¿Por qué se obsequian Huevos en Pascua?

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Existen muchos signos universales tomados de la naturaleza. El huevo se ha considerado por muchas culturas un signo de la vida, regeneración y transformación. Es también un signo de esperanza porque con un poco de espera el huevo se convierte en una nueva criatura.

Para algunas culturas como la china, griega y persa el huevo es signo de la creación. Muchas culturas utilizaron el huevo como signo de la primavera.

En el 900 antes de Cristo se festejaba en China la fiesta del “Huevo Rojo” con la que se recibía a la primavera regalando huevos pintados de rojo para desear prosperidad. En la cena de pascua judía era frecuente encontrar el huevo como signo de vida y renovación. Los cristianos utilizaron este elemento para significar la resurrección de Cristo y la nueva vida del cristiano.

San Agustín decía que el huevo representa la resurrección de Cristo y recuerda la piedra que cubría el sepulcro. Dentro de la ley de abstinencia de

la Iglesia se prohibía el uso de alimentos derivados de la carne. Teodulfo de Orleans, en el siglo VIII, consideraba la abstinencia de huevos, queso y pescado como señal de una virtud excepcional.

San Gregorio, en una carta a San Agustín de Inglaterra, fija la norma: “Nos abstenemos de carne y de todo aquello que viene de la carne, como la leche, el queso y los huevos”. Esta decisión quedó después incorporada al “Corpus Juris”, como ley general en

la Iglesia. En el siglo IX la iglesia prohibió el consumo de huevo durante toda la cuaresma porque por ser alimento animal lo consideró semejante a la carne.

Santo Tomás de Aquino continúa con ese pensamiento y fundamenta la prohibición de huevos, leche, mantequilla, queso y manteca de puerco (Santo Tomás, Summa, II-II, Q. cvii, art. ult., ad 3). Esta norma duró hasta 1784 por lo que fue necesario buscar una manera para aprovecharlos y consumirlos después de la cuaresma. Para distinguir los huevos frescos de los que se habían guardado, a estos últimos se les cocía y pintaba. Así surgió la costumbre de comer huevos cocidos y decorados durante la pascua. Posteriormente se hicieron huevos de caramelo o de chocolate para obsequiar a los niños. Finalmente se añadió al mundo infantil el conejo como signo de fecundidad y vida.

Así es como en algunos lugares el conejo de Pascua esconde los huevos de dulce para que los niños los encuentren significando con ello la necesidad de buscar con entusiasmo los caminos que conducen a la vida eterna. Más allá del dulce, el chocolate y el conejo, el huevo de pascua, tuvo una evolución artística.

En Rusia y sus cercanías encontramos los huevos de madera con imágenes religiosas tipo icono. Pero la creación más importante en

la Rusia de los zares fue la creación de los huevos Fabergé. En 1884 el zar Alejandro III le pidió al orfebre Peter Carl Fabergé que hiciera un huevo para obsequiarlo a la emperatriz María el domingo de resurrección. A partir de entonces el artista realizó siempre nuevos y delicados diseños con finos metales, delicados esmaltes y brillantes joyas.

Desgraciadamente la revolución de 1917 terminó con los trabajos que Fabergé había producido durante más de 30 años. La revolución bolchevique impidió al creador de los célebres huevos Fabergé terminar el último encargo del zar. Se trata del huevo “Constelación Zarevich“, que fue encargado a comienzos de 1917 por el zar Nicolás II para su hijo, el príncipe heredero. Se trata de un huevo de oro cubierto con una semiesfera de cristal azul de los Urales incrustada con diamantes, que representa la bóveda celeste con la constelación de Leo, bajo la cual nació el zarevich. De las 42 piezas que se conocen el Kremlin conserva diez; cinco están en Estados Unidos en la colección Pratt del Museo de Virgina y tres están en la colección de la reina de Inglaterra, Isabel II. Las otras piezas son parte de colecciones privadas. Estas joyas han alcanzado precios altísimos.

El “Huevo de la coronación“, encargado por Nicolás II en 1897, en su primera Pascua después de sus ascensión al trono está valuado en casi diecinueve millones de euros y el huevo conocido como “Los lirios del valle”, tiene un precio estimado cercano a los 14 millones de euros.

Fuente: Libro “Pregúntale al Padre José. El responde a todas tus dudas”. Editorial Diana. Autor: Pbro. José de Jesús Aguilar Valdés, Encargado del área de Radio y Televisión (Arzobispado de México).