Pautas para hablar de sexo con los hijos

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Muchas veces, y a pesar de asumir de buen grado la responsabilidad de preparar a nuestros hijos para ser capaces de amar y de ser amados, somos conscientes de que no estamos suficientemente preparados para afrontar esta tarea. ¿Qué podemos hacer? ¿Cómo hablar con nuestros hijos del arte de un amor auténtico? ¿Cuándo es el momento oportuno para resolver sus inquietudes? ¿En qué objetivos vamos a centrar nuestras propuestas educativas para promover lo que realmente es eficaz: la espera, el respeto del otro, la madurez, el amor verdadero...? ¿Cómo ayudarles a prevenir todas “aquellas situaciones que puedan perjudicar su desarrollo personal”?

Al fin y al cabo, en el tema de la educación de la sexualidad, como sucede cuando se aprende a leer, escribir, o incluso comer, se necesita un cierto entrenamiento gradual e integral. Si no educamos nuestras emociones y sentimientos, nuestros deseos y apetencias. Si no educamos nuestra capacidad de amar, nuestro carácter, nuestras miradas o gestos, en una relación de libertad, respeto, autodominio y entrega, estaremos reduciendo nuestro cuerpo y el de los demás, la grandeza de la sexualidad, y nuestra capacidad de amar, a un mero trámite en el que los instintos gobiernan nuestro corazón, en lugar de ser al contrario. E incluso, confundiremos conceptos tan necesarios en el tema que nos ocupa como son la atracción, el enamoramiento y el amor.

Más concretamente, una educación que ponga las bases del amor humano y verdadero desde el momento que surge la primera chispa hormonal entre dos personas, dos cuerpos, que se encuentran y se atraen (“Qué pivón!”), pasando por el sentimiento profundo de satisfacción de estar con el otro ("Qué bien me siento contigo"),hasta llegar al verdadero amor que apunta a descubrir la totalidad del otro y buscar su bienestar, su felicidad y la posibilidad de formar entre ambos un vínculo, una relación muy profunda(“Siempre te volvería a escoger a ti, y sólo a ti”).

Porque al amor verdadero (Felicidad) se llega desde la atracción (Placer) y el enamoramiento (Encanto). Aunque es el amor el que da sentido a la atracción y el enamoramiento. Y saber enamorarse muchas veces de la misma persona, sentirse atraída por ella, garantiza el éxito de esta aventura, que requiere de nuestra inteligencia, voluntad y libertad.

Pero, si como dicen los expertos, “el placer es buscado como satisfacción de las necesidades del individuo, el acto sexual pierde su valor esencialmente humano".

Pretender llegar a la felicidad partiendo del placer sexual o de las sensaciones es un engaño, una de las primeras trampas con las que nos encontrarás al confundir la pasión con el amor. Creer que amamos cuando sólo deseamos nos lleva a primar el simple placer físico, momentáneo y fugitivo, que deja un poso de insatisfacción. Porque la satisfacción sexual es en realidad sólo una parte, y quizá la más pequeña, de la alegría de la entrega sexual en cuerpo y alma propia de la entrega total del amor verdadero.

Entonces, ¿qué podemos hacer? 

A la vista de este panorama, la mejor y única solución se encuentra en volver a recuperar los auténticos valores morales que ensalcen la Dignidad de la persona, con mayúscula.

Esto supone una labor urgente de la que, por lo menos los padres, no podemos evadirnos. Es más, es nuestra responsabilidad, encontrar soluciones lo más inmediatas posibles para solucionar este tema. Lo que nos debería llevar a preguntarnos:

¿Cómo reclamar a padres, profesores, instituciones públicas y privadas, medios de comunicación, etc., una educación en valores que ayude a redescubrir el único camino que nos llevará a la felicidad personal y comunitaria? 

¿Qué debemos hacer cada uno de nosotros para formar y orientar las capacidades intelectuales y morales de niños, adolescentes, jóvenes y adultos en “todo cuanto hay de verdadero, de noble, de justo, de puro, de amable, de honorable, todo cuanto sea virtud y cosa digna de elogio” (Flp 4, 8)?

¿Tan difícil resulta hacer entender que el amor y los valores, vividos en el ambiente de familia, en la educación, en el trabajo bien hecho y en el descanso, en la cultura y en las relaciones sociales; a pesar de jugar muchas veces al escondite, es el mejor antídoto para el suicidio moral de nuestro tiempo?

¿No será que nos dejamos arrastrar por el pesimismo y la indiferencia, y no ponemos en marcha nuestra capacidad de cautivar a los que nos rodean con mensajes atractivos y fáciles de entender, llenos de optimismo, amor y esperanza?

No es tarea fácil y lo sabemos. Pero, “si la escalera no está apoyada en la pared correcta, cada peldaño que subimos es un paso más hacia un lugar equivocado”, como dijo Stephen Covey. 

Algunas sugerencias para hablar de sexo con nuestros hijos y educarles para ser capaces de amar y ser amado

-Como hemos señalado anteriormente la educación de la sexualidad ha de ser clara, verdadera y completa; gradual y equilibrada. 

-Sea honesto, claro y veraz en sus conversaciones y actitudes. De esta manera sus hijos no solo le respetaran como autoridad a seguir, sino que confiaran en su consejo y conseguiremos ser una influencia positiva en las decisiones que tome nuestro hijo sobre sexo, valores y relaciones sanas.

Para “iniciar a los hijos en el misterio del origen de la vida y del amor entre hombre y mujer, de manera progresiva y desde muy pequeños, en la justa medida —muy escasa o casi nula en los comienzos— en que demuestren interés por el tema. Vale más adelantarse que llegar tarde (sin olvidar que hoy estas cuestiones «están a su alcance» —televisión, revistas, Internet, amigos…— mucho antes de lo que creemos). Así les estamos demostrando que no se trata de una cuestión tabú, y que pueden acudir a nosotros para consultar sus legítimas dudas… o contarnos sus fracasos (como consecuencia, jamás deberíamos mostrar asombro o indignación cuando nos hagan partícipes de sus derrotas), Tomás Melendo.

-No dar mensajes contradictorios para no crear confusión y dificultades en una visión correcta de las relaciones humanas, familiares y sociales.

-promover una cultura de la vida y del amor basada en la familia y en unos valores éticos y morales, que son la razón de ser de la dignidad y el respeto del ser humano.

-promover el respeto al derecho a la vida y a la integridad moral y física 

- Para ello, los padres debemos buscar tiempo para la educación y el cuidado de nuestros niños, para que se sientan amados y aceptados en la familia. Se necesitan horas de roce, para conocer y madurar con serenidad sobre las necesidades físicas y espirituales de cada uno de los miembros de la familia, para tomar decisiones y llevar la iniciativa ante sus inquietudes, para actuar con eficacia, cariño, dedicación y firmeza en la educación de nuestros hijos. Lo que los padres no hagamos por ellos, nada ni nadie lo hará. No basta con traer al mundo a los hijos. Es necesario proveerles de todo lo que necesitan para su desarrollo integral como personas.

Para ello, necesitamos no solo estar con ellos, sino disponibles las 24 horas del día, ya sea después de la escuela, durante las comidas o los ratos de ocio, para charlar, divertirnos, compartir alegrías y penas, cuidarlos y que me cuiden, ayudarnos, comprendernos…en definitiva: para dar y darse.

Como dice el Doctor Tomás Melendo, para una sana educación es imprescindible “encontrar las ocasiones para jugar y conversar con los hijos, para interesarse realmente por sus cosas, que nunca son para ellos poco importantes, aun cuando a veces esto signifique renunciar a la propia tranquilidad o sacrificar un poco del tiempo que podría dedicarse a la profesión o al descanso”.

-Crear un ambiente familiar que favorezca la convivencia, el buen gusto, el trabajo y la educación de las virtudes. Para ello vamos a necesitar unas reglas imprescindibles- sin llegar a “quemarnos”- y que se cumplan siempre (horario fijo de comidas, cenas, hora de levantarse y acostarse,…), un orden material que favorezca el equilibrio y nos aporte serenidad (cada cosa en su sitio y un sitio para cada cosa) y un ambiente de colaboración que favorezca la responsabilidad de saber que la casa es de todos y a todos, si excepciones de edad, les corresponde su encargo. Para ello, muchas veces tendremos que ejercer la autoridad, que no es autoritarismo. 

-Aprovechar las comidas en familia para fortalecer los lazos familiares. 

Es un buen momento para conversar y conocer en profundidad a los hijos

-“Para que los adolescentes puedan tomar decisiones sanas necesitan:

- Participar en las actividades de la familia y compartir las responsabilidades familiares;

- Involucrarse en las actividades de la escuela y de su comunidad;

- Tener metas y un plan que les ayude a lograrlas;

- Saber y sentir que son personas importantes para sus padres y para otros adultos en su vida;

- Sentir que su madre o padre, abuelos, maestros y otros adultos que los rodean apoyan sus buenas decisiones;

- Saber la verdad sobre el sexo, el embarazo en la adolescencia, lo que significa ser padre o madre adolescente, y estar informado sobre las enfermedades de transmisión sexual, las drogas y el alcohol;

- Saber por qué y cómo decir “No” (Extraído de ¡Padres Hablen Ya!, U.S. DEPARTMENT OF HEALTH &HUMAN SERVICES).

- Hablarles de libertad-compromiso-felicidad-reciprocidad del amor (relación de ida y vuelta).

-Importancia del ejemplo de los padres: Fortaleza, audacia, ejemplo, unidad de vida, hacer atractivo el amor.

-Ayudarle a asumir nuevos desafíos, desde los que le presenta su “nuevo cuerpo” hasta los que pone sus estados de ánimo y la sociedad.

-Hacerles crecer en responsabilidad y autoestima

- Fomentar las actividades deportivas

- Fomentar los valores de solidaridad que les obligue a salir de sí y a compartir.” Encontrar ambientes sanos y positivos en los que nuestros hijos puedan convivir y apreciar a otros jóvenes alegres, sanos, centrados, generosos, que estudian y trabajan por ellos mismos y por el bien de los demás, y que luchan de modo positivo por la definición de un rol, de una identidad productiva y solidaria”.

- Educar el maravilloso valor de la amistad: Abrir las puertas de tu casa a los amigos de tus hijos para estudiar, jugar, hacer fiestas,….Hacer hincapié en las relaciones desinteresadas: No vales por lo que tienes sino por lo que eres.

-Incidir en la importancia de la intimidad y el pudor. Hacerles comprender que hay que evitar extravagancias, vulgaridades y exhibiciones de la intimidad que puedan molestar a los demás.

-Volver a poner de moda los buenos modales, la intimidad, y el respeto por uno mismo, es una manifestación externa de manera de ser digna y virtuosa. Dar las gracias, ir bien vestido, respetar el turno para hablar, apagar el móvil, guardar la intimidad en el vestir,…son reflejo de que verdaderamente los demás te importan.

- Saber escuchar, saber dialogar. Poner los medios para que sus hijos adolescentes cuenten con ustedes y no con cualquier persona

-Desmitificar el sexo: Peligros de los grupos de presión pro-sexo. Las mentiras del “sexo seguro”.

-Informar adecuadamente de las enfermedades de transmisión sexual

-Enseñarles a cómo y por qué decir que no. Favorece el respeto de uno mismo y el autocontrol. 

-Enseñar que para amar hay que conocerse y tratarse.

- Hacerles comprender la verdad y el significado de la sexualidad: Hombre y mujer son diferentes y complementarios, el nacimiento de los hijos es un regalo lleno de responsabilidad...

-Explicarles la diferencia entre amor y emoción, las relaciones sexuales, la anticoncepción, la teoría de género…

- Prevenir los contenidos televisivos enseñándoles a ver una televisión de calidad y fomentando el espíritu crítico ante la programación. Intentar el uso moderado de la TV.

- Deberemos educar en el buen uso de las nuevas tecnologías, no solo “para estar en contacto, para hacer nuevos amigos, para buscar información, bajarse y escuchar música y en general, para desarrollar su propia cultura”, sino para mejorar las relaciones personales, familiares y sociales.

Y para ello, tenemos la obligación de conocerlas y saber manejarlas. 

Como dicen por la red, “el problema no es la máquina sino el hombre que la usa”. Todo depende del tiempo que se dedique y la capacidad crítica que se ejerza a la hora de saber situarlas en su justo lugar. 

- Respetar su libertad: Debemos encontrar el equilibrio adecuado entre libertad y disciplina. , estando siempre atentos a ayudarle a corregir ideas y decisiones equivocadas. En cambio, lo que nunca debemos hacer es secundarlo en sus errores, fingir que no los vemos o, peor aún, que los compartimos como si fueran las nuevas fronteras del progreso humano”.

-Enseñarles el maravilloso valor de la amistad. Tener las puertas de tu casa SIEMPRE abiertas a los amigos de tus hijos. Aunque muchas veces es “heroico” nos ayuda a conocerlos, a escucharlos, a “verlos. Nos da oportunidad de hablar de lo humano y de lo divino.

-Saber tomarse la vida con buen humor, no asustarse nunca ante los comentarios y preguntas de nuestros hijos. Saber mantener a cierta distancia los problemas que se nos presentan, máxime cuando estos sean de gran calado, nos da la posibilidad de que no nos atrape en sus redes la tristeza, la desesperación, el miedo, e incluso, la depresión.

-Pide consejo y ayuda a alguna persona con criterio.

-Existen cursos de orientación para padres y escuelas de familia, además de páginas de orientación familiar y educación sexual, que nos pueden ayudar en este maravilloso reto de “enseñarles el amor. 

El amor no es cosa que se aprenda, ¡y sin embargo no hay nada que sea más necesario enseñar!”.