Del mensaje del Papa para la Jornada Mundial de oración por las vocaciones de 1997

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Oración por las vocaciones

Padre santo y providente: tú eres el dueño de la viña y de la mies y a cada uno das la justa recompensa por el trabajo. En tu designio de amor llamas a los hombres a colaborar contigo en la salvación del mundo. Te agradecemos por Jesucristo, tu Palabra viviente, que nos ha redimido de nuestros pecados y está entre nosotros para socorrernos en nuestra pobreza. Guía la grey a la que has prometido el Reino. Manda nuevos operarios a tu mies e infunde en los corazones de los pastores la fidelidad a tu proyecto de salvación, perseverancia en la vocación y santidad de vida.

Cristo Jesús, que en las riberas del mar de Galilea llamaste a los Apóstoles y los constituiste fundamento de la Iglesia y portadores de tu Evangelio, sostén en el hoy de la historia a tu Pueblo en camino. Infunde valor a aquellos que has llamado a seguirte en la vida del sacerdocio y de la vida consagrada, para que puedan fecundar el campo de Dios con la sabiduría de tu Palabra. Hazlos dóciles instrumentos de tu Amor en el diario servicio de los hermanos.

Espíritu de santidad, que infundes tus dones en todos los creyentes y, particularmente, en los llamados a ser ministros de Cristo, ayuda a los jóvenes a descubrir el atractivo de la divina llamada. Enséñales el verdadero camino de la oración, que se nutre con la palabra de Dios. Ayúdales a escrutar los signos de los tiempos, para ser fieles intérpretes del Evangelio y portadores de salvación.

María, Virgen de la escucha y del Verbo hecho carne en tu seno, ayúdanos a estar disponibles a la palabra del Señor, para que, acogida y meditada, crezca en nuestro corazón. Ayúdanos a vivir como tú la felicidad de los creyentes y a dedicarnos con incansable caridad a la evangelización de los que buscan a tu Hijo. Concédenos servir a cada hombre, haciéndonos agentes de la palabra escuchada, para que permaneciéndole fieles encontremos nuestra felicidad en practicarla.

¡Amén!