Padre, quiero confesarme

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Para iniciar el diálogo 

¿Desde cuándo no se confiesan? ¿Les cuesta trabajo confesarse?, ¿por qué?

Para reflexionar juntos

Los que se acercan al sacramento de la penitencia obtienen el perdón de la ofensa hecha a Dios por la misericordia de Este, y al mismo tiempo se reconcilian con la Iglesia, a la que, pecando, ofendieron, la cual, con caridad, con ejemplos y con oraciones, les ayuda en su conversión. (Lumen Gentium 11)  ¿Crisis? ¡Ya nadie se confiesa!, ¡es un sacramento que ya pasó de moda!, ¡los confesionarios están vacíos! Esa puede ser la primera impresión que tenemos, incluso los sacerdotes, cuando vemos la poca afluencia de penitentes para confesarse. Hay un antes y un después. Antes en todas las Misas había sacerdotes que confesaban y a la gente se le hacía fácil ir a Misa y de una vez confesarse. Hoy, ya no podemos darnos el lujo de confesar en las Misas por la sencilla razón de que no tenemos suficientes sacerdotes para confesar, pero vemos con gusto que en las parroquias en las que sí hay confesores, las filas de penitentes no se acaban. Es difícil que los fieles acudan a la parroquia en horarios de confesiones fuera de la Misa, es algo en lo que tenemos que esforzarnos los sacerdotes para lograr que vuelvan a acostumbrarse. Pastoral de la reconciliación La celebración comunitaria del Sacramento de la Reconciliación ha abierto la puerta a que, sobre todo en la Cuaresma y en el Adviento, la comunidad se reconozca como pecadora, necesitada de reconciliación. En estas ceremonias no se debe dar la absolución a toda la comunidad, sino que el sacerdote o los sacerdotes deben escuchar a cada uno de los fieles en confesión y deben dar la absolución a cada uno en particular. A raíz de que se publicó el ritual de la celebración comunitaria del Sacramento de la Reconciliación, ha habido algunos abusos de parte de sacerdotes que dan la absolución a todos los fieles antes de la celebración de la Misa, siendo que el mismo ritual pide que sólo se haga con permiso del obispo y por una grave necesidad. También es un abuso el pedirle a los fieles que se arrepientan de sus pecados y que, sin confesión previa, se acerquen tranquilamente a comulgar. ¿Qué pide la Iglesia? La doctrina de la Iglesia es muy sencilla: si hemos tenido la desgracia de caer en un pecado grave, después de un arrepentimiento sincero, debemos acudir al confesor para que nos absuelva con el signo de la reconciliación en el sacramento de la Confesión. En caso de peligro de muerte, en ausencia del sacerdote, la Iglesia nos motiva al arrepentimiento sincero para obtener el perdón de Dios. Nos pide la Iglesia a los sacerdotes que desempeñemos el servicio de escuchar en confesión a los fieles y que nos comportemos como imágenes del Padre Dios que acoge lleno de amor a su hijo pródigo. El rostro amable de la Confesión Si el confesor se parece al Padre Dios -que regresa la dignidad perdida al hijo que ha pecado y lo reintegra a una familia que lo acepta llena de amor-, entonces confesarse será algo placentero, algo que buscaremos cuando tengamos necesidad de ponernos en paz con nosotros mismos, con Dios y con nuestro prójimo. Al elegir un confesor, si podemos, evitemos a aquellos que consideran este sacramento como un castigo o una venganza divina, y busquemos a los que saben escuchar comprensivamente y a los que tienen tiempo para oírnos. Evitemos las confesiones aceleradas “antes de la Misa”, a la corre y corre. No confundamos la dirección espiritual con la confesión aunque dado a que los fieles no suelen tener director espiritual ni saben lo que es eso, el confesor tendrá que saber dar a sus fieles la orientación necesaria para su crecimiento espiritual. La confesión debe ser frecuente ¡aunque no haya pecados graves!, ya que este sacramento también acrecienta la gracia y santifica. No olvidemos que la Iglesia exige a los sacerdotes el absoluto secreto sobre lo escuchado en confesión. Oración en familia Orar por la salvación del sacerdote que nos absolvió. Sugerencia Informarnos a qué horas confiesan en nuestra parroquia y hacer planes para ir en familia a confesarnos.