Del mensaje del Papa para la Jornada Mundial de oración por las vocaciones de 1998

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Oración por las vocaciones

¡El Espíritu viene en ayuda de nuestra flaqueza! (Rm 8,26)

Espíritu de Amor eterno, que procedes del Padre y del Hijo, te damos gracias por todas las vocaciones de apóstoles y santos que han fecundado la Iglesia. Continúa, todavía, te rogamos, esta tu obra.

Acuérdate de cuando, en Pentecostés, descendiste sobre los Apóstoles reunidos en oración con María, la madre de Jesús, y mira a tu Iglesia que tiene hoy una particular necesidad de sacerdotes santos, de testigos fieles y autorizados de tu gracia; tiene necesidad de consagrados y consagradas, que manifiesten el gozo de quien vive sólo para el Padre, de quien hace propia la misión y el ofrecimiento de Cristo, de quien construye con la caridad el mundo nuevo.

Espíritu Santo, perenne Manantial de gozo y de paz, eres tú quien abre el corazón y la mente a la divina llamada; eres tú quien hace eficaz cada impulso al bien, a la verdad, a la caridad. Tus 'gemidos inenarrables' suben al Padre desde el corazón de la Iglesia, que sufre y lucha por el Evangelio.

Abre los corazones y las mentes de los jóvenes, para que una nueva floración de santas vocaciones manifieste la constancia de tu amor, y todos puedan conocer a Cristo, luz verdadera del mundo, para ofrecer a cada ser humano la segura esperanza de la vida eterna.

Amén.