Para comprender la homosexualidad

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La homosexualidad es un fenómeno que ha tenido algunas manifestaciones a lo largo de la historia del hombre en diferentes épocas y en diferentes lugares. Es un tema que divide, polariza y enfrenta a grupos promotores y opositores. Lo que antes se calificaba por la psiquiatría como una enfermedad hoy se cierne como un postulado ideológico incontrovertible, políticamente correcto y autosuficiente.

Sin embargo, detrás de los mitos de la homosexualidad hay una serie de hechos y circunstancias que llevan a las personas a asumirse homosexuales y, posteriormente, a vivir una vida bajo esa condición. ¿Qué hay en la mente, en el ser una persona homosexual? ¿Cuál es el entorno al que se enfrenta dado su estilo de vida? ¿Qué postura asume respecto al contexto en el que se desenvuelve?

Como es natural, ya hubo quien se planteó esas preguntas y quien trabaja todos los días para dar respuesta a ellas. Hay quien lo hace desde el activismo homosexual, otros que desde su fuero interno intentan satisfacer esas interrogantes y algunos más que buscan entender el fenómeno desde el aspecto científico.

ENTENDIENDO EL FENÓMENO

Según la psicología moderna, la homosexualidad comienza con una propensión biológica (que no es igual a determinación), que luego es reafirmada o desechada por los individuos, según el entorno y circunstancias en las que se desarrolle. Cabe decir que los primeros años de infancia son cruciales para proyectar el sentido que tomará dicha propensión. 

Es necesario mencionar que la homosexualidad fue considerada por la Asociación Psiquiátrica Americana como una enfermedad. Esta definición fue retirada debido a fuertes presiones políticas de los movimientos promotores de la causa homosexual y no por argumentos científicos.

La doctora Concepción Morales, especialista en temas de familia, afirma que el abuso sexual es un factor que puede llegar a detonar conductas homosexuales, principalmente cuando las víctimas están por comenzar a definir su identidad sexual, que es aproximadamente en la etapa de los 10 a los 12 años de edad. 

Los grupos y activistas homosexuales actúan de forma tan intensa que han propagado el discurso de que la homosexualidad no es algo que se elige y por tanto algo que se tiene que aceptar sin cortapisas.

Paulina Vázquez, de la organización Valores para el Tercer Milenio afirma que este hecho es, en primer lugar, una incongruencia en el argumento, ya que son los mismos que afirman que la heterosexualidad no es biológica sino cultural.

“¿Cómo es entonces que la homosexualidad sí lo es? Ello es un atropello a los derechos humanos fundamentales, que niega la oportunidad de salir de un estilo de vida doloroso, al que la naturaleza humana no está llamada”, afirma la especialista en temas de familia.  

Y continúa: “hay numerosos casos y estudios que demuestran que así como se entró en la homosexualidad se puede salir de ella. Dichas terapias están basadas en desexualizar al propio sexo, es decir quitarle la carga erótica a la necesidad de identificación con el propio sexo, y en la sanación de heridas profundas que han llevado a ello. La recuperación se basa en establecer relaciones sanas primero con el propio sexo, para posteriormente establecerlas con el sexo opuesto”. 

EL PASTOR DA LA VIDA POR SUS OVEJAS

Mucho se ha hablado -de forma infundada, por cierto- de la supuesta discriminación que la Iglesia Católica tiene respecto a los homosexuales. Courage, sin embargo, es la organización emblemática que evidencia no sólo la aceptación que los homosexuales pueden tener en el seno de la Iglesia, sino del amor con el que son tratados.

Fundada por el sacerdote salesiano John Harvey en 1980, Courage es un antecedente a la carta que emitió la Congregación para la Doctrina de la Fe a los obispos de la Iglesia Católica para la atención pastoral a las personas homosexuales, en la que desde el principio se asienta:

"La particular inclinación de la persona homosexual, aunque en si no sea pecado, constituye sin embargo una tendencia, más o menos fuerte, hacia un comportamiento intrínsecamente malo desde el punto de vista moral. Por este motivo la inclinación misma debe ser considerada como objetivamente desordenada".

Así, Courage, siendo iniciativa nacida de la propia Iglesia Católica y que sirve a ella, se impone cinco objetivos específicos para llevar a cabo en su misión. La primera es que sus miembros tengan vidas castas, “de acuerdo con las enseñanzas de la Iglesia Católica acerca de la homosexualidad”, lo que cumple con el fin de tener castidad desde el corazón.

Para fomentar el crecimiento espiritual, los de Courage quieren dedicar su vida a Cristo a través del servicio a otros, la lectura espiritual, la oración, la meditación, la dirección espiritual individual, asistencia frecuente a Misa y la recepción asidua de los sacramentos de la Reconciliación y la Santa Eucaristía.

En tercer lugar, Courage, en el ánimo de que sus miembros vivan su experiencia en comunidad, se empeña en “fomentar un espíritu de compañerismo en el cual todos puedan compartir pensamientos y experiencias y así asegurar que nadie tenga que enfrentar los problemas de la homosexualidad solo”.

Un objetivo más es que los miembros de Courage se mantengan conscientes de que amistades castas son necesarias en una vida cristiana casta. De este modo, la comunidad se provee de ánimo para formarse y sostenerse unos a otros. Por último, se empeñan en tener vidas que den testimonio y buenos ejemplos a los demás.

LA HOMOSEXUALIDAD EN LA VIDA COTIDIANA

Es cada vez más común saber que tal o cual de las personas con las que nos relacionamos son homosexuales o viven de alguna forma ese estilo de vida. Hay quienes gustan manifestarlo públicamente y hay muchos otros que prefieren la discreción, por cualquiera que pudiera ser el motivo.

Por ello, es necesario distinguir entre las personas que por alguna razón desarrollaron su conducta homosexual y la asumen plenamente, de aquellos que no sólo viven su homosexualidad, sino que pretenden que ésta sea aceptada por la sociedad entera.

Las marchas del “orgullo gay”, antes que ser una manifestación de una causa cuestionable, más bien se desarrollan bajo una lógica que no dignifica a las personas homosexuales, sino que les exhibe como una minoría que cae muchas veces en la intolerancia e intransigencia.

Esto es sólo una cara. Porque también existen las asociaciones civiles que se imponen la misión de velar por los derechos de los homosexuales, así como aquellos líderes y activistas que promueven su causa y que, al hacerlo, muchas veces caen en excesos discursivos laicistas que no conducen a la reconciliación y aceptación de la que pretenden ser objeto.

Sin embargo, hay todavía muchos aspectos que no han trascendido la barrera del prejuicio social respecto a la homosexualidad. La vida que llevan muchos homosexuales complica su inserción en el mundo y en la vida social, cuando no todos ellos son conscientes de los factores que detonaron su problemática.

La medicina se ha concentrado en dar respuestas biológicas a la homosexualidad sin llegar a definir, como lo han propuesto movimientos homosexuales, que exista un gen “gay”. Por su parte, la psicología ha hurgado en el origen de la homosexualidad alcanzando a dar luces al respecto. Sin embargo, una laguna muy profunda es la existencia de estudios que investiguen qué implica llevar una vida homosexual, qué implicaciones tiene para el ser, qué consecuencias trae para la relación del individuo consigo mismo y con los demás. 

Es cierto, nos podemos dar luces de ello al conocer el testimonio de las personas homosexuales y del sufrimiento que padecen, sin embargo, antes de caer en prejuicios y condenas hacia las personas homosexuales, el esfuerzo de la ciencia es buscar comprender al ser humano en su integridad, de modo que la homosexualidad no sea motivo un recurso discursivo, sino un fenómeno que pueda ser discutido desde una visión integral del hombre.

La Iglesia, experta en humanidad, se adelanta a los procesos científicos y en el Catecismo de la Iglesia Católica asienta, en el punto 2358, que “Un número apreciable de hombres y mujeres presentan tendencias homosexuales instintivas. No eligen su condición homosexual; ésta constituye para la mayoría de ellos una auténtica prueba.

“Deben ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza. Se evitará, respecto a ellos, todo signo de discriminación injusta. Estas personas están llamadas a realizar la voluntad de Dios en su vida, y, si son cristianas, a unir al sacrificio de la cruz del Señor las dificultades que pueden encontrar a causa de su condición”.

Y las personas homosexuales: “están llamadas a la castidad. Mediante virtudes de dominio de sí mismo que eduquen la libertad interior, y a veces mediante el apoyo de una amistad desinteresada, de la oración y la gracia sacramental, pueden y deben acercarse gradual y resueltamente a la perfección cristiana”.