, 44). He aquí, traducido a un ejemplo concreto, el ideal de la limosna como ejercicio de donación personal.

5.- Verdadera alegría: En su mensaje, el Papa nos invita a profundizar en que «hay mayor felicidad en dar que en recibir» (Hch 20, 35). Es la consecuencia lógica de aquellas otras palabras de Jesús: «Quien busque su vida la perderá; pero quien pierda su vida por mí la encontrará» (Mt 10, 39). Por ello nos dice el Papa: «Cada vez que por amor de Dios compartimos nuestros bienes con el prójimo necesitado, experimentamos que la plenitud viene del amor y lo recuperamos todo como bendición en forma de paz, de satisfacción interior y de alegría».

            6.- Búsqueda de la gloria de Dios: Para que no hagamos de la caridad una falsa careta que esconda vanagloria, interés, filantropía u otras motivaciones no evangélicas, Benedicto XVI recalca la importancia de purificar la rectitud de nuestra intención. El Evangelio nos da un consejo muy práctico: «que no sepa la mano derecha lo que hace la izquierda» (Mt 6, 3). La experiencia nos dice que el anonimato en el ejercicio de la limosna es de gran eficacia para purificar nuestra intención, de manera que sólo busquemos la gloria de Dios y el bien de nuestros hermanos.

            En resumen, el Papa nos invita a adentrarnos en la Cuaresma con ánimo decidido, siendo generosos en el ejercicio de la limosna. Aunque su mensaje no lo especifica, es obvio que la limosna no se refiere exclusivamente al desprendimiento de nuestro dinero, sino que es un concepto más amplio: donación gratuita de nuestro tiempo, puesta de nuestros talentos al servicio de los demás, etc. ¡Que el Señor bendiga nuestro desprendimiento y generosidad y -como hizo con aquellos cinco panes y dos peces- multiplique sus frutos!

+ José Ignacio, obispo de Palencia.