La moralidad.… Es ¿Absoluta?

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Se ha venido discutiendo con bastante fuerza sobre el origen y carácter de la moralidad desde hace siglos, y actualmente se retoma con la misma preocupación. Indudablemente, no se trata de un tema trivial delimitar el fundamento de la moral, primordialmente en esta época de confusión, de relativismo y de un desmesurado deseo por la permisividad. Los cristianos creemos y decimos que es bueno lo que es conforme a la razón, lo que es agradable a Dios, o lo que es conforme con la ley eterna. Sin embargo, no basta dar por supuesto la argumentación o dejarse llevar de una equívoca intuición. De un solo golpe se puede facilitar la prueba ontológica. En la moralidad ha de existir algo absoluto, porque no es posible concebir una sola cosa relativa sin algo absoluto en que se funde. Asimismo, toda relación implica un término de referencia, de modo que aunque supongamos una serie de referencias, es necesario llegar al término último. Esto explica por qué no satisfacen al entendimiento las atribuciones relativas de la moralidad. Se busca y se exige algo absoluto, y, ¿quién mejor que Dios puede ser ese absoluto? Otra evidencia más al alcance del sentido común es que en el ser absoluto, incondicionado de Dios, concebimos santidad infinita independientemente de las criaturas. Al que se cuestione sobre lo que es la santidad infinita se le responderá que es la perfección moral en grado infinito. Esta es una razón decisiva para todos menos para los ateos. Quien admite la existencia de Dios debe admitir su santidad, porque lo contrario repugna al sentido común. De tal manera se sigue que existe algo moral absoluto, y esto con tanta necesidad que existiría la moralidad en grado infinito, aun cuando no hubiese habido ninguna criatura. Surge la pregunta obligada ¿en qué consiste la moralidad absoluta? La ciencia no puede responder como lo hacemos los cristianos,  desde luego, se puede asegurar que no se inquirirá con razones místicas, sino con precisiones y profundidad. La moralidad absoluta es el amor de Dios: todas las ideas y sentimientos morales son aplicaciones y participaciones de ese amor. La voluntad del hombre está inclinada al bien, pero al bien indeterminadamente, no siente ninguna inclinación necesaria hacia un objeto real; de aquí su libertad para salirse del orden divino visto por Dios. De otro lado, la criatura racional, conformándose en sus actos con la voluntad de Dios, lleva a cabo o realiza el orden que Dios quiere: amando ese orden, ama lo que Dios ama. Si la criatura, en consecuencia, no ama el mismo orden  procede por motivos independientes de él, no ama lo que Dios ama y no hay que esforzarse para encontrar la división entre la moralidad y la inmoralidad. Para clarificar lo expuesto, éste seria el elenco de las principales ideas morales: a) La moralidad absoluta y. por ende, el origen y el tipo de todo orden moral es el acto con que el ser infinito ama su perfección infinita. Este es hecho absoluto; b) En Dios no hay deber como tal, existe necesidad absoluta de ser santo; c) El acto moral por excelencia en el hombre es el amor a Dios; d) Los actos de la criatura son morales en cuanto participan explicita e implícitamente de ese amor; e) Cuando la criatura no ve intuitivamente a Dios, ama necesariamente el bien común, bajo una idea indeterminada; pero no ama necesariamente ningún objeto particular; f) Para ser moral en un acto no es necesario que el que lo realiza piense explícitamente en Dios, ni que su voluntad le ame explícitamente; g) El sentimiento moral es un sentimiento que se nos ha dado para percibir la belleza del orden querido por Dios. Como este sentimiento es innato, indeleble e independiente, lo experimentan hasta los ateos. Conviene  retener la belleza de la doctrina que pone la esencia de la moralidad en el amor de Dios, porque con ella se hace desaparecer la diferencia de la forma entre las proposiciones metafísicas y las morales, como el se debe y se ha, se reduce al es absoluto de aquellas: Dios se ama es la expresión correcta, y no lo es Dios debe amarse. La primera incluye necesidad, por ser Dios Absoluto, y también porque Dios es bueno; mientras se dice: Dios debe ser amado, porque la criatura es contingente. Resumiendo podemos decir que el fundamento de la moralidad, puesto que entraña radicalmente la necesidad y la universalidad, sólo puede ser quien es santidad absoluta: Dios. La moralidad absoluta es el amor de Dios. Los actos del hombre son morales en cuanto participan explicita e implícitamente de ese amor. No pueden merecer otra calificación que de moralismo las teorías que intentan inútilmente fundamentar el orden moral en la libre voluntad de la persona. El racionalismo ha hecho un flaco servicio a la ética y al pensamiento en general.