El orden de los factores a veces sí altera el producto

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El jueves 28, en rueda de prensa transmitida por los principales noticiarios, el padre Alberto Cutié anunció que dejaba la Iglesia para ejercer su ministerio en la «Iglesia episcopal». Fue un acontecimiento trágico. Por muchas razones. Una, porque ese tipo de eventos perjudica grandemente a la Iglesia, causando escándalo entre los fieles y dando municiones a sus enemigos para atacarla, como si éstos no tuvieran ya bastante con tantas leyendas negras y mentiras. Otra, porque siempre es lamentable que un católico, especialmente uno que tuvo oportunidad de formarse a fondo en un seminario, abandone la Iglesia.

Y hay otra razón más que a mí en particular me causa tristeza, especialmente en este año sacerdotal: la motivación del padre Cutié y de otros sacerdotes católicos que han tomado el mismo camino. Supuestamente se cambian a la «Iglesia episcopal» porque en ella pueden seguir ejerciendo el sacerdocio sin tener la obligación del celibato. ¿Quiere decir esto que la fuerza que motiva a estos hombres a ser sacerdotes es mayor que la fe en la Iglesia en la que se ejerce ese sacerdocio? Uno pensaría que el sacerdocio católico tiene sentido solamente cuando uno cree que la Iglesia católica es la verdadera, aquella que fundó el Señor y en la que Él reside y ejerce su sacerdocio único a través de su Espíritu, y que por tanto los misterios que el sacerdote celebra en la liturgia son reales y efectivos precisamente porque están cimentados en la verdad de la Iglesia. Ésta nos dice que el sacerdocio de obispos y presbíteros sólo puede ejercerse si nace y subsiste vinculado al sacerdocio de Cristo, el cual únicamente se da —al menos lícitamente— en la Iglesia católica. Pasarse a la «Iglesia episcopal» o a cualquier otra para poder seguir ejerciendo el sacerdocio es un contrasentido. Es querer hacer del ejercicio del sacerdocio algo más importante que la Iglesia que le da sentido al sacerdocio mismo. Es hacer del sacerdocio una simple profesión, que se puede ejercer en cualquier organización que la requiera. Es trastornar el orden de los factores, lo cual, en este caso particular, sí altera el producto.