¡Madre, no me mates!

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Algunos no le podían perdonar a Benedicto XVI la claridad y la firmeza con que propone las verdades de fe y los criterios de la conducta cristiana que, en lo humano, forjan una vida coherente.

Unos ejemplos entre otros. Ciertos medios de comunicación, muy localizados, no le podían perdonar que el pasado 18 de enero, Benedicto XVI hiciera una llamada vía satélite a “reafirmar el valor único e insustituible de la familia fundada en el matrimonio”. Eran 22 mil los asistentes al 6° Encuentro Mundial de Familias en la basílica de Guadalupe, Ciudad de México. Y muchos millones lo siguieron vía satélite, igual que el anterior encuentro en Valencia, España, en 2006. Ambos fueron “como un río de paz” y lo será el esperado 7° encuentro, convocado en Milán, Italia, para el año 2012. 

Del 17 al 23 de marzo pasado, viajó a África -Camerún y Angola-, donde ratificó para toda África la necesaria enseñanza cristiana sobre el matrimonio y la familia, en plena sintonía con la tradición africana.

El tema del encuentro mundial de México -afirmó el Papa aquí-, nos recuerda que “el hogar está llamado a vivir y cultivar el amor recíproco y la verdad, el respeto y la justicia, la lealtad y la colaboración, el servicio y la disponibilidad para con los demás, especialmente para con los más débiles”, los enfermos. 

“Para ello -continuó aclarándonos Benedicto XVI-, el Maestro [Jesucristo] está ciertamente con la familia que escucha y medita la Palabra de Dios, que aprende de Él lo más importante en la vida y pone en práctica sus enseñanzas. De este modo, se transforma y se mejora gradualmente la vida personal y familiar, se enriquece el diálogo, se transmite la fe a los hijos, se acrecienta el gusto de estar juntos y el hogar se une y consolida más, como una casa construida sobre roca”.

Benedicto XVI concreta con la misma claridad que “la familia, viviendo la confianza y la obediencia filial a Dios, la fidelidad conyugal y la acogida generosa de los hijos, el cuidado de los más débiles y la prontitud para perdonar, se convierte en un Evangelio vivo, que todos pueden leer”. 

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No cabía reflexión más oportuna para la celebración del 10 de mayo, Día de las Madres, en que Benedicto XVI se hace muy cercano a todos los hogares mexicanos a través de santa María de Guadalupe.

La claridad del Papa en su catequesis habitual y su fidelidad indeclinable a la verdad explican bien el rechazo de que es objeto por algunos poderosos. ¡No podía ser de otro modo! Los que abominan hoy de la verdad sobre los derechos del no-nacido y de la madre gestante, los que denigran el matrimonio fiel, estable -abierto siempre a la vida-, de un hombre y una mujer, proceden como aquellos de sus contemporáneos que condenaron a Jesús y lo crucificaron. “¿Qué es la verdad?”, preguntó Poncio Pilatos a Cristo, quien había confesado ante él, como Procurador romano: “Yo he venido para dar testimonio de la Verdad” (Cfr. Juan 18, 37-38). Los principales de los judíos tergiversaron la verdad que él predicaba a la luz del día. Lograron así el rechazo legal y la condena de quien ejercía en Judea la autoridad imperial. Esta condena, sin embargo, fue la victoria de la verdad que es Cristo. Y esa victoria de la verdad -¡Jesús, muerto por nosotros y resucitado, vive para siempre!- es el fundamento real del Cristianismo. 

La pregunta escéptica, ¿qué es la verdad?, atraviesa los siglos. Revivió en México con Hilary Clinton al interrogarnos sobre la Virgen de Guadalupe: “¿Quién la pintó?” ¿Ingenuidad…? Sin importar la respuesta -sin preguntar al menos a la NASA-, Clinton y su actual gobierno, responden con una poderosa promoción del aborto que ensombrece el mundo más aún que las guerras en Oriente, capaz apagar la alegría de las familias normales con su brutal imposición del birth control... ¿Qué es la verdad? ¿Existe?

Benedicto XVI descendió en México a la verdad concreta: “Por su función social esencial, la familia tiene derecho a ser reconocida en su propia identidad y a no ser confundida con otras formas de convivencia, así como a poder contar con la debida protección cultural, jurídica, económica, social, sanitaria y, muy particularmente, con un apoyo que, teniendo en cuenta el número de los hijos y los recursos económicos disponibles, sea suficiente para permitir la libertad de educación y de elección de la escuela”..

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El pasado miércoles día 6 vimos a Benedicto XVI especialmente feliz en su audiencia general al recordarnos que el viernes 15 inicia su visita apostólica a Tierra Santa y dirigir un mensaje a las poblaciones jordanas, israelíes y palestinas:

“Deseo que llegue pronto la hora de estar con ustedes y de compartir sus aspiraciones y esperanzas, así como sus dolores y sus luchas. Iré a ustedes como peregrino de paz. Quiero ante todo visitar los lugares que la vida de Jesús hizo santos, y rezar en ellos por el don de la paz y la unidad para sus familias y para todos los que tienen su hogar en Tierra Santa y Oriente Medio. Entre los numerosos encuentros religiosos y civiles que tendrán lugar durante esta semana están las reuniones con los representantes de las comunidades musulmana y judía, con los que se han dado grandes pasos en el diálogo y el intercambio cultural. Saludo de forma especial a los católicos de la región y les pido que se unan a mí para rezar para que esta visita dé abundante fruto para la vida espiritual y civil de los habitantes de Tierra Santa”.