Podemos ser muy poderosos. El poder de la oración

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Podemos ser muy poderosos

El poder de la oración

1) Para pensar

El Papa Benedicto XVI, al igual que Juan Pablo II, ha dedicado varios momentos para hablar con los jóvenes. Un tema que le gusta recordarles es el de procurar tener un encuentro vivo con Jesús. Y para ello invita a tener ratos de oración con el Señor. Hay un relato que nos puede ayudar a comprender lo valioso que es la oración constante.

Sucedió en la segunda guerra mundial. Un oficial alemán estaba en un hospital francés mortalmente herido. Una monja, también alemana, lo atendía y entendiendo que era católico quiso llamar a un sacerdote para que lo asistiera espiritualmente, pero él no quería ni oír hablar de religión. Entonces la monja le dijo: "Pues rezaré por usted para que el Señor toque su corazón". El oficial le dijo que era inútil y que se cansaría, pues no estaba dispuesto a cambiar de opinión. Pero la monja le respondió: "Pues no crea que es tan fácil que me canse. Por ejemplo, llevo dieciséis años rezando todos los días por la conversión de una persona". El oficial se sorprendió: "Deberá ser una persona que quiere mucho, ¿acaso es su padre o su hermano?". "Pues no, ni siquiera lo conozco. Resulta que mi madre era sirvienta de una condesa en Alemania. Y ésta tenía un hijo que vivía desordenadamente y alejado de Dios. Entonces la condesa le pidió a mi mamá que me pidiera rezar por ese hijo. Desde entonces así lo he hecho y también otras monjas rezan por esa intención. Según me ha escrito la condesa su hijo está herido en la guerra". El oficial, muy nervios, le preguntó con mucho interés a la monja: "¿Y su mamá se llamaba Beata?" La monja respondió: "Sí. Pero acaso es usted es el hijo de la condesa llamado Carlos?". Efectivamente así era. El oficial se conmovió al saber cuánto habían rezado por él y se convirtió en ese instante. Aceptó recibir los sacramentos y poco después moría piadosamente.

2) Para pensar

Con la oración somos poderosos, pues es el Señor el que lleva a cabo las cosas. Hemos de orar con la confianza de que Dios siempre nos escucha y Él sabe lo mejor que nos conviene.

Es válido rezar por nuestras necesidades, pero no podemos hacer depender nuestro amor a Dios de que se resuelvan exitosamente. Nuestra oración ha de ser la de un hijo de Dios que confía que Dios le concederá lo que le convenga. Pensemos cómo es nuestra confianza y perseverancia en la oración.

3) Para vivirSe precisa, pues, procurar tener al día un momento para hablar con el Señor. Y como fruto de esa oración, muchas veces descubriremos ahí cuál es la voluntad de Dios, y así, ponerla después en práctica.

También el Papa nos lo recuerda en la carta del apóstol Santiago: "Pero tenéis que poner la Palabra en práctica y no solo escucharla engañándoos a vosotros mismos… -no como quien la oye y luego se olvida, sino como quien la pone por obra- ése será bienaventurado al llevarla a la práctica" (St 1, 22s).