De Londres a Roma, sin dejar el Támesis - La Voz del Papa

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Con agudeza Monseñor Munilla y Aguirre ha calificado la propuesta del Vaticano para los anglicanos que desean volver plenamente a la fe católica, “De Londres a Roma, sin dejar el Támesis”. 

Aceprensa 71/09 recoge algunas repercusiones de la nueva legislación católica. Según The Times (21-10-2009), el obispo de Fulham, John Broadhurst, líder del grupo “Forward in Faith”, opuesto a la ordenación episcopal de mujeres, saludó el anuncio del Vaticano como un “momento decisivo” y predijo que, a juzgar por los efectivos de su grupo, más de mil pastores anglicanos pasarían a la Iglesia católica.

Otro grupo que lleva tiempo buscando la unión con Roma es la “Traditional Anglican Communion”, una organización escindida que representa a 400.000 fieles en todo el mundo. Está liderada por el arzobispo australiano John Hepworth, que ha intervenido en las negociaciones con Roma para lograr la comunión plena. En un comunicado de respuesta al anuncio del Vaticano, Hepworth aseguró que la Comunión Tradicional Anglicana “está profundamente conmovida por la generosidad del Santo Padre”. “Esto es más de lo que soñábamos y de lo que nos atrevimos a incluir en nuestra petición hace dos años”. Y afirmó que el proceso para llegar a la unidad plena con la Iglesia católica comenzará enseguida. 

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En un blog del Washington Post (30-10-2009), Patrick J. Deneen, director del “Tocqueville Forum” en la Georgetown University (Washington), objeta las interpretaciones políticas que se han hecho sobre la decisión de Benedicto XVI de facilitar a los anglicanos su conversión a la Iglesia católica. La actitud del Papa consiste en “buscar las raíces de los problemas” y, sobre esa base, reconstruir la unidad de los cristianos. Por eso, la solución ofrecida a los anglicanos hay que verla en el mismo contexto de acercamiento de Roma con los lefebvrianos y los cristianos ortodoxos.

“Poner orden en la casa” de la cristiandad, que es lo que el Papa se ha propuesto, es algo que no encaja en las etiquetas simplistas de “progresista” y “conservador”. La motivación del Papa es espiritual y tiene que ver con el futuro del cristianismo y de la civilización occidental. “Cometeríamos un grave error –concluye Deneen– si interpretásemos las acciones de Benedicto XVI en clave política. Él se ha embarcado en un proyecto mucho más ambicioso y de una clara trascendencia histórica”.

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El escritor inglés A.N. Wilson cree que la reciente decisión del Papa contribuirá, de rebote, a acercar el fin del confesionalismo británico, si facilita el paso a la Iglesia católica de un número significativo de anglicanos (International Herald Tribune, 26-10-2009). 

Aún siendo más los anglicanos que los católicos, “en Inglaterra hay [numéricamente] más católicos practicantes que anglicanos practicantes. Al cabo de una generación, en las Islas Británicas probablemente habrá más musulmanes que anglicanos practicantes. Gran Bretaña ya no podrá soportar el absurdo de las leyes relativas a la religión del monarca: la Ley de Instauración [Act of Settlement] y la Ley de Matrimonios Reales, que entre otras cosas prohíben que el soberano se case con una persona católica; o el Juramento de Coronación, que obliga a defender la religión protestante”.

En suma, dice A.N. Wilson, la decisión del Papa, aunque sea motivo de tristeza para algunos anglicanos, es una buena noticia para Gran Bretaña, “porque pondrá fin de manera formal a la idea de Estado confesional, y a la del monarca como símbolo y cabeza de la Iglesia oficial”.

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Todo hace pensar que rezar, ofrecerle al Señor un rato de trabajo o un pequeño sacrificio por las intenciones del Papa, son las mejores inversiones esta temporada. ¡Si cada vez somos más!