Necesitamos vivir el sentido de la Pascua

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Pascua significa paso; para los católicos es la fiesta más importante porque celebramos el acontecimiento central y cimiento de nuestra fe: la victoria definitiva de Jesucristo sobre la muerte por su Resurrección. La Pascua nos muestra que la última palabra es la verdad, el amor y la vida plena, no la mentira, el desamor y la muerte; la última palabra es la de Dios y no la del mal o del demonio. Es el sentido y la importancia práctica 

arc-emaus_0_1.jpgde la Pascua para nosotros.

Quien está seguro que después del trabajo y de la lucha vienen los frutos y la victoria, asume ese paso aunque le cueste. La Pascua de Jesucristo nos da motivos sólidos para luchar por la verdad, por el bien común y por la unidad; nos da fuerzas para gastar la vida sirviendo por amor al estilo de Jesucristo. ¿Es posible vivir así en medio de tantas mentiras, injusticias, corrupción y crímenes?. Sí es posible; ahí está el testimonio de Gandhi y de Luter King; allí está la vida de la madre Teresa de Calcuta, del Papa Juan Pablo II y de tantos hombres y mujeres de fe; ellos creyeron, se dejaron marcar por la Pascua de Jesucristo y ayudaron a muchos a vivir mejor. Vivieron la Pascua.

En Oaxaca nos urge tomar en serio la Pascua de Jesucristo, dar el paso y hacer Pascua en nuestra vida diaria; quiero ser concreto. Los expertos afirman que nuestra manera de ver la realidad condiciona y moldea fuertemente nuestras emociones, actitudes y comportamientos. Esto es importante cuando se trata de nuestra manera de ver a quienes comparten con nosotros la familia, nuestro barrio o comunidad y nuestra sociedad concreta. Queramos o no, con ellos compartimos casa, trabajos, anhelos, logros y carencias. Ordinariamente se dan tres maneras o niveles de ver las situaciones y a los demás:

1- Una visión distorsionada. Es lamentable mantenerse en este nivel porque esta visión nos lleva a tomar comportamientos y decisiones equivocadas fundadas en sentimientos, emociones o complejos que en ese momento nos invaden. Las consecuencias son dañinas: mentiras y engaños, celos y envidias, actitudes defensivas, relaciones tensas y agresivas, resentimientos profundos y acusaciones recíprocas. Necesitamos sanar nuestra manera de ver distorsionada porque nos asfixia y cierra el camino a la superación y a la felicidad. Es la visión de quienes se dejan marcar por el mal.

2- Una visión objetiva. Nos lleva a mirar las situaciones y a las personas con objetividad; vamos aprendiendo a ver y a interpretar lo que pasa de manera más realista y humana y nos protege de la visión distorsionada y enferma. Para esto es necesario cultivar y hacer nuestros los principios de la verdad, del bien común y de la unidad; luchar hasta lograr una comunicación que respeta y se hace respetar; evitar a toda costa el mal y tratar a los demás como queremos ser tratados. Es la visión de las personas honestas y coherentes.

3.- Una visión desde la fe en Cristo. Nos hace ver todo lo positivo que hay a nuestro alrededor; nos lleva a ver las cosas y a las personas desde Dios, a tratar a los demás como hermanos aceptándolos, perdonándolos y valorándolos. Esta visión se da cuando de corazón amamos a Jesucristo y vivimos su mensaje en nuestras relaciones; sin una verdadera conversión y comunión con Dios, esta visión es prácticamente imposible. Es la visión de los católicos de corazón que muestran siempre un extra de fidelidad y de entrega.

 Con nuestra bendición.

  + José Luis Chávez Botello

Arzobispo de Antequera-Oaxaca

+ Oscar A. Campos Contreras
Obispo Auxiliar de Antequera-Oaxaca