Para conocer mejor a Dios - El misterio más grande de la fe

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1) Para saber

En el mensaje que el Papa Benedicto XVI dirigió el domingo de la Santísima Trinidad, mencionaba que esta fiesta resume la revelación de Dios que tuvo lugar en los misterios pascuales: muerte y resurrección de Cristo, su ascensión a la derecha del Padre y la efusión del Espíritu Santo.

El fin del hombre es conocer y amar a Dios. De ahí que todo lo que concierna a Dios nos ayudará a amarlo más. Este misterio nos descubre el mismo ser de Dios. Por eso el Catecismo de la Iglesia Católica nos afirma que el “misterio de la Santísima Trinidad es el misterio central de la fe y de la vida cristiana. Es el misterio de Dios en sí mismo. Es, pues, la fuente de todos los otros misterios de la fe; es la luz que los ilumina. Es la enseñanza más fundamental y esencial en la jerarquía de las verdades de fe” (n.264).

2) Para pensar

Es tan grande el misterio de la Santísima Trinidad que sólo lo conocemos gracias a que nos lo fue revelado por el mismo Dios. Aunque desconocemos mucho de Dios, sabemos algo muy importante de su ser: es un solo Dios en tres Divinas Personas.

Es conocido un suceso atribuido a San Agustín. Un día paseaba el santo por la playa, pensando en el misterio de la Santísima Trinidad, en cómo explicarlo. De súbito, interrumpió su meditación la vista de un niño solitario que jugaba: extraía agua del mar con una concha y la echaba en un hoyo en la arena. Esa operación la hacía una y otra vez: iba al mar, llenaba su concha, luego volvía y echaba el agua en el hoyito en la arena.

“¿Qué haces?” le preguntó el santo. El niño respondió: “Voy a poner dentro toda el agua del mar”. El niño siguió con su ocupación. Sonrió San Agustín ante la ingenuidad del niño, y continuó su camino, pero enseguida cayó en la cuenta de la lección que acababa de recibir, era el Espíritu Santo quien le había hablado a través del niño: él intentaba algo mucho más difícil que meter toda el agua del mar en el hoyo; él quería meter en el mísero agujero del entendimiento humano la inmensidad de Dios.

3) Para vivir

Este misterio se nos ha dado, no para complicarnos, sino para que al conocer algo más de Dios empecemos a conocerlo y a amarlo como es Él. Para tratar a cada divina Persona y así amarlas cada vez más. El Papa recomendaba que, para lograrlo, cada vez que hacemos la señal de la Cruz, recordemos a cada una de las Personas divinas.

La Santísima Virgen puede ayudarnos a tratar mejor a Dios. El Papa aconsejaba invocar a la Virgen María, primera criatura plenamente habitada por la Santísima Trinidad, pidiéndole su protección para continuar nuestra peregrinación terrena. Siguiendo la sugerencia de San Josemaría Escrivá podemos llamarle en su relación con la Trinidad Santísima: “Cómo gusta a los hombres que les recuerden su parentesco con personajes de la literatura, de la política, de la milicia, de la Iglesia!...

–Canta ante la Virgen Inmaculada, recordándole: Dios te salve, María, hija de Dios Padre: Dios te salve, María, Madre de Dios Hijo: Dios te salve, María, Esposa de Dios Espíritu Santo... Más que tú, sólo Dios!” (Camino 496).