Mujeres esperando un hombre perfecto

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Me llegó una imagen con unas señoras tomando el te, a las que se les
ha “pasado el arroz” pues ya solo quedan sus esqueletos. El lema es
éste: “mujeres esperando al hombre perfecto”. Esto suscitó algunos
comentarios al colgarlo en facebook: “es terrible pero o te das cuenta
de que es una ilusión o fantasía (el hombre perfecto) y escoges el que
más gracia te hacen sus defectos, o se cumple la imagen” (Lourdes).
“¡Que verdad más grande!” (Loli). Yvette dice que “Cristo logró la
perfección y San Pablo nos exhorta a aspirar a la perfección.... como
'mi Padre es perfecto'.” Y ante ese miedo que nos da la perfección,
cita a Santa Teresita del Niño Jesús que nos ofrece estas hermosas
palabras en su autobiografía: «Siempre he deseado ser una santa, pero,
por desgracia, siempre he constatado, cuando me he parangonado a los
santos, que entre ellos y yo hay la misma diferencia que hay entre una
montaña, cuya cima se pierde en el cielo, y el grano de arena
pisoteado por los pies de los que pasan. En vez de desanimarme, me he
dicho: el buen Dios no puede inspirar deseos irrealizables, por eso
puedo, a pesar de mi pequeñez, aspirar a la santidad; llegar a ser más
grande me es imposible, he de soportarme tal y como soy, con todas mis
imperfecciones; sin embargo, quiero buscar el medio de ir al Cielo por
un camino bien derecho, muy breve, un pequeño camino completamente
nuevo. Quisiera yo también encontrar un ascensor para elevarme hasta
Jesús, porque soy demasiado pequeña para subir la dura escalera de la
perfección». Esta novedad de la santa cambia los términos del problema
irresoluble al que nos lleva tanto racionalismo que nos encarcela en
una búsqueda titánica de perfección: va por la línea del corazón…

Alejandra dice: “no existe el hombre ni la mujer perfectos. La gracia
está en aceptarse, tolerarse y amarse con defectos y virtudes”. Y dice
Luis Guillermo: "conste que al revés también (no existe la mujer
perfecta". Y sigue Yvette: “La perfección sólo es posible en el Amor,
en la caridad. Como bien dice Santa Teresita, nuestras imperfecciones
están ante nosotros y nos recuerdan constantemente que hay mucho que
superar, que aprender y que alcanzar para esa meta absoluta. Pero no
veamos nuestra condición humana como algo irremediable, con una
actitud así caeríamos fácilmente en el cinismo. El cinismo es un
callejón sin salida. Más bien, pongamos nuestra mirada más alto,
reconociendo nuestras imperfecciones pero aspirando a esos dones que
proceden de la perfección. Cada prueba que pasamos en la vida es un
escalón hacia esa meta. Hay que escalar más y mirar hacia adelante.
¡No seamos tan pesimistas como la mujer de Lot! Por algo se convirtió
en sal, o posiblemente hielo salado. Veamos la vida como un don que
debe vivirse con fe, cuyo camino debe estar iluminado por la
esperanza. Re-leamos Spe Salvi del Papa Benedicto XVI” sobre la
esperanza.

En la Biblia, lo que traducimos, quizá mal, por “perfección” en griego
se escribe “teleiosis”, así en Hebreos significa el logro de la
salvación eterna, el ingreso en el cielo. Cuando llega, está
«consumado», es perfecto, es decir, perfecto también en sentido moral:
se le han perdonado sus pecados, Dios lo ha santificado y consagrado a
su servicio (lo tomo de unas notas de mercaba.org). A las leyes
«puramente humanas» contrapone una «fuerza de vida indestructible» y
la «introducción de una esperanza mejor, por la que nos vamos
acercando a Dios». Esto también pasa en el arte de amar, pues en el
enamoramiento no hay defectos en el amado, pero cuando hay heridas "de
guerra", con los años... se rompe a veces el amor, aparecen crisis, y
"se acabó el amor", pero puede renacer otro nuevo... con la misma
persona... ya que si nos «acercarnos a Dios» se constituye la
perfección, que en vano se consigue con la proclamación de unos
“derechos” que en lugar de acercar los cónyuges, los aleja. Este
participar de esa “fuerza indestructible” hace que al final gane el
amor, y cedamos ante los agravios, buscando el bien de la familia, en
lugar de nuestros derechos personales, y los hijos lo agradecerán al
ver en sus padres un amor templado por el sacrifico.