Pío IX y Juan XXIII dos Papas contrapuestos

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Pío IX y Juan XXIII, ¿dos Papas contrapuestos?
El sueño del Papa bueno era beatificar a quien convocó el Vaticano I
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El intento de contraponer la beatificación de los dos Papas, Juan XXIII y Pío IX, por considerar que tenían dos concepciones diferentes de la Iglesia ha sido totalmente desmentida por los hechos.
Describir a los dos pontífices como el bueno y el malo, el moderno y el antimoderno, el progresista y el retrógrado, parece obedecer más a las leyes del periodismo sensacionalista que a los criterios de análisis serio histórico.
El Papa Juan XXIII fue de hecho el mayor devoto de Pío IX y se inspiró en él a la hora de convocar e inaugurar el Concilio Vaticano II. Juan XXIII expresó públicamente el deseo explícito de beatificar a Pío IX a finales del Vaticano II.
En 1959, el Papa Juan XXIII escribió a monseñor Giuseppe Angrisani, obispo de Casale Monferrato, al final de los ejercicios espirituales que éste último había predicado en el Vaticano: «Siempre me acuerdo de Pío IX, de santa y gloriosa memoria; e imitándole en sus sacrificios, quisiera ser digno de celebrar su canonización».
El 12 de enero de 1959, cuatro meses antes desde su elección como Papa, el cardenal Angelo Roncalli envió una nota a monseñor Alberto Canestri, que entonces era postulador de la causa de beatificación de Pío IX, en la que escribía: «Humilde pero fervorosamente bendigo a su persona y me sentiría muy contento de recibirle en audiencia, y le aliento en su santa empresa que me interesa mucho, la glorificación de Pío IX».
El 22 de agosto de 1962, en audiencia pública, al recordar la fiesta del Corazón Inmaculado de María, Juan XIII, hablando de Pío IX, dijo: «Figura excelsa y noble de pastor, del que se escribió acercándole a la imagen de nuestro Señor Jesucristo, nadie como él fue tan amado y tan odiado al mismo tiempo. Pero sus empresas, su dedicación a la Iglesia brillan hoy más que nunca; la admiración es unánime. Que el Señor me conceda el gran don de poder decretar los honores del altar durante la celebración del XXI Concilio Ecuménico para aquel que convocó y celebró el XX, el Vaticano I » («Discorsi, messaggi, colloqui del santo padre Giovanni XXIII», Tipografia poliglotta Vaticana, Città del Vaticano 1960-1967, vol. IV p.849)
El 8 de diciembre de 1960, Juan XXIII se presentó a sí mismo como un imitador de Pío IX con estas palabras: «¡Su figura se eleva ante nosotros y nos guía! Nos propone el camino justo y nosotros, con la ayuda de Dios, queremos imitarle y le imitaremos siguiendo en nuestro ministerio apostólico: con calma, con mansedumbre, con paciencia inexpugnable, con seguridad, ardor y con la esperanza de la victoria espiritual, independientemente de lo que suceda» («Discorsi, messaggi,
colloqui del santo padre Giovanni XXIII», Tipografia poliglotta Vaticana, Città del Vaticano 1960-1967,volume III p.77).
A diferencia de lo que afirman quienes contraponen el Concilio Vaticano II al Vaticano I, Juan XXIII era un gran defensor del Concilio Vaticano I.
El 24 de noviembre de 1960, comentando las actas del primer Sínodo diocesano romano, Juan XIII, que pronto cumpliría los ochenta años, dijo: «En este día, sintiendo alrededor de nuestra humilde persona el eco de tantas buenas palabras de auspicio para que se prolongue la vida que el Señor nos ha concedido, pensemos en nuestro venerado predecesor, Pío IX, de gloriosísima y santa memoria, que precisamente a nuestra edad, al terminar su 79 año de vida, como nos sucede ahora, se preparó para la apertura inmediata del Concilio Vaticano I, que tanto beneficio debería aportar a la Iglesia en el mundo entero a nivel espiritual y pastoral» («Discorsi, messaggi, colloqui del santo padre Giovanni XXIII», Tipografia poliglotta Vaticana, Città del Vaticano 1960-1967, vol. III pp. 50-51).
El Papa Roncalli no se cansó nunca de indicar a Pío IX como ejemplo: «Oh grande Pío IX --dijo al inicio del Concilio Vaticano II--, amable y fuerte, custodio inflexible de la verdad y previdente apóstol de los tiempos modernos! ¡Qué ejemplo sigue dándonos de auténtica grandeza, de constancia tenaz, de luminosa prudencia, de consuelo y aliento en nuestras humildes pero generosas empresas!» («Discorsi, messaggi, colloqui del santo padre Giovanni XXIII», Tipografia poliglotta Vaticana, Città del Vaticano 1960-1967, vol. I pp. 9-10). (ZS00092206)