Noche de demonios

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Participar en los festejos de Halloween es riesgoso porque implica un acercamiento al mundo de las tinieblas. Para las sectas satánicas el año termina la noche del 31 de octubre e inicia el 1 de noviembre. Así, la noche que ha sido llamada “Noche de brujas” o “Halloween” tiene en común las reuniones de miembros de numerosas sectas satánicas que practican rituales diabólicos en los que presentan ofrendas a Satanás y a los demonios. En estos rituales, que se acompañan de sangre de animales, a veces se ofrecen también vidas humanas.

En la noche del 31 de octubre y hasta la madrugada del 1 de noviembre, brujos y satanistas convocan a espíritus inmundos (que están en el mundo) y a espíritus malignos mediante canales que saben abrir hacia el infierno (el mundo inferior) para atraerlos a la tierra. Estos demonios esperan con avidez esta noche para infestar casas y todo tipo de lugares, asediar almas, influenciar a personas y abrirse camino para lograr apoderarse de la voluntad humana mediante posesiones diabólicas.

El Príncipe de este mundo, entre sus numerosos disfraces viste el del Halloween, que le ha permitido inocularse entre los niños, a través de sus propios padres y profesores, en sus casas y escuelas, con atractivos dulces y atrayentes disfraces para captar su atención; pero estos festejos, encubiertos con personajes simpáticos como fantasmas y calabazas, nada tienen de inocentes porque contienen poderosos elementos malignos.

La Iglesia, sabedora de este mal encubierto, ha colocado la celebración muy buena de “Todos los santos” el día 1 de noviembre, que inicia con el rezo de Vísperas desde la tarde del 31 de octubre y la celebración de “Los fieles difuntos” al día siguiente, el 2 de noviembre, para celebrar a los muertos que han resucitado y que gozan de la presencia de Dios en la Gloria celestial.

La celebración de los fieles Difuntos es también ocasión propicia para ganar la Indulgencia Plenaria y obtener la remisión de las culpas, para uno mismo y para quienes nos han precedido en el paso por la muerte. Así, la asistencia a la Santa Misa el día 2 de noviembre nos permite una reconciliación plena con Dios y la posibilidad de sacar del Purgatorio a los muertos que todavía se hallan en el intermedio proceso de purificación. Como la Iglesia lo indica, para ganar la Indulgencia son precisas la confesión y comunión sacramental, rezar un Gloria, un Padrenuestro, una Ave María y orar por las intenciones del Papa, además de pedir a Dios el don misericordioso de la Indulgencia para nosotros mismos y para nuestros difuntos.

Reproduzco, enseguida, una oración que Jesús le reveló durante una aparición mística a Santa Gertrudis, una monja cisterciense del monasterio de Helfta en Alemania, a fines del siglo XIII, haciéndole saber que con esta oración se liberaría a mil almas del Purgatorio cada vez que se rezara, y se extendería también la promesa a la conversión y salvación de las almas que todavía peregrinan en la tierra. Se recomienda el rezo diario, pues es incalculable el bien que se puede hacer a las almas si se recita varias veces, y se consigue además la salvación de miles de ellas, dentro y fuera de la Iglesia, y en la propia familia. Se reza con el siguiente texto: “Padre Eterno, te ofrezco la preciosísima Sangre de tu divino Hijo Jesús, junto con las misas que se celebren en todo el mundo hoy, por las santas almas del Purgatorio, por los pecadores en todas partes, por los pecadores en la Iglesia Universal, los de mi propio hogar y dentro de mi familia. Amén”

Como se ve, es recomendable, por bueno y justo, alejarse, en estos días, de lo pagano y malvado y acercarse a lo sagrado y divino, por bien propio y por el bien de los fieles difuntos que tanto esperan y necesitan de nuestros recuerdos y oraciones. Al hacerlo, esa noche satánica perderá su fuerza al no contar con seguidores, en tanto que la noche de Todos los santos será ocasión de mayor cercanía con esos hombres y mujeres de buena voluntad que están con Dios y que interceden por todos los que todavía peregrinamos en esta tierra. Elevemos al Cielo una plegaria por ellos con la certeza de que a su vez ellos intercederán por nosotros ante Dios.